Aconseja
no intentar aislar a los chicos de la
realidad Afirma que los maestros no pueden
improvisar la forma de abordar el tema
Docentes, familias y municipales tienen que
planearlo
Nadie
llamaría a Stephen Ball un optimista.
Considerado una de las máximas autoridades
mundiales en educación, el titular de la
cátedra Karl Mannheim de la Universidad de
Londres siempre fue abiertamente crítico de
lo que muchos consideraban avances, como el
ranking de escuelas o el involucramiento del
sector privado en la educación. Sin
embargo, respecto del efecto de la crisis
argentina en el aula se empeña en ver algo
más que el "medio vaso de agua
lleno". Y asegura que "puede
transformarse en una oportunidad única para
el aprendizaje".
"En
este contexto, una buena escuela es la que
busca educar a los chicos acerca de la
crisis, sus causas, consecuencias y los
posibles escenarios futuros para las
familias. Por eso, una escuela que tiene la
porosidad necesaria para mantener una
relación interactiva con la sociedad
convertirá esta situación en clave para la
enseñanza", aseguró en diálogo con
LA NACION.
Ball
visitó el país, invitado por las
universidades de San Andrés y de Quilmes,
para dar una conferencia sobre "Nuevas
tendencias en políticas educativas"
(que dado su prestigio internacional
desbordó la capacidad del auditorio del
Centro Cultural Borges) y participar de la
presentación del libro del mismo título,
editado por Granica y de inminente
aparición.
En
sus ratos libres, el especialista en
sociología de la educación, de 52 años,
casado y sin hijos ("lo cual es una
ayuda, porque me evita tener que aplicar las
dificilísimas decisiones morales para
padres sobre las que suelo escribir",
según confesó) paseó por plaza Roma,
encantado con alguna ocasional paloma.
Porque el avistamiento de aves, junto con el
cine y las novelas son las únicas tres
pasiones que cada tanto alejan a Ball de una
vida dedicada casi obsesivamente a los
problemas de la docencia, en especial los
que enfrentan escuelas y chicos de menores
recursos.
"Podría
resumir mis 25 años de trabajo como un
intento de revivir mi propia infancia
-dijo-. Provengo de una familia de clase
trabajadora; fui muy buen alumno en una
escuela pobre y muy mal alumno cuando fui
becado en una escuela rica, y me sentí sapo
de otro pozo , desilusionado con los
maestros."
Marcado
por esa experiencia que, asegura, quedó con
él "para siempre", Ball se dedica
al school choice , una popular rama
de la profesión que estudia la correcta
elección de escuela para cada chico.
-¿Qué
es una buena escuela?
-Una
buena escuela es aquella que permite que el
estudiante desarrolle sus talentos
individuales al máximo y le otorga una
variedad de herramientas técnicas, pero
también morales, que puede implementar en
el mundo real. No es la que se queda en la
mera transmisión de información
académica.
-¿Y
qué puede considerarse una buena escuela en
un momento de crisis?
-Siguiendo
en la misma línea, la que no la oculta, o
intenta borrarla de las actividades
cotidianas. Por el contrario, la escuela
debe abordar la crisis desde las distintas
disciplinas, de manera que los chicos puedan
comprender qué es lo que está pasando en
sus casas, en sus familias y su país, para
que cuando lleguen al hogar tengan la
posibilidad de participar de manera
inteligente en los problemas que sus padres
enfrentan.
-¿Eso
tiene que ser una decisión individual de
cada maestro?
-No,
es un tema sobre el que no se puede
improvisar. Es fundamental que antes de que
empiecen las clases se planee la forma en la
que se va a abordar la crisis de manera
colectiva, con líneas claras decididas de
antemano por maestros, directivos y
autoridades municipales, y escuchando a las
familias. Pero el Estado tiene que ayudar a
las escuelas e impulsar esa planificación.
-¿Debería
cambiar la relación de los padres con la
escuela en este tipo de situaciones?
-La
relación se vuelve aún más importante,
pero no sólo la responsabilidad de los
padres hacia la escuela, sino también la
responsabilidad de la escuela respecto de lo
que ocurre fuera de las aulas. En las
familias de clase media donde uno o dos de
los padres pierden el empleo las
estadísticas muestran cómo sube el índice
de depresión, e incluso de suicidios. La
escuela tiene que estar alerta a las
consecuencias sobre los chicos y estar
dispuesta a actuar. No puede lavarse las
manos.
-¿Se
debería esperar también un aumento en la
violencia en las aulas?
-Hay
que tener cuidado con ese tema y no ser
alarmistas. Es decir, la teoría
sociológica indica la posibilidad de una
escalada debido a la crisis, pero al mismo
tiempo en Gran Bretaña estamos viviendo un
aumento importante en violencia con la
economía en buen estado. Lo único que
importa es planificar qué se va a hacer en
los casos en los que la violencia se
verifique, porque la solución más rápida
es excluir a esos chicos de la escuela
cuando tenerlos en la calle es llamar a toda
otra serie de problemas sociales.
-Finalmente,
¿que les recomendaría a los padres
argentinos?
-Que
acepten que va a ser un año difícil
también para los chicos, pero que no entren
en pánico. A nadie le gusta que sus chicos
sepan que perdió el empleo, que no tiene
dinero. Pero con el bombardeo constante de
los medios es imposible aislarlos. Es
importante hablar con ellos, pero sobre todo
oírlos, estar atentos a las señales, como
el insomnio. Todavía, y aun en los peores
momentos, nada superó al diálogo familiar.
Perfil
Estudios:
Stephen
J. Ball es doctor en sociología de la
Universidad de Sussex y miembro de la Royal
Society of Arts. Es el titular de la
cátedra Karl Mannheim del Instituto de
Educación de la Universidad de Londres y,
en la Argentina, profesor invitado de
Universidad de San Andrés.
Libros:
algunos
de sus textos más conocidos son "Micropolíticas
de la escuela" y "Reforma
educativa: un abordaje crítico y
posestructural". En breve aparecerá un
trabajo suyo en "Nuevas tendencias en
políticas educativas" (Granica),
compilado por Mariano Narodowski, Milagros
Nores y Myriam Andrada.

Editora:
Ana Herbsztein