Cuenta
la leyenda que cuando el sabio griego Arquímedes
descubrió que todo cuerpo desplaza una
cantidad de agua proporcional a su volumen
salió del baño profiriendo gritos de
"¡Eureka! ¡Eureka!" (¡Lo
encontré! ¡Lo encontré!).
Para
el doctor Víctor Grignaschi, uno de los
fundadores de la Facultad de Medicina de la
Universidad del Salvador, profesor de bioquímica
en la UBA, hematólogo y autor de obras de
su especialidad, ese singular momento del
descubrimiento se produjo en la cocina de su
casa.
"Tomé
un trozo de hueso de dinosaurio y lo
introduje en un vaso con ácido clorhídrico
a baño de María -cuenta-. Lo controlé muy
bien con un termómetro puesto dentro del
vaso, porque no podía pasar de sesenta o
sesenta y un grados, como máximo, ni de
cincuenta y nueve, como mínimo. Se produjo
una reacción tumultuosa. Empezó a hervir y
lo dejé allí siete minutos exactos. Luego,
lo lavé con agua y lo sometí al reactivo
de Schiff."
Frente
a sus ojos, la porción del hueso fosilizado
que correspondía a la médula ósea tomó
un color rojo pleno. Esa reacción -conocida
como reacción de Feulgen - le
permitió comprobar que el ácido
desoxirribonucleico o ADN, es decir, la molécula
que contiene las instrucciones genéticas
para producir todas las formas de vida, se
conserva no cientos, ni miles, sino decenas
de millones de años. "Esto se
ignoraba", exclama, entusiasmado, el
científico.
Grignaschi,
que como hematólogo utilizó durante muchos
años la reacción de Feulgen para
clasificar células sanguíneas afectadas de
leucemia, sólo recientemente se interesó
por la paleontología. Fue a raíz de la
invitación de uno de los más destacados
paleontólogos argentinos, el doctor José
Bonaparte.
"Fue
una circunstancia casual -cuenta-. La
doctora Susana Calabria, que me conocía del
Hospital Naval, acababa de jubilarse y, como
es una mujer llena de inquietudes, se ofreció
para trabajar ad honórem en el Museo
Argentino de Ciencias Naturales
"Bernardino Rivadavia", en el
ordenamiento bibliográfico de la sección
Paleontología, de la que es jefe
precisamente Bonaparte. En ocasión de uno
de sus hallazgos, ella le sugirió que
averiguaran qué pasaba dentro de esos
huesos. Ahí fue cuando le habló de mí."
Así
fue como el doctor Grignaschi se avino a
participar de una reunión. "Yo les
aclaré que de fósiles no sabía nada
-recuerda-. Pero se me ocurrió una
idea." Basándose en datos existentes
sobre la conservación del ADN en momias de
entre tres mil y cuatro mil años de antigüedad,
el científico se propuso investigar el ADN
de los gigantes prehistóricos.
Fue
entonces cuando se puso a trabajar con
muestras de decenas de millones de años de
antigüedad. Seccionó y pulió partes del
tejido óseo, y las sometió al veredicto de
la reacción de Feulgen.
"La
de Feulgen es una reacción química que se
produce sobre la base de fucsina decolorada
por anhídrido sulfuroso -explica-. Es
sumamente específica: en presencia de
tejido que contiene ADN, lo tiñe de color
rojo fucsia. Es la primera vez que se
descubre que el ADN puede subsistir tantos
millones de años."
¿Entonces,
se podría crear un dinosaurio completo
partiendo del ADN recuperado de los huesos fósiles,
tal como plantea la ciencia ficción?
Según
el científico, no. El ADN presente en esos
restos también está fosilizado y, a pesar
de que existe una técnica que permite
recomponer la molécula, sólo se puede
obtener ADN completo, pero no vital.
"Fantasías
como la de Michael Crichton, que planteaba
que podría crearse un parque jurásico a
partir de ADN fósil son solamente eso,
fantasías. Pero esos escenarios de
dinosaurios corriendo a la gente... bueno,
nada de eso es posible."
En
la literatura consultada por los científicos
no se encuentra mención de la demostración
de la persistencia del ADN en los huesos fósiles
de dinosaurio. Esta sería, entonces, la
primera comprobación.
"Esto
abre camino a otras investigaciones
complementarias -dice Grignaschi-, como la
determinación de distintas formas muy
antiguas de vida, entre las cuales hay
especies de millones de años, y su
vinculación con las de la actualidad; es
decir, que se podría intentar determinar un
árbol filogenético. Tal vez en el futuro
se podrán verificar los aforismos de
Lavoisier (Nada se pierde, todo se
transforma), y de Darwin (Evolución
adaptada al medio), a través del estudio de
animales actualmente vivos que suponemos
descendientes o vinculados con los
dinosaurios."
Por
Nora Bär - De la Redacción de LA NACION
