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Para
pensar
La
transparencia del mal
Jean
Baudrillard
-
12.11.2001
-
...¿
Es posible que todo sistema, todo individuo
contenga la pulsión secreta de liberarse de
su propia idea, de su propia esencia, para
poder proliferar en todos los sentidos,
extrapolarse en todas direcciones? Pero las
consecuencias de esta disociación sólo
pueden ser fatales. Una cosa que pierde su
idea se como el hombre que ha perdido su
sombra; cae en un delirio en el que se
pierde.
Aquí
comienza el orden, o el desorden metastásico,
de desmultiplicación por contigüidad, de
proliferación cancerosa.
...Tiempo
atrás, el cuerpo fue metáfora del alma,
después fue la metáfora del sexo, hoy ya
no es la metáfora de nada, es el lugar de
la metástasis, del encadenamiento maquinal
de todos sus procesos, de una programación
al infinito sin organización simbólica,
sin objetivo trascendente,
en la pura promiscuidad por sí misma que también
es la de las redes y los circuitos
integrados.
¿Acaso,
de igual manera, el éxito de la comunicación
y de la información no procede de la
imposibilidad para la relación social de
superarse en tanto relación alienada? A
falta de redoblarse en la comunicación, se
multiplica en la multiplicidad de las redes
y cae en la indiferencia de éstas. La
comunicación es más social que lo social,
es lo hiperrelacional, la socialidad
superactiva por las técnicas de lo social.
Ahora bien, lo social en su esencia no es
eso.
Al
banalizar la interfaz, la comunicación
conduce la forma social a la indiferencia.
La utopía de una sociedad comunicacional
carece de sentido, ya que la comunicación
resulta precisamente de la incapacidad de
una sociedad de superarse hacia otros fines.
Lo mismo ocurre con la información: el
exceso de conocimientos se dispersa
indiferentemente por la superficie en todas
direcciones, pero no hace más que conmutar.
El
silencio está expulsado de las pantallas,
expulsado de la comunicación. Las imágenes
mediáticas ( y los textos mediáticos son
como las imágenes) no callan jamás: imágenes
y mensajes deben sucederse sin
discontinuidad. Ahora bien, el silencio es
precisamente este síncope en el circuito,
esta ligera catástrofe, este lapsus que, en
la televisión por ejemplo, se vuelve
altamente significativo- ruptura cargada a
la vez de angustia y de júbilo-, al
sancionar que toda comunicación sólo es en
el fondo un guión forzado, una ficción
ininterrumpida que nos libera del vacío, el
de la pantalla, pero también del de nuestra
pantalla mental, cuyas imágenes acechamos
,con la misma fascinación. La imagen del
hombre sentado, y contemplando, un día de
huelga, su pantalla de televisión vacía,
será algún día una de las más hermosas
imágenes de la antropología del siglo XX .
...Todo
se sateliza, podría decirse incluso que
nuestro propio cerebro ya no está en
nosotros, sino que flota alrededor de
nosotros en innumerables ramificaciones
hertzianas de las ondas y los circuitos.
No
es ciencia ficción, es simplemente la
generalización de la teoría de McLuhan
sobre las “extensiones del hombre” La
totalidad del ser humano, su cuerpo biológico,
mental, muscular, cerebral, flota en torno a
nosotros bajo forma de prótesis mecánicas
o informáticas.
...Estamos
en la sociedad de la proliferación, de lo
que sigue creciendo sin poder ser medido por
sus fines.
...Sólo
es comparable al proceso de las metástasis
cancerosas: la pérdida de la regla del
juego orgánico de un cuerpo posibilita que
un conjunto de células pueda manifestar su
vitalidad incoercible y asesina, desobedecer
las propias órdenes genéticas y proliferar
infinitamente.
...La
náusea de un mundo que prolifera, que se
hipertrofia y que no llega a parir.
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