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Sicología
El
sentido del cuerpo
Tendencias
científicas
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14.01.2002
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Una
empresa californiana ha conseguido dos
patentes que le reconocen derechos
comerciales sobre embriones humanos
obtenidos por clonación. Aparentemente, se
trata de una buena causa. Resistirse a la
cirugía estética se va a convertir pronto
es heroísmo o un acto de inconsciencia.
Tolerar el menor indicio de grasa, una
actitud obscena. Y hacer el amor en la cama,
una actividad desfasada porque en Internet
el cibersexo florece. Es limpio, sin riesgos
y no compromete a nada.
Son ejemplos inéditos de los posibles usos
del cuerpo y no hay más que observar el
mundo para conocerlos. En su obra "El
adiós al cuerpo" (Editions Métailié),
David Le Breton, profesor de sociología y
antropología en la Facultad de Ciencias
Sociales de la Universidad de Estrasburgo,
describe los excesos y derivas de lo que
denomina "el extremo contemporáneo",
que evoluciona entre la voluntad de control
absoluto y el narcicismo.
¿Qué le lleva a decir que el cuerpo se ha
convertido en un accesorio, una especie de
kit?
La formidable convergencia de prácticas
relativamente recientes, o cuyo éxito es
reciente, hacen que el cuerpo sea vivido hoy
a menudo como un accesorio de la presencia.
Un material a bricolar para ponerlo a la
altura de la voluntad del individuo. El
cuerpo es un objeto imperfecto, un borrador
por corregir. ¿Qué hace la cirugía estética?
Se intenta cambiar el cuerpo para luego
cambiar la vida. El culturismo va en la
misma línea: no es cuestión de contentarse
con el cuerpo que uno tiene, sino que hay
que perfeccionarlo, controlarlo. Una tercera
lógica está en juego: a falta de poder
controlar la existencia en un mundo que se
presenta cada vez más inaccesible, se
controla el cuerpo. Una manera simbólica de
no perder su espacio en el tejido del mundo
y de procurarse un sentido, un valor,
proyectos, etc.
¿No es paradójico hablar del adiós al
cuerpo al mismo tiempo que se le exalta?
No. El cuerpo exaltado no es el cuerpo en el
que vivimos, sino un cuerpo rectificado,
redefinido. Una anécdota: durante una
amplia investigación sobre el tatuaje y el
piercing, llevada entre cincuenta alumnos de
la universidad de Estrasburgo (la mayoría
tatuados o con piercings), una de las
estudiantes nos dijo, llorando, que después
de haberse tatuado se sentía
metamorfoseada, completa. Ella había
colmado así un defecto que sentía desde la
infancia. Este ejemplo nos indica que el
cuerpo como tal no era suficiente para
asegurarle una existencia plena. Hacía
falta cambiarlo para que alcanzara una
dignidad que no tenía. La misma lógica se
encuentra en el culturismo, el
transsexualismo, la moda de la cirugía estética,
la importancia de los regímenes
alimenticios, etc. El cuerpo es un objeto a
someter, no a vivir como tal con alegría.
Si el cuerpo fuera realmente libre, no se
hablaría de él.
¿El problema no es el viejo dualismo
occidental cuerpo-espíritu?
En parte. Pienso que el dualismo contemporáneo
no opone el cuerpo al espíritu o al alma,
sino al hombre con su cuerpo. Por eso hablo
de un "alter ego". Se hace del
cuerpo un socio que se mima o un adversario
al que se le combate para darle la forma
deseada. Las facciones radicales de la
cibercultura americana van aún más lejos
en este dualismo. Consideran que el cuerpo
es despreciable en estos momentos en que
podemos comunicarnos en cuestión de
segundos de un extremo al otro del mundo.
Nos hace perder el tiempo, enferma, está
abocado al envejecimiento, a la muerte, etc.
A sus ojos es un fósil, un anacronismo. Por
eso sueñan con la posibilidad de que el espíritu
humano pueda ser archivado en un disco de
ordenador, volcado en Internet, es decir,
piensan en la erradicación de la carne a
favor de innumerables prótesis informáticas.
¿Qué vínculos existen entre la biología
y la informática?
Estrechos, en la medida en que, sin los
procedimientos de cálculo y de memoria
informáticas, el proyecto genoma humano,
por ejemplo, sería impensable. El ordenador
multiplica al infinito el poder del hombre
en la investigación científica, para lo
mejor o lo peor, según las circunstancias.
Por otra parte, biología e informática
intercambian su vocabulario. El cuerpo
humano es percibido cada vez más como una
metáfora informática: se piensa que los
genes programan las características físicas
o psicológicas, que contienen información,
etc. Una forma más de confirmar este
fantasma que se cierne sobre el cuerpo
humano, que se expresa hoy en algunas
corrientes ideológicas que pretenden
encontrar fundamentos genéticos
ineluctables a todos los comportamientos
humanos. Y por la misma regla de tres a
construir una humanidad perfecta gracias a
la intervención genética en el útero o a
la cirugía genética.
¿En qué medida la tecnociencia transforma
los datos antgropológicos, como el límite
entre lo viviente y lo inanimado?
La tecnociencia rompe las fronteras genéticas
entre las especies, por ejemplo en lo transgénico.
También rompe las fronteras entre lo
viviente y lo inanimado, por ejemplo con la
mitología de la vida artificial o
introduciendo chips en el cuerpo humano. ¿Soy
un hombre o una máquina? Este era el drama
central de Blade Runner. Probablemente se
convierta en una cuestión lancinante en el
futuro, cuando la humanidad esté remendada
con prótesis y chips en su búsqueda
desesperada para suprimir la muerte.
Las cuestiones que suscita la tecnociencia,
¿no se sitúan más bien en el ámbito de
la economía?
Es uno de los aspectos del problema, pero no
es el único. Es verdad que las
investigaciones transgénicas las
desarrollan frecuentemente empresas privadas
que sólo persiguen el beneficio al
ultranza, y no la preservación de los
recursos naturales para las generaciones
futuras.
Usted cita esta frase de Levi-Strauss:
"los últimos refugios de la
trascendencia se encarnan en la biología".
¿Qué significa esta afirmación?
Alrededor del proyecto secuencial del
genoma, florece un discurso científico de
maestría absoluta. El desciframiento del
genoma pretende, según algunos de sus
promotores, facilitarnos todas las claves no
sólo de las enfermedades, sino también del
comportamiento humano. Asistimos así a un
delirio de prepotencia inquietante porque se
trata por lo general de personas que
disponen de un gran poder. Este discurso de
perfeccionamiento del cuerpo es un discurso
religioso del que algunos científicos son
los profetas o los apóstoles.
¿A qué nos enfrenta la cibersexualidad?
A la abolición del cuerpo en la relación
con el otro. El otro es descartado a favor
de los signos de su presencia. El
puritanismo se conjuga con el mito de la
salud perfecta. La sexualidad sin cuerpo
elimina cualquier riesgo de contaminación o
de encuentro y no aporta nada al confort de
la vida cotidiana. Desaparece la necesidad
de salir de uno mismo y de someterse a la
seducción y al encuentro con el otro. El
cuerpo del otro será un día un disquete,
un fichero, un programa, un site. Eros
electrónico. Para algunos defensores de la
cibercultura americana, la sexualidad está
superada y la perciben incluso como insípida.
¿Qué limites ha de tener la tecnociencia?
La cuestión del gusto por la vida me parece
fundamental. El progreso de la ciencia, ya
se sabe trágicamente hoy, no tiene nada que
ver con el progreso moral. Las técnicas no
son sino medios, pero tienden a convertirse
en un fin por sí mismas. Cuando vemos lo
mal que se vive en las sociedades
occidentales, el miedo al futuro, el abismo
terrible que separa a ricos de pobres, a las
sociedades occidentales de las otras, sólo
puede llegarse a la conclusión de que hay
que hacer una pausa, de tomar tiempo para
vivir. En este mundo en el que las técnicas
abundan, el sentido desaparece. La felicidad
de los hombres no se teje con la acumulación
de técnicas, sino en el sentido que damos a
la existencia.
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