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      “La  Humanidad  tiene  razones  que  la  Razón  del  Hombre  ignora”    

Notas

Para pensar

Einstein y la religión 

Autor: Hermes H. Benítez, De: Tendencias científicas, Fuente:  www.uchile.cl

- 26.11.2001 - 


Introducción:

Entre las muchas anécdotas que circulan acerca de Albert Einstein, hay una que nos parece particularmente significativa porque ilustra muy bien la general incertidumbre que ha existido siempre, entre el público educado, acerca del carácter de su peculiar actitud ante la religión. En esta anécdota, que fue relatada por el profesor Cornelius Lanczos en un programa radial transmitido por la BBC en 1966, se cuenta que entre ciertos líderes religiosos de Nueva York se discutía, en una cierta ocasión, si acaso Einstein era un creyente o un ateo; por lo que ellos decidieron enviar un cable al gran físico con el objeto de poder establecer su verdadera posición sobre esta cuestión. La respuesta de éste habría sido:

"Creo en el Dios de Spinoza que es idéntico con el orden matemático del Universo. No creo en un Dios al que le importaría el bienestar y las acciones morales de los seres humanos, o algo en tal sentido".

Lo curioso es que la respuesta de Einstein, que a primera vista pareciera disipar la duda planteada acerca de sus verdaderas creencias, en realidad no hace más que poner la cuestión en un plano filosófico. Esto crea, como es manifiesto, más interrogantes y problemas de los que pareciera resolver. Porque, ¿cuál era realmente el carácter del Dios spinoziano?, y ¿cuántos entienden adecuadamente (incluso entre los estudiosos de la filosofía) este concepto de la deidad y de su relación con el universo? Todo lo que de la respuesta de Einstein pudiera concluirse con seguridad es que él rechaza la idea de un Dios antropomórfico que le haría demandas morales a los hombres. Pero esto dejaba espacio para muchas otras incertidumbres y oscuridades acerca de su concepción de Dios y lo religioso. Tales como las que se manifiestan en pasajes como el siguiente, donde, tratando de definir lo que sea la "verdad científica", el físico se refiere a Dios y la religión:

"Es difícil [poder] siquiera asignar un significado preciso al término "verdad científica". Tan diferente es el sentido de la palabra "verdad" si acaso estamos tratando con un hecho de experiencia, una proposición matemática o una teoría científica.

[La expresión] "Verdad religiosa" no comunica para mi nada en absoluto claro.

La investigación científica puede reducir la superstición al estimular a la gente a pensar y a examinar las cosas en términos de causa y efecto. Cierto es que una convicción, semejante al sentimiento religioso, de la racionalidad o inteligibilidad del mundo, se encuentra detrás de todo trabajo científico de un alto nivel.

Esta firme creencia, conectada con un profundo sentimiento, en una mente superior que se revela en el mundo de la experiencia, representa mi concepción de Dios. Dicho de una manera corriente, ésta puede ser descrita como "panteística"(Spinoza)".

De acuerdo con esto, pareciera como si Einstein postulara doctrinas claramente incompatibles, porque, por una parte, no creería en las verdades de la religión, pero, por otra, afirma que la ciencia se basa sobre un sentimiento parecido a la fe religiosa, al tiempo que suscribe la idea de un Dios de naturaleza espiritual que considera semejante al de Spinoza. En los hechos, la referencia al panteísmo spinoziano no sólo no facilitó la comprensión de sus creencias por parte del público, sino que además lo transformó en blanco de la intolerancia, y en los EEUU (donde Einstein residió desde 1933), sus creencias religiosas fueron confundidas con sus teorías científicas, siendo sometidas a un indiscriminado ataque por los defensores de la religión tradicional, quienes llegaron al extremo de declarar que "la Teoría General de la Relatividad disimu[laba] el horrible fantasma del ateísmo y al oscurecer la especulación, produjo una duda universal acerca de Dios y su creación" En otras palabras, la vieja acusación, lanzada también contra Spinoza, según la cual, "pantheismus est atheismus simulatus".

Es significativo que entre los biógrafos de Einstein, Banesh Hoffmann, quien fuera ayudante de aquél entre los años 1937-38, sea prácticamente el único que haya adoptado una posición suficientemente categórica acerca de la cuestión que nos ocupará a lo largo de estas páginas. De las dos más importantes biografías del gran físico escritas hasta ahora, es decir, la de Philipp Frank (Einstein. His Life and Times, New York, Alfred Knopf, 1947), y la de Abraham País ("Subtle is the Lord..." The Science and the Life of Albert Einstein, Oxford, Oxford University Press, 1982), sólo la primera de ellas contiene un tratamiento separado de su posición ante la religión. Pero allí no se arriba a ninguna conclusión especialmente iluminadora al respecto.

En realidad, aunque en la mayoría de sus biografías se alude a la formación religiosa de Einstein, y se citan sus más conocidas declaraciones en torno a la religión, así como sus célebres frases acerca de Dios y las leyes físicas, pronunciadas a propósito de su polémica con el físico Max Born sobre al carácter estadístico de la Mecánica Cuántica, en prácticamente ninguna de ellas se examina con la debida profundidad y detenimiento sus ideas sobre la religión, y su relación histórica (y teórica) con la ciencia. En consecuencia, en el presente ensayo nos proponemos hacer lo que casi nadie ha hecho, entre los que han escrito acerca de las opiniones religiosas de Einstein, esto es, examinar y comparar en detalle sus diferentes y no siempre consistentes expresiones acerca de Dios y la religión. Esto exigirá reproducir una considerable cantidad de textos, muchos de los cuales no han sido traducidos antes al español.

En este trabajo nos hemos fijado dos objetivos complementarios 1. Establecer qué quizo significar Einstein con la palabra 'Dios', y en general, identificar y examinar su concepción de la religión y lo religioso, y 2. Poder determinar el influjo que estas concepciones teológico-metafísicas habrían ejercido sobre su obra científica. Pues, tal como se observa en el epígrafe que encabeza este ensayo, no sabemos con ninguna precisión qué significado tenían para Einstein aquellos conceptos, no sólo porque, como veremos a continuación, el gran físico no los empleó siempre de una manera inequívoca, sino también porque no es en absoluto clara la conexión que ellos pudieran guardar con su obra científica.

El primero de estos objetivos es, por cierto, más fácil de cumplir que el segundo, pues las ideas de Einstein acerca de Dios y la religión pueden extraerse de la lectura y análisis de una variedad de escritos y declaraciones repartidas a lo largo de su vida, tanto de aquellas que poseen un carácter popular, como de los propiamente científicos; y en especial de las expresiones contenidas en sus artículos, entrevistas y correspondencia, originadas principalmente durante los años en que aquél se convirtiera en una especie de "santo de la ciencia"

En cuanto al segundo propósito de este ensayo, es decir, poder establecer la relación existente entre las creencias religiosas y las teorías metacientíficas y epistemológicas de Einstein, es, por cierto, algo infinitamente más difícil de lograr, porque requiere de una elaborada interpretación de lo que con E.A. Burtt podríamos denominar como los "fundamentos metafísicos de la ciencia einsteiniana". Como ello nos parece fuera de nuestro alcance y posibilidades, nos limitaremos en esta oportunidad meramente a presentar el esbozo de una interpretación personal, en vez de intentar ofrecer un tratamiento desarrollado de tan compleja cuestión.

Al análisis, las ideas de Einstein sobre la religión contienen los siguientes cinco aspectos coordinados:

1. Una "psicología de la religión", es decir, una explicación de sus orígenes y naturaleza.
2. Una interpretación acerca del origen religioso de la ciencia, que conduce a una visión peculiar, de carácter normativo, de sus fines últimos.
3. Aquella interpretación se sostiene sobre una caracterización personal de lo que constituiría la esencia de la religión, la
4. que desemboca en su particular concepción de una "religión cósmica", y en
5. una visión de la moralidad como independiente de las creencias religiosas.

Respecto del carácter específico de las concepciones religiosas de Einstein cabe hacerse por lo menos tres preguntas fundamentales: a. ¿Creía él efectivamente en Dios o era una especie de criptoateo?; b. Si la suya era una posición verdaderamente religiosa, ¿en qué consistía específicamente?; c. ¿Era su visión de Dios equivalente al panteísmo spinoziano?.

Pero antes de proceder a describir y examinar en orden cada uno de los referidos cinco aspectos del pensamiento de Einstein acerca de la religión, es necesario considerar algunos de los antecedentes biográficos de que se dispone, y a partir de los cuales será posible situar y entender aquél, conjuntamente con registrar una curiosa omisión que se detecta en el recuento que, ya en la vejez, hace Einstein de la evolución de su religiosidad.

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El retorno de lo reprimido:

En las páginas iniciales de sus "Notas Autobiográficas", escritas por Einstein en 1947, a los 67 años de edad, se contiene una descripción de la evolución de su actitud y pensamiento acerca de la religión, así como de su subsecuente desconversión, que merece ser citada aquí en su totalidad:

"Incluso cuando era un joven bastante precoz, la nadidad [die Nichtigkeit] de las esperanzas y esfuerzos que la mayoría de los hombres persiguen incansablemente en el curso de la vida, se hizo presente en mi conciencia con considerable vitalidad. Además, pronto descubrí la crueldad de aquella persecución, la que en aquellos años era cubierta mucho más cuidadosamente por la hipocresía y palabras rutilantes que lo está hoy. Por la mera existencia de su estómago todos estaban condenados a participar en aquella carrera. Además, era posible satisfacer el estómago mediante esta participación, pero no al hombre en tanto ser que siente y piensa. Como primera salida estaba la religión, la cual es implantada en cada niño por medio de la tradicional máquina educacional. Así, arribé -a pesar del hecho de que era hijo de padres (judíos) enteramente irreligiososa una profunda religiosidad, la que, sin embargo, encontró un abrupto final a la edad de 12 años. Mediante la lectura de libros de popularización científica pronto llegué a la convicción de que mucho en las historias de la Biblia no podía ser verdadero. La consecuencia [de ello] fue un francamente fanático librepensamiento, acompañado de la impresión de que la juventud es intencionalmente engañada por el Estado mediante mentiras; fue una impresión aplastadora. La sospecha contra cualquier clase de autoritarismo se desarrolló [en mí] a partir de esta experiencia, [junto con] una actitud escéptica hacia las convicciones que estaban vivas en cualquier medio social específico -la que nunca me abandonó, aunque más tarde, en razón de un mejor discernimiento de las conexiones causales, perdió algo de su agudeza original.

Es del todo claro para mí que el paraíso religioso de la juventud así perdido, fue un primer intento de liberarme a mí mismo de las cadenas de lo "puramente personal", de una existencia dominada por deseos, esperanzas y sentimientos primitivos. Más allá se encontraba este inmenso mundo, que existe independientemente de nosotros los seres humanos y que nos enfrenta como un gran y eterno enigma, al menos parcialmente accesible a nuestra inspección y pensamiento. La contemplación de este mundo me hacía señas como una liberación, y pronto me di cuenta de que muchos de los hombres a quienes había aprendido a estimar y a admirar habían encontrado libertad interior y seguridad en aquella devota ocupación. La captación mental de este mundo extrapersonal dentro del marco de las posibilidades dadas, se constituyó [para mí], medio consciente y medio incons- cientemente, en el fin máximo. Hombres similarmente motivados del presente y el pasado, así como los atisbos que ellos han logrado, fueron los amigos que no podían perderse. El camino a este paraíso no fue tan confortable y atractivo como el camino al paraíso religioso; pero se ha demostrado como digno de confianza, y nunca me he arrepentido de haberlo tomado".

En el caso de Einstein la "máquina educacional" funcionó por partida doble, porque durante sus años de Escuela no sólo debió participar él en las clases obligatorias de religión católica, sino que, al mismo tiempo, fue instruido en la religión judía por un pariente lejano, en su propia casa. Se sabe que los padres de Einstein no practicaban la religión de sus antepasados, pero se pregunta uno cuán "irreligiosos" eran en realidad ellos si no pusieron la menor objeción a que el pequeño Albert fuera adoc- trinado simultáneamente en dos religiones.

En en Luitpold Gymnasium, esto es, en la escuela secundaria, Einstein continuó su instrucción en la religión hebrea, gracias a los oficios del profesor Heinrich Friedman. Como lo señala Fölsing: "La exégesis que Friedman hacía de los profetas encontró inicialmente un muy receptivo y agradecido oyente en el joven Einstein. ...quien estudió con gran interés las prédicas de Salomón, adhirió estrictamente a los preceptos rituales, y en consecuencia dejó de comer carne de cerdo. Incluso compuso él unos cuantos himnos cortos a la mayor gloria de Dios, que cantaba con gran fervor en casa y mientras caminaba por la calle."

Tal fue el momento más alto del fervor religioso del joven, porque a los pocos meses, y gracias al influjo de Max Talmud, un estudiante pobre de medicina, que de acuerdo con una antigua costumbre judía era invitado a almorzar semanalmente a casa de los Einstein, aquél comenzaría a abrigar las primeras dudas acerca de sus creencias originales. Talmud lo pondría en contacto con una serie de libros, tales como Kraft und Stoff [Fuerza y Materia], de Ludwig Büchner, donde se exponía de modo popular la filosofía de los materialistas franceses al público alemán, y en los que se ofrecía una visión científico-materialista del mundo rayana en el ateísmo. Hasta el punto de que al aparecer su libro en Alemania, en 1855, Büchner fue obligado a renunciar a su cátedra universitaria.

Este período de escepticismo religioso se extendería incluso más allá de la época en que, mientras se desempeñaba como empleado en la oficina de patentes en Berna (1902-1908), Einstein publicara en la revista Annalen der Physik, aquellos revolucio- narios artículos en los que sentara, simultáneamente, las bases de la Teoría Especial de la Relatividad y de la Mecánica Cuántica. Así lo confirman las siguientes observaciones de Philipp Frank:

"... Cuando conocí a Einstein por primera vez, cerca de 1910, tuve la impresión que él no era simpatético hacia ninguna clase de religión tradicional. En la época de su nombramiento en Praga [abril de 1911] él había vuelto a unirse a la comunidad religiosa judía, pero vió este acto más bien como una formalidad. En este tiempo, también, sus hijos se encontraban a punto de ingresar a al Escuela Elemental, en la que recibirían instrucción religiosa. Este era un problema más bien difícil puesto que él pertenecía a la religión judía y su esposa a la religión ortodoja griega. De todos modos, dijo Einstein, 'Me desagrada mucho que a mis hijos se les enseñe algo que es contrario a todo pensamiento científico'. Y recordó jocosamente la manera en que a los niños se les enseña acerca de Dios en la escuela. 'Eventualmente los niños creen que Dios es una especie de vertebrado gaseoso'. Esta era una alusión a un dicho del científico y filósofo alemán Ernst Haeckel que era usado corrientemente entonces.

En aquel tiempo un observador superficial habría fácilmente resuelto la cuestión de la actitud de Einstein ante la religión con la palabra 'escéptico'".

Alexander Moszkowski, quien entrevistó al físico entre 1919 y 1920 reporta la siguiente observación de aquél acerca de Isaac Newton, que revela ya un notable cambio de posición:

"¿No tiene él la reputación [pregunta Moszkowski]de haber sido pío y profundamente religioso?

Einstein lo confirmó, y alzando la voz generalizó esto diciendo: 'En cada verdadero indagador de la naturaleza hay una especie de [actitud de] reverencia religiosa; porque le resulta imposible imaginar que él sea el primero en haber pensado los extremadamente delicados hilos que conectan sus percepciones. El aspecto del conocimiento que aún no ha sido develado le provoca al investigador un sentimiento parecido a aquel experimentado por un niño que busca [entender] la forma maestra en que los mayores manipulan las cosas'".

Aquellos que tuvieron un íntimo contacto con Einstein durante los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, como es el caso del físico y matemático Banesh Hoffmann, quien llegará posteriormente a ser uno de sus más conocidos biógrafos, se formaron una imagen de su actitud ante la religión que hubiera sorprendido a los que lo conocieron a principios del siglo:

"El fue uno de los más religiosos de los hombres, pero sus creencias religiosas, demasiado profundas para ser delineadas en palabras, eran cercanas a las de Spinoza, el filósofo judío del siglo XVII que fuera excomunicado. Einstein con su sentimiento de humildad, reverencia y de lo maravilloso, y su sentido de ser uno con el universo pertenece [a la clase] de los grandes místiticos".

Los más perceptivos estudiosos de la vida y obra del gran físico, han reparado sobre este progresivo retorno de su religiosidad en la época de madurez, aunque no nos han ofrecido una explicación satisfactoria del efecto que tal hecho pudo haber tenido sobre sus teorías científicas y supuestos metacientíficos. Así por ejemplo, Gerald Holton observa que: "... mientras Einstein estuvo completamente despreocupado de los asuntos religiosos durante el período de sus primeras publicaciones científicas, gradualmente volvió, más tarde, a una posición más cercana a la de su edad más temprana, cuando reportó haber sentido una "profunda religiosidad"..." Es decir, no se trató, como lo puso más arriba Einstein, de un simple reemplazo del "paraíso religioso de la niñez por el paraíso científico", sino de un proceso algo más complejo de evolución de sus creencias, en el que aquellos sentimientos religiosos originales, luego de haber sido abandonados o reprimidos, vuelven a aparecer en la madurez, pero en la forma de una religiosidad más elaborada y compleja, y como lo mostraremos más adelante, en estrecha y curiosa vinculación con sus teorías científicas y metacientíficas. ¿Por qué, entonces, al escribir sus Notas Autobiográficas, omitió Einstein toda referencia a aquel retorno de su religiosidad original, a pesar de que nos dejó otros abundantes testimonios escritos que registran claramente este proceso? Una respuesta adecuada a esta interesante pregunta sólo puede extraerse a partir de un examen detallado de las principales opiniones del físico acerca de la religión.

El origen de la religión según Einstein.

Las ideas de Einstein acerca del origen de la religión, constituyen, quizás, uno de los aspectos más conocidos de sus opiniones no científicas, pero, con todo, son de considerable importancia porque suministran el trasfondo sobre el cual pueden entenderse el resto de sus opiniones sobre esta materia, su idea de una "religión cósmica", y su pensamiento en torno a las relaciones entre ciencia y religión.

En un artículo escrito expresamente para la revista New York Times en 1930, y titulado "Religión y Ciencia", preguntándose por el origen de los sentimientos y necesidades a partir de los cuáles se constituiría la religión, Einstein introduce su característica distinción entre la "religión del miedo", y la "religión social o moral". La primera de éstas es definida como la forma más primitiva de religión, surgida a partir del "miedo, al hambre, a las bestias salvajes, a las enfermedades y la muerte", y como una explicación de los fenómenos naturales en términos de "seres ilusorios más o menos análogos al [hombre] mismo, y de cuyas voluntades y acciones estos temibles hechos dependen". De allí, se nos dice, la necesidad de asegurar el favor de aquellos seres mediante sacrificios y otros ritos propiciatorios.

Pero, según Einstein, existen otras fuentes menos primitivas de las que brotaría el sentimiento religioso, las más importante de las cuales serían los impulsos sociales:

"El deseo de ser guiado, amado, y apoyado, impulsa al hombre a formar la concepción social o moral de Dios. Este es el Dios de la Providencia, el que proteje, dispone, recompensa y castiga; el Dios que, de acuerdo con los límites de la visión del creyente, ama y aprecia la vida; el confortador de las penas y anhelos insatisfechos; el que preserva el alma de los muertos. Esta es la concepción moral de Dios".

La distinción entre una "religión del miedo", y una "religión social o moral", podría entenderse, también, como equivalente a la distinción entre el politeísmo y el monoteísmo religiosos, pues Einstein ve en la religión hebrea de sus antepasados el ejemplo más notable de la segunda forma. Para el gran físico el tránsito de una a otra forma de creencia implicaba, ciertamente, un progreso, pero ambas formas de reli- giosidad coexisten a menudo, incluso al interior de las religio -nes más desarrolladas.

Lo que la religión del miedo y la religión social tienen en común, señala Einstein, es el carácter antropomórfico de sus con- cepciones de Dios. Desde esta perspectiva postula él una tercera etapa o forma de la experiencia religiosa que denomina "el sentimiento religioso cósmico", y que trascendería aquel atropomorfismo. La génesis de este sentimiento es descrita por Einstein del siguiente modo:

"El individuo siente la futilidad de los deseos y propósitos humanos y la sublimidad y orden maravilloso que se revelan tanto en la naturaleza como en el mundo del pensamiento. La existencia individual le impresiona como una suerte de prisión y desea él experimentar el universo como una totalidad única significativa. Los inicios del sentimiento religioso cósmico aparecen ya en una etapa más temprana de desarrollo, por ejemplo, en muchos de los Salmos de David y en algunos de los profetas. El Budismo, como lo hemos aprendido especialmente gracias a los maravillosos es -critos de Schopenhauer, contiene un elemento mucho más fuerte de esto".

Es precisamente este tipo de sentimiento el que caracterizaría la propia concepción religiosa de Einstein, su religión cósmica, que en su tiempo, pareció tan escandalosa e inaceptable, entre otros, a los curas y creyentes católicos norteamericanos Obviamente, ésta, que según Einstein sería una forma superior de la religiosidad, no daría origen a un dogma especial, a una concepción de Dios concebido en imagen del hombre, ni a una teología, ni a una religión organizada. Para el gran físico el representante máximo de esta religiosidad sería Spinoza, pero incluye también entre ellos nombres tan diversos como los de Demócrito, Buda y San Francisco de Assís.

Ante la imposibilidad de poder comunicar estos sentimientos cósmicos, que no conducen ni a una definición de Dios ni a una teología, sería la función más importante del Arte y la Ciencia, según Einstein, despertar y mantener vivos dichos senti- mientos.>

Las relaciones entre ciencia y religión:

A partir de equella caracterización de los tres tipos fundamentales de religión, Einstein procede a introducir su propia explicación de las relaciones entre ciencia y religión en los términos siguientes:

"Así arribamos a una concepción de la relación de la ciencia con la religión muy diferente de la usual. Cuando uno ve el asunto históricamente, uno se inclina a ver a la ciencia y la religión como antagonistas irreconciliables, y por una razón muy obvia. El hombre que está totalmente convencido de la operación universal de la ley de causalidad, no puede por un momento abri- gar la idea de un ser que interfiera en el curso de los aconte- cimientos -asumiendo, por supuesto, que toma la hipótesis de la causalidad realmente en serio. [Quien así lo hace] no tiene paciencia con la religión del miedo, e igualmente muy poca con la religión social o moral. Un Dios que premia y castiga es in- concebible para él, por la simple razón de que las acciones de un hombre están determinadas por la necesidad, externa e interna, de modo que, a los ojos de Dios, éste no puede ser responsable, no más de lo que un objeto inanimado es responsable de los movimientos que padece. ... Es por lo tanto fácil ver porqué las Iglesias han combatido siempre a la ciencia y perseguido a sus devotos [cultivadores]".

Es decir, el conflicto entre ciencia y religión se entendería como la consecuencia del antagonismo existente entre las explicaciones sobrenaturales del origen del mundo, propias de los dogmas religiosos, y las explicaciones causales de la ciencia. Porque, como lo dice Einstein en otro lugar: "Mientras más imbuído está un hombre de la ordenada regularidad de todos los acontecimientos, más firme se hace su convicción de que no queda espacio junto a ella para causas de una naturaleza diferente".

Por cierto que, en términos generales, Einstein tiene aquí razón. Sin embargo, su entendimiento de la historia de dicho conflicto nos parece inadecuado. Porque, en realidad, no existió prácticamente científico de importancia, digamos entre los siglos XVI y XVIII, que no estuviera dispuesto a suspender la aplicación del principio de causalidad de la naturaleza, cuando se refería a la explicación última del mundo y sus regularidades y armonías. Y hasta hubo algunos, como Newton, que estuvieron dispuestos a suspenderlo cuando se trataba de explicar las armonías y regularidades de nuestro propio sistema solar. En otros términos, dentro del marco mecanicista de la filosofía natural dominante en aquellos siglos no era visto como contradictorio que se diera, simultáneamente, una explicación mecánica y una providencialista para el mismo fenómeno.

De modo que los científicos modernos dejaron siempre un espacio para la religión, y si no consiguieron todo el tiempo deflectar o evitar el conflicto con sus instituciones, como le ocurrió a Galileo en 1616 y 1632, ello no fue porque no hubieran aceptado la supremacía última de la revelación y de las explicaciones de la religión, sino a consecuencia de la actitud autoritaria y represiva de las iglesias (en especial de la católica) hacia ciertas teorías y descubrimientos científicos, que como el heliocentrismo, amenazaban, potencial o efectivamente, su autoridad intelectual, tanto en materias puramente religiosas, como en lo referente a la explicación del origen del universo y del lugar del hombre dentro de él.

Pero lo que constituye una verdadera ironía, es que lo que Einstein afirma más arriba sea tan categóricamente contradicho, precisamente, por la actitud religiosa de quien debiera haberse encontrado, de acuerdo con esta representación, más cerca de la actitud religioso-cósmica, es decir, el gran Isaac Newton. Porque si hay alguien en la historia de la ciencia que tomó la causa- lidad realmente en serio, este fue el gran físico, astrónomo y matemático inglés. Y sin embargo su concepción de la religión, como lo ha mostrado en detalle el historiador Frank Manuel, podría perfectamente caracterizarse como una mezcla entre la religión del miedo y la religión social o moral, en cuyo centro se encontraba una especie de rey absoluto que repartía favores y disfavores de modo completamente caprichoso. Y aunque su visión de Dios era la de un ser espiritual, éste poseía no sólo un carácter manifiestamente antropomórfico, sino que además intervenía, cada cierto tiempo, directamente en la marcha del mundo. Tal como Newton lo expresara, entre otros de sus escritos, en el General Scholium a los Principia (1713), y en sus famosas Cartas al Dr. Richard Bentley, de 1692-1693.

Digamos, mientras tanto, que desde nuestra presente perspec- tiva, los dos textos de Einstein recién examinados tienen una considerable importancia, porque muestran como él se ha movido ya, a comienzos de la década de los treinta, a la que puede ser identificada como su posición madura ante la religión. Curio- samente, ella coincide con la época en que el físico se dedicara centralmente a la infructuosa búsqueda de una teoría del campo unificado.

Einstein nos dejó otros dos escritos posteriores en los que se refirió en bastante detalle a la cuestión de las relaciones entre ciencia y religión, que procederemos a examinar a continuación. En éstos el cientifico, luego de reconocer la importancia moral de la religión, procede a proponer una suerte de nuevo entendimiento entre ésta y la ciencia. En el primero de de ellos, titulado "Ciencia y Religión", de 1939, se parte de la afirmación de que la ciencia y su método pueden ayudarnos a lograr el conocimiento de lo que es, pero nunca de lo que "debe ser", es decir, ella no tiene la capacidad para determinar nuestras opciones valóricas fundamentales. Como lo pone Einstein:

"El conocimiento objetivo [de la ciencia] nos suministra poderosos instrumentos para la consecución de ciertos fines, pero el propio fin último, y el deseo de alcanzarlo, deben venir de otra fuente".

Esta "otra fuente" sería, por cierto, la religión. Es aquí donde se muestra del modo más claro, la tolerancia de Einstein hacia las religiones tradicionales, cuya función moral no se cansa de destacar, pero también algo en manifiesta contradicción con su religiosidad cósmica, esto es, su aparente aceptación de la revelación, como la fuente de aquellas verdades morales fundamentales. El pasaje donde esto se contiene es demasiado importante para ser simplemente resumido:

"Hacer claros estos fines y valuaciones fundamentales, y fijarlos en la vida emocional de los individuos, me parece a mí precisamente la función más importante que la religión tiene que cumplir en la vida social del hombre. Y si alguien pregunta de dónde se deriva la autoridad de tales fines fundamentales, desde que ellos no pueden ser afirmados y justificados meramente por la razón, uno sólo puede responder: ellos existen en una sociedad saludable como poderosas tradiciones, que actúan sobre la con- ducta, aspiraciones y juicios de los individuos; están allí, esto es, como algo vivo, sin que sea necesario encontrar justi- ficación para su existencia. Ellos llegan a ser no a través de la demostración sino a través de la revelación, por la mediación de poderosas personalidades. Uno no debe tratar de justificarlos, sino más bien sentir su naturaleza simple y claramente."

Lo que llama más la atención en este texto es que Einstein no se limita aquí puramente a describir un hecho histórico, sino que expresa inequívocamente su conformidad con aquella función moral de la religión, que como él bien sabe se encuentra íntimamente asociada a la creencia en el Dios antropomórfico de la tradición religiosa judeo-cristiana. Pero lo verdaderamente sorprendente es que, conjuntamente con ello, él aparece aceptando la revela- lación, como fuente y fundamento último de aquellos fines y valores fundamentales. Esto, claro está, es difícilmente conciliable con la creencia en un Dios no antropomórfico, aunque pudiera entenderse como una concesión del científico a las creencias religiosas dominantes en Occidente.

La segunda parte del escrito que comentamos corresponde a un trabajo algo más tardío (1941), en el que buscando definir las características propias de la ciencia y de la religión, Einstein introduce un original criterio para identificar a una persona religiosa:

"...una persona que es religiosamente ilustrada (enlightened) me aparece a mí ser una que, tanto como le es posible, se ha liberado a sí misma de las cadenas de sus deseos egoístas y está preocupada con pensamientos, sentimientos, y aspiraciones a las que se aferra en razón de su valor suprapersonal. Me parece a mi que lo que es importante es la fuerza de este contenido suprapersonal y la profundidad de la convicción acerca de su irresistible significación, independientemente de si no se hace ningún intento de unir este contenido con un ser divino, porque de otro modo no sería posible contar a Buda y Spinoza como personalidades religiosas. De acuerdo con esto, una persona religiosa es devota en el sentido de que no tiene ninguna duda acerca de la significación y la sublimidad de aquellos objetos y fines suprapersonales, que ni requieren ni son capaces de fundamento racional."

Como puede verse, este criterio ha sido expresamente formulado por el físico de modo que incluya su propia forma de religiosidad, pero su más importante significado es que hace que las motivaciones del hombre religioso aparezcan casi como indistingibles de las del hombre de ciencia. Las implicaciones que esta identificación tendrá al interior de su concepción general de los fines de la ciencia serán de gran importancia, como veremos más adelante.

A partir de la representación que se nos ha entregado en es- tos escritos de lo que serían la ciencia y la religión, señala Einstein, un conflicto entre ellas aparece como prácticamente imposible, ya que existiría entre ambas una suerte de clara división del trabajo, pues la ciencia se encarga de establecer lo que es, mientras que a la religión le correpondería lo que debe ser. Por cierto, históricamente hablando, ha existido un conflicto, que se habría generado cuando las religiones no respetaron aquella división y sostuvieron la verdad de las afirmaciones de la Biblia referentes a cuestiones naturales propias de la ciencia. Por el lado opuesto, al intentar hacer juicios acerca de los valores y fines últimos, supuestamente haciendo uso de los métodos de la ciencia, algunos científicos se han puesto en oposición a las religiones.

Pero aunque, conceptualmente hablando, existiría una clara demarcación entre los territorios propios de una y otra, habría, sin embargo, dos formas en que la ciencia y la religión se influirían recíprocamente. La primera es que aunque es la reli- gión la que determina los referidos fines últimos, ésta ha aprendido de la ciencia cuáles son los medios que contribuyen mejor al logro de aquellos. Respecto de la segunda forma de influencia mutua dice Einstein:

"Pero la ciencia puede ser creada sólo por aquellos que están totalmente imbuídos de la aspiración hacia la verdad y el entendimiento. Esta fuente de sentimiento, sin embargo, brota de la esfera de la religión. A esta pertenece también la fe en la posibilidad de que las regulaciones válidas para el mundo de la existencia sean racionales, esto es, comprensibles a la razón. No puedo concebir un genuino científico sin aquella profunda fe. La situación puede ser expresada con una imagen: la ciencia sin la religión es coja, la religión sin la ciencia es ciega."

Es decir, la religión influiría sobre la ciencia toda vez que el verdadero impulso científico tendría en su raíz misma un sentimiento de tipo religioso. El verdadero significado e implicaciones de este pasaje será explicitado más abajo, pero por el momento digamos que en estas líneas se encuentra el núcleo mismo de la concepción normativa de la ciencia, postulada por Einstein, que intentaremos dilucidar posteriormente.

A continuación Einstein se refiere a otra de las fuentes de conflicto entre la ciencia y la religión: el concepto de un Dios antropomórfico. Es la idea de un Dios personal, es decir, de un ser omnipotente, la causa responsable de todo lo que ocurre, tanto en la naturaleza como en las acciones humanas, que resultaría difícilmente conciliable con la ciencia, que postula la existencia de leyes, y cree en la causalidad y necesidad naturales, rechazando por principio toda otra clase de causalidad. A partir de esto Einstein argumenta que las religiones debieran abandonar la doctrina de un Dios personal, si es que quieren mantener su influencia en un mundo dominado por la ciencia, y propone lo que él mismo denomina un "refinamiento" de la religión por medio de la ciencia, en las que éstas se hacen casi indistinguibles y llegan a guardar las más curiosas relaciones de complementariedad. Permítasenos citar en su totalidad este extenso pero importante pasaje:

"Si es uno de los fines de la religión liberar a la humanidad, tanto como sea posible, de la esclavitud de las ansias, deseos y temores egoístas, el razonamiento científico puede ayudar a la religión aún en otro sentido. Aunque es verdad que es el propósito de la ciencia descubrir las reglas que permitan la asociación y predicción de hechos, este no es su único fin. También busca reducir las conecciones descubiertas al menor número posible de elementos conceptuales mutuamente independientes.

...Pero aquel que ha tenido la intensa experiencia de hacer exitosos avances en este dominio es movido por una profunda reverencia hacia la racionalidad manifiesta en lo que existe. Por medio del entendimiento él logra una completa(far reaching) emancipación de las cadenas de las esperanzas y deseos personales,

y con eso alcanza la modesta actitud mental hacia la grandeza de la razón encarnada en la existencia, y la cual en su últimas profundidades, es inaccesible al hombre. Esta actitud, sin embargo, me aparece a mí como religiosa, en el más alto sentido de la palabra. Y así me parece que la ciencia no sólo purifica el impulso religioso de la escoria de su antropomorfismo, sino que también contribuye a una espiritualización religiosa de nuestra comprensión de la vida".

En otros términos, existiría una comunidad de propósitos entre la religión y la ciencia, porque ambas buscan liberar al hombre de las cadenas del egoísmo. Pero la ciencia consigue este fin por medio de la comprensión racional del universo. Ella se basa, o conduce, a una actitud religiosa de modestia y reverencia ante la racionalidad de aquél. De manera que la ciencia puede purificar el impulso religioso común de su antropomorfismo, pero al mismo tiempo, en términos de la representación einsteniana, la propia ciencia resultará espiritualizada. El sentido e implicaciones de estas afirmaciones no pueden ser dilucidados todavía, porque ello requiere conocer, previamente, la tesis de Einstein acerca del origen religioso de la ciencia, a la que deberemos referirnos a continuación.

El origen de la ciencia y la religiosidad cósmica:

Para Einstein la ciencia se constituye a partir de un sentimiento, o emoción, de carácter religioso, que conduciría, de algún modo, a una forma especial de religiosidad. Esta concepción es presentada por él en una variedad de formas, entre las cuales nos parece suficientemente representativa la siguiente:

"Usted difícilmente encontrará entre las mentes científicas más profundas una que no tenga su propio sentimiento religioso. Pero es diferente de la religión del hombre ingenuo. Para este último Dios es un ser de cuyos cuidados espera beneficiarse y cuyos castigos teme; la sublimación de un sentimiento similar a aquél del hijo por su padre, un ser frente al cual uno se encuentra, por así decirlo, en una relación personal, no importa cuán profundamente pueda ésta estar teñida de temor.

Pero el científico está poseído por un sentido de causación universal. El futuro, para él, es en cada punto tan necesario y determinado como el pasado. Su sentimiento religioso adopta la forma de un embelesado asombro ante la armonía de la ley natural, la que revela una inteligencia de tal superioridad que, comparada con ella, todo el sistemático pensamiento y acción de los seres humanos es un reflejo totalmente insignificante. Este sentimiento es el principio guía de su vida y obra, en cuanto consigue liberarse de los grillos del deseo egoísta. Es, más allá de toda duda, muy semejante a aquél que ha poseído a los genios religiosos de todos los tiempos."

La tesis de Einstein de que la ciencia surge a partir de un sentimiento de carácter religioso, no puede ser aceptada tan fácilmente, y presenta serios problemas. El primero es que no nos explica por qué aquel sentimiento de temor reverencial hacia el orden y la magnitud del Universo, se traduciría, en un caso, en una religiosidad antropomórfica, con una liturgia y una teología, y en otro, en la religiosidad cósmica de ciertos filósofos y científicos. Por otro lado, se pregunta uno, ¿no sería más simple y más adecuado denominar metafísico, a aquel sentimiento a partir del cual se originaría la ciencia, en vez de asignarle las cualidades de un sentimiento propiamente religioso?

Veremos, más adelante, cómo dentro de la propia concepción einsteniana de la religión se contienen los elementos de solución a esta dudas y problemas. Pero esto sólo se hará manifiesto en el contexto de un examen más detallado de su concepción de una religión o religiosidad cósmica.

Einstein nos ha dado diferentes expresiones de su idea de una religión cósmica, tanto en sus artículos de corte semipopular, como en respuesta a preguntas que sobre sus creencias le formularon espistolarmente diferentes individuos. Por ejemplo la contestación siguiente de Einstein, a una consulta hecha en marzo de 1954 por un correpondiente ateo, quien, luego de leer un artículo acerca de las creencias religiosas del físico, le manifestó sus dudas sobre la veracidad de las afirmaciones allí contenidas:

"Era, por supuesto, una mentira (lie) lo que Ud. leyó acerca de mis convicciones religiosas, una mentira que ha sido sistemáticamente repetida. Yo no creo en un Dios personal y no he negado nunca esto sino que lo he expresado claramente. Si hay en mi algo que puede ser religioso, por tanto, es la admiración sin límites por la estructura del universo, hasta donde la ciencia puede revelarlo".

O esta otra respuesta a una carta, enviada a Einstein in Berlín el 5 de agosto de 1927, por un banquero de Colorado:

"No puedo concebir un Dios personal que influiría directamente en las acciones de los individuos, o que juzgaría directamente a las criaturas de su propia creación. No puedo hacer esto a pesar del hecho de que la causalidad mecanística ha sido, hasta cierto punto, puesta en duda por la ciencia moderna.

Mi religiosidad consiste en una modesta admiración por el espíritu infinitamente superior que se revela en lo poco que nosotros, con débil y transitorio entendimiento, podemos comprender de la realidad."

Es decir, el sentido específico que el término 'religión' tiene para Einstein es el de un sentimiento de admiración hacia la estructura del universo acompañado de la creencia de que ella sería la expresión de una entidad de naturaleza espiritual que la habría creado y, presumiblemente, la mantendría contínuamente en existencia. Esta religiosidad no reconocería ni exigiiría la creencia en ningún Dios de tipo personal que le haría demandas morales a los seres humanos. Puesto que Einstein postulla que la ciencia se oroginaría en aquel sentimiento, es impoortante para él dar cuenta de la diferencia que existiría entre el "sentimiento religioso" del Científico y el ssssssentimiento religioso" del científico y el sentimiento religioso característico del simple creyente o el místico:

"El sentimiento religioso engendrado al experimentar la comprensibilidad lógica de profundas interrelaciones es de una clase algo diferente de aquel sentimiento que uno usualmente llama religioso. Es más un sentimiento de temor reverencial y de admiración ante el esquema que se manifiesta en el universo material. No nos conduce a dar el paso de construir un ser como divino en nuestra propia imagen -un personaje que nos hace demandas y que toma interés en nosotros como individuos. No hay en éste (universo) ni voluntad ni propósito, no un deber, sino un puro ser. Por esta razón gente de nuestro tipo ve en la moralidad un asunto puramente humano, aunque el más importante en la esfera humana.

Pero Einstein no nos suministra una verdadera explicación psicológica de las diferencias que habría entre el sentimiento religioso propiamente tal y el característico del hombre de ciencia, sino que simplemente se limita a darnos una somera descripción de ellas. Tampoco se nos da ninguna razón de por qué el sentimiento religioso cósmico no conduciría a una concepción antropomórfica de Dios. Pero lo más significativo en este pasaje es que pone de manifiesto que Einstein no distingue entre lo que en realidad son dos clases diferentes de sentimientos. Por un lado el asombro y la admiración ante la organización y racionalidad del Universo, por el otro el temor reverencial hacia ellas. Es manifiesto que en el propio Einstein estos sentimientos se encontraban profundamente integrados, tanto como lo es el hecho de que en otros hombres de ciencia, filósofos y personas comunes, tales sentimientos de asombro y admiración no llegan a traducirse en un temor reverencial hacia la organización, o hacia el "organizador" del universo. El primer tipo de sentimiento bien pudiera ser denominado "metafísico"; mientras que sólo el segundo tiene un carácter propiamente religioso.

Maurice Solovine, un amigo de su juventud, debe haber llamado la atención de Einstein sobre lo inadecuado que es emplear la palabra 'religión' para referirse a aquel primer tipo de sentimiento, recibiendo la siguiente respuesta del físico en una carta de 1951:

"Bien puedo entender tu aversión a usar el término 'religión' cuando lo que se quiere significar es una actitud psicológica y emocional que se muestra más claramente en Spinoza. Pero no he encontrado una mejor expresión que la de 'religioso' para la confianza en la naturaleza racional de la realidad, en cuanto ella es accesible a la razón humana."

Como hemos visto, por detrás de la cuestión terminológica se en- contraba aquella indistinción entre lo que hemos denominado la actitud "metafísica" y la actitud "religiosa", que se hace aquí aún más patente, porque es manifiesto que la confianza del científico en la naturaleza racional de la realidad puede expresarse, y se expresa en realidad a menudo, como un sentimiento completamente secular.

 

Una explicación alternativa del origen de la ciencia

Pero mientras más se penetra en el sentido de estas y otras expresiones semejantes de Einstein, más se convence uno de que, al tratar de comprender los impulsos que habrían dado origen a la ciencia, él lo hace a partir de una suerte de generalización o proyección de sus propias experiencias y sentimientos. Véase por ejemplo, el texto siguiente, donde se intenta explicar la pujanza y persistencia manifestada en la vida y obra de los grandes científicos, en términos de aquel sentimiento religioso cósmico:

"Qué profunda convicción en la racionalidad del universo y qué ansias de entender, [aquello] que no es sino un débil reflejo de la mente revelada en este mundo, Kepler y Newton deben haber tenido, [tal] que les permitiera pasarse años de trabajo solitario tratando de descifrar los principios de la mecánica celeste. ...Sólo aquel que ha dedicado su vida a fines semejantes puede tener un vívida conciencia de lo que ha inspirado a estos hombres y lo que les ha dado la fortaleza para mantenerse fieles a sus propósitos, a pesar de incontables fracasos. Un contempo- ráneo ha dicho, no injustamente, que en esta época materialista nuestra los trabajadores científicos serios son las únicas personas profundamente religiosas."

Como puede verse, aquí no sólo se está afirmando que a la base de la actividad científica se encontraría un sentimiento o im- pulso de carácter religioso, sino algo mucho más desconcertante, a saber, que en la sociedad de hoy los científicos son los únicos representantes de la verdadera religiosidad. Una idea semejante encuentra expresión al final del extenso artículo de 1941 titu- lado "Ciencia y religión":

"Mientras más avanza la evolución espiritual de la humanidad más cierto me parece a mí que el camino a la genuina religiosidad no pasa por el temor a la vida, ni por el temor a la muerte, ni por la fe ciega, sino por el esfuerzo de alcanzar el conocimiento racional".

El verdadero significado y alcance de estas frases no es fácil de precisar, porque Einstein no las elaboró o argumentó en mayor detalle, pero, como veremos más adelante, pueden deducirse a partir del análisis de algunos de los supuestos subyacentes a lo que hemos denominado su "concepción normativa de los fines últimos de la ciencia". Pero previamente a entrar en esta cuestión queremos examinar el párrafo siguiente:

"... todo aquél que está seriamente involucrado en la búsqueda científica se llega a convencer de que un espíritu se manifiesta en las leyes del universo -un espíritu vastamente superior al del Hombre, y uno frente al cual nosotros con nuestros limitados poderes debemos sentirnos modestos. De esta forma la búsqueda científica conduce a un sentimiento religioso de tipo especial, que es en verdad totalmente diferente de la religiosidad de alguien más ingenuo."

Encontramos en este pasaje dos cosas dignas de atención: 1. Einstein se muestra aquí como tributario del espiritualismo judeo-cristiano, al postular que en la base de las leyes y fuerzas de la naturaleza se encontraría una potencia de carácter espiritual. 2. Al afirmar que la ciencia conduce a un sentimiento religioso de tipo especial, Einstein ha invertido, al parecer sin darse cuenta, el orden causal originario, porque antes nos dijo que la ciencia se origina en este sentimiento religioso de tipo especial, no que lleve a él.

Pero, como veremos a continuación, esta no es la única mues- tra de que Einstein no tuvo una posición completamente unívoca y consistente frente a la cuestión del origen religioso de la ciencia. Una posición