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      “La  Humanidad  tiene  razones  que  la  Razón  del  Hombre  ignora”    

Notas

Psicología

Acerca del significado de la angustia  

Dra. Mirta Obstfeld

- 25.02.2002 - 


Para el psicoanálisis la angustia constituye el afecto princeps tanto por su significación en las neurosis como por el lugar que ocupa en la teoría, al punto que ha devenido el modelo general para el estudio de todos y cada uno de los afectos.

No hay duda, refiere Freud en su 25ª Conferencia de introducción al psicoanálisis (1916), “que el problema de la angustia, ocupa entre las cuestiones de la psicología de las neurosis un lugar que ha de llamarse lisa y llanamente central” (Pág.374). Esta expresión conserva, para nosotros psicoanalistas, plena actualidad y vigencia.[1] 

El afecto angustia: su origen  

Para Freud los afectos en general están constituidos por determinadas inervaciones motrices o de descargas que incluyen dos tipos de sensaciones, por un lado, las percepciones de las acciones motrices ocurridas y por otro, las sensaciones directas de placer y displacer que prestan al afecto, su tono dominante. Pero destaca, que “el núcleo que mantiene unido a ese ensemble es la repetición de una determinada vivencia significativa”(Pág.396) (y que) ésta sólo podría ser una impresión muy temprana de naturaleza muy general, que ha de situarse en la prehistoria, no del individuo, sino de la especie”. (Pág.360) (Freud, 1916). 

Strachey (Freud, 1926), considera que probablemente Freud se haya visto influido en el desarrollo de su teoría sobre los afectos, por las formulaciones de Darwin, para quien “la expresión de las emociones consisten en operaciones que originariamente tuvieron un sentido y sirvieron a un fin” (Pág. 193) (Darwin, 1872, Freud (1895d). 

Desde este enfoque teórico, Freud considera que los afectos pueden ser equiparados con ataques histéricos universales y congénitos que "contienen" , como herencia arcaica, la repetición inconciente de un suceso prehistórico, supuestamente filogenético  y sería, como éste, la decantación de una reminiscencia. (Freud,1916, 1926, 1933) 

Agrega luego, que: “Los estados afectivos están incorporados en la vida anímica como unas sedimentaciones de antiquísimas vivencias traumáticas y en situaciones parecidas, despiertan como unos símbolos mnémicos”[2]. (Pág.89) (Freud, 1926) 

Naturalmente, Freud no creía posible obtener la emergencia del suceso prehistórico bajo la forma de un recuerdo; como no creía posible analizar el contenido de los símbolos universales basándose solamente en las asociaciones del paciente (Freud, 1900). Creía en cambio en la posibilidad de su reconstrucción a través de la comprensión del sentido de los afectos que constituyen las emociones básicas del ser humano como partes de conductas arcaicas que responden a finalidades del yo universales y congénitas.  

Con respecto al vocablo angustia, Freud refiere que proviene etimológicamente, del latín angustiae, que quiere decir estrechez, angostura.  Homologa estas sensaciones, desde una enfoque ontogenético, con el momento del nacimiento, en el que se produciría el incremento de estímulos, que sobreviene al interrumpirse la renovación de la sangre cuando el bebé es separado de la madre[3] y con la anoxia producida por efecto del canal de parto con su componente de atolladero estrecho. Es así que el momento del nacimiento, pasa a ser considerado por Freud, como la primera vivencia de angustia tóxica. (Freud, 1916) 

Es así que dirá, que tanto  en el hombre y en las criaturas emparentadas con él, el acto del nacimiento, en su calidad de primera vivencia individual de angustia, parece haber prestado rasgos característicos a la expresión del afecto de angustia[4]. Así es que esta primera vivencia de nacimiento, se ha convertido en “la fuente y el modelo del afecto angustia” [5] (Pág.361).   

Su inspiración acerca del tema, recuerda, tuvo su origen en un pensamiento ingenuo del pueblo. Cuenta que estando con un grupo de jóvenes médicos de hospital almorzando en una posada, un asistente relató la cómica historia que había sucedido en el último examen de parteras. Se le preguntó a una candidata qué significaba el hecho que en el parto apareciese meconio en el agua del nacimiento, y ella respondió sin vacilar: “Que el niño está “angustiado”. Se rieron de ella y la reprobaron. Pero yo, calladamente, tomé partido por ella y empecé a sospechar que esa pobre mujer del pueblo había puesto certeramente en descubierto un nexo importante. (Pág.362) (Freud, 1916) 

Entre tanto, sustentado en su primera teoría económica acerca de la angustia,  continúa admitiendo, que la forma de exteriorización de la angustia denota también una estrecha vinculación con la sexualidad. En particular, considera que los síntomas más notorios –la falta de aliento y las palpitaciones- eran elementos propios del acto del coito, que a falta de una vía de descarga normal para la excitación, aparecían aislados y exagerados (Freud, 1894, 1895a, 1905). Al punto que reafirma: “Hace ya años he puntualizado que la disnea, las palpitaciones de la histeria y de la neurosis de angustia son sólo unos fragmentos desprendidos de la acción del coito” (pág.80).[6] (Freud, 1905, 1926) 

En la 25ª Conferencia de Introducción al Psicoanálisis (1916) diferencia el afecto angustia, del miedo, y del terror. Para ello, subraya: “Creo, tan sólo, que “angustia” se refiere al estado y prescinde del objeto, mientras que “miedo” dirige la atención justamente al objeto y surge ante situaciones en las que la acción adecuada es la huida o el ataque. En cambio, “terror” parece tener un sentido particular, a saber, pone de resalto el efecto de un peligro que no es recibido con apronte angustiado. Así, podría decirse que el hombre se protege del horror mediante la angustia”. (Pág.360)  

Luego también ratifica que “la angustia tiene un inequívoco vínculo con la expectativa, es angustia ante algo. Lleva adherido un carácter de indeterminación y ausencia de objeto y hasta el uso linguístico correcto le cambia el nombre cuando ha hallado un objeto, sustituyéndolo por el de miedo” (Pág,154). En cuanto a la distinción entre dolor y angustia, dirá, que el dolor es la genuina reacción frente a la perdida del objeto, mientras que la angustia es la reacción frente al peligro de que ocurra esa pérdida. (Freud, 1926) 

Las neurosis actuales. Una teoría económica 

A partir de la correspondencia con Fliess, en particular el Manuscrito B, en el que alude a La etiología de las neurosis, (1893) y el Manuscrito E, en el que se interroga acerca de ¿Cómo se origina la angustia?(1894) Freud manifiesta su preocupación por el tema de la angustia. Propone la existencia de condiciones necesarias para contraer una afección neurótica y vincula la angustia con la excitación sexual y la libido. En estos primeros escritos refiere que la angustia es la sensación producida por la acumulación de un estímulo endógeno que al no hallar un procesamiento psíquico, se acumula como tensión física. Este modo de visualizar las afecciones neuróticas lo lleva a concebir la neurastenia y  la neurosis de angustia[7] como la expresión sintomática de una vida sexual anormal. 

Así mismo, señala Strachey en la nota introductoria a Fragmentos de la correspondencia con Fliess, (1950 (1892-99) que en los manuscritos “el propósito del autor no era dar una elaborada expresión a sus opiniones, que a menudo se exponen en forma muy resumida”,(Pág.214) sino que su importancia radicaba en que contenían el gérmen de sus posteriores teorizaciones sobre el tema. 

Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de “neurosis de angustia”,(Freud, 1895a) constituye el primer trecho de un camino que con mas de un viraje, recorre todos sus escritos[8]. Aquí Freud concibe a la neurosis de angustia[9] como consecuencia de la trasposición o mudanza de la tensión sexual somática acumulada y dice: “...los síntomas de la neurosis de angustia en alguna medida, pueden ser considerados como unos subrogados de la acción específica omitida que sigue a la excitación sexual” (Pág.111). Refiere también que lleva a la neurosis de angustia todos los factores que “estorban el procesamiento psíquico de la excitación sexual somática”. (Pág.109) (Freud, 1895a).  

Investigando acerca de una etiología más profunda para las neurosis en general, Freud insiste en distinguir la neurastenia de la neurosis de angustia[10]. A la primera la describe como consecuencia de una descarga sexual inadecuada por efecto de  la masturbación, y a la neurosis de angustia  como el resultado de “la acumulación de excitación sexual frustránea, que no halla una adecuada descarga en el ámbito físico”.[11] [12] (Pág.88) Su mecanismo, dirá, habrá que buscarlo en “ser desviada de lo psíquico la excitación sexual somática”. (pág.108) En este texto, Freud distingue la excitación sexual somática de la libido sexual (el placer psíquico)[13]. (Freud, 1895a) 

En un texto posterior “La sexualidad en la etiología de las neurosis” (1898),  continúa su preocupación por establecer los vínculos causales entre la sexualidad y las neurosis y concibe a la angustia de estas afecciones como el resultado de “la libido desviada de su empleo normal” (Pág.262). Reitera que “unos factores de la vida sexual constituyen las causas más próximas y de mayor sustantividad práctica en todos los casos de afección neurótica”. (Pág.257)  

Merece destacarse que en la Carta 75, escrita a Fliess (Freud, 1897) Freud comenta, sin relación aparente con el resto de lo que venía diciendo: “He resuelto, pues, considerar a partir de ahora como factores separados lo que produce la libido y lo que produce la angustia”. (Pág.271)[14] 

Las elaboraciones precedentes dan lugar a la formulación de la primera teoría económica sobre la angustia y a la designación de las Neurosis actuales[15] como: Neurastenia[16], Neurosis de angustia e Hipocondría (esta última fue incorporada en 1914). Estas afecciones neuróticas  cuya fuente de excitación, como se dijo, se halla en la esfera somática, constituían para Freud, la expresión de desórdenes actuales de la vida sexual, sin vinculación alguna con acontecimientos de la vida pasada, razón por la que no podían ser reconducidas a una significación susceptible de ser aclarada.  

Las neurosis actuales y las psiconeurosis: ¿Diferencias o semejanzas? 

Llegados a este punto de la teoría y dada la complejidad que presentaban las diferentes afecciones neuróticas, Freud infiere a partir de los análisis de la histeria y de la neurosis obsesiva  que la misma desviación de la excitación sexual hacia la vía somática y con idéntico resultado, podía ser también el efecto de un “rehusamiento de parte de las instancias psíquicas”.(Pág.368)(Freud, 1916). Es así que consideró de suma importancia, poder “separar rectamente estos complejos cuadros sintomatológicos y darles su denominación justa” (pag.260) para poder determinar cuando se estaba frente a los caracteres de una neurosis actual o de una psiconeurosis[17]. (Freud, 1898) 

Es así que a partir de ciertos rodeos, manifiesta que los sucesos e injerencias que están en la base de las psiconeurosis (Histeria de angustia, (cuyo síntoma es la fobia), Neurosis obsesiva e Histeria traumática[18])  no corresponden a factores u ocasionamientos de la actualidad, como en el caso de las neurosis actuales, sino a una “época de la vida del remoto pasado, por así decir prehistórica, de la primera infancia y por eso no son consabidos para el enfermo. Éste los ha olvidado –sólo que en un sentido preciso-.” (pág.261) (Freud, 1898). He aquí la primera gran oposición entre las neurosis actuales y las psiconeurosis.  

En una lectura posterior y preservando la distinción entre neurosis actuales y psiconeurosis agrega “las neurosis actuales prestan la solicitación somática para la psiconeurosis, les ofrecen el material de excitación que luego es psíquicamente seleccionado y revestido, de suerte que, expresado en términos generales, el núcleo del síntoma psiconeurótico –el grano de arena en el centro de la perla- está formado por una exteriorización sexual somática” (Pág.257). (Freud, 1912) 

Sin embargo, años más tarde, es el mismo Freud quien aclara que en realidad, estaba muy lejos de desconocer la existencia de conflictos psíquicos y de complejos neuróticos para las neurosis actuales, más bien que lo esencial de su doctrina de ese momento, residía en que los síntomas de las neurosis actuales no los podía descomponer analíticamente como a los de las psiconeurosis. Tanto es así que proponía: “Si hoy echo una mirada retrospectiva sobre mis resultados de entonces, puedo discernirlos como unas esquematizaciones iniciales y burdas de una relación de las cosas probablemente mucho más complicadas”. (Pág.25) (Freud, 1925)   

Admitía como unas “perspectivas halagüeñas para nuestro interés terapéutico” (Freud, 1912) (Pág.259) “que un tratamiento analítico pueda llegar a tener un influjo curativo indirecto sobre los síntomas actuales” (pág.258).  

También refiriéndose a las afecciones neuróticas de siglos anteriores señalaba: “No nos asombre que las neurosis de esas épocas tempranas se presentaran con una vestidura demonológica, puesto que las de nuestra época apsicológica aparecen con vestidura hipocondríaca, disfrazadas de enfermedades orgánicas” (...) “no habría sido difícil reencontrar los contenidos de la neurosis en las historias de estos enfermos si en esa época se les hubiera prestado más atención”. (Pág.73)  

La experiencia psicoanalítica nos indica que estos replanteos Freudianos conservan hoy por hoy, plena actualidad y vigencia. Ya no podemos concebir a las neurosis actuales, en términos puramente económicos, como expresiones sintomáticas carentes de significación, por el contrario debemos tener en cuenta, que la actualidad física de la neurosis actual  siempre es una plétora de significado histórico.  

En la búsqueda de nuevas significaciones 

Avanzando un paso más en la teoría e interesado por continuar con sus investigaciones acerca de “la clase de energías anímicas que son convocadas y los sistemas psíquicos desde los cuales lo son” (Pág.369) (Freud, 1916), encuentra a partir del estudio de la angustia en los niños, una nueva vía. Reconoce que la angustia en los niños “se emparienta de cerca con la angustia neurótica de los adultos”(Pág.372) y  plantea entonces que “ahí donde aparece angustia tiene que existir algo frente a lo cual uno se angustie” (Pág.369).  

Descubre así que el niño se aterroriza cuando se encuentra frente a un rostro extraño, porque espera ver a la persona familiar y amada; en el fondo, a la madre. Por eso, dirá, son su desengaño y su añoranza las que se trasponen en angustia; vale decir, en una libido que ha quedado inaplicable, que no puede mantenerse en suspenso y por ende es descargada como angustia. Aclara que no debe ser casual que en esta situación arquetípica de la angustia infantil se repita la  condición del primer estado de angustia durante el acto del nacimiento, a saber, la separación de la madre. [19] (Freud, 1916) 

Este planteo es ilustrado por Freud con un emotivo relato: “Una vez oí, desde la habitación vecina, exclamar a un niño que se angustiaba en la oscuridad; “tía háblame, tengo miedo”. ”Pero, ¿de qué te sirve, si no puedes verme?” y respondió el niño: “Hay más luz cuando alguien habla”. Estas primeras angustias infantiles le sugieren a Freud que  la añoranza en la oscuridad se transforma en angustia frente a la oscuridad. (pag.371) (Freud, 1916) 

Observamos que con la doctrina de la represión, y del inconciente,  pilares fundamentales sobre el que descansa el edificio del psicoanálisis, (Freud, 1915)  Freud va dejando atrás su teoría puramente económica acerca de la angustia y avanza en la búsqueda de nuevas significaciones.  

En sobre La represión (1915) leemos: “Después de la represión la parte cuantitativa de la moción pulsional, no ha desaparecido, sino que se ha traspuesto en angustia” (Pág. 155). En La interpretación de los sueños (1900) escribió: “La angustia es un impulso libidinoso que parte de lo inconciente y es inhibido por lo preconciente” (Pág.337-8).  

En su trabajo sobre la Gradiva  de Jensen (1907): “La angustia de los sueños de angustia, como en general toda angustia neurótica (...) proviene de la libido en virtud del proceso de la represión”. (Pág.60-1). En el artículo sobre Lo inconciente (1915), afirma que la libido es potencialmente inconciente y reitera en diferentes pasajes del texto que la angustia neurótica es libido sexual traspuesta[20].

En la 25ª Conferencia de Introducción al Psicoanálisis (1916) refiere también que: “...la angustia neurótica de los adultos, la libido pertenece a una moción psíquica que ha experimentado la represión...” (373)[21]

En el artículo sobre Lo inconciente (1915), Freud postula la hipótesis de que “Es posible que el desprendimiento de afecto parta directamente del sistema Icc., en cuyo caso tiene siempre el carácter de la angustia, por la cual son trocados todos los afectos “reprimidos”. (Pág.175) (Freud, 1915) 

Por último en una nota al pie de la cuarta edición de los Tres ensayos para una teoría sexual (1905) comenta que “El hecho de que la angustia neurótica nace de la libido, es un producto de la trasmudación de esta y mantiene con ella la relación del vinagre con el vino...” (Pág.224) (Freud, 1926). 

En síntesis, la angustia de las psiconeurosis es considerada por Freud,  como el destino más inmediato de la libido afectada por la represión. Desde esta visión, observa que el mecanismo represivo precede a la angustia[22]

La segunda hipótesis acerca de la angustia 

Recién a partir de Inhibición, síntoma y angustia (Freud,1926) con la descomposición de la personalidad anímica en un Superyó, un Yo y un Ello, Freud adopta otra orientación en el tema de la angustia que le posibilita situarse en una nueva y sólida posición desde la cual, muchas constelaciones cobran un aspecto diferente. Dirá: “Puede que no sea nada simple el problema del modo en que se engendra la angustia a raíz de la represión; empero, se tiene el derecho a retener la idea de que el “yo es el genuino almácigo de la angustia[23], solo él puede producirla y sentirla y a rechazar la concepción anterior, según la cual la energía de investidura de la moción reprimida se mudaba automáticamente en angustia”.(Pág. 79, 89)  Aunque aún afirma como muy posible que en el caso de la neurosis de angustia “sea el exceso de libido no aplicada el que encuentre su descarga en el desarrollo de angustia” (pág.133)[24].  

Aquí ya la angustia no es concebida ni como libido trasmudada, ni como consecuencia de la represión como afirmó en textos anteriores, sino contrariamente una de sus principales fuerzas impulsoras y a su vez, como una reacción frente a situaciones de peligro regida por un modelo particular. Ahora la angustia no solo precede a la represión sino que además, la provoca. (Freud, 1926). Dirá en su última conferencia, ¡es la angustia la que crea la represión! (Freud, 1933)  

En este sentido, la angustia ya no podía ser explicada en términos económicos, “la angustia no es producida como algo nuevo a raíz de la represión, sino que es reproducida como estado afectivo siguiendo una imágen mnémica preexistente”. (pág.89). (Freud, 1926) 

La señal de angustia y el apronte angustiado: una acción eficaz 

En las puntualizaciones precedentes, halla Freud la fundamentación teórica a sus enunciados acerca de la angustia señal, el apronte angustiado y el desarrollo de angustia neurótica. 

Ya en el “Proyecto de psicología para neurólogos”  (1895b)  refiriéndose  al mecanismo mediante el cual el yo restringe el desarrollo de vivencias penosas, Freud dice: ”Por ese medio la producción de displacer se restringe cuantitativamente, y su inicio fue precisamente la señal para que el yo pusiera en marcha la defensa normal”. (Pág.358). Análogamente, en La interpretación de los sueños (1900) se sostiene que “el pensar tiene que tender (...) a restriñir el desarrollo del afecto por el trabajo de pensamiento a un mínimo que aún sea utilizable como señal”. (Pág.60).  

En Lo inconciente (1915) refiriéndose a las fobias, Freud escribe: “Una excitación en cualquier lugar de este parapeto dará, a consecuencia del enlace con la representación sustitutiva, el envión para un pequeño desarrollo de angustia que ahora es aprovechado como señal a fin de inhibir el ulterior avance de este último...”. (Pág.183)  

De igual manera, en la 25ª. de las Conferencias de introducción (1916) dice, que el estado de “apronte angustiado” brinda una “señal” para impedir el estallido de una grave angustia. Puede observarse, señala Strachey en Inhibición síntoma y angustia (1926), que en esta obra, se introduce primero como señal de “displacer” (pág.88) y sólo luego como señal de “angustia”. (Pág.79) (Freud, 1926) 

Freud aclara que no era su intención contradecir la existencia de una angustia del ello, sí en cambio, corregir lo que él definió como “una expresión torpe” (Pág.133). Por ello aclara, la angustia, “es un estado afectivo que, desde luego, sólo puede ser registrado por el yo. El ello no puede tener angustia como el Yo: no es una organización, no puede apreciar situaciones de peligro. En cambio, es frecuentísimo que en el ello se preparen o se consumen procesos que den al yo ocasión para desarrollar angustia...”, y acota “las represiones probablemente más tempranas, así como la mayoría de las posteriores, son motivadas por esa angustia del yo frente a procesos singulares sobrevenidos en el ello”. (Pág.133). (Freud, 1926) 

Por ende, considera factible que en el ello suceda algo que active una de las situaciones de peligro para el yo, que lo mueva a dar la señal de angustia a fin de inhibirlo y por otro que el yo, alertado por la instancia placer-displacer adquiera el poder para “atajar el proceso amenazador que se gesta en el ello”. (Pág.133). Si esto no ocurre, señala, el desarrollo de angustia sobreviene de manera automática introduciendo la formación de síntoma. 

Vemos así que la angustia es un recurso del yo, quien apelando al engrama de una antigua experiencia devino capaz de emitir una señal de precaución que le permitía anticiparse al peligro y al daño. Junto a la angustia señal, Freud describe también un estado de apronte angustiado, que consiste en acciones motrices adecuadas al fin y que se exterioriza en un aumento de atención sensorial y tensión motriz y lo ejemplifica como la preparación que el bebé debe realizar en el momento del parto. (Freud, 1916) 

Estas formulaciones nos sugieren que el apronte angustiado definido por Freud como el componente motor para la “acción”, y la señal de angustia, como amago afectivo, se integrarían en una serie, constituyendo un acto pleno de sentido

El desarrollo de angustia. Un afecto neurótico 

En un principio Freud plantea ¿Por qué el sistema nervioso bajo esas circunstancias de una insuficiencia psíquica para dominar la excitación sexual, cae en el peculiar estado afectivo de la angustia?. Y formula: “La psique cae en el afecto de la angustia cuando se siente incapaz para tramitar, mediante la reacción correspondiente, una tarea (un peligro) que se avecina desde afuera; (en cambio) cae en la neurosis de angustia cuando se nota incapaz para reequilibrar la excitación (sexual) endógenamente generada. Se comporta entonces como si ella proyectara la excitación hacia fuera (pág.112). (Freud, 1895a) 

Si bien considera que el afecto y la neurosis de angustia, se sitúan en un estrecho vínculo recíproco, sin embargo aclara que, mientras el afecto es un estado en extremo pasajero, porque la excitación exógena actúa como un golpe único, la angustia neurótica, es crónica, debido a que la excitación es endógena  y actúa como una fuerza constante. (Freud, 1895a).  

Procura, desde su vertiente energética, hallar un núcleo de significatividad para las situaciones de peligro, definiendo una angustia realista, que dirá, es la que sentimos frente a un peligro notorio y una angustia neurótica que se experimenta, ante un peligro del que no tenemos noticia. (Freud,1916) Así la exigencia pulsional aparece como generadora de esa vivencia de peligro, lo que lo lleva a Freud a plantear que en definitiva, “aquello a lo cual se tiene miedo (en la angustia) es,  evidentemente, a la propia libido” (Pág.78). 

Halla respuesta así, a su planteo inicial. “El análisis nos ha enseñado que la significatividad de la situación de peligro es un peligro pulsional” , que a su vez, se halla vinculado estrechamente con la apreciación de nuestras fuerzas en comparación con su magnitud. (Pág.154,155) (Freud, 1926) Propone, que la única conducta adecuada frente a un peligro, es la fría evaluación de las propias fuerzas comparadas con la magnitud de la amenaza. 

Sin embargo, poco después y con respecto a las diferentes condiciones para el peligro, refiere que fue sorpresivo para él descubrir que el peligro pulsional interno resultara ser una condición y preparación de una situación de peligro objetiva, externa. (Freud, 1933) 

Plantea en este sentido, haber adquirido la convicción que la exigencia pulsional a menudo sólo se convierte en un peligro (interno) porque su satisfacción conllevaría un peligro externo, vale decir, porque ese peligro interno representa uno externo. Y, por otra parte, señala que también el peligro exterior (realista) tiene que haber encontrado una interiorización si es que ha de volverse significativo para el yo; por fuerza es discernido en su vínculo con una situación vivenciada de desvalimiento[25]. (Freud, 1926). Es decir  tan pronto como llevamos a la conciencia este peligro desconocido para el yo se borran las diferencias entre angustia realista y angustia neurótica. 

Para Freud la angustia de la neurosis, podía presentarse como una angustia expectante, cuyo síntoma nuclear era la angustia, como un estado de angustia libremente flotante, pero dispuesta a enlazarse a cualquier representación, (hipocondría, agorafobia, claustrofobia, vértigo en altura. Folie de doute, compulsión de cavilar, etc). Como ataques de angustia, estados de irritabilidad general, inclinación pesimista, manía de duda, sensaciones corporales penosas asociados a representaciones como la de ser fulminado por un sincope o volverse loco. Como la angustia de  las fobias[26], ligada de manera firme, a determinados contenidos de representación (víboras, arañas, aviones, ratones, cruzar una calle, etc) y como equivalentes somáticos de la angustia, en el que el afecto angustia no se percibe en la conciencia y queda sustituido por sus equivalentes somáticos (taquicardia, disnea, sudor nocturno, temblor, estremecimiento, hambre insaciable, diarrea, vértigo, congestiones (edemas), parestesias.  (Freud,1895a, 1898, 1916) 

Observamos aquí el vínculo en “extremo significativo” (Pág.77) entre el desarrollo de angustia y la formación de síntoma. Ambos se subrogan y relevan entre sí. Por eso dice: “Parece como si  los síntomas fueron creados para evitar el estallido del estado de angustia”. (Pág.77) (Freud, 1933) 

La situación traumática: una vivencia de desvalimiento 

El arduo y prolífico recorrido emprendido por Freud en el desarrollo de su teoría de la angustia,  lo concluye en 32ª Conferencia de Introducción al Psicoanálisis, (1933). En este texto, si bien pretende aún sostener como hipótesis que la angustia “nace directamente a raíz del encuentro del yo con una exigencia libidinal hipertrófica proveniente de factores traumáticos; (dirá) ellas crean su angustia como algo nuevo” y agrega: “es verdad, que según el arquetipo del nacimiento”[27].(Pag.87)  

Rectifica ahora: “Ya no afirmaremos que sea la libido misma la que se muda entonces en angustia” (Pág.87), sino que, “el factor determinante de la angustia neurótica es una situación traumática[28]  (y) esta es, esencialmente, una vivencia de desvalimiento del yo[29] frente a una acumulación de excitación sea de origen externo o interno, que aquel no puede tramitar”[30] (Pág. 130, 156) (Freud, 1933).  

En síntesis: “lo temido en la angustia, es en cada caso la emergencia de un factor traumático que no pueda ser tramitado según la norma del principio de placer.(Pág.87)  

Propone también que a cada edad del desarrollo le corresponde una determinada condición de angustia, y por tanto una situación de peligro adecuada a ella. “El peligro del desvalimiento psíquico corresponde al estadio de la temprana inmadurez del yo,  el peligro de la pérdida de objeto (de amor), a la heteronomía de la primera infancia; el peligro de la castración, a la fase fálica y por último, la angustia ante el superyo, angustia que cobra una posición particular, al periodo de latencia”. (Pág.82) (Freud, 1926).  

Aunque admite que los peligros internos cambian en las distintas etapas de la vida, para Freud, cada uno de esos peligros remiten como carácter común a  la separación o pérdida de un objeto amado que puede, por diversas vías, conducir a una acumulación de deseos insatisfechos y, por ende, a una situación de desvalimiento.   

Lo fundamenta de un modo conmovedor cuando refiere que teniendo el hombre  una "... existencia intrauterina abreviada con relación a la mayoría de los animales; es dado a luz más inacabado que estos. Ello refuerza el influjo del mundo exterior real, promueve prematuramente la diferenciación del yo respecto del ello, eleva la significatividad de los peligros del mundo exterior e incrementa enormemente el valor del único objeto que puede proteger de esos peligros y sustituir la vida intrauterina perdida. Así, este factor biológico produce las primeras situaciones de peligro y crea la necesidad de ser amado, de que el hombre no se librará más." (Freud, 1926) 

Si bien, la propuesta es la de no rechazar la idea de que “estas condiciones de angustia repiten en el fondo la situación de la originaria angustia de nacimiento, que también implicó una separación de la madre”, (Pág.80) de todos modos, aclara que a medida que se avanza en el desarrollo, las antiguas condiciones de angustia tienen que ser abandonadas. Si esto no sucede,  considera “que las personas que llamamos neuróticas permanecen infantiles en su conducta hacia el peligro y no han superado condiciones de angustia anticuadas”. (Pág.82). En este sentido, la angustia neurótica correspondería a la persistencia de una conducta infantil frente al peligro. (Freud, 1933) 

Hallamos, al finalizar la lectura del texto, un último planteo a su teoría de la angustia: “No veo objeción alguna a un origen doble de la angustia: en un caso como consecuencia directa del factor traumático y en el otro como señal de que amenaza la repetición de un factor así”. (Pág.88) (Freud, 1933) 

A modo de conclusión 

La angustia al igual que los afectos en general, es un estado afectivo, constituido por una reunión de determinadas sensaciones de la serie placer-displacer con las correspondientes inervaciones de descarga y su percepción, pero probablemente, el precipitado de cierto evento significativo, incorporado por vía hereditaria, y entonces comparable al ataque histérico adquirido por el individuo. (Freud, 1933) 

Como lo señalamos anteriormente, el evento significativo incorporado en la vida anímica como un símbolo mnémico para el afecto angustia, es el acto del nacimiento, que dirá Freud, parece haber prestado rasgos carácterísticos a la expresión de este afecto.  Es así que refiere que los cambios que se producen  en la actividad del corazón y la respiración son característicos del estado de angustia y fueron para ese momento del nacimiento, como acción, acordes con el fin.  

Señala su convencimiento de que “La predisposición a repetir el primer estado de angustia, se ha incorporado tan profundamente al organismo, a través de la serie innumerable de las generaciones, que ningún individuo puede sustraerse a ese afecto...” (Pág.361) (Freud, 1916). 

En este sentido, podríamos decir que  un estado afectivo de angustia normal, sería aquel que ante una vivencia de peligro y activada por el engrama de una antigua experiencia, se limita en su expresión a un “mero amago”, a una señal que nos guía, nos protege y nos posibilita adoptar acciones “acorde a fines”. Mientras que el desarrollo de la angustia neurótica, contendría la expectativa de que se reproduzca una situación de desvalimiento que recuerde a una de las vivencias traumáticas experimentadas, es decir, sería un comportamiento fallido, que como lo subraya Freud, resulta paralizante e inadecuado para el fin presente. (Freud, 1933). 

En nuestro trabajo clínico observamos que la angustia, puede a veces llegar a adquirir las características de una angustia muy intensa o manifestarse a través de diferentes síntomas corporales, particularmente mediante trastornos respiratorios o cardíacos. 

En síntesis, podríamos postular que la angustia, que como estado afectivo nos retrotrae a la huella mnémica de una antigua vivencia de desvalimiento frente a una situación vivida como traumática, se reeditaría en nuestras vidas individuales, cada vez que nos hallamos enfrentados a alguna situación que vivimos como peligrosa y sentimos difícil de atravesar. 

Como síntoma sería la manifestación inconciente de una fantasía que evoca y reproduce la dificultad de poder atravesar “el pasaje por un canal estrecho” y lograr encontrar una salida. Cada situación de angustia superada, sería vivenciada como una expansión  del animo y profundizaría la huella mnémica de una experiencia de “exito”[31].

BIBLIOGRAFIA 

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Freud, Sigmud  (1950 (1892-99) - Fragmentos de la correspondencia con Fliess. En Obras Completas. Amorrortu, Buenos Aires, 1982  

DRAE (1992) – Diccionario de la lengua española, Espasa Calpe, Madrid, 1992.


[1] En una nota a pié de página Strachey refiere que el problema de la angustia lo ocupó a Freud durante toda su vida. Señala que debe tenerse presente que lo que Freud sostiene en esta   Conferencia fue sometido más adelante a revisiones importantes y que fueron sintetizadas por   él en su “Anexo A” a Inhibición síntoma y angustia ( Pág.157-64). En la 32ª de las Nuevas conferencias (1933), reformuló su posición definitiva con particular claridad. (Freud, 1916-1917) 

[2]  En una nota a pié de página Strachey aclara que Freud recurrió a esta frase en varios    lugares de Estudio sobre la histeria (1895) para dar cuenta de los síntomas histéricos. Sin     embargo, el concepto es muy claramente explicitado en la primera de las Cinco conferencias sobre psicoanálisis (1916). 

[3]  En la 25º Conferencia de Introducción al psicoanálisis (Freud, 1916) admite como   significativo que “ese primer estado de angustia se originara en la separación de la madre”     (Pág.361) 

[4]  Aclara Freud que no debemos sobrerestimar este nexo ni olvidar, admitiéndolo, que un      símbolo de afecto para la situación del peligro constituye una necesidad biológica y se lo     habría creado en cualquier caso. (Pág.89) (Freud, 1926) 

[5]  Freud reafirma,  que el momento del nacimiento  representa a la primera vivencia de      angustia “tóxica” y que  es fuente y modelo de las posteriores angustias. Pero disiente con      Otto Rank, para quien  los posteriores ataques de angustia eran intentos de “abreaccionar” el trauma de nacimiento. 

[6]  Freud considera que habría en la neurosis de angustia una suerte de conversión al igual que  en la histeria. Una tensión física que entra por un camino falso. En ambas la semejanza es      la conversión, mientras, señala que la diferencia sería que en la neurosis de angustia es la      tensión física la que toma la vía somática.  En la histeria de conversión, es la excitación psíquica que toma una falsa vía hacia la somática. Y aclara que ambas pueden asociarse. (Freud, 1895a) 

[7] Aclara Strachey en una nota a pié de página que en una carta inédita a Fliess del 5 de enero   de 1893, Freud le dice: “Estoy reescribiendo el asunto sobre las neurosis”. Aquí, como sucede   con frecuencia en este período, Freud entiende por “neurosis” la neurastenia y la neurosis de   angustia, que más adelante designaría “neurosis actuales”. (Pág.217) (Freud, 1893) 

[8] Recordar, dice Strachey en la introducción de este texto, que especialmente en estos   tempranos trabajos, Freud estaba profundamente dedicado a tratar de establecer los datos de   la psicología en términos neurológicos (Freud, 1895a). 

[9] En una nota a pié de página, aclara Strachey que  esta es la primera vez que Freud utilizó el   término en un escrito publicado en alemán –lo habia empleado en francés en Obsesiones y  fobias (1895c), si bien aparece en el Manuscrito B  enviado a Fliess el 8 de febrero de 1893.   (Freud, 1895a ) 

[10] Según Lowenfeld (Freud, 1895a) tanto el término como su correspondiente concepto fueron  creados por Freud. Poco tiempo antes Wernicke , había tratado de diferenciar una “psicosis de angustia”, porque todos sus componentes se podían agrupar en derredor del síntoma principal de la angustia. También en una conferencia de E.Hecker, Freud encontró  la misma interpretación, aunque este autor no había diferenciado la neurastenia de los equivalentes de angustia. (Freud, 1895a). 

[11] Esta teoría, señala Strachey, se anuncia de una manera más completa en el Manuscrito E.   (Freud, 1895) 

[12]Para Strachey “cualesquiera que hayan sido los términos en que expresó esta teoría, la sostuvo hasta un momento muy avanzado de su vida...” (Pág.89) (Freud, 1895a) 

[13]En este texto, La libido se concibe como algo exclusivamente “psíquico” aunque, otra vez no    parece trazarse un claro distingo entre “psíquico” y “conciente”. En cambio en A propósito de   las críticas a la neurosis de angustia (1897), acepta la concepción de la libido como   potencialmente inconciente diciendo que la angustia neurótica es libido sexual traspuesta. 

[14]Aclara Strachey en su nota introductoria a Inhibición Síntoma y Angustia (1926) que en   ningún lugar hay otra evidencia de esta retractación aislada. 

[15]Señala Strachey en una nota a pie de página en el Manuscrito B. La etiolgoía de las   neurosis.(1893) que la conceptualización de Neurosis actuales la hallamos en Estudios sobre    la histeria (1895) (Pág.107), en la conferencia Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos   histéricos (1893) (Pág.40) y en La sexualidad en la etiología de las neurosis (1898) (Pág.271.,   n.12). (Freud, 1893) 

[16]Neurastenia, etimológicamente significa debilidad nerviosa. Es un término acuñado por el médico americano George Beard (Freud, 1895a). Freud describía los sintomas clínicos de    este cuadro:  fatiga física de origen nervioso, cefaleas, dispepsia, constipación, parestesias    espinales, empobrecimiento de la actividad sexual. (Freud, 1898) 

[17]  A pesar de que Freud  reconoce que con enorme frecuencia se presentan casos mixtos.      (Freud, 1895a) 

[18] Con respecto a la histeria traumática Charcot descubre que los síntomas no fueron     provocados por el shock físico sino por las representaciones ligadas a ese proceso, por     ejemplo, el afecto susto. 

[19] Aclara Strachey en una nota que esta fue la primera oportunidad en que Freud insistió   explícitamente en la fundamental importancia de la separación de la madre como factor    causante de la angustia, aunque ya lo había sugerido antes en esta misma obra (pag.361) e    implícitamente en escritos anteriores. Se hallan referencias al respecto en su Introducción a    Inhibición, síntoma y angustia (Freud, 1926) y también se hace una mención pasajera en El    yo y el ello (1923, Pág.58). 

[20] Vemos aquí que Freud, continua utilizando el concepto de trasposición pero ligado ahora a lo inconciente. 

[21]   En el mismo texto, Freud reitera que “el destino mas inmediato de ese afecto es el de ser mudado en angustia, sin que interese la cualidad que haya presentado en el decurso normal”. (Pág.367) 

[22]   Freud  aclara que no es fácil aseverar la existencia de afectos inconcientes en el mismo sentido en que podemos hacerlo respecto de las representaciones inconcientes (Lo Inconciente 1915, pág.177-8), pero dirá que su intención era solamente destacar la  impresión obtenida, a saber, que el desarrollo de angustia se anuda estrechamente al      sistema inconciente. 

[23]   Señala Strachey en una nota a pie de página (Freud, 1933) que esta tesis fue formulada por primera vez, en términos muy similares, en El yo y el ello (1923) (pag.57) y analizada en varios pasajes de Inhibición, síntoma y angustia (1926) (Pág.132, 151) y (Pág.79). 

[24] Aclara Strachey en la Introducción a Inhibición, Síntoma y Angustia (1926) que este último remanente de la antigua teoría sería abandonado pocos años más tarde. 

[25] En una nota  a esta párrafo  Freud  dice “Acaso ocurra bastante a menudo que en una situación de peligro apreciada correctamente como tal se agregue a la angustia realista una porción de angustia pulsional. La exigencia pulsional ante cuya satisfacción el yo retrocede aterrado sería entonces la masoquista, la pulsión de destrucción vuelta hacia la persona propia. Quizás este añadido explique el caso en que la reacción de angustia resulta desmedida e inadecuada al fin” .(Pág.157) (Freud, 1926) 

[26] Freud destaca que en las fobias se trata de resolver un conflicto de ambivalencia y evitar la angustia. La angustia de la fobia es facultativa, solo emerge cuando su objeto es asunto de la percepción. Tiene el carácter de una proyección, pues sustituye un peligro pulsional interior por un peligro de percepción exterior. (Freud, 1926) 

[27]  Aclara Strachey en una nota, que con la presente formulación se abandonan los últimos vestigios de la antigua teoría. Sin embargo no descarta que en el caso de la neurosis de angustia sea muy posible que sea el exceso de libido no aplicada la que encuentre su descarga en el desarrollo de angustia. (Freud, 1933) 

[28] Es posible que el alcance que Rank otorgara a sus concepciones acerca del trauma de nacimiento haya llevado a Freud (1926) a volver, reactivamente, en algunos pasajes de su obra, a un punto de vista puramente económico: existe angustia sin el arquetipo del  nacimiento, y la situación de peligro se caracteriza por una vivencia de desvalimiento del yo frente a una acumulación de excitación de origen externo o interno (situación traumática), que el sujeto no puede tramitar. Sin embargo, años más tarde, vuelve a rescatar su  indagación por el significado y reafirma que "el nacimiento (es) nuestro arquetipo del estado de angustia" (Freud, 1932). 

[29]  Plantea Freud, refiriéndose a los afectos, que el niño sintiéndose incapaz de llevar a cabo la acción específica de procurarse su propio alimento, logra a través del llanto, una vía de descarga que adquiere  la importantísima función secundaria de comunicación con el prójimo y  de este modo la indefensión original del ser humano se convierte en la fuente primordial de todas las motivaciones morales. (Freud, 1895b) 

[30] Con esta segunda hipótesis, Freud (1926) concibe la existencia de una angustia no referida al arquetipo del nacimiento: la angustia traumática, derivada de una situación de peligro  actual imposible de tramitar por parte del yo.  

[31]   Etimológicamente éxito significa salida.(RAE, 1992)

   

 

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Junio 2000