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Sociobiologia
LXI. ANALOGÍAS ANIMALES
Fernando
del Rio - León Máximo
-
8.07.2002 -
DESDE tiempos de
Esopo ha sido popular aprovechar las semejanzas y las diferencias
entre las personas y los animales para hacer claro algún punto
o mensaje. Las técnicas usadas son la analogía, la caricatura,
el contraste y la reducción al absurdo. Los resultados aparecen
en literatura, moralística, folclor, ciencia y política.
Englobando las dos últimas actividades, ciertas mentes reaccionarias
han usado con frecuencia, y desde hace mucho, un falso paralelismo
científico entre los animales y las personas para ejemplificar
y convencer acerca de sus propias y retrógradas ideas políticas.
Así, la rígida estructura social de las pobres e imbéciles
abejas —muy interesante como muestra de una primitiva sociedad biológica—
ha sido argumento en favor de la ley y el orden al estilo fascista;
o el dominio violento de unas especies sobre otras se usa como pretendida
justificación de colonialismos y racismos.
Dentro de estos
abusos del maravilloso poder de la analogía, es raro encontrar
ejemplos que pretendan demostrar las bondades de la justicia y la
democracia, no tanto porque no existan algunas mentes progresistas"
que estén racionalmente perturbadas, sino más bien
porque los órdenes zoológicos no se distinguen por
sus méritos democráticos.
Por otro lado
surge la intransigencia y el dogmatismo de algunas mentalidades,
supuestamente progresistas, ante planteamientos científicos
serios que abordan temas escabrosos por sus posibles consecuencias
políticas y sociales; esa reacción antirracional representa
también un peligro para el sano desarrollo científico,
el cual, desde cualquier punto de vista consistente, es ciertamente
una garantía en contra del pensamiento retrógrado.
Un ejemplo notable de este último peligro lo dio la controversia
en torno del libro Sociobiology, y de su autor, Eduardo 0. Wilson,
quien es profesor de la Universidad de Harvard, EU.
Eminente entomólogo,
Wilson lanzó en su libro lo que puede ser la semilla de donde
germine una nueva disciplina: el estudio biológico de las
estructuras sociales. Después de haber recibido una crítica
científica muy favorable, Sociobiology fue duramente atacado
en el New York Review of Books por un grupo de académicos
radicados también en Harvard. El ataque fue político
y estaba dirigido en contra del contenido reaccionario del libro",
pero sucede que la tendencia política de Wilson no es patente
en ningún punto de su libro, de modo que la acusación
era una extrapolación por parte del grupo impugnador, extrapolación
que Wilson rechazó argumentando que él nunca ha escrito,
ni dicho, ni pensado de esa manera. ¿Cuál es el punto
en discusión? Pues el resbaloso tema de la influencia genética
sobre una estructura social.
Es indudable
que el asunto se presta para hacer las falsas analogías como
las que mencionamos más arriba, y llegar a falacias científicas
de claras implicaciones políticas. Debido a ello amerita
que desde luego se le critique para garantizar que no salgan nuevos
Heribertos Spencers o Guillermos Shockleys que vengan a "racionalizar"
la injusticia social y racial con argumentos científicos
falsos o fuera de contexto. Es claro que el punto central de la
sociobiología estará a discusión por mucho
rato, aunque los primeros críticos de Wilson hayan metido
la pata —haciendo acusaciones que no podían probar.
Pero la discusión
ya sacó a la luz un tema quizá más importante.
En efecto, se llegó a argumentar que "cualquier investigación
sobre los caracteres genéticos de la sociedad humana es necesariamente
negativa, por sus efectos sociopolíticos, y por tanto no
debe realizarse en ninguna circunstancia". El asunto es peliagudo
aunque suene tan sencillo. En efecto, si se demuestra que el resultado
de una investigación va a tener graves consecuencias para
la humanidad, todo mundo estaría de acuerdo en que tal investigación
debe evitarse a toda costa. Pero entonces el problema es aclarar
quién es el que define lo negativo o lo malo. Inclusive entre
los que aceptamos la bondad de la igualdad y la justicia, habemos
muchos que preferimos rebatir la falacia con la razón y la
confusión con la claridad —aunque cueste más trabajo—,
que aceptar la censura sobre ciertas opiniones o campos de investigación.
Autor: Fernando del Rio - León Máximo
Fuente:Cosas de la Ciencia

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