¿A
quién se parecerá el hombre del futuro? Biólogos,
futurólogos y escritores de ciencia ficción
se dedican desde hace siglos a este
ejercicio peligroso. Para algunos, el hombre
del futuro será un “superhombre”,
dotado de capacidades intelectuales
fenomenales debido a un crecimiento del número
de hormonas de su cerebro. Una gran cabeza,
piernas pequeñas (debido a los
desplazamientos motorizados), menos dientes
(por el consumo de alimentos concentrados).
Podemos continuar con esta pintura
caricaturesca y sin duda muy alejada de la
realidad. La velocidad de la evolución biológica
no es tan rápida, comparada con la de la
tecnoesfera, como para hacer posibles estas
mutaciones determinantes.
Para otros autores, el hombre del futuro será
biónico, compuesto de piezas electrónicas
e informáticas intercambiables, órganos y
sentidos a medida, sistemas de visión y de
audición amplificados. Podrán oír a
cientos de metros y ver en la oscuridad,
saltar y correr a la velocidad de una
gacela. Estos hombres y mujeres biónicos se
han hecho populares por las series de
televisión que se han difundido por todo el
mundo.
Los científicos y autores de ciencia ficción
han imaginado también hombres cibernéticos
(cyborgs), mitad hombres, mitad robots, como
RoboCop o Terminator. Bruce Mazlis predice
la llegada de “combots”
(computadoras-robot), la nueva generación
de seres producidos por el hombre, que se
auto reproducen y conviven con nosotros, una
especie de nuevo cuño cohabitando con la
humanidad biológica.
Hans Marovec estima que los robots del
futuro llegarán a un tal grado de
inteligencia, que sabrán disuadirnos de
“desconectarlos” si quisiéramos
apagarlos. Tiernos e integrados en nuestra
vida, ejercerán sobre nosotros presiones
emocionales como la de los animales de compañía.
Conjunto evolutivo
Estas diferentes visiones del futuro se
focalizan generalmente sobre el individuo.
Yo prefiero considerar al hombre, la
sociedad y la tecnoesfera como un conjunto
coevolutivo. Para mí, el hombre del futuro
será el hombre simbiótico. Poco diferente,
física y mentalmente del hombre del Siglo
XX, pero disponiendo gracias a sus
conexiones biológicas, psicológicas o bióticas
con el cybioente, extraordinarios medios de
conocimiento y acción.
Progresivamente, yo he descrito la coevolución
del hombre con la biosfera (principalmente
por la agricultura y hoy por las biotecnologías),
con la tecnoesfera (gracias a las máquinas,
a la industria, al comercio y a la economía),
con la noosfera merced a los ordenadores y
las grandes redes de comunicaciones.
Igualmente he subrayado la importancia de
los interfaces entre el hombre y las máquinas
mecánicas o electrónicas. Pero la
emergencia de la biótica permite augurar
interfaces todavía más íntimas entre el
hombre y las máquinas, conduciendo
principalmente a la creación de nuevos órganos
y nuevos sentidos.
La relación simbiótica con los ordenadores
no se establece en una dirección única,
desde nuestro cerebro a la máquina. También
recibimos informaciones procedentes de los
ordenadores. En la actualidad, estas
informaciones se configuran en cifras,
textos, gráficos, imágenes fijas,
secuencias animadas que aparecen en las
pantallas, o por sonidos emitidos por los
altavoces. Sin embargo, con los ordenadores
portátiles, los asistentes personales
transportados con uno mismo como si fueran
una agenda, los teléfonos cada vez más
miniaturizados, los visiófonos o los
“pagers” (bip, alphapágina), surgirá
la necesidad de una transmisión de
informaciones hacia el cerebro que sea cada
vez más personalizada, más discreta y más
íntima.
Estamos pues en los inicios de una revolución
en los modos de comunicación entre las máquinas
electrónicas y los hombres. Lo que ha dado
en llamarse “revolución de la comunicación”
es en realidad la prehistoria de una fase
que se va a desarrollar en la primera década
del siglo XXI. En materia de comunicación,
todavía no hemos visto nada. Orejas, ojos,
narices bioeléctricas que pueden oír,
transmitir, ver, sentir y sobretodo
interactuar con el hombre, han sido
propuestas ya por las empresas de alta
tecnología. La recepción de informaciones
procedentes de los ordenadores y de las máquinas
que comunican, emprende un nuevo camino.
Estos son algunos ejemplos.
Mix inteligente
Una pequeña empresa californiana ha
desarrollado un combinado de escuchador y
micrófono que se sitúa en la oreja. La
innovación afecta a la relación
inteligencia entre el que escucha, el micrófono
y la basa de emisión de informaciones. No
hay hilos: todo se transmite a distancia a
través de las ondas hertzianas. Se puede
hablar con el ordenador preservando la
libertad de movimientos o guardar el teléfono
portátil en el bolsillo discutiendo al
mismo tiempo con voz baja con el
interlocutor. El micrófono, situado justo
en el exterior de la oreja, reduce electrónicamente
los ruidos ambientales y tiene en cuenta
permanentemente la distancia entre la oreja
y la boca. Es más, gracias a un
procedimiento original, el micrófono capta
incluso los sonidos emitidos por los huesos
del cráneo, lo que amplifica
considerablemente la calidad de la emisión
de la voz de la persona que habla, incluso
si ella sólo murmura sus frases. Otras
empresas desarrollan implantes colocados más
profundamente en la oreja que se parecen a
algunas de las prótesis usadas por los
sordos. A través de estos implantes, el
ordenador habla directamente en el oído del
usuario.
Nariz electrónica
Narices artificiales también han sido
puestas a punto por diversos laboratorios
del mundo. Una de ellas, desarrollada en la
Universidad de Manchester, utiliza ya la
electrónica molecular. Un captador hace el
papel de la mucosa olfativa. Está
constituido de polímeros conductores sobre
los cuales se han fijado agrupaciones químicas
que reconocen las moléculas responsables de
los olores. Cada vez que una molécula
transportada por el flujo de aire se adhiere
a un receptor, se produce una modificación
de la conducción eléctrica del polímero.
Como consecuencia, se forma una huella o
perfil olfativo característico del producto
testado. Una red de neuronas compara
entonces esta información con las
diferentes familias de olores memorizados.
La pantalla del ordenador fija la curva
específica del olor y anuncia el nombre del
producto reconocido.
Retinas de síntesis
Existen también retinas de síntesis que
distinguen las formas prefiguran lo que serán
los ojos de las nuevas generaciones de
robots. Hasta ahora, las retinas
artificiales usadas en los sistemas de visión
de los robots o de los misiles inteligentes,
se basan en la utilización de silicio. Un
equipo japonés de los laboratorios Fuji ha
utilizado sin embargo la proteína bacterio-rhodopsina,
que juega el papel de fotorreceptor en
algunas bacterias fotosintéticas que viven
en el agua salada, y más particularmente en
las aguas del Mar Muerto. Una de las
características importantes de esta retina
artificial es su capacidad de reaccionar en
unos microsegundos a los cambios de
intensidad luminosa.
Visiófono de prueba
Siguiendo las huellas del teléfono móvil y
de sus escuchas discretos, llega el visiófono
de pulsera, parecido a una reloj brazalete.
Empresas japonesas han resuelto en parte el
problema de comprensión de una imagen de
televisión para permitir su envío a través
de un teléfono celular. Las imágenes de
color comprimidas se envían hoy a una
velocidad de 10.000 bits por segundo, con
una calidad próxima a la de los sistemas de
videoconferencia, que funcionan a 64.000 0
128.000 bits, lo que hace industrializable
un reloj pantalla visiófono interactivo.
Sistemas mecatrónicos
Sistemas mecánicos electrónicos (mecatrónicos)
que permiten almacenar sonido e imágenes,
principalmente de los aparatos de vídeo y
de los magnetoscopios sin ninguna pieza móvil,
van a ser reducidos al tamaño de un chip
electrónico. Adiós a los cassettes, a las
bandas magnéticas, motores y cabezas de
lectura. Gracias a esta miniaturización,
estos aparatos se aproximan cada vez más a
nuestros sentidos.
El aparato de vídeo sin casette no es mayor
que una tarjeta de crédito. Sin motor ni
pieza móvil, ha sido inventado por
ingenieros californianos. La innovación
tecnológica descasa en módulos archivados
en forma de minitarjetas capaces de
memorizar en chips electrónicos hasta dos
horas de voz. Estos registros son
digitalizados y comprimidos para ocupar el
menor espacio posible. Estos módulos de
memoria pueden introducirse en las aberturas
previstas en los nuevos móviles y los
asistentes comunicadores personales. De esta
forma se pueden añadir mensajes de voz a
los textos, así como gráficos, e incluso
transferir estos mensajes en los ficheros de
los correos electrónicos.
Vídeo en un chip
Otra empresa americana ha puesto a punto el
primer magnetoscopio en un sólo chip. Todas
las imágenes son memorizadas en un
microprocesador y desfilan a la velocidad de
30 imágenes por segundo sobre la pantalla
del ordenador. Integrable a un ordenador,
suministra imágenes a plena pantalla con 16
millones de colores, total animación,
repetición, detención de una imagen,
velocidad lenta, copia de pantalla, sonido
sincronizado, cualidades todas ellas
reservadas hasta ahora sólo para los
magnetoscopios grandes y sofisticados. Con
una cámara de vídeo acoplada al ordenador,
pueden registrarse las secuencias a voluntad
y utilizar estas imágenes con los programas
de tratamiento multimedia de los ordenadores
de nueva generación.
Tv. en las gafas
Por último, la televisión abandona las
pantallas situadas a algunos metros del
espectador y se coloca justo delante de los
ojos gracias a unas gafas especiales. Estas
televisiones-gafas utilizan una técnica
parecida a la de las pantallas utilizadas en
los aviones de combate. La parte superior de
la montura oculta una pantalla de cristal líquido
de dos centímetros. Se refleja en un espejo
situado en oblicuo en los campos de visión
del telespectador, que de esta forma tiene
la impresión de ver una única pantalla con
los dos ojos.
Dos vías
Estos ejemplos muestran que los sistemas de
transmisión de informaciones audiovisuales
procedentes de los televisiones, teléfonos
o los ordenadores, se miniaturizan y se
acercan al cuerpo. Desde ahora pueden
vislumbrarse las próximas etapas de la
comunicación entre el hombre y el cybionta.
Dos vías se abren: la aproximación
invasiva y la no invasiva.
A la primera pertenecen los electrodos, los
implantes o módulos introducidos en el
cuerpo, de la misma forma que un marcapasos
o una prótesis auditiva profunda. A la
segunda, los nuevos útiles de comunicación
de realidad virtual: los cascos de visión,
guantes y trajes de datos, y pronto los
biocaptores sensoriales... a la espera del
interface directo, sensible y emocional, con
el cerebro. En lo que concierne a la vía no
invasiva, conviene evocar igualmente una
generación de seres extraños que tienen
vida propia en el mundo virtual. Destinados
a favorecer el diálogo con los ordenadores
y la navegación en los hiperespacios de la
información, son los agentes inteligentes.
Joël de Rosnay, Doctor en Ciencias, es
Director de Prospectiva y Evaluación de la
Ciudad de las Ciencias y de la Industria de
La Villette. Está laurado con el Premio de
la Información Científica 1990 de La
Academia de las Ciencias de Francia, y con
el Premio Benjamin Constant de las Artes de
la Comunicación 1994 de la Société
d'Encouragement de l'Industrie Nationale.
El artículo original fue publicado en
Agentland y se reproduce con autorización
del autor y de Agentland:
http://www.agentland.com/cgi-bin/relocation.cgi?
http://www.agentland.com/pages/learn/derosnay/hom_symbiotique1.html
