|
Para
pensar
Einstein
y la religión
Autor:
Hermes H. Benítez, De: Tendencias
científicas, Fuente: www.uchile.cl
-
26.11.2001
-
Introducción:
Entre
las muchas anécdotas que circulan acerca de
Albert Einstein, hay una que nos parece
particularmente significativa porque ilustra
muy bien la general incertidumbre que ha
existido siempre, entre el público educado,
acerca del carácter de su peculiar actitud
ante la religión. En esta anécdota, que
fue relatada por el profesor Cornelius
Lanczos en un programa radial transmitido
por la BBC en 1966, se cuenta que entre
ciertos líderes religiosos de Nueva York se
discutía, en una cierta ocasión, si acaso
Einstein era un creyente o un ateo; por lo
que ellos decidieron enviar un cable al gran
físico con el objeto de poder establecer su
verdadera posición sobre esta cuestión. La
respuesta de éste habría sido:
"Creo
en el Dios de Spinoza que es idéntico con
el orden matemático del Universo. No creo
en un Dios al que le importaría el
bienestar y las acciones morales de los
seres humanos, o algo en tal sentido".
Lo
curioso es que la respuesta de Einstein, que
a primera vista pareciera disipar la duda
planteada acerca de sus verdaderas
creencias, en realidad no hace más que
poner la cuestión en un plano filosófico.
Esto crea, como es manifiesto, más
interrogantes y problemas de los que
pareciera resolver. Porque, ¿cuál era
realmente el carácter del Dios spinoziano?,
y ¿cuántos entienden adecuadamente
(incluso entre los estudiosos de la filosofía)
este concepto de la deidad y de su relación
con el universo? Todo lo que de la respuesta
de Einstein pudiera concluirse con seguridad
es que él rechaza la idea de un Dios
antropomórfico que le haría demandas
morales a los hombres. Pero esto dejaba
espacio para muchas otras incertidumbres y
oscuridades acerca de su concepción de Dios
y lo religioso. Tales como las que se
manifiestan en pasajes como el siguiente,
donde, tratando de definir lo que sea la
"verdad científica", el físico
se refiere a Dios y la religión:
"Es
difícil [poder] siquiera asignar un
significado preciso al término
"verdad científica". Tan
diferente es el sentido de la palabra
"verdad" si acaso estamos
tratando con un hecho de experiencia, una
proposición matemática o una teoría
científica.
[La
expresión] "Verdad religiosa"
no comunica para mi nada en absoluto
claro.
La
investigación científica puede reducir
la superstición al estimular a la gente a
pensar y a examinar las cosas en términos
de causa y efecto. Cierto es que una
convicción, semejante al sentimiento
religioso, de la racionalidad o
inteligibilidad del mundo, se encuentra
detrás de todo trabajo científico de un
alto nivel.
Esta
firme creencia, conectada con un profundo
sentimiento, en una mente superior que se
revela en el mundo de la experiencia,
representa mi concepción de Dios. Dicho
de una manera corriente, ésta puede ser
descrita como "panteística"(Spinoza)".
De
acuerdo con esto, pareciera como si Einstein
postulara doctrinas claramente
incompatibles, porque, por una parte, no
creería en las verdades de la religión,
pero, por otra, afirma que la ciencia se
basa sobre un sentimiento parecido a la fe
religiosa, al tiempo que suscribe la idea de
un Dios de naturaleza espiritual que
considera semejante al de Spinoza. En los
hechos, la referencia al panteísmo
spinoziano no sólo no facilitó la
comprensión de sus creencias por parte del
público, sino que además lo transformó en
blanco de la intolerancia, y en los EEUU
(donde Einstein residió desde 1933), sus
creencias religiosas fueron confundidas con
sus teorías científicas, siendo sometidas
a un indiscriminado ataque por los
defensores de la religión tradicional,
quienes llegaron al extremo de declarar que
"la Teoría General de la Relatividad
disimu[laba] el horrible fantasma del ateísmo
y al oscurecer la especulación, produjo una
duda universal acerca de Dios y su creación"
En otras palabras, la vieja acusación,
lanzada también contra Spinoza, según la
cual, "pantheismus est atheismus
simulatus".
Es
significativo que entre los biógrafos de
Einstein, Banesh Hoffmann, quien fuera
ayudante de aquél entre los años 1937-38,
sea prácticamente el único que
haya adoptado una posición suficientemente
categórica acerca de la cuestión que nos
ocupará a lo largo de estas páginas. De
las dos más importantes biografías del
gran físico escritas hasta ahora, es decir,
la de Philipp Frank (Einstein.
His Life and Times, New York,
Alfred Knopf, 1947), y la de Abraham País ("Subtle
is the Lord..." The Science and the
Life of Albert Einstein,
Oxford, Oxford University Press, 1982), sólo
la primera de ellas contiene un tratamiento
separado de su posición ante la religión.
Pero allí no se arriba a ninguna conclusión
especialmente iluminadora al respecto.
En
realidad, aunque en la mayoría de sus
biografías se alude a la formación
religiosa de Einstein, y se citan sus más
conocidas declaraciones en torno a la religión,
así como sus célebres frases acerca de
Dios y las leyes físicas, pronunciadas a
propósito de su polémica con el físico
Max Born sobre al carácter estadístico de
la Mecánica Cuántica, en prácticamente
ninguna de ellas se examina con la debida
profundidad y detenimiento sus ideas sobre
la religión, y su relación histórica (y
teórica) con la ciencia. En consecuencia,
en el presente ensayo nos proponemos hacer
lo que casi nadie ha hecho, entre los que
han escrito acerca de las opiniones
religiosas de Einstein, esto es, examinar y
comparar en detalle sus diferentes y no
siempre consistentes expresiones acerca de
Dios y la religión. Esto exigirá
reproducir una considerable cantidad de
textos, muchos de los cuales no han sido
traducidos antes al español.
En
este trabajo nos hemos fijado dos objetivos
complementarios 1. Establecer qué quizo
significar Einstein con la palabra 'Dios', y
en general, identificar y examinar su
concepción de la religión y lo religioso,
y 2. Poder determinar el influjo que estas
concepciones teológico-metafísicas habrían
ejercido sobre su obra científica. Pues,
tal como se observa en el epígrafe que
encabeza este ensayo, no sabemos con ninguna
precisión qué significado tenían para
Einstein aquellos conceptos, no sólo
porque, como veremos a continuación, el
gran físico no los empleó siempre de una
manera inequívoca, sino también porque no
es en absoluto clara la conexión que ellos
pudieran guardar con su obra científica.
El
primero de estos objetivos es, por cierto, más
fácil de cumplir que el segundo, pues las
ideas de Einstein acerca de Dios y la religión
pueden extraerse de la lectura y análisis
de una variedad de escritos y declaraciones
repartidas a lo largo de su vida, tanto de
aquellas que poseen un carácter popular,
como de los propiamente científicos; y en
especial de las expresiones contenidas en
sus artículos, entrevistas y
correspondencia, originadas principalmente
durante los años en que aquél se
convirtiera en una especie de "santo de
la ciencia"
En
cuanto al segundo propósito de este ensayo,
es decir, poder establecer la relación
existente entre las creencias religiosas y
las teorías metacientíficas y epistemológicas
de Einstein, es, por cierto, algo
infinitamente más difícil de lograr,
porque requiere de una elaborada
interpretación de lo que con E.A. Burtt
podríamos denominar como los
"fundamentos metafísicos de la ciencia
einsteiniana". Como ello nos parece
fuera de nuestro alcance y posibilidades,
nos limitaremos en esta oportunidad
meramente a presentar el esbozo de una
interpretación personal, en vez de intentar
ofrecer un tratamiento desarrollado de tan
compleja cuestión.
Al
análisis, las ideas de Einstein sobre la
religión contienen los siguientes cinco
aspectos coordinados:
1.
Una "psicología de la religión",
es decir, una explicación de sus orígenes
y naturaleza.
2. Una interpretación acerca del origen
religioso de la ciencia, que conduce a una
visión peculiar, de carácter normativo,
de sus fines últimos.
3. Aquella interpretación se sostiene
sobre una caracterización personal de lo
que constituiría la esencia de la religión,
la
4. que desemboca en su particular concepción
de una "religión cósmica", y
en
5. una visión de la moralidad como
independiente de las creencias religiosas.
Respecto
del carácter específico de las
concepciones religiosas de Einstein cabe
hacerse por lo menos tres preguntas
fundamentales: a. ¿Creía él efectivamente
en Dios o era una especie de criptoateo?; b.
Si la suya era una posición verdaderamente
religiosa, ¿en qué consistía específicamente?;
c. ¿Era su visión de Dios equivalente al
panteísmo spinoziano?.
Pero
antes de proceder a describir y examinar en
orden cada uno de los referidos cinco
aspectos del pensamiento de Einstein acerca
de la religión, es necesario considerar
algunos de los antecedentes biográficos de
que se dispone, y a partir de los cuales será
posible situar y entender aquél,
conjuntamente con registrar una curiosa
omisión que se detecta en el recuento que,
ya en la vejez, hace Einstein de la evolución
de su religiosidad.
<--inicio
El
retorno de lo reprimido:
En
las páginas iniciales de sus "Notas
Autobiográficas", escritas por
Einstein en 1947, a los 67 años de edad, se
contiene una descripción de la evolución
de su actitud y pensamiento acerca de la
religión, así como de su subsecuente
desconversión, que merece ser citada aquí
en su totalidad:
"Incluso
cuando era un joven bastante precoz, la
nadidad [die Nichtigkeit] de
las esperanzas y esfuerzos que la mayoría
de los hombres persiguen incansablemente
en el curso de la vida, se hizo presente
en mi conciencia con considerable
vitalidad. Además, pronto descubrí la
crueldad de aquella persecución, la que
en aquellos años era cubierta mucho más
cuidadosamente por la hipocresía y
palabras rutilantes que lo está hoy. Por
la mera existencia de su estómago todos
estaban condenados a participar en aquella
carrera. Además, era posible satisfacer
el estómago mediante esta participación,
pero no al hombre en tanto ser que siente
y piensa. Como primera salida estaba la
religión, la cual es implantada en cada
niño por medio de la tradicional máquina
educacional. Así, arribé -a pesar del
hecho de que era hijo de padres (judíos)
enteramente irreligiososa una profunda
religiosidad, la que, sin embargo, encontró
un abrupto final a la edad de 12 años.
Mediante la lectura de libros de
popularización científica pronto llegué
a la convicción de que mucho en las
historias de la Biblia no podía ser
verdadero. La consecuencia [de ello] fue
un francamente fanático librepensamiento,
acompañado de la impresión de que la
juventud es intencionalmente engañada por
el Estado mediante mentiras; fue una
impresión aplastadora. La sospecha contra
cualquier clase de autoritarismo se
desarrolló [en mí] a partir de esta
experiencia, [junto con] una actitud escéptica
hacia las convicciones que estaban vivas
en cualquier medio social específico -la
que nunca me abandonó, aunque más tarde,
en razón de un mejor discernimiento de
las conexiones causales, perdió algo de
su agudeza original.
Es
del todo claro para mí que el paraíso
religioso de la juventud así perdido, fue
un primer intento de liberarme a mí mismo
de las cadenas de lo "puramente
personal", de una existencia dominada
por deseos, esperanzas y sentimientos
primitivos. Más allá se encontraba este
inmenso mundo, que existe
independientemente de nosotros los seres
humanos y que nos enfrenta como un gran y
eterno enigma, al menos parcialmente
accesible a nuestra inspección y
pensamiento. La contemplación de este
mundo me hacía señas como una liberación,
y pronto me di cuenta de que muchos de los
hombres a quienes había aprendido a
estimar y a admirar habían encontrado
libertad interior y seguridad en aquella
devota ocupación. La captación mental de
este mundo extrapersonal dentro del marco
de las posibilidades dadas, se constituyó
[para mí], medio consciente y medio
incons- cientemente, en el fin máximo.
Hombres similarmente motivados del
presente y el pasado, así como los
atisbos que ellos han logrado, fueron los
amigos que no podían perderse. El camino
a este paraíso no fue tan confortable y
atractivo como el camino al paraíso
religioso; pero se ha demostrado como
digno de confianza, y nunca me he
arrepentido de haberlo tomado".
En
el caso de Einstein la "máquina
educacional" funcionó por partida
doble, porque durante sus años de Escuela
no sólo debió participar él en las clases
obligatorias de religión católica, sino
que, al mismo tiempo, fue instruido en la
religión judía por un pariente lejano, en
su propia casa.
Se sabe que los padres de Einstein no
practicaban la religión de sus antepasados,
pero se pregunta uno cuán
"irreligiosos" eran en realidad
ellos si no pusieron la menor objeción a
que el pequeño Albert fuera adoc- trinado
simultáneamente en dos religiones.
En
en Luitpold Gymnasium, esto es, en la
escuela secundaria, Einstein continuó su
instrucción en la religión hebrea, gracias
a los oficios del profesor Heinrich Friedman.
Como lo señala Fölsing: "La exégesis
que Friedman hacía de los profetas encontró
inicialmente un muy receptivo y agradecido
oyente en el joven Einstein. ...quien estudió
con gran interés las prédicas de Salomón,
adhirió estrictamente a los preceptos
rituales, y en consecuencia dejó de comer
carne de cerdo. Incluso compuso él unos
cuantos himnos cortos a la mayor gloria de
Dios, que cantaba con gran fervor en casa y
mientras caminaba por la calle."
Tal
fue el momento más alto del fervor
religioso del joven, porque a los pocos
meses, y gracias al influjo de Max Talmud,
un estudiante pobre de medicina, que de
acuerdo con una antigua costumbre judía era
invitado a almorzar semanalmente a casa de
los Einstein, aquél comenzaría a abrigar
las primeras dudas acerca de sus creencias
originales. Talmud lo pondría en contacto
con una serie de libros, tales como
Kraft und Stoff [Fuerza y
Materia], de Ludwig Büchner,
donde se exponía de modo popular la filosofía
de los materialistas franceses al público
alemán, y en los que se ofrecía una visión
científico-materialista del mundo rayana en
el ateísmo. Hasta el punto de que al
aparecer su libro en Alemania, en 1855, Büchner
fue obligado a renunciar a su cátedra
universitaria.
Este
período de escepticismo religioso se
extendería incluso más allá de la época
en que, mientras se desempeñaba como
empleado en la oficina de patentes en Berna
(1902-1908), Einstein publicara en la
revista Annalen der Physik,
aquellos revolucio- narios artículos en los
que sentara, simultáneamente, las bases de
la Teoría Especial de la Relatividad y de
la Mecánica Cuántica. Así lo confirman
las siguientes observaciones de Philipp
Frank:
"...
Cuando conocí a Einstein por primera vez,
cerca de 1910, tuve la impresión que él
no era simpatético hacia ninguna clase de
religión tradicional. En la época de su
nombramiento en Praga [abril de 1911] él
había vuelto a unirse a la comunidad
religiosa judía, pero vió este acto más
bien como una formalidad. En este tiempo,
también, sus hijos se encontraban a punto
de ingresar a al Escuela Elemental, en la
que recibirían instrucción religiosa.
Este era un problema más bien difícil
puesto que él pertenecía a la religión
judía y su esposa a la religión ortodoja
griega. De todos modos, dijo Einstein, 'Me
desagrada mucho que a mis hijos se les
enseñe algo que es contrario a todo
pensamiento científico'. Y recordó
jocosamente la manera en que a los niños
se les enseña acerca de Dios en la
escuela. 'Eventualmente los niños creen
que Dios es una especie de vertebrado
gaseoso'. Esta era una alusión a un
dicho del científico y filósofo alemán
Ernst Haeckel que era usado corrientemente
entonces.
En
aquel tiempo un observador superficial
habría fácilmente resuelto la cuestión
de la actitud de Einstein ante la religión
con la palabra 'escéptico'".
Alexander
Moszkowski, quien entrevistó al físico
entre 1919 y 1920 reporta la siguiente
observación de aquél acerca de Isaac
Newton, que revela ya un notable cambio de
posición:
"¿No
tiene él la reputación [pregunta
Moszkowski]de haber sido pío y
profundamente religioso?
Einstein
lo confirmó, y alzando la voz generalizó
esto diciendo: 'En cada verdadero
indagador de la naturaleza hay una especie
de [actitud de] reverencia religiosa;
porque le resulta imposible imaginar que
él sea el primero en haber pensado los
extremadamente delicados hilos que
conectan sus percepciones. El aspecto del
conocimiento que aún no ha sido develado
le provoca al investigador un sentimiento
parecido a aquel experimentado por un niño
que busca [entender] la forma maestra en
que los mayores manipulan las
cosas'".
Aquellos
que tuvieron un íntimo contacto con
Einstein durante los años anteriores a la
Segunda Guerra Mundial, como es el caso del
físico y matemático Banesh Hoffmann, quien
llegará posteriormente a ser uno de sus más
conocidos biógrafos, se formaron una imagen
de su actitud ante la religión que hubiera
sorprendido a los que lo conocieron a
principios del siglo:
"El
fue uno de los más religiosos de los
hombres, pero sus creencias religiosas,
demasiado profundas para ser delineadas en
palabras, eran cercanas a las de Spinoza,
el filósofo judío del siglo XVII que
fuera excomunicado. Einstein con su
sentimiento de humildad, reverencia y de
lo maravilloso, y su sentido de ser uno
con el universo pertenece [a la clase] de
los grandes místiticos".
Los
más perceptivos estudiosos de la vida y
obra del gran físico, han reparado sobre
este progresivo retorno de su religiosidad
en la época de madurez, aunque no nos han
ofrecido una explicación satisfactoria del
efecto que tal hecho pudo haber tenido sobre
sus teorías científicas y supuestos
metacientíficos. Así por ejemplo, Gerald
Holton observa que: "... mientras
Einstein estuvo completamente despreocupado
de los asuntos religiosos durante el período
de sus primeras publicaciones científicas,
gradualmente volvió, más tarde, a una
posición más cercana a la de su edad más
temprana, cuando reportó haber sentido una
"profunda religiosidad"..."
Es decir, no se trató, como lo puso más
arriba Einstein, de un simple reemplazo del
"paraíso religioso de la niñez por el
paraíso científico", sino de un
proceso algo más complejo de evolución de
sus creencias, en el que aquellos
sentimientos religiosos originales, luego de
haber sido abandonados o reprimidos, vuelven
a aparecer en la madurez, pero en la forma
de una religiosidad más elaborada y
compleja, y como lo mostraremos más
adelante, en estrecha y curiosa vinculación
con sus teorías científicas y metacientíficas.
¿Por qué, entonces, al escribir sus Notas
Autobiográficas, omitió Einstein toda
referencia a aquel retorno de su
religiosidad original, a pesar de que nos
dejó otros abundantes testimonios escritos
que registran claramente este proceso? Una
respuesta adecuada a esta interesante
pregunta sólo puede extraerse a partir de
un examen detallado de las principales
opiniones del físico acerca de la religión.
El
origen de la religión según Einstein.
Las
ideas de Einstein acerca del origen de la
religión, constituyen, quizás,
uno de los aspectos más conocidos de sus
opiniones no científicas, pero, con todo,
son de considerable importancia porque
suministran el trasfondo sobre el cual
pueden entenderse el resto de sus opiniones
sobre esta materia, su idea de una
"religión cósmica", y su
pensamiento en torno a las relaciones entre
ciencia y religión.
En
un artículo escrito expresamente para la
revista New York Times en 1930, y titulado
"Religión y Ciencia", preguntándose
por el origen de los sentimientos y
necesidades a partir de los cuáles se
constituiría la religión, Einstein
introduce su característica distinción
entre la "religión del miedo",
y la "religión social o moral".
La primera de éstas es definida como la
forma más primitiva de religión, surgida a
partir del "miedo, al hambre, a las
bestias salvajes, a las enfermedades y la
muerte", y como una explicación de los
fenómenos naturales en términos de
"seres ilusorios más o menos análogos
al [hombre] mismo, y de cuyas voluntades y
acciones estos temibles hechos
dependen". De allí, se nos dice, la
necesidad de asegurar el favor de aquellos
seres mediante sacrificios y otros ritos
propiciatorios.
Pero,
según Einstein, existen otras fuentes menos
primitivas de las que brotaría el
sentimiento religioso, las más importante
de las cuales serían los impulsos sociales:
"El
deseo de ser guiado, amado, y apoyado,
impulsa al hombre a formar la concepción
social o moral de Dios. Este es el Dios de
la Providencia, el que proteje, dispone,
recompensa y castiga; el Dios que, de
acuerdo con los límites de la visión del
creyente, ama y aprecia la vida; el
confortador de las penas y anhelos
insatisfechos; el que preserva el alma de
los muertos. Esta es la concepción moral
de Dios".
La
distinción entre una "religión del
miedo", y una "religión social o
moral", podría entenderse, también,
como equivalente a la distinción entre el
politeísmo y el monoteísmo religiosos,
pues Einstein ve en la religión hebrea de
sus antepasados el ejemplo más notable de
la segunda forma. Para el gran físico el tránsito
de una a otra forma de creencia implicaba,
ciertamente, un progreso, pero ambas formas
de reli- giosidad coexisten a menudo,
incluso al interior de las religio -nes más
desarrolladas.
Lo
que la religión del miedo y la religión
social tienen en común, señala Einstein,
es el carácter antropomórfico de sus con-
cepciones de Dios. Desde esta perspectiva
postula él una tercera etapa o forma de la
experiencia religiosa que denomina "el
sentimiento religioso cósmico", y
que trascendería aquel atropomorfismo. La génesis
de este sentimiento es descrita por Einstein
del siguiente modo:
"El
individuo siente la futilidad de los
deseos y propósitos humanos y la
sublimidad y orden maravilloso que se
revelan tanto en la naturaleza como en el
mundo del pensamiento. La existencia
individual le impresiona como una suerte
de prisión y desea él experimentar el
universo como una totalidad única
significativa. Los inicios del sentimiento
religioso cósmico aparecen ya en una
etapa más temprana de desarrollo, por
ejemplo, en muchos de los Salmos de David
y en algunos de los profetas. El Budismo,
como lo hemos aprendido especialmente
gracias a los maravillosos es -critos de
Schopenhauer, contiene un elemento mucho más
fuerte de esto".
Es
precisamente este tipo de sentimiento el que
caracterizaría la propia concepción
religiosa de Einstein, su religión cósmica,
que en su tiempo, pareció tan escandalosa e
inaceptable, entre otros, a los curas y
creyentes católicos norteamericanos
Obviamente, ésta, que según Einstein sería
una forma superior de la religiosidad, no
daría origen a un dogma especial, a una
concepción de Dios concebido en imagen del
hombre, ni a una teología, ni a una religión
organizada. Para el gran físico el
representante máximo de esta religiosidad
sería Spinoza, pero incluye también entre
ellos nombres tan diversos como los de Demócrito,
Buda y San Francisco de Assís.
Ante
la imposibilidad de poder comunicar estos
sentimientos cósmicos, que no conducen ni a
una definición de Dios ni a una teología,
sería la función más importante del Arte
y la Ciencia, según Einstein, despertar y
mantener vivos dichos senti- mientos.>
Las
relaciones entre ciencia y religión:
A
partir de equella caracterización de los
tres tipos fundamentales de religión,
Einstein procede a introducir su propia
explicación de las relaciones entre ciencia
y religión en los términos siguientes:
"Así
arribamos a una concepción de la relación
de la ciencia con la religión muy
diferente de la usual. Cuando uno ve el
asunto históricamente, uno se inclina a
ver a la ciencia y la religión como
antagonistas irreconciliables, y por una
razón muy obvia. El hombre que está
totalmente convencido de la operación
universal de la ley de causalidad, no
puede por un momento abri- gar la idea de
un ser que interfiera en el curso de los
aconte- cimientos -asumiendo, por
supuesto, que toma la hipótesis de la
causalidad realmente en serio. [Quien así
lo hace] no tiene paciencia con la religión
del miedo, e igualmente muy poca con la
religión social o moral. Un Dios que
premia y castiga es in- concebible para él,
por la simple razón de que las acciones
de un hombre están determinadas por la
necesidad, externa e interna, de modo que,
a los ojos de Dios, éste no puede ser
responsable, no más de lo que un objeto
inanimado es responsable de los
movimientos que padece. ... Es por lo
tanto fácil ver porqué las Iglesias han
combatido siempre a la ciencia y
perseguido a sus devotos
[cultivadores]".
Es
decir, el conflicto entre ciencia y religión
se entendería como la consecuencia del
antagonismo existente entre las
explicaciones sobrenaturales del origen del
mundo, propias de los dogmas religiosos, y
las explicaciones causales de la ciencia.
Porque, como lo dice Einstein en otro lugar:
"Mientras más imbuído está un hombre
de la ordenada regularidad de todos los
acontecimientos, más firme se hace su
convicción de que no queda espacio junto a
ella para causas de una naturaleza
diferente".
Por
cierto que, en términos generales, Einstein
tiene aquí razón. Sin embargo, su
entendimiento de la historia de dicho
conflicto nos parece inadecuado. Porque, en
realidad, no existió prácticamente científico
de importancia, digamos entre los siglos XVI
y XVIII, que no estuviera dispuesto a
suspender la aplicación del principio de
causalidad de la naturaleza, cuando se refería
a la explicación última del mundo y sus
regularidades y armonías. Y hasta hubo
algunos, como Newton, que estuvieron
dispuestos a suspenderlo cuando se trataba
de explicar las armonías y regularidades de
nuestro propio sistema solar. En otros términos,
dentro del marco mecanicista de la filosofía
natural dominante en aquellos siglos no era
visto como contradictorio que se diera,
simultáneamente, una explicación mecánica
y una providencialista para el mismo fenómeno.
De
modo que los científicos modernos dejaron
siempre un espacio para la religión, y si
no consiguieron todo el tiempo deflectar o
evitar el conflicto con sus instituciones,
como le ocurrió a Galileo en 1616 y 1632,
ello no fue porque no hubieran aceptado la
supremacía última de la revelación y de
las explicaciones de la religión, sino a
consecuencia de la actitud autoritaria y
represiva de las iglesias (en especial de la
católica) hacia ciertas teorías y
descubrimientos científicos, que como el
heliocentrismo, amenazaban, potencial o
efectivamente, su autoridad intelectual,
tanto en materias puramente religiosas, como
en lo referente a la explicación del origen
del universo y del lugar del hombre dentro
de él.
Pero
lo que constituye una verdadera ironía, es
que lo que Einstein afirma más arriba sea
tan categóricamente contradicho,
precisamente, por la actitud religiosa de
quien debiera haberse encontrado, de acuerdo
con esta representación, más cerca de la
actitud religioso-cósmica, es decir, el
gran Isaac Newton. Porque si hay alguien en
la historia de la ciencia que tomó la
causa- lidad realmente en serio, este fue el
gran físico, astrónomo y matemático inglés.
Y sin embargo su concepción de la religión,
como lo ha mostrado en detalle el
historiador Frank Manuel, podría
perfectamente caracterizarse como una mezcla
entre la religión del miedo y la religión
social o moral, en cuyo centro se encontraba
una especie de rey absoluto que repartía
favores y disfavores de modo completamente
caprichoso. Y aunque su visión de Dios era
la de un ser espiritual, éste poseía no sólo
un carácter manifiestamente antropomórfico,
sino que además intervenía, cada cierto
tiempo, directamente en la marcha del mundo.
Tal como Newton lo expresara, entre otros de
sus escritos, en el General Scholium
a los Principia (1713), y en
sus famosas Cartas al Dr. Richard
Bentley, de 1692-1693.
Digamos,
mientras tanto, que desde nuestra presente
perspec- tiva, los dos textos de Einstein
recién examinados tienen una considerable
importancia, porque muestran como él se ha
movido ya, a comienzos de la década de los
treinta, a la que puede ser identificada
como su posición madura ante la religión.
Curio- samente, ella coincide con la época
en que el físico se dedicara centralmente a
la infructuosa búsqueda de una teoría del
campo unificado.
Einstein
nos dejó otros dos escritos posteriores en
los que se refirió en bastante detalle a la
cuestión de las relaciones entre ciencia y
religión, que procederemos a examinar a
continuación. En éstos el cientifico,
luego de reconocer la importancia moral de
la religión, procede a proponer una suerte
de nuevo entendimiento entre ésta y la
ciencia. En el primero de de ellos, titulado
"Ciencia y Religión", de
1939, se parte de la afirmación de que la
ciencia y su método pueden ayudarnos a
lograr el conocimiento de lo que es, pero
nunca de lo que "debe ser", es
decir, ella no tiene la capacidad para
determinar nuestras opciones valóricas
fundamentales. Como lo pone Einstein:
"El
conocimiento objetivo [de la ciencia] nos
suministra poderosos instrumentos para la
consecución de ciertos fines, pero el
propio fin último, y el deseo de
alcanzarlo, deben venir de otra
fuente".
Esta
"otra fuente" sería, por cierto,
la religión. Es aquí donde se muestra del
modo más claro, la tolerancia de Einstein
hacia las religiones tradicionales, cuya
función moral no se cansa de destacar, pero
también algo en manifiesta contradicción
con su religiosidad cósmica, esto es, su
aparente aceptación de la revelación, como
la fuente de aquellas verdades morales
fundamentales. El pasaje donde esto se
contiene es demasiado importante para ser
simplemente resumido:
"Hacer
claros estos fines y valuaciones
fundamentales, y fijarlos en la vida
emocional de los individuos, me parece a mí
precisamente la función más importante
que la religión tiene que cumplir en la
vida social del hombre. Y si alguien
pregunta de dónde se deriva la autoridad
de tales fines fundamentales, desde que
ellos no pueden ser afirmados y
justificados meramente por la razón, uno
sólo puede responder: ellos existen en
una sociedad saludable como poderosas
tradiciones, que actúan sobre la con-
ducta, aspiraciones y juicios de los
individuos; están allí, esto es, como
algo vivo, sin que sea necesario encontrar
justi- ficación para su existencia. Ellos
llegan a ser no a través de la demostración
sino a través de la revelación, por la
mediación de poderosas personalidades.
Uno no debe tratar de justificarlos, sino
más bien sentir su naturaleza simple y
claramente."
Lo
que llama más la atención en este texto es
que Einstein no se limita aquí puramente a
describir un hecho histórico, sino que
expresa inequívocamente su conformidad con
aquella función moral de la religión, que
como él bien sabe se encuentra íntimamente
asociada a la creencia en el Dios antropomórfico
de la tradición religiosa judeo-cristiana.
Pero lo verdaderamente sorprendente es que,
conjuntamente con ello, él aparece
aceptando la revela- lación, como fuente y
fundamento último de aquellos fines y
valores fundamentales. Esto, claro está, es
difícilmente conciliable con la creencia en
un Dios no antropomórfico, aunque pudiera
entenderse como una concesión del científico
a las creencias religiosas dominantes en
Occidente.
La
segunda parte del escrito que comentamos
corresponde a un trabajo algo más tardío
(1941), en el que buscando definir las
características propias de la ciencia y de
la religión, Einstein introduce un original
criterio para identificar a una persona
religiosa:
"...una
persona que es religiosamente ilustrada (enlightened)
me aparece a mí ser una que, tanto
como le es posible, se ha liberado a sí
misma de las cadenas de sus deseos egoístas
y está preocupada con pensamientos,
sentimientos, y aspiraciones a las que se
aferra en razón de su valor suprapersonal.
Me parece a mi que lo que es importante es
la fuerza de este contenido suprapersonal
y la profundidad de la convicción acerca
de su irresistible significación,
independientemente de si no se hace ningún
intento de unir este contenido con un ser
divino, porque de otro modo no sería
posible contar a Buda y Spinoza como
personalidades religiosas. De acuerdo con
esto, una persona religiosa es devota en
el sentido de que no tiene ninguna duda
acerca de la significación y la
sublimidad de aquellos objetos y fines
suprapersonales, que ni requieren ni son
capaces de fundamento racional."
Como
puede verse, este criterio ha sido
expresamente formulado por el físico de
modo que incluya su propia forma de
religiosidad, pero su más importante
significado es que hace que las motivaciones
del hombre religioso aparezcan casi como
indistingibles de las del hombre de ciencia.
Las implicaciones que esta identificación
tendrá al interior de su concepción
general de los fines de la ciencia serán de
gran importancia, como veremos más
adelante.
A
partir de la representación que se nos ha
entregado en es- tos escritos de lo que serían
la ciencia y la religión, señala Einstein,
un conflicto entre ellas aparece como prácticamente
imposible, ya que existiría entre ambas una
suerte de clara división del trabajo, pues
la ciencia se encarga de establecer lo que es,
mientras que a la religión le correpondería
lo que debe ser. Por cierto, históricamente
hablando, ha existido un conflicto, que se
habría generado cuando las religiones no
respetaron aquella división y sostuvieron
la verdad de las afirmaciones de la Biblia
referentes a cuestiones naturales propias de
la ciencia. Por el lado opuesto, al intentar
hacer juicios acerca de los valores y fines
últimos, supuestamente haciendo uso de los
métodos de la ciencia, algunos científicos
se han puesto en oposición a las
religiones.
Pero
aunque, conceptualmente hablando, existiría
una clara demarcación entre los territorios
propios de una y otra, habría, sin embargo,
dos formas en que la ciencia y la religión
se influirían recíprocamente. La primera
es que aunque es la reli- gión la que
determina los referidos fines últimos, ésta
ha aprendido de la ciencia cuáles son los
medios que contribuyen mejor al logro de
aquellos. Respecto de la segunda forma de
influencia mutua dice Einstein:
"Pero
la ciencia puede ser creada sólo por
aquellos que están totalmente imbuídos
de la aspiración hacia la verdad y el
entendimiento. Esta fuente de sentimiento,
sin embargo, brota de la esfera de la
religión. A esta pertenece también la fe
en la posibilidad de que las regulaciones
válidas para el mundo de la existencia
sean racionales, esto es, comprensibles a
la razón. No puedo concebir un genuino
científico sin aquella profunda fe. La
situación puede ser expresada con una
imagen: la ciencia sin la religión es
coja, la religión sin la ciencia es
ciega."
Es
decir, la religión influiría sobre la
ciencia toda vez que el verdadero impulso
científico tendría en su raíz misma un
sentimiento de tipo religioso. El verdadero
significado e implicaciones de este pasaje
será explicitado más abajo, pero por el
momento digamos que en estas líneas se
encuentra el núcleo mismo de la concepción
normativa de la ciencia, postulada por
Einstein, que intentaremos dilucidar
posteriormente.
A
continuación Einstein se refiere a otra de
las fuentes de conflicto entre la ciencia y
la religión: el concepto de un Dios
antropomórfico. Es la idea de un Dios
personal, es decir, de un ser omnipotente,
la causa responsable de todo lo que ocurre,
tanto en la naturaleza como en las acciones
humanas, que resultaría difícilmente
conciliable con la ciencia, que postula la
existencia de leyes, y cree en la causalidad
y necesidad naturales, rechazando por
principio toda otra clase de causalidad. A
partir de esto Einstein argumenta que las
religiones debieran abandonar la doctrina de
un Dios personal, si es que quieren mantener
su influencia en un mundo dominado por la
ciencia, y propone lo que él mismo denomina
un "refinamiento" de la religión
por medio de la ciencia, en las que éstas
se hacen casi indistinguibles y llegan a
guardar las más curiosas relaciones de
complementariedad. Permítasenos citar en su
totalidad este extenso pero importante
pasaje:
"Si
es uno de los fines de la religión
liberar a la humanidad, tanto como sea
posible, de la esclavitud de las ansias,
deseos y temores egoístas, el
razonamiento científico puede ayudar a la
religión aún en otro sentido. Aunque es
verdad que es el propósito de la ciencia
descubrir las reglas que permitan la
asociación y predicción de hechos, este
no es su único fin. También busca
reducir las conecciones descubiertas al
menor número posible de elementos
conceptuales mutuamente independientes.
...Pero
aquel que ha tenido la intensa experiencia
de hacer exitosos avances en este dominio
es movido por una profunda reverencia
hacia la racionalidad manifiesta en lo que
existe. Por medio del entendimiento él
logra una completa(far reaching)
emancipación de las cadenas de las
esperanzas y deseos personales,
y
con eso alcanza la modesta actitud mental
hacia la grandeza de la razón encarnada
en la existencia, y la cual en su últimas
profundidades, es inaccesible al hombre.
Esta actitud, sin embargo, me aparece a mí
como religiosa, en el más alto sentido de
la palabra. Y así me parece que la
ciencia no sólo purifica el impulso
religioso de la escoria de su
antropomorfismo, sino que también
contribuye a una espiritualización
religiosa de nuestra comprensión de la
vida".
En
otros términos, existiría una comunidad de
propósitos entre la religión y la ciencia,
porque ambas buscan liberar al hombre de las
cadenas del egoísmo. Pero la ciencia
consigue este fin por medio de la comprensión
racional del universo. Ella se basa, o
conduce, a una actitud religiosa de modestia
y reverencia ante la racionalidad de aquél.
De manera que la ciencia puede purificar el
impulso religioso común de su
antropomorfismo, pero al mismo tiempo, en términos
de la representación einsteniana, la propia
ciencia resultará espiritualizada. El
sentido e implicaciones de estas
afirmaciones no pueden ser dilucidados todavía,
porque ello requiere conocer, previamente,
la tesis de Einstein acerca del origen
religioso de la ciencia, a la que deberemos
referirnos a continuación.
El
origen de la ciencia y la religiosidad cósmica:
Para
Einstein la ciencia se constituye a partir
de un sentimiento, o emoción, de carácter
religioso, que conduciría, de algún modo,
a una forma especial de religiosidad. Esta
concepción es presentada por él en una
variedad de formas, entre las cuales nos
parece suficientemente representativa la
siguiente:
"Usted
difícilmente encontrará entre las mentes
científicas más profundas una que no
tenga su propio sentimiento religioso.
Pero es diferente de la religión del
hombre ingenuo. Para este último Dios es
un ser de cuyos cuidados espera
beneficiarse y cuyos castigos teme; la
sublimación de un sentimiento similar a
aquél del hijo por su padre, un ser
frente al cual uno se encuentra, por así
decirlo, en una relación personal, no
importa cuán profundamente pueda ésta
estar teñida de temor.
Pero
el científico está poseído por un
sentido de causación universal. El
futuro, para él, es en cada punto tan
necesario y determinado como el pasado. Su
sentimiento religioso adopta la forma de
un embelesado asombro ante la armonía de
la ley natural, la que revela una
inteligencia de tal superioridad que,
comparada con ella, todo el sistemático
pensamiento y acción de los seres humanos
es un reflejo totalmente insignificante.
Este sentimiento es el principio guía de
su vida y obra, en cuanto consigue
liberarse de los grillos del deseo egoísta.
Es, más allá de toda duda, muy semejante
a aquél que ha poseído a los genios
religiosos de todos los tiempos."
La
tesis de Einstein de que la ciencia surge a
partir de un sentimiento de carácter
religioso, no puede ser aceptada tan fácilmente,
y presenta serios problemas. El primero es
que no nos explica por qué aquel
sentimiento de temor reverencial hacia el
orden y la magnitud del Universo, se
traduciría, en un caso, en una religiosidad
antropomórfica, con una liturgia y una
teología, y en otro, en la religiosidad cósmica
de ciertos filósofos y científicos. Por
otro lado, se pregunta uno, ¿no sería más
simple y más adecuado denominar metafísico,
a aquel sentimiento a partir del cual se
originaría la ciencia, en vez de asignarle
las cualidades de un sentimiento propiamente
religioso?
Veremos,
más adelante, cómo dentro de la propia
concepción einsteniana de la religión se
contienen los elementos de solución a esta
dudas y problemas. Pero esto sólo se hará
manifiesto en el contexto de un examen más
detallado de su concepción de una religión
o religiosidad cósmica.
Einstein
nos ha dado diferentes expresiones de su
idea de una religión cósmica, tanto en sus
artículos de corte semipopular, como en
respuesta a preguntas que sobre sus
creencias le formularon espistolarmente
diferentes individuos. Por ejemplo la
contestación siguiente de Einstein, a una
consulta hecha en marzo de 1954 por un
correpondiente ateo, quien, luego de leer un
artículo acerca de las creencias religiosas
del físico, le manifestó sus dudas sobre
la veracidad de las afirmaciones allí
contenidas:
"Era,
por supuesto, una mentira (lie) lo
que Ud. leyó acerca de mis convicciones
religiosas, una mentira que ha sido sistemáticamente
repetida. Yo no creo en un Dios personal y
no he negado nunca esto sino que lo he
expresado claramente. Si hay en mi algo
que puede ser religioso, por tanto, es la
admiración sin límites por la estructura
del universo, hasta donde la ciencia puede
revelarlo".
O
esta otra respuesta a una carta, enviada a
Einstein in Berlín el 5 de agosto de 1927,
por un banquero de Colorado:
"No
puedo concebir un Dios personal que
influiría directamente en las acciones de
los individuos, o que juzgaría
directamente a las criaturas de su propia
creación. No puedo hacer esto a pesar del
hecho de que la causalidad mecanística ha
sido, hasta cierto punto, puesta en duda
por la ciencia moderna.
Mi
religiosidad consiste en una modesta
admiración por el espíritu infinitamente
superior que se revela en lo poco que
nosotros, con débil y transitorio
entendimiento, podemos comprender de la
realidad."
Es
decir, el sentido específico que el término
'religión' tiene para Einstein es el de un sentimiento
de admiración hacia la estructura del
universo acompañado de la creencia
de que ella sería la expresión de una
entidad de naturaleza espiritual que la habría
creado y, presumiblemente, la mantendría
contínuamente en existencia. Esta
religiosidad no reconocería ni exigiiría
la creencia en ningún Dios de tipo personal
que le haría demandas morales a los seres
humanos. Puesto que Einstein postulla que la
ciencia se oroginaría en aquel sentimiento,
es impoortante para él dar cuenta de la
diferencia que existiría entre el
"sentimiento religioso" del Científico
y el ssssssentimiento religioso" del
científico y el sentimiento religioso
característico del simple creyente o el místico:
"El
sentimiento religioso engendrado al
experimentar la comprensibilidad lógica
de profundas interrelaciones es de una
clase algo diferente de aquel sentimiento
que uno usualmente llama religioso. Es más
un sentimiento de temor reverencial y de
admiración ante el esquema que se
manifiesta en el universo material. No nos
conduce a dar el paso de construir un ser
como divino en nuestra propia imagen -un
personaje que nos hace demandas y que toma
interés en nosotros como individuos. No
hay en éste (universo) ni voluntad ni
propósito, no un deber, sino un puro ser.
Por esta razón gente de nuestro tipo ve
en la moralidad un asunto puramente
humano, aunque el más importante en la
esfera humana.
Pero
Einstein no nos suministra una verdadera
explicación psicológica de las diferencias
que habría entre el sentimiento religioso
propiamente tal y el característico del
hombre de ciencia, sino que simplemente se
limita a darnos una somera descripción de
ellas. Tampoco se nos da ninguna razón de
por qué el sentimiento religioso cósmico
no conduciría a una concepción antropomórfica
de Dios. Pero lo más significativo en este
pasaje es que pone de manifiesto que
Einstein no distingue entre lo que en
realidad son dos clases diferentes de
sentimientos. Por un lado el asombro y la
admiración ante la organización y
racionalidad del Universo, por el otro el temor
reverencial hacia ellas. Es manifiesto
que en el propio Einstein estos sentimientos
se encontraban profundamente integrados,
tanto como lo es el hecho de que en otros
hombres de ciencia, filósofos y personas
comunes, tales sentimientos de asombro y
admiración no llegan a traducirse en un
temor reverencial hacia la organización, o
hacia el "organizador" del
universo. El primer tipo de sentimiento bien
pudiera ser denominado "metafísico";
mientras que sólo el segundo tiene un carácter
propiamente religioso.
Maurice
Solovine, un amigo de su juventud, debe
haber llamado la atención de Einstein sobre
lo inadecuado que es emplear la palabra
'religión' para referirse a aquel primer
tipo de sentimiento, recibiendo la siguiente
respuesta del físico en una carta de 1951:
"Bien
puedo entender tu aversión a usar el término
'religión' cuando lo que se quiere
significar es una actitud psicológica y
emocional que se muestra más claramente
en Spinoza. Pero no he encontrado una
mejor expresión que la de 'religioso'
para la confianza en la naturaleza
racional de la realidad, en cuanto ella es
accesible a la razón humana."
Como
hemos visto, por detrás de la cuestión
terminológica se en- contraba aquella
indistinción entre lo que hemos denominado
la actitud "metafísica" y la
actitud "religiosa", que se hace
aquí aún más patente, porque es
manifiesto que la confianza del científico
en la naturaleza racional de la realidad
puede expresarse, y se expresa en realidad a
menudo, como un sentimiento completamente
secular.
Una
explicación alternativa del origen de la
ciencia
Pero
mientras más se penetra en el sentido de
estas y otras expresiones semejantes de
Einstein, más se convence uno de que, al
tratar de comprender los impulsos que habrían
dado origen a la ciencia, él lo hace a
partir de una suerte de generalización o
proyección de sus propias experiencias y
sentimientos. Véase por ejemplo, el texto
siguiente, donde se intenta explicar la
pujanza y persistencia manifestada en la
vida y obra de los grandes científicos, en
términos de aquel sentimiento religioso cósmico:
"Qué
profunda convicción en la racionalidad
del universo y qué ansias de entender,
[aquello] que no es sino un débil reflejo
de la mente revelada en este mundo, Kepler
y Newton deben haber tenido, [tal] que les
permitiera pasarse años de trabajo
solitario tratando de descifrar los
principios de la mecánica celeste. ...Sólo
aquel que ha dedicado su vida a fines
semejantes puede tener un vívida
conciencia de lo que ha inspirado a estos
hombres y lo que les ha dado la fortaleza
para mantenerse fieles a sus propósitos,
a pesar de incontables fracasos. Un
contempo- ráneo ha dicho, no
injustamente, que en esta época
materialista nuestra los trabajadores
científicos serios son las únicas
personas profundamente religiosas."
Como
puede verse, aquí no sólo se está
afirmando que a la base de la actividad
científica se encontraría un sentimiento o
im- pulso de carácter religioso, sino algo
mucho más desconcertante, a saber, que en
la sociedad de hoy los científicos son los
únicos representantes de la verdadera
religiosidad. Una idea
semejante encuentra expresión al final del
extenso artículo de 1941 titu- lado "Ciencia
y religión":
"Mientras
más avanza la evolución espiritual de la
humanidad más cierto me parece a mí que
el camino a la genuina religiosidad
no pasa por el temor a la vida, ni por
el temor a la muerte, ni por la fe ciega,
sino por el esfuerzo de alcanzar el
conocimiento racional".
El
verdadero significado y alcance de estas
frases no es fácil de precisar, porque
Einstein no las elaboró o argumentó en
mayor detalle, pero, como veremos más
adelante, pueden deducirse a partir del análisis
de algunos de los supuestos subyacentes a lo
que hemos denominado su "concepción
normativa de los fines últimos de la
ciencia". Pero previamente a entrar en
esta cuestión queremos examinar el párrafo
siguiente:
"...
todo aquél que está seriamente
involucrado en la búsqueda científica se
llega a convencer de que un espíritu
se manifiesta en las leyes del universo
-un espíritu vastamente superior al del
Hombre, y uno frente al cual nosotros con
nuestros limitados poderes debemos
sentirnos modestos. De esta forma la búsqueda
científica conduce a un sentimiento
religioso de tipo especial, que es en
verdad totalmente diferente de la
religiosidad de alguien más
ingenuo."
Encontramos
en este pasaje dos cosas dignas de atención:
1. Einstein se muestra aquí como tributario
del espiritualismo judeo-cristiano, al
postular que en la base de las leyes y
fuerzas de la naturaleza se encontraría una
potencia de carácter espiritual. 2. Al
afirmar que la ciencia conduce a un
sentimiento religioso de tipo especial,
Einstein ha invertido, al parecer sin darse
cuenta, el orden causal originario, porque
antes nos dijo que la ciencia se origina en
este sentimiento religioso de tipo especial,
no que lleve a él.
Pero,
como veremos a continuación, esta no es la
única mues- tra de que Einstein no tuvo una
posición completamente unívoca y
consistente frente a la cuestión del origen
religioso de la ciencia. Una posición
|