Introducción
esotérica al pensamiento científico
“Mi
vida consciente depende de una determinada
estructura y manera de funcionar de mi
soma y , sobre todo, de mi sistema
nervioso central. Sin embargo, éstos están
directamente ligados, originaria y genéticamente,
a la estructura y funcionamiento de somas
anteriormente existentes, los cuales también
estaban ligados a la vida espiritual
conciente y en ningún punto hubo interrupción
alguna del acontecer fisiológico.
Cada
uno de estos cuerpos ha sido mas bien
arquitecto y material para el siguiente
plan de construcción, de manera que una
de sus partes creció hasta convertirse en
una copia de si mismo ¿En que punto podríamos
poner aquí el principio de una nueva
conciencia?
Sin
embargo, la estructura especial
de mi cerebro y su manera de funcionar ,
mi experiencia individual, justamente eso
que yo con cierta razón llamo mi
personalidad, ¡todo
ello esta predeterminado por el
acontecer ancestral¡ Si con esto
ultimo me refiero solo a mi rama
individual de ancestros, entonces desde
luego que no.
...porque
la configuración de la que yo llamo mi
mas alto Yo espiritual es, en gran parte,
la consecuencia directa del acontecer
ancestral y no exclusiva y principalmente
de mis antecesores físicos.
Para
no caer en la pura retórica,
hay que aclarar que los dos
factores de los que depende la marcha
evolutiva de un individuo son a) la
estructura especial de su base genética y
b) la estructura especial del entorno que actúa
sobre el. Sostengo que estos dos factores
son de la misma especie, puesto que la
estructura especifica de la dotación genética
, con todas sus posibles evoluciones
atesoradas en su interior, se ha
desarrollado bajo la influencia y en una
dependencia sustancial de los entornos
anteriores. Consideremos ahora en que
manera excluyente se interrelaciona la
personalidad espiritual con las
influencias del entorno. Se trata de un
efluvio directo de la personalidad
espiritual de otros congeneres todavía
vivos y en parte ya fallecidos. Teniendo
siempre presentes que somos científicos
que podemos concebir, debemos conseguir
todas estas influencias espirituales como
modificaciones directas del soma (es
decir, del sistema nervioso central ) de
nuestro individuo a través del soma de
otros individuos, de modo que no se
presentan diferencias de principio entre
estas influencias y las que provienen de
la rama de ancestros físicos .
Ningún
Yo esta solo. Detrás de el hay una cadena
inconmensurable de aconteceres físicos y
–como una clase especial de los mismos-
ciertos sucesos intelectuales, a la que
pertenece como miembro antagónico y que
continua. Por la situación momentánea de
su somatismo y en especial de su sistema
cerebral y por la educación y la transmisión
mediante la palabra, la escritura, el
monumento , la costumbre, la forma de
vivir, el entorno modificado...por todo
eso que denominaremos con mil palabras y
que con mil giros no agotaremos . El Yo no
esta encadenado al acontecer ancestral, no
es su producto, sino mas bien, en el mas
estricto sentido de la palabra , lo
mismo, su estricta continuación
inmediata , como el Yo de los cincuenta años
es la continuación de los cuarenta años.
Es
bastante curioso que la filosofía
occidental aceptara, casi de forma
generalizada, la idea de que la muerte del
individuo no significa el fin de nada
esencial en la vida
mientras que por el contrario -con
la excepción de Platón y Shopenhauer-
apenas se dignara a pensar en el mas entrañable
y feliz acontecimiento que va de la mano
de la anterior: es decir que se cumpla lo
mismo para el nacimiento individual,
mediante el cual no soy antes creado sino
que, en cierto modo, voy despertando
lentamente de un profundo sueño
Así
me parece que mi angustia e inquietud, ambición
y preocupación no son sino lo mismo que
las de miles que vivieron antes que yo, y
puedo creer que transcurridos miles de años
todavía podrá cumplirse aquello
que yo había implorado
hace miles de años por vez
primera.
Ninguna
idea germina en mi que no sea la continuación
de un ancestro y por lo tanto no es un
germen
joven sino el desarrollo
predeterminado de un brote del vetusto y
sagrado árbol de la vida.