Para
el psicoanálisis la angustia constituye el
afecto princeps tanto por su significación
en las neurosis como por el lugar que ocupa
en la teoría, al punto que ha devenido el
modelo general para el estudio de todos y
cada uno de los afectos.
No
hay duda, refiere Freud en su 25ª
Conferencia de introducción al psicoanálisis
(1916), “que el problema de la angustia,
ocupa entre las cuestiones de la psicología
de las neurosis un lugar que ha de llamarse
lisa y llanamente central” (Pág.374).
Esta expresión conserva, para nosotros
psicoanalistas, plena actualidad y vigencia.
El
afecto angustia: su origen
Para
Freud los afectos en general están
constituidos por determinadas inervaciones
motrices o de descargas que incluyen dos
tipos de sensaciones, por un lado, las
percepciones de las acciones motrices
ocurridas y por otro, las sensaciones
directas de placer y displacer que prestan
al afecto, su tono dominante. Pero destaca,
que “el núcleo que mantiene unido a ese ensemble
es la repetición de una determinada
vivencia significativa”(Pág.396) (y que)
ésta sólo podría ser una impresión muy
temprana de naturaleza muy general, que ha
de situarse en la prehistoria, no del
individuo, sino de la especie”. (Pág.360)
(Freud, 1916).
Strachey
(Freud, 1926), considera que probablemente
Freud se haya visto influido en el
desarrollo de su teoría sobre los afectos,
por las formulaciones de Darwin, para quien
“la expresión de las emociones consisten
en operaciones que originariamente tuvieron
un sentido y sirvieron a un fin” (Pág.
193) (Darwin, 1872, Freud (1895d).
Desde
este enfoque teórico, Freud considera que
los afectos pueden ser equiparados con
ataques histéricos universales y congénitos
que "contienen" , como herencia
arcaica, la repetición inconciente de un
suceso prehistórico, supuestamente filogenético
y sería, como éste, la decantación
de una reminiscencia. (Freud,1916, 1926,
1933)
Agrega
luego, que: “Los estados afectivos están
incorporados en la vida anímica como unas sedimentaciones
de antiquísimas vivencias traumáticas
y en situaciones parecidas, despiertan como
unos símbolos mnémicos”.
(Pág.89) (Freud, 1926)
Naturalmente,
Freud no creía posible obtener la
emergencia del suceso prehistórico bajo la
forma de un recuerdo; como no creía posible
analizar el contenido de los símbolos
universales basándose solamente en las
asociaciones del paciente (Freud, 1900). Creía
en cambio en la posibilidad de su
reconstrucción a través de la comprensión
del sentido de los afectos que constituyen
las emociones básicas del ser humano como
partes de conductas arcaicas que responden a
finalidades del yo universales y congénitas.
Con
respecto al vocablo angustia, Freud refiere
que proviene etimológicamente, del latín angustiae,
que quiere decir estrechez, angostura.
Homologa estas sensaciones, desde una
enfoque ontogenético, con el momento del
nacimiento, en el que se produciría el
incremento de estímulos, que sobreviene al
interrumpirse la renovación de la sangre
cuando el bebé es separado de la madre
y con la anoxia producida por efecto del
canal de parto con su componente de
atolladero estrecho. Es así que el momento
del nacimiento, pasa a ser considerado por
Freud, como la primera vivencia de
angustia tóxica. (Freud, 1916)
Es
así que dirá, que tanto
en el hombre y en las criaturas
emparentadas con él, el acto del
nacimiento, en su calidad de primera
vivencia individual de angustia, parece
haber prestado rasgos característicos a la
expresión del afecto de angustia.
Así es que esta primera vivencia de
nacimiento, se ha convertido en “la
fuente y el modelo del afecto angustia”
(Pág.361).
Su
inspiración acerca del tema, recuerda, tuvo su origen en un pensamiento ingenuo del pueblo. Cuenta que estando con un
grupo de jóvenes médicos de hospital
almorzando en una posada, un asistente relató
la cómica historia que había sucedido en
el último examen de parteras. Se le preguntó
a una candidata qué significaba el hecho
que en el parto apareciese meconio en el
agua del nacimiento, y ella respondió sin
vacilar: “Que el niño está
“angustiado”. Se rieron de ella y la
reprobaron. Pero yo, calladamente, tomé
partido por ella y empecé a sospechar que
esa pobre mujer del pueblo había puesto
certeramente en descubierto un nexo
importante. (Pág.362) (Freud, 1916)
Entre
tanto, sustentado en su primera teoría económica
acerca de la angustia,
continúa admitiendo, que la forma de
exteriorización de la angustia denota también
una estrecha vinculación con la sexualidad.
En particular, considera que los síntomas más
notorios –la falta de aliento y las
palpitaciones- eran elementos propios del
acto del coito, que a falta de una vía de
descarga normal para la excitación, aparecían
aislados y exagerados (Freud, 1894, 1895a,
1905). Al punto que reafirma: “Hace ya años
he puntualizado que la disnea, las
palpitaciones de la histeria y de la
neurosis de angustia son sólo unos
fragmentos desprendidos de la acción del
coito” (pág.80).
(Freud, 1905, 1926)
En
la 25ª Conferencia de Introducción al
Psicoanálisis (1916) diferencia el
afecto angustia, del miedo, y del terror.
Para ello, subraya: “Creo, tan sólo, que
“angustia” se refiere al estado y
prescinde del objeto, mientras que
“miedo” dirige la atención justamente
al objeto y surge ante situaciones en las
que la acción adecuada es la huida o el
ataque. En cambio, “terror” parece tener
un sentido particular, a saber, pone de
resalto el efecto de un peligro que no es
recibido con apronte angustiado. Así, podría
decirse que el hombre se protege del horror
mediante la angustia”. (Pág.360)
Luego
también ratifica que “la angustia tiene
un inequívoco vínculo con la expectativa,
es angustia ante algo. Lleva adherido
un carácter de indeterminación y ausencia
de objeto y hasta el uso linguístico
correcto le cambia el nombre cuando ha
hallado un objeto, sustituyéndolo por el de
miedo” (Pág,154). En cuanto a la
distinción entre dolor y angustia,
dirá, que el dolor es la genuina reacción
frente a la perdida del objeto, mientras que
la angustia es la reacción frente al
peligro de que ocurra esa pérdida. (Freud,
1926)
Las
neurosis actuales. Una teoría económica
A
partir de la correspondencia con Fliess, en
particular el Manuscrito B, en el que
alude a La etiología de las neurosis,
(1893) y el Manuscrito E, en el que
se interroga acerca de ¿Cómo se origina
la angustia?(1894) Freud manifiesta su
preocupación por el tema de la angustia.
Propone la existencia de condiciones
necesarias para contraer una afección neurótica
y vincula la angustia con la excitación
sexual y la libido. En estos primeros
escritos refiere que la angustia es la
sensación producida por la acumulación de
un estímulo endógeno que al no hallar un
procesamiento psíquico, se acumula como
tensión física. Este modo de visualizar
las afecciones neuróticas lo lleva a
concebir la neurastenia y
la neurosis de angustia como la expresión sintomática
de una vida sexual anormal.
Así
mismo, señala Strachey en la nota
introductoria a Fragmentos de la
correspondencia con Fliess, (1950
(1892-99) que en los manuscritos “el propósito
del autor no era dar una elaborada expresión
a sus opiniones, que a menudo se exponen en
forma muy resumida”,(Pág.214) sino que su
importancia radicaba en que contenían el gérmen
de sus posteriores teorizaciones sobre el
tema.
Sobre
la justificación de separar de la
neurastenia un determinado síndrome en
calidad de “neurosis de angustia”,(Freud,
1895a) constituye el primer trecho de un
camino que con mas de un viraje, recorre
todos sus escritos.
Aquí Freud concibe a la neurosis de
angustia
como consecuencia de la trasposición o
mudanza de la tensión sexual somática
acumulada y dice: “...los síntomas de la
neurosis de angustia en alguna medida,
pueden ser considerados como unos subrogados
de la acción específica omitida que sigue
a la excitación sexual” (Pág.111).
Refiere también que lleva a la neurosis de
angustia todos los factores que “estorban
el procesamiento psíquico de la excitación
sexual somática”. (Pág.109) (Freud,
1895a).
Investigando
acerca de una etiología más profunda para
las neurosis en general, Freud insiste en
distinguir la neurastenia de la neurosis de
angustia.
A la primera la describe como consecuencia
de una descarga sexual inadecuada por efecto
de la
masturbación, y a la neurosis de angustia
como el resultado de “la acumulación
de excitación sexual frustránea, que no
halla una adecuada descarga en el ámbito físico”.
(Pág.88) Su mecanismo, dirá, habrá que
buscarlo en “ser desviada de lo psíquico
la excitación sexual somática”. (pág.108)
En este texto, Freud distingue la excitación
sexual somática de la libido sexual (el
placer psíquico).
(Freud, 1895a)
En
un texto posterior “La sexualidad en la
etiología de las neurosis” (1898),
continúa su preocupación por
establecer los vínculos causales entre la
sexualidad y las neurosis y concibe a la
angustia de estas afecciones como el
resultado de “la libido desviada de su
empleo normal” (Pág.262). Reitera que
“unos factores de la vida sexual
constituyen las causas más próximas y de
mayor sustantividad práctica en todos los
casos de afección neurótica”. (Pág.257)
Merece
destacarse que en la Carta 75,
escrita a Fliess (Freud, 1897) Freud
comenta, sin relación aparente con el resto
de lo que venía diciendo: “He resuelto,
pues, considerar a partir de ahora como
factores separados lo que produce la libido
y lo que produce la angustia”. (Pág.271)
Las
elaboraciones precedentes dan lugar a la
formulación de la primera teoría económica
sobre la angustia y a la designación de
las Neurosis actuales
como: Neurastenia,
Neurosis de angustia e Hipocondría (esta última
fue incorporada en 1914). Estas afecciones
neuróticas
cuya fuente de excitación, como se
dijo, se halla en la esfera somática,
constituían para Freud, la expresión de
desórdenes actuales de la vida sexual, sin
vinculación alguna con acontecimientos de
la vida pasada, razón por la que no podían
ser reconducidas a una significación
susceptible de ser aclarada.
Las
neurosis actuales y las psiconeurosis: ¿Diferencias
o semejanzas?
Llegados
a este punto de la teoría y dada la
complejidad que presentaban las diferentes
afecciones neuróticas, Freud infiere a
partir de los análisis de la histeria y de
la neurosis obsesiva
que la misma desviación de la
excitación sexual hacia la vía somática y
con idéntico resultado, podía ser también
el efecto de un “rehusamiento de parte de
las instancias psíquicas”.(Pág.368)(Freud,
1916). Es así que consideró de suma
importancia, poder “separar rectamente
estos complejos cuadros sintomatológicos y
darles su denominación justa” (pag.260)
para poder determinar cuando se estaba
frente a los caracteres de una neurosis
actual o de una psiconeurosis.
(Freud, 1898)
Es
así que a partir de ciertos rodeos,
manifiesta que los sucesos e injerencias que
están en la base de las psiconeurosis
(Histeria de angustia, (cuyo síntoma es la
fobia), Neurosis obsesiva e Histeria traumática)
no corresponden a factores u
ocasionamientos de la actualidad, como en el
caso de las neurosis actuales, sino a una
“época de la vida del remoto pasado, por
así decir prehistórica, de la primera
infancia y por eso no son consabidos para el
enfermo. Éste los ha olvidado –sólo que
en un sentido preciso-.” (pág.261) (Freud,
1898). He aquí la primera gran oposición
entre las neurosis actuales y las
psiconeurosis.
En
una lectura posterior y preservando la
distinción entre neurosis actuales y
psiconeurosis agrega “las neurosis
actuales prestan la solicitación somática
para la psiconeurosis, les ofrecen el
material de excitación que luego es psíquicamente
seleccionado y revestido, de suerte que,
expresado en términos generales, el núcleo
del síntoma psiconeurótico –el grano de
arena en el centro de la perla- está
formado por una exteriorización sexual somática”
(Pág.257). (Freud, 1912)
Sin
embargo, años más tarde, es el mismo Freud
quien aclara que en realidad,
estaba muy lejos de desconocer la existencia
de conflictos psíquicos y de complejos neuróticos
para las neurosis actuales, más bien que lo
esencial de su doctrina de ese momento,
residía en que los síntomas de las
neurosis actuales no los podía descomponer
analíticamente como a los de las
psiconeurosis. Tanto es así que proponía:
“Si hoy echo una mirada retrospectiva
sobre mis resultados de entonces, puedo
discernirlos como unas esquematizaciones
iniciales y burdas de una relación de las
cosas probablemente mucho más
complicadas”. (Pág.25) (Freud, 1925)
Admitía
como unas “perspectivas halagüeñas para
nuestro interés terapéutico” (Freud,
1912) (Pág.259) “que un tratamiento analítico
pueda llegar a tener un influjo curativo
indirecto sobre los síntomas actuales” (pág.258).
También
refiriéndose a las afecciones neuróticas
de siglos anteriores señalaba: “No nos
asombre que las neurosis de esas épocas
tempranas se presentaran con una vestidura
demonológica, puesto que las de nuestra época
apsicológica aparecen con vestidura
hipocondríaca, disfrazadas de enfermedades
orgánicas” (...) “no habría sido difícil
reencontrar los contenidos de la neurosis en
las historias de estos enfermos si en esa época
se les hubiera prestado más atención”.
(Pág.73)
La
experiencia psicoanalítica nos indica que
estos replanteos Freudianos conservan hoy
por hoy, plena actualidad y vigencia. Ya no
podemos concebir a las neurosis actuales, en
términos puramente económicos, como
expresiones sintomáticas carentes de
significación, por el contrario debemos
tener en cuenta, que la actualidad física
de la neurosis actual
siempre es una plétora de
significado histórico.
En
la búsqueda de nuevas significaciones
Avanzando
un paso más en la teoría e interesado por
continuar con sus investigaciones acerca de
“la clase de energías anímicas que son
convocadas y los sistemas psíquicos desde
los cuales lo son” (Pág.369) (Freud,
1916), encuentra a partir del estudio de la
angustia en los niños, una nueva vía.
Reconoce que la angustia en los niños “se
emparienta de cerca con la angustia neurótica
de los adultos”(Pág.372) y
plantea entonces que “ahí donde
aparece angustia tiene que existir algo
frente a lo cual uno se angustie” (Pág.369).
Descubre
así que el niño se aterroriza cuando se
encuentra frente a un rostro extraño,
porque espera ver a la persona familiar y
amada; en el fondo, a la madre. Por eso, dirá,
son su desengaño y su añoranza las que
se trasponen en angustia; vale decir, en
una libido que ha quedado inaplicable, que
no puede mantenerse en suspenso y por ende
es descargada como angustia. Aclara que no
debe ser casual que en esta situación
arquetípica de la angustia infantil se
repita la
condición del primer estado de
angustia durante el acto del nacimiento, a
saber, la separación de la madre.
(Freud, 1916)
Este
planteo es ilustrado por Freud con un
emotivo relato: “Una vez oí, desde la
habitación vecina, exclamar a un niño que
se angustiaba en la oscuridad; “tía háblame,
tengo miedo”. ”Pero, ¿de qué te sirve,
si no puedes verme?” y respondió el niño:
“Hay más luz cuando alguien habla”.
Estas primeras angustias infantiles le
sugieren a Freud que
la añoranza en la oscuridad se
transforma en angustia frente a la
oscuridad. (pag.371) (Freud, 1916)
Observamos
que con la doctrina de la represión, y del
inconciente,
pilares fundamentales sobre el que
descansa el edificio del psicoanálisis, (Freud,
1915) Freud
va dejando atrás su teoría puramente económica
acerca de la angustia y avanza en la búsqueda
de nuevas significaciones.
En
sobre La represión (1915) leemos:
“Después de la represión la parte
cuantitativa de la moción pulsional, no ha
desaparecido, sino que se ha traspuesto en
angustia” (Pág. 155). En La
interpretación de los sueños (1900)
escribió: “La angustia es un impulso
libidinoso que parte de lo inconciente y es
inhibido por lo preconciente” (Pág.337-8).
En
su trabajo sobre la Gradiva de
Jensen (1907): “La angustia de los sueños
de angustia, como en general toda angustia
neurótica (...) proviene de la libido en
virtud del proceso de la represión”. (Pág.60-1).
En el artículo sobre Lo inconciente (1915),
afirma que la libido es potencialmente
inconciente y reitera en diferentes pasajes
del texto que la angustia neurótica es
libido sexual traspuesta.
En
la 25ª Conferencia de Introducción al
Psicoanálisis (1916) refiere también
que: “...la angustia neurótica de los
adultos, la libido pertenece a una moción
psíquica que ha experimentado la represión...”
(373).
En
el artículo sobre Lo inconciente
(1915), Freud postula la hipótesis de que
“Es posible que el desprendimiento de
afecto parta directamente del sistema Icc.,
en cuyo caso tiene siempre el carácter de
la angustia, por la cual son trocados todos
los afectos “reprimidos”. (Pág.175) (Freud,
1915)
Por
último en una nota al pie de la cuarta
edición de los Tres ensayos para una
teoría sexual (1905) comenta que “El
hecho de que la angustia neurótica nace de
la libido, es un producto de la trasmudación
de esta y mantiene con ella la relación del
vinagre con el vino...” (Pág.224) (Freud,
1926).
En
síntesis, la angustia de las psiconeurosis
es considerada por Freud,
como el destino más inmediato de la
libido afectada por la represión. Desde
esta visión, observa que el mecanismo
represivo precede a la angustia.
La
segunda hipótesis acerca de la angustia
Recién
a partir de Inhibición, síntoma y
angustia (Freud,1926) con la
descomposición de la personalidad anímica
en un Superyó, un Yo y un Ello, Freud
adopta otra orientación en el tema de la
angustia que le posibilita situarse en una
nueva y sólida posición desde la cual,
muchas constelaciones cobran un aspecto
diferente. Dirá: “Puede que no sea nada
simple el problema del modo en que se
engendra la angustia a raíz de la represión;
empero, se tiene el derecho a retener la
idea de que el “yo es el genuino almácigo
de la angustia,
solo él puede producirla y sentirla y a
rechazar la concepción anterior, según la
cual la energía de investidura de la moción
reprimida se mudaba automáticamente en
angustia”.(Pág. 79, 89)
Aunque aún afirma como muy posible
que en el caso de la neurosis de angustia
“sea el exceso de libido no aplicada el
que encuentre su descarga en el desarrollo
de angustia” (pág.133).
Aquí
ya la angustia no es concebida ni
como libido trasmudada, ni como consecuencia
de la represión como afirmó en textos
anteriores, sino contrariamente una de sus
principales fuerzas impulsoras y a su vez, como
una reacción frente a situaciones de
peligro regida por un modelo particular.
Ahora la
angustia no solo precede a la represión
sino que además, la provoca. (Freud,
1926). Dirá en su última conferencia, ¡es
la angustia la que crea la represión! (Freud,
1933)
En
este sentido, la angustia ya no podía ser
explicada en términos económicos, “la
angustia no es producida como algo nuevo a
raíz de la represión, sino que es
reproducida como estado afectivo siguiendo
una imágen mnémica preexistente”. (pág.89).
(Freud, 1926)
La
señal de angustia y el apronte angustiado:
una acción eficaz
En
las puntualizaciones precedentes, halla
Freud la fundamentación teórica a sus
enunciados acerca de la angustia señal,
el apronte angustiado y el desarrollo
de angustia neurótica.
Ya
en el “Proyecto de psicología para
neurólogos” (1895b) refiriéndose
al mecanismo mediante el cual el yo
restringe el desarrollo de vivencias
penosas, Freud dice: ”Por ese medio la
producción de displacer se restringe
cuantitativamente, y su inicio fue
precisamente la señal para que el yo
pusiera en marcha la defensa normal”. (Pág.358).
Análogamente, en La interpretación de
los sueños (1900) se sostiene que “el
pensar tiene que tender (...) a restriñir
el desarrollo del afecto por el trabajo de
pensamiento a un mínimo que aún sea
utilizable como señal”. (Pág.60).
En
Lo inconciente (1915) refiriéndose a
las fobias, Freud escribe: “Una excitación
en cualquier lugar de este parapeto dará, a
consecuencia del enlace con la representación
sustitutiva, el envión para un pequeño
desarrollo de angustia que ahora es
aprovechado como señal a fin de inhibir el
ulterior avance de este último...”. (Pág.183)
De
igual manera, en la 25ª. de las
Conferencias de introducción (1916)
dice, que el estado de “apronte
angustiado” brinda una “señal” para
impedir el estallido de una grave angustia.
Puede observarse, señala Strachey en Inhibición
síntoma y angustia (1926), que en esta
obra, se introduce primero como señal de
“displacer” (pág.88) y sólo luego como
señal de “angustia”. (Pág.79) (Freud,
1926)
Freud
aclara que no era su intención contradecir
la existencia de una angustia del ello, sí
en cambio, corregir lo que él definió como
“una expresión torpe” (Pág.133). Por
ello aclara, la angustia, “es un estado
afectivo que, desde luego, sólo puede ser
registrado por el yo. El ello no puede tener
angustia como el Yo: no es una organización,
no puede apreciar situaciones de peligro. En
cambio, es frecuentísimo que en el ello se
preparen o se consumen procesos que den al
yo ocasión para desarrollar angustia...”,
y acota “las represiones probablemente más
tempranas, así como la mayoría de las
posteriores, son motivadas por esa angustia
del yo frente a procesos singulares
sobrevenidos en el ello”. (Pág.133). (Freud,
1926)
Por
ende, considera factible que en el ello
suceda algo que active una de las
situaciones de peligro para el yo, que lo
mueva a dar la señal de angustia a
fin de inhibirlo y por otro que el yo,
alertado por la instancia placer-displacer
adquiera el poder para “atajar el proceso
amenazador que se gesta en el ello”. (Pág.133).
Si esto no ocurre, señala, el desarrollo de
angustia sobreviene de manera automática
introduciendo la formación de síntoma.
Vemos
así que la angustia es un recurso del yo,
quien apelando al engrama de una antigua
experiencia devino capaz de emitir una señal
de precaución que le permitía anticiparse
al peligro y al daño. Junto a la angustia
señal, Freud describe también un estado de
apronte angustiado, que consiste en
acciones motrices adecuadas al fin y que se
exterioriza en un aumento de atención
sensorial y tensión motriz y lo ejemplifica
como la preparación que el bebé debe
realizar en el momento del parto. (Freud,
1916)
Estas
formulaciones nos sugieren que el apronte
angustiado definido por Freud como el
componente motor para la “acción”,
y la señal de angustia, como amago
afectivo, se integrarían en una serie,
constituyendo un acto pleno de sentido.
El
desarrollo de angustia. Un afecto neurótico
En
un principio Freud plantea ¿Por qué el
sistema nervioso bajo esas circunstancias de
una insuficiencia psíquica para dominar la
excitación sexual, cae en el peculiar
estado afectivo de la angustia?. Y
formula: “La psique cae en el afecto
de la angustia cuando se siente incapaz para
tramitar, mediante la reacción
correspondiente, una tarea (un peligro) que se
avecina desde afuera; (en cambio) cae en
la neurosis de angustia cuando se
nota incapaz para reequilibrar la excitación
(sexual) endógenamente generada. Se
comporta entonces como si ella proyectara la
excitación hacia fuera (pág.112). (Freud,
1895a)
Si
bien considera que el afecto y la neurosis
de angustia, se sitúan en un estrecho vínculo
recíproco, sin embargo aclara que, mientras
el afecto es un estado en extremo pasajero,
porque la excitación exógena actúa como
un golpe único, la angustia neurótica, es
crónica, debido a que la excitación es endógena
y actúa como una fuerza constante. (Freud,
1895a).
Procura,
desde su vertiente energética, hallar un núcleo
de significatividad para las situaciones de
peligro, definiendo una angustia
realista, que dirá, es la que
sentimos frente a un peligro notorio y una angustia
neurótica que se experimenta, ante un
peligro del que no tenemos noticia. (Freud,1916)
Así la exigencia pulsional aparece como
generadora de esa vivencia de peligro, lo
que lo lleva a Freud a plantear que en
definitiva, “aquello a lo cual se tiene
miedo (en la angustia) es,
evidentemente, a la propia libido”
(Pág.78).
Halla
respuesta así, a su planteo inicial. “El
análisis nos ha enseñado que la significatividad
de la situación de peligro es un peligro
pulsional” , que a su vez, se halla
vinculado estrechamente con la apreciación
de nuestras fuerzas en comparación con su
magnitud. (Pág.154,155) (Freud, 1926)
Propone, que la única conducta adecuada
frente a un peligro, es la fría evaluación
de las propias fuerzas comparadas con la
magnitud de la amenaza.
Sin
embargo, poco después y con respecto a las
diferentes condiciones para el peligro,
refiere que fue sorpresivo para él
descubrir que el peligro pulsional interno
resultara ser una condición y preparación
de una situación de peligro objetiva,
externa. (Freud, 1933)
Plantea
en este sentido, haber adquirido la convicción
que la exigencia pulsional a menudo sólo se
convierte en un peligro (interno) porque su
satisfacción conllevaría un peligro
externo, vale decir, porque ese peligro
interno representa uno externo. Y, por otra
parte, señala que también el peligro
exterior (realista) tiene que haber
encontrado una interiorización si es que ha
de volverse significativo para el yo; por
fuerza es discernido en su vínculo con una
situación vivenciada de desvalimiento. (Freud, 1926). Es decir
tan pronto como llevamos a la
conciencia este peligro desconocido para el
yo se borran las diferencias entre angustia
realista y angustia neurótica.
Para
Freud la angustia de la neurosis, podía
presentarse como una angustia expectante,
cuyo síntoma nuclear era la angustia, como
un estado de angustia libremente flotante,
pero dispuesta a enlazarse a cualquier
representación, (hipocondría, agorafobia,
claustrofobia, vértigo en altura. Folie de
doute, compulsión de cavilar, etc). Como ataques
de angustia, estados de irritabilidad
general, inclinación pesimista, manía de
duda, sensaciones corporales penosas
asociados a representaciones como la de ser
fulminado por un sincope o volverse loco.
Como la angustia de
las fobias,
ligada de manera firme, a determinados
contenidos de representación (víboras, arañas,
aviones, ratones, cruzar una calle, etc) y
como equivalentes somáticos de la
angustia, en el que el afecto angustia
no se percibe en la conciencia y queda
sustituido por sus equivalentes somáticos
(taquicardia, disnea, sudor nocturno,
temblor, estremecimiento, hambre insaciable,
diarrea, vértigo, congestiones (edemas),
parestesias. (Freud,1895a, 1898, 1916)
Observamos
aquí el vínculo en “extremo
significativo” (Pág.77) entre el
desarrollo de angustia y la formación de síntoma.
Ambos se subrogan y relevan entre sí. Por
eso dice: “Parece como si
los síntomas fueron creados para
evitar el estallido del estado de
angustia”. (Pág.77) (Freud, 1933)
La
situación traumática: una vivencia de
desvalimiento
El
arduo y prolífico recorrido emprendido por
Freud en el desarrollo de su teoría de la
angustia,
lo concluye en 32ª Conferencia de
Introducción al Psicoanálisis, (1933).
En este texto, si bien pretende aún
sostener como hipótesis que la angustia
“nace directamente a raíz del encuentro
del yo con una exigencia libidinal hipertrófica
proveniente de factores traumáticos; (dirá)
ellas crean su angustia como algo nuevo” y
agrega: “es verdad, que según el
arquetipo del nacimiento”.(Pag.87)
Rectifica
ahora: “Ya no afirmaremos que sea la
libido misma la que se muda entonces en
angustia” (Pág.87), sino que, “el
factor determinante de la angustia neurótica
es una situación traumática
(y)
esta es, esencialmente, una vivencia de
desvalimiento del yo
frente a una acumulación de excitación sea
de origen externo o interno, que aquel no
puede tramitar”
(Pág. 130, 156) (Freud, 1933).
En
síntesis: “lo temido en la
angustia, es en cada caso la
emergencia de un factor traumático que no
pueda ser tramitado según la norma del
principio de placer.(Pág.87)
Propone
también que a cada edad del desarrollo le
corresponde una determinada condición de
angustia, y por tanto una situación de
peligro adecuada a ella. “El peligro
del desvalimiento psíquico corresponde
al estadio de la temprana inmadurez del
yo,
el peligro de la pérdida de
objeto (de amor), a la heteronomía
de la primera infancia; el peligro de
la castración, a la fase fálica
y por último, la angustia ante el
superyo, angustia que cobra una posición
particular, al periodo de latencia”.
(Pág.82) (Freud, 1926).
Aunque
admite que los peligros internos cambian en
las distintas etapas de la vida, para Freud,
cada uno de esos peligros remiten como carácter
común a
la separación o pérdida de un
objeto amado que puede, por diversas vías,
conducir a una acumulación de deseos
insatisfechos y, por ende, a una situación
de desvalimiento.
Lo
fundamenta de un modo conmovedor cuando
refiere que teniendo el hombre
una "... existencia intrauterina
abreviada con relación a la mayoría de los
animales; es dado a luz más inacabado que
estos. Ello refuerza el influjo del mundo
exterior real, promueve prematuramente la
diferenciación del yo respecto del ello,
eleva la significatividad de los peligros
del mundo exterior e incrementa enormemente
el valor del único objeto que puede
proteger de esos peligros y sustituir la
vida intrauterina perdida. Así, este factor
biológico produce las primeras situaciones
de peligro y crea la necesidad de ser amado,
de que el hombre no se librará más."
(Freud, 1926)
Si
bien, la propuesta es la de no rechazar la
idea de que “estas condiciones de angustia
repiten en el fondo la situación de la
originaria angustia de nacimiento, que también
implicó una separación de la madre”, (Pág.80)
de todos modos, aclara que a medida que se
avanza en el desarrollo, las antiguas
condiciones de angustia tienen que ser
abandonadas. Si esto no sucede,
considera “que las personas que
llamamos neuróticas permanecen infantiles
en su conducta hacia el peligro y no han
superado condiciones de angustia
anticuadas”. (Pág.82). En este sentido,
la angustia neurótica correspondería a la
persistencia de una conducta infantil frente
al peligro. (Freud, 1933)
Hallamos,
al finalizar la lectura del texto, un último
planteo a su teoría de la angustia: “No
veo objeción alguna a un origen doble de la
angustia: en un caso como consecuencia
directa del factor traumático y en el otro
como señal de que amenaza la repetición de
un factor así”. (Pág.88) (Freud, 1933)
A
modo de conclusión
La
angustia al igual que los afectos en
general, es un estado afectivo, constituido
por una reunión de determinadas sensaciones
de la serie placer-displacer con las
correspondientes inervaciones de descarga y
su percepción, pero probablemente, el
precipitado de cierto evento significativo,
incorporado por vía hereditaria, y entonces
comparable al ataque histérico adquirido
por el individuo. (Freud, 1933)
Como
lo señalamos anteriormente, el evento
significativo incorporado en la vida anímica
como un símbolo mnémico para el afecto
angustia, es el acto del nacimiento, que dirá
Freud, parece haber prestado rasgos carácterísticos
a la expresión de este afecto.
Es así que refiere que los cambios
que se producen
en la actividad del corazón y la
respiración son característicos del estado
de angustia y fueron para ese momento del
nacimiento, como acción, acordes con el
fin.
Señala
su convencimiento de que “La predisposición
a repetir el primer estado de angustia, se
ha incorporado tan profundamente al
organismo, a través de la serie innumerable
de las generaciones, que ningún individuo
puede sustraerse a ese afecto...” (Pág.361)
(Freud, 1916).
En
este sentido, podríamos decir que
un estado afectivo de angustia
normal, sería aquel que ante una
vivencia de peligro y activada por el
engrama de una antigua experiencia, se
limita en su expresión a un “mero
amago”, a una señal que nos guía, nos
protege y nos posibilita adoptar acciones “acorde
a fines”. Mientras que el desarrollo
de la angustia neurótica, contendría
la expectativa de que se reproduzca una
situación de desvalimiento que recuerde a
una de las vivencias traumáticas
experimentadas, es decir, sería un
comportamiento fallido, que como lo subraya
Freud, resulta paralizante e inadecuado para
el fin presente. (Freud, 1933).
En
nuestro trabajo clínico observamos que la
angustia, puede a veces llegar a adquirir
las características de una angustia muy
intensa o manifestarse a través de
diferentes síntomas corporales,
particularmente mediante trastornos
respiratorios o cardíacos.
En
síntesis, podríamos postular que la
angustia, que como estado afectivo nos
retrotrae a la huella mnémica de una
antigua vivencia de desvalimiento frente a
una situación vivida como traumática, se
reeditaría en nuestras vidas individuales,
cada vez que nos hallamos enfrentados a
alguna situación que vivimos como peligrosa
y sentimos difícil de atravesar.
Como
síntoma sería la manifestación
inconciente de una fantasía que evoca y
reproduce la dificultad de poder atravesar
“el pasaje por un canal estrecho” y
lograr encontrar una salida. Cada situación
de angustia superada, sería vivenciada como
una expansión
del animo y profundizaría la huella
mnémica de una experiencia de “exito”.
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Freud reafirma, que
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