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Sentidos
¿Qué
es el efecto Mozart?
La
Opinión, Maite Basaguren
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14.01.2002
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Aunque
cada vez sabemos más sobre los bebés, en
realidad muchas cosas siguen siendo un
misterio, un fascinante mundo por explorar.
¿Qué
ven los bebés?, ¿distinguen los colores?,
¿las formas?, ¿qué sueñan? ¿por qué
muchos bebés sonríen dormidos?
Hay
tantas preguntas sin respuesta. Pero el
hecho es que toda mamá quiere lo mejor para
su hijo, y desde pequeño quiere darle las
mejores herramientas para salir avante en el
mundo que más adelante habrá de enfrentar.
En
el mundo competitivo de hoy, uno de los tópicos
sobre educación que más llama la atención
de maestros, padres y publicaciones
especializadas en música es el llamado
Efecto Mozart.
Este
término ha servido para renovar y darle un
nuevo interés al aprendizaje de la música
clásica, y ha merecido gran atención en el
campo del desarrollo infantil. La frase ha
sido usada para vender todo tipo de
productos musicales que van desde clases de
música, CDs, instrumentos musicales, videos
etc., incluyendo una línea de productos
llamada Mozart Makes You Smarter (Mozart te
hace más inteligente) y demás.
Pero,
¿qué es en realidad el llamado Efecto
Mozart? ¿qué hay detrás de este concepto?
¿dónde se originó? ¿escuchar a Mozart,
puede en realidad hacernos más
inteligentes? Si es así, ¿cómo y por qué?
El
Efecto Mozart es producto de la investigación
del formidable equipo de trabajo del doctor
Francis Rauscher, del doctor Gordon L. Shaw
y de sus colegas de la Universidad de
California en Irvine.
Estos
investigadores estudiaron la conexión que
existe entre la música y el aprendizaje. Su
trabajo se inserta en una creciente línea
de investigaciones sobre el desarrollo del
cerebro humano, que demuestran que los niños
nacen con 100 billones de neuronas o células
nerviosas desconectadas o sueltas.
Cada
experiencia del bebé, como ver la sonrisa
de su mamá o escuchar una charla entre sus
padres fortalece y forja la unión entre
estas células.
Aquellas
partes del cerebro que no son usadas tienden
a atrofiarse. Por esta razón, las primeras
experiencias de un niño pueden ayudar a
determinar cómo será cuando crezca.
Algunos
investigadores creen que el aprendizaje con
música podría ser una de las experiencias
que actúan de manera favorable para que
estas conexiones del cerebro se realicen.
A
principios de los años 90, el doctor Shaw y
su socio Francis H. Rauscher dirigían el
primer estudio sobre música y aprendizaje.
Un
grupo de 84 estudiantes universitarios
escucharon diariamente por 10 minutos,
durante un tiempo determinado, la sonata en
piano de Mozart.
Al
término de ese lapso, vieron que había
mejorado su capacidad de razonamiento en
tiempo y espacio, así como su habilidad de
formar la imagen mental respecto a modelos
que les habían sido mostrados visualmente.
Estas
destrezas son claves para ingenieros y
arquitectos, ayudan a entender la proporción,
la geometría y otros conceptos científicos
y matemáticos.
Sin
embargo, esta mejora de los estudiantes se
diluyó después de una hora. Los científicos
especularon que la música, de alguna forma,
prepara el cerebro para desarrollar la tarea
de razonamiento tempo-espacial.
Algunos
años más tarde, el equipo probó
nuevamente la idea, esta vez como parte de
una investigación más completa.
Contaron
con la participación de 78 alumnos, de tres
escuelas preescolares de California. Los niños
fueron divididos en cuatro grupos.
Al
primer grupo se le impartieron lecciones
privadas de piano de 12 a 15 minutos, una
vez por semana. El segundo grupo recibió
lecciones de canto durante 30 minutos, cinco
días a la semana. El tercero fue entrenado
en computación, y el cuarto grupo no recibió
ningún tipo de clases especiales.
Todos
los niños hicieron exámenes para medir el
rango de sus habilidades espaciales, uno
antes de tomar las lecciones y el mismo
después de ocho meses de tomarlas.
Al
final del estudio, los niños que habían
recibido las lecciones de piano mejoraron
sus resultados en un 34%. Esta vez los
resultados beneficiosos duraron hasta el día
siguiente, tiempo suficiente, según el
investigador, para sugerir que las lecciones
de piano pueden hacer cambios por períodos
más largos en las conexiones del cerebro.
"Lo
que nosotros pensamos es que la música
estabiliza las conexiones neuronales
necesarias para este tipo de habilidad
espacio-temporal", dice el doctor
Rauscher.
Lo
cierto es que escuchar a Mozart no cuesta
nada y no hace daño, además de ser una
tarea placentera y, si igualmente puede
ayudar a nuestros hijos académicamente y en
el desarrollo de sus habilidades referentes
a tiempo y espacio que utilizamos en la vida
diaria, qué mejor idea que disfrutar todos
los días de tan agradable música.
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