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Violencia
Profilaxis
de la agresión
Horacio Ferreyra Moyano (Ed. Nueva Visión
Galerna, 1972)
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21.01.2002
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De
todas estas causas es tal vez la carencia de
amor y afecto en edades tempranas de la vida
la que perturba de una manera más profunda
y radical toda la personalidad del individuo
y la que tiene efectos más catastróficos
sobre la futura integración del mismo en el
mundo sociocultural.
No
deja de ser un hecho paradójico y
frustrante , además, que siendo esta causa
de agresión una de las mejores estudiadas
tanto en animales como en
humanos, es al mismo tiempo la más
difícil de prevenir y controlar,
especialmente en el género humano, por
razones obvias que no requieren comentarios
ulteriores.
...El
carácter desprovisto de afecto carece de la
inhibición usual de los impulsos agresivos
y libidinosos excesivos dirigidos contra los
padres, siendo además incapaz de establecer
relaciones personales permanentes debido a
su incapacidad para sentir o expresar dicho
afecto.
La
falta de inhibición es la consecuencia
inevitable de la ausencia de una relación
emotiva post-natal, y esta falta se hace
sentir en el desarrollo incompleto o nulo de
“circuitos
afectivos”
cerebrales,
debido probablemente a la falta de un imprinting
cerebral adecuado de sentimientos de
seguridad, satisfacción y amor.
Estas
observaciones han sido ratificadas en los
conocidos estudios de Harlow sobre primates.
Monas que no han recibido afección materna
en su infancia desarrollan pautas
socio-sexuales completamente aberrantes. No
establecen contactos sociales y su conducta
sexual es inapropiada o inadaptada. Cuando
llegan a concebir, lo que sucede en raras
ocasiones, no manifiestan a su vez ningún
tipo de afecto maternal normal por sus pequeñuelos.
Al contrario, su agresividad en muchos casos
pone en serio peligro la vida de los hijos.
Éstos, a su vez, habiendo sido sometidos a
este tipo de frustración afectiva,
desarrollan en la edad
adulta exageradas conductas agresivas
que recuerdan en ciertos aspectos las
observadas en delincuentes juveniles.
La
carencia afectiva constituiría así una
submodalidad de otro vasto campo explorado
por la psicología experimental, la
deprivación sensorial. Efectos
irreversibles sobre el sistema nervioso
pueden ser producidos por esta última técnica,
especialmente cuando la misma es utilizada
en el campo de los sentidos en épocas
tempranas de la vida.
Existen
sobradas razones para suponer que resultados
nefastos igualmente definitivos pueden
resultar de la imposibilidad de dar o de
recibir afectos durante la infancia y de que
dicha carencia se manifestará más tarde en
una variedad de conductas de tipo violento y
antisocial. Al formular estas
consideraciones me hago eco de las
sugestivas conclusiones que Montagu extrae
de sus estudios sobre el desarrollo
humano:...” el odio es amor frustrado y la
agresión no es más que una técnica o modo
de buscar amor”.
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