Por
Sarah
Cooney
Se
ha descubierto la clave de la proteína
que produce la simbiosis entre plantas y
microorganismos.
Dos estudios
han identificado a la proteína que
permite a las raíces de algunas plantas
intercambiar nutrientes con los
microorganismos1,2.
El descubrimiento podría ayudar a
los investigadores a alterar otras plantas
de manera que puedan hacer lo mismo.
Unas
pocas plantas, incluyendo arvejas y habas,
crean relaciones simbióticas con
bacterias que convierten el nitrógeno
atmosférico en amoníaco. Como agradecimiento por el amoníaco, las plantas dan
hidratos de carbono a las bacterias, que
habitan en nódulos sobre sus raíces.
Gyorgy
Kiss y colegas de la Academia de Ciencias
de Hungría en Szeged han identificado, en
la alfalfa y las arvejas, la molécula
receptora que responde al pedido de la
bacteria para establecer su hogar.
Han llamado a la proteína NORK.
Habiendo
encontrado a NORK, y el gen que la
codifica, el próximo paso obvio es
“ampliar la fijación del nitrógeno a
plantas de cultivo no simbióticas”,
dice Kiss.
Los fertilizantes sintéticos
mejoran la producción de los cultivos,
pero su fabricación y uso son
nocivos para el medio ambiente.
Sin
embargo, Kiss advierte que alterar el
trigo, el arroz y el maíz para
permitirles interactuar con los fijadores
de nitrógeno es un objetivo a largo
plazo.
Este tipo de simbiosis es un
proceso biológico complejo.
Jean
Sheen de la Universidad de Harvard en
Boston, Massachusetts, coincide en que
esta modificación es posible.
Sospecha
que ahora que se ha descubierto el
primer gen en el camino, se descubrirán
otros en rápidamente,.
Un camino trillado
La simbiosis
entre plantas y bacterias fijadoras de
nitrógeno evolucionó en un período
relativamente reciente – en los últimos
100 millones de años.
Y esta es una artimaña exclusiva
de un único grupo de plantas, que incluye
a las legumbres.
Pero
las evidencias fósiles y genéticas
sugieren que las plantas terrestres
crearon relaciones mutuamente beneficiosas
con los microbios desde el mismo comienzo
– trabajaron con hongos llamados
micorrizas arbusculares.
Estos parientes de los hongos
comestibles y de los
hongos venenosos concentran
nutrientes raros, incluyendo el fósforo,
que intercambian con plantas como
compensación por los hidratos de carbono.
Por lo
menos el 85% de las plantas de hoy
dependen de las micorrizas.
Pero a diferencia de los nódulos
dramáticos inducidos por las bacterias
fijadoras de nitrógeno, el único signo
de simbiosis es una ligera alteración de
los pelos de la raíz de la planta, que
pueden ser el motivo por el cual este
proceso importante se ha estudiado poco.
Martin
Parniske y colegas de la John Innes Centre
en Norwich, Reino Unido, encontró el
receptor crucial de la simbiosis entre
plantas y micorrizas; su nombre es SYMRK.
Sorprendentemente, es la misma
proteína que NORK.
Esta
coincidencia sugiere que “el programa
genético para interactuar con
microorganismos está profundamente
enclavado en el genoma de la planta”,
dice Parniske.
No está tan sorprendido por el
hallazgo – tendría mucho más sentido
para una planta reclutar y modificar un
camino antiguo para interactúe con las
bacterias fijadoras de nitrógeno, en
lugar de crear algo nuevo.
Defendiendo los límites
Las proteínas
como NORK/SYMRK también ayudan a proteger
a las plantas de los microorganismos
peligrosos.
Esto sugiere, dice Kiss, que NORK
puede estar involucrado en suprimir los
genes que “normalmente se activan cuando
una planta se defiende de una infección”.
Aún más
sorprendente es la observación que proteínas
similares en mamíferos formen parte del
sistema inmune innato, que también son
mediadoras de la defensa contra los
microorganismos.
Estos paralelos sugieren que la
capacidad de formar aliados se desarrolló
a partir una proteína que identifica
enemigos.
Traducción:
Liliana Storino
lstorino@advancedsl.com.ar