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Grandes
Autores
La
vida de las hormigas
Mauricio
Maeterlinck
-
19.11.2001
-
“Cuanto
más atractivo tienen para mí las
maravillas de la Naturaleza, menos tentado
me siento a modificarlas con ensueños de la
imaginación”.
...En
las ciencias no hay jerarquías.
La mirmecología es una de aquéllas,
y de las que más cerca siguen los límites
más sutiles de los problemas más trágicos
y más desconsoladores. Desde cierto punto
de vista, el más humilde hormiguero,
abreviado por nuestros propios destinos, es
más interesante que el más formidable
conjunto globular de nebulosas extragalácticas
en el que bullen millones de mundos,
miles de veces mayores que nuestro
Sol. El hormiguero nos ayudará más pronto
y más eficazmente a descifrar el
pensamiento y la intención oculta de la
Naturaleza y algunos de sus secretos , que,
en la Tierra y en el Cielo son en todos los
casos idénticos.
Para
que nos interesen cuanto es debido y
necesario esas vidas, que no están en
nuestra escala , supongamos que se trata de
la historia de una raza prehumana
que hubiera existido en la Tierra
miles de millones de años antes que
nosotros. Nada
nos revela que no las haya habido
como tampoco nos afirma ningún síntoma
que no haya de surgir una raza poshumana
miles o millones de años después de que
desaparezca la nuestra. En la infinitud del
tiempo , el pasado y el porvenir son
intercambiables
El
hormiguero debe ser considerado como un
individuo único cuyas células (al
contrario como lo que ocurre
con las de nuestro cuerpo que tiene
sesenta trillones
aproximadamente ) no están aglomeradas,
sino, disociadas, diseminadas,
exteriorizadas, sin dejar de permanecer
sometidas , a pesar de su aparente
independencia, a la misma ley central. También
es posible q
ue se descubra cualquier día una red
de relaciones electromagnéticas, etéreas o
psíquicas de las cuales apenas si tenemos
una muy vaga
noción.
Por
lo demás, examinando más las cosas de
cerca, nuestros sesenta trillones de células,
aunque encerradas en nuestro cuerpo , están,
relativamente
tan diseminadas como los millares de
abejas, de termes o de hormigas cuando salen
de sus viviendas .Las distancias entre
nuestras células son proporcionadas a su
tamaño o por lo menos al tamaño de los
electrones que forman su alma...
Somos
solamente
un ser colectivo,
una colonia de células sociales,
pero ignoramos quién manda ,dirige,
reglamenta y armoniza la actividad
prodigiosamente compleja y diseminada
de nuestra vida orgánica, base de
una manifestación accesoria, tardía,
precaria y efímera. Si no conocemos y no
vemos nuestro propio misterio ,que parece
saltarnos a
la vista ¿ cómo hemos de confiar en
descubrir el gran misterio análogo que se
oculta en las colonias de los insectos
sociales?
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