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SCHOPENHAUER
Y FREUD
Christopher Young &
Andrew Brook
International
Journal of Psychoanalysis, 75, pp.
101-18.
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Institute of
Interdisciplinary Studies
Carleton
University
OTTAWA, Canada
K1S 5B6 |
Traducción
al castellano de la versión
original en inglés:
Miguel Ángel de la Cruz
Vives
Catedrático de Filosofía
I.E.S.
Arquitecto Peridis
Leganés
(Madrid)
|
Los autores quieren agradecer al Dr. Vann
Spruiell, editor para Norteamérica, y
otros comunicantes anónimos del Journal
sus valiosas sugerencias y comentarios.
Resumen
Un cuidadoso análisis de la obra
central de Schopenhauer, El mundo como
voluntad y representación, muestra
que muchas
de las más características ideas de
Freud habían sido anticipadas por
Schopenhauer. Cualquier pensador expresa
siempre algo
de la cultura de su tiempo, por supuesto,
pero los paralelismos encontrados entre
Freud y Schopenhauer van más allá de la
influencia cultural. El concepto
schopenhauriano de voluntad contiene los
fundamentos de lo que en Freud llegarán a
ser los
conceptos del inconsciente y del Ello. Los
escritos de Schopenhauer sobre la locura
anticipan la teoría de la represión de
Freud y su primera teoría sobre la
etiología de las neurosis. La obra de
Schopenhauer contiene aspectos de lo que
llegará a ser
la teoría de la libre asociación. Y lo
que es más importante, Schopenhauer
anticipa la mayor parte de la teoría
freudiana de la
sexualidad. Estas correspondencias
plantean algunas interesantes dudas sobre
la afirmación de Freud de que él no había
leído a Scopenhauer hasta los últimos años de
su vida.
"En el Espíritu del tiempo [Zeitgeist]
de cada época hay un afilado viento del
este que sopla a través de todas las cosas. Yo puedo encontrar
huellas de ello en todo lo que se ha
hecho, pensado y escrito, en la música y en la pintura, en el
florecimiento de este o aquel arte: deja
su marca sobre todas las cosas y sobre cada uno"
(Arthur Schopenhauer).
En el siglo XIX, algunos temas
generales eran muy frecuentes en el mundo
de habla alemana, y ninguno de ellos más
que el de
la voluntad y la conciencia. Estos temas
pueden haber alcanzado en Freud su máximo
desarrollo, como algunos han sugerido,
pero no tienen su comienzo en él ni
tampoco en Nietzsche. Para encontrar sus
orígenes y los primeros planteamientos
claros
debemos retroceder al menos hasta el insólito
y misantrópico filósofo Arthur
Schopenhauer. En éste encontramos no sólo
una
anticipación de algunas de las más
características ideas de Freud sino una
sorprendente articulación completa de
ellas. Es de
conocimiento general, por supuesto, que
Schopenhauer anticipó de algún modo a
Freud (nosotros examinamos algunas
discusiones de esta relación más
adelante). Ciertamente, el propio Freud
reconocía esto, aunque con una curiosa
ambivalencia
a la que retornaremos más tarde. Sin
embargo, las correspondencias son más
extensas y detalladas de lo que se sabe
corrientemente. La razón de que no se
haya reparado en ello puede ser que es
necesario una exhaustiva y cuidadosa
lectura de
los textos de Schopenhauer para
descubrirlo, y que nosotros sepamos nadie
ha hecho un estudio semejante. Tenemos el
propósito de hacer esto, al menos en
parte, en este artículo.
Cuando recordamos que Freud había
afirmado que no había leído a
Schopenhauer hasta "muy avanzada
mi vida" (1925a, pág. 29), un análisis
semejante adquiere mayor interés. (Como
señalamos más adelante, se refiere a
alrededor de 1915, cuando tenía ya 59 años).
Freud pudo haber adquirido por otras vías
una formación general sobre las ideas de
Schopenhauer en su juventud, por supuesto
-durante los años de juventud de Freud,
Schopenhauer era el filósofo más
discutido en el mundo de habla alemana-,
pero la amplitud de las correspondencias
entre sus puntos de vista son asombrosas.
En cualquier caso, como hemos descubierto
con sorpresa, en los escritos de Freud
anteriores a la época en que afirma haber
leído a Schopenhauer existen detalladas
referencias a él. Por ejemplo, La
interpretación de los sueños (1900)
alude a la obra de aquel en tres
ocasiones. Ciertamente, el Espíritu del
tiempo (Zeitgeist), en los términos
del su propio aforismo de Schopenhauer,
sopla "como un afilado viento del
este" a través de la época de
Freud; pero las evidencias sugieren que
Freud estaba más directamente
influenciado por él de lo que reconoce más
tarde. Un curioso estado de la cuestión.
Queremos limitarnos a las
correspondencias en la doctrina psicológica
de los dos pensadores, aunque también hay
otras
semejanzas entre sus puntos de vista, por
ejemplo en la ética y la estética.
Veamos en primer lugar el concepto de
voluntad en
Schopenhauer. Pensado como un concepto
metafísico, la "voluntad"
de Schopenhauer es sorprendentemente
semejante a los
primeros estímulos endógenos de Freud y
más tarde del Ello. Por otra parte, la
doctrina de Schopenhauer contiene una
clara
anticipación de los procesos primarios y
la sexualidad es tan central en él como
en la posterior teoría del Ello de Freud.
Además, Schopenhauer también identificó
un proceso que no es solamente semejante
al posterior concepto freudiano de
represión sino que lo expresa incluso en
un lenguaje similar, e intentó seguir el
rastro de una etiología de la locura.
Aunque
fracasó en su empeño, prefigura la
primera teoría de las neurosis de Freud;
Schopenhauer vio la locura como enfermedad
mental en mayor medida de lo que se
acostumbraba en su época. Por último, su
concepto del hilo de la memoria y su noción
de asociación como método para recuperar
recuerdos y sueños perdidos anticipan
aspectos de posteriores ideas freudianas.
Antes de examinar estas correspondencias,
repasemos brevemente las opiniones de
otros autores.
Como hemos dicho anteriormente, muchos
escritores han notado muchos paralelismos
entre Schopenhauer y Freud,
especialmente en lo que se refiere a sus
puntos de vista sobre ética y estética.
Su común pesimismo es un ejemplo bien
conocido. Bischler (1939), uno de los
primeros estudios, es típico a este
respecto: restringe sus comentarios a las
semejanzas
en el pesimismo de ambos y a sus
posiciones éticas y estéticas. Para él,
la semejanza más importante es que puede
encontrarse
en ambos "el mismo sombrío
realismo que busca las raíces de la
espiritualidad humana en oscuras fuerzas
primitivas e
instintivas" (1939, p. 88).
Sin embargo, pasa de largo de las
semejanzas entre su psicología. excepto
algunos comentarios
sobre sus teorías sobre el amor, en donde
se centra más en las divergencias que en
las semejanzas. Hay unos pocos estudios
que se refieren específicamente a las
semejanzas en la psicología. Proctor-Greg
(1956) es uno de los primeros. Encuentra
semejanzas en su tratamiento de las
enfermedades mentales, aunque de manera
concisa, y señala ciertas
correspondencias
entre aspectos de la psicología de
Schopenhauer y el modelo topográfico de
Freud. Como Bischler, también indica los
paralelismos en la ética y la estética.
El primer estudio significativo fue
realizado por Ellenberger, en su clásica
historia de la psicología dinámica de
1970. Subraya
en varias ocasiones las ideas psicológicas
de Schopenhauer e insta a que sea incluido
"definitivamente entre los
antecesores
de la moderna psiquiatría dinámica"
(1970, p. 205). También menciona con
aprobación la interesante afirmación de
Foerster de que "nadie debe
ocuparse del psicoanálisis sin antes
haber estudiado profundamente a
Schopenhauer"
(1970, p. 542). En general, ve a
Schopenhauer como el primero y más
importante del gran número de filósofos
del
inconsciente del siglo XIX, y concluye que
"no cabe la menor duda de que el
pensamiento de Freud es uno de ellos"
(1970, p. 542). No obstante, Ellenberger
intenta abarcar por completo el siglo XIX,
por lo que su tratamiento de un
determinado pensador es necesariamente
apresurado.
El ensayo de Gupta de 1980 es también
una notable contribución. Afirma que "en
los escritos de Schopenhauer se
encuentran muchas penetrantes ideas que
más tarde fueron desarrolladas y
elaboradas por Freud" (1980, p.
226). En
lo que se refiere a la psicología, Gupta
encuentra semejanzas entre la voluntad de
Schopenhauer y el Ello de Freud (1980, pp.
226-8), y entre las ideas pioneras de
Schopenhauer sobre la sexualidad y las
posteriores ideas de Freud. También señala
que
"Schopenhauer llegó cerca de la
teoría de la racionalización de Freud"
(1980, p. 226), indicando que Schopenhauer
anticipó la noción de represión e hizo
la penetrante observación de que "ambos
consideran que la represión excesiva
deteriora la personalidad humana" (1980,
p. 231). Además observa que ambos
consideran la importancia capital de la
infancia en la formación de la posterior
personalidad (1980, pp. 231-2). Estas
observaciones son importantes aunque no
agotan el tema. Además, Gupta ofrece
pocas pruebas de las afirmaciones que
realiza.
Observemos que la relación con Freud
ha sido realizada por muchos autores que
se han ocupado de Schopenhauer. Gardiner
(1963) contiene breves referencias a la
descripción de Schopenhauer de la represión
y a la semejanza entre la voluntad y el
inconsciente freudiano, por ejemplo. También
indica la relación entre la doctrina de
la sexualidad de Schopenhauer y la de
Freud. De modo similar, en su libro de
1989, Magee indica varias semejanzas entre
Schopenhauer y Freud, observando que
"muchas de las ideas que
constituyen el núcleo del pensamiento de
Freud están completa y claramente en
Schopenhauer" (1989, p. 283).
También expresa la opinión de que era
imposible que Freud fuera tan
independiente de la
influencia de Schopenhauer como afirmaba,
cuestión que examinaremos más adelante.
Por último, Thomas Mann hizo alguna
vez algunas profundas observaciones sobre
el tema. Desde su punto de vista,
Schopenhauer, como psicólogo de la
voluntad, es el padre de toda la psicología
moderna. Desde él parte una línea que, a
través del radicalismo psicológico de
Nietzsche, va directa hasta Freud y los
hombres que construyeron su psicología
del
inconsciente y la aplicaron a las ciencias
de la mente [1968, 408]. Mann observa
muchos puntos de coincidencia entre
Schopenhauer y Freud, desde semejanzas en
sus perspectivas psicológicas generales
hasta semejanzas entre la voluntad y el
intelecto de Schopenhauer y el Yo y el
Ello de Freud. Mann hizo estos
comentarios, muy interesantes, en un
discurso sobre
el ochenta aniversario de Freud.
Uno de los propósitos de nuestro artículo
es aportar algún fundamento a este tipo
de afirmaciones que hemos esquematizado.
Volvamos ahora a la noción de voluntad de
Schopenhauer. Como vemos, su psicología
se desarrolla directamente a partir de
esta noción, especialmente sus doctrinas
de que la sexualidad penetra toda la
motivación humana y que el intelecto es
secundario respecto a la voluntad. Para
Schopenhauer la voluntad es fundamental.
Ella subyace y anima a todos los fenómenos
(todo lo que se puede observar o lo que
llamamos el mundo objetivo). De acuerdo
con Schopenhauer, podemos saber algo de
la voluntad a partir de la conciencia de
nuestra propia volición; la volición
individual es simplemente una manifestación
limitada
de la misma voluntad que se manifiesta en
todo el mundo objetivo. Desde el punto de
vista de Schopenhauer la voluntad está
en lucha continua y todas sus múltiples
manifestaciones en este mundo están
eternamente compitiendo por alcanzar
alguna
satisfacción, éste es el fundamento de
su pesimismo. Dejando a un lado las
funciones metafísicas que le asigna
Schopenhauer,
examinemos lo que vio en sus
manifestaciones en la voluntad de los
seres humanos individuales.
Schopenhauer piensa que
la voluntad misma es inconsciente, pero
que se manifiesta en el deseo sexual y en
el "amor a la
vida" de los seres humanos.
Ambos son manifestaciones de una voluntad
de vivir subyacente. Freud toma prestada
esta
imagen de dos instintos enraizados en una
única voluntad de vivir y la mantiene sin
cambios hasta 1923 por lo menos. Para
ambos, la sexualidad es la más fuerte de
los dos, "la más perfecta
manifestación de la voluntad de
vivir" (1844, 2, pág.
514). Ciertamente, Schopenhauer llegó tan lejos
como para afirmar que el ser humano es
impulso sexual concreto por cuanto su
origen es un acto de copulación y este
impulso por sí solo perpetúa y mantiene
por completo su existencia fenoménica
[1844, 2, 514].
Y también: "El instinto sexual
es el más vehemente de todos los anhelos,
el deseo de los deseos, la concentración
de
toda nuestra voluntad" (1844,
2, p. 514). Como muchas de sus ideas, las
opiniones de Schopenhauer sobre el poder
del
deseo sexual están expresadas en un
lenguaje metafísico. De hecho, muestra
sus afirmaciones sobre la sexualidad como
simples inferencias del constructo metafísico
de la voluntad. Cuando la voluntad se
manifiesta por sí misma en la forma de
una
criatura viva, tiende a perpetuarse a sí
misma de acuerdo al método de reproducción
de la criatura. Así, la sexualidad es
fundamental para la voluntad de
perpetuarse a sí mismo. Es "la más
completa manifestación de la voluntad de
vivir, su
carácter más claramente
expresado" (1844, 2, p. 514).
Para Schopenhauer, la sexualidad es "la
más decidida y poderosa
afirmación de la vida por el hecho de
que para el hombre en su estado natural,
como para el animal, es la finalidad de
su vida y su meta más elevada"
(1819, 1, p. 329). Debido a que la
conducta sexual es la más poderosa
afirmación de la
vida y la más completa manifestación de
la voluntad de vivir, Schopenhauer se
refiere a los genitales como "el núcleo
central
de la voluntad" (1844, 2, p.
514), esto es, la más clara manifestación
física de lo que la voluntad quiere
alcanzar en el mundo
físico. La conducta sexual "fluye
desde las profundidades de nuestra
naturaleza" (1844, 2, p. 511).
Estas doctrinas anticipan de modo
contundente las ideas de Freud sobre la
sexualidad. Como la teoría de Freud,
destacan la
importancia y la universalidad de la
conducta sexual; para Schopenhauer, la
sexualidad es la más poderosa parte de
prácticamente la totalidad de la motivación
humana, y sus ilustraciones de las
manifestaciones de esta conducta parecen
un
resumen de la teoría de Freud.
Schopenhauer incluso amplió antes que
Freud el dominio de la sexualidad más allá
de la
procreación e incluso más allá del
orgasmo y el placer genital. Ambos
llegaron a usar el término para describir
prácticamente la
totalidad del placer adquirido de
cualquier manera, aunque creemos que Freud
llegó mucho más lejos que Schopenhauer.
Schopenhauer encontró manifestaciones
del impulso sexual allí donde nunca se
había pensado que existiera. Veamos este
notable pasaje:
Todo esto corresponde al importante papel
que juega la relación sexual en el mundo
humano, donde es
realmente el centro invisible de toda acción
y conducta, y se puede atisbar por todas
partes a pesar de los
velos que lo cubren. Es la causa de la
guerra y la meta y objeto de la paz, el
fundamento de lo serio y la
finalidad de lo jocoso, la fuente
inagotable del ingenio, la clave de todas
las alusiones y el significado de
todas las insinuaciones misteriosas, de
todas las proposiciones tácitas y todas
las miradas robadas; es la
;
meditación diaria del joven y a menudo
también del anciano, el pensamiento
permanente del impúdico e
incluso a menudo aparece en la imaginación
del casto contra su voluntad, el material
siempre disponible
de la broma precisamente porque lo
profundamente serio está situado en su raíz
(1844, 2, p. 513,
traducción ligeramente modificada).
Este pasaje no es el único. Veamos
este otro:
Próximo al amor a la vida, [el amor
sexual] se muestra a sí mismo... como el
más poderoso y activo de
todos los motivos e incesantemente reclama
la mitad de los poderes y pensamientos de
la parte más joven
de la humanidad. Es la meta final de casi
todo esfuerzo humano; tiene una
desfavorable influencia sobre
los asuntos más importantes, interrumpe
continuamente las ocupaciones más serias
y a veces deja
perplejas por un tiempo incluso a las
grandes mentes. Parece no dudar en
introducirse con su morralla e
interferir en las negociaciones de los
hombres de Estado y las investigaciones de
los eruditos. Sabe como
deslizar sus cartas de amor y sus rizos
incluso en los portafolios ministeriales y
los manuscritos filosóficos
[1844, 2, 533].
De este modo, Schopenhauer sigue el
rastro de las ubicuas manifestaciones del
instinto sexual. Incluso el amor más
sublime es
esencialmente sexual: "incluso en el
caso de enamoramiento objetivo y por muy
sublime que la admiración pueda
parecer, a lo único que tiende es a la
generación de un individuo..."
(1844, 2, p. 535).
De modo parecido:
...toda naturaleza amorosa está enraizada
sólo en el impulso sexual, es de hecho
tan solo más
determinada y especializada y, por
supuesto, en sentido estricto, impulso
sexual individualizado, no
importa lo etéreamente que se muestre a sí
misma [1844, 2, 533].
Estos pasajes están tan en la línea
del psicoanálisis que es difícil creer
que su autor hubiera muerto ya en la época
en que Freud
comenzaba a ir al colegio. Ciertamente,
sin el respaldo clínico y teórico que
Freud aportó varias décadas más tarde,
habrían
parecido increíbles a la mayor parte de
los lectores.
Como hemos dicho, Schopenhauer, como más
tarde Freud, amplió el término
'sexualidad' y otros análogos a un
conjunto de
fenómenos mucho más amplio que los
habituales en el discurso ordinario.
Ampliaron drásticamente las motivaciones
y las
actividades 'sexuales' hacia motivaciones
y actividades en las que no se encontraba
corrientemente nada sexual. Schopenhauer
al menos mantuvo alguna conexión con lo
orgásmico y lo genital (la sexualidad en
sentido ordinario). Si la voluntad es el
fundamento de todas las cosas, incluye a
todos los instintos y por consiguiente es
mucho más amplia que la sexualidad
normal,
sus manifestaciones son sexuales al menos
en sentido ordinario. Freud llegó mucho más
lejos ya que no sólo amplió el ámbito
de lo sexual sino que amplió el propio
concepto, declarando como sexuales a
muchas cosas que no tenían en absoluto
ninguna
conexión obvia con lo orgásmico o el
placer genital. Como él mismo admite: "al
psicoanálisis se le reprocha
frecuentemente
por haber extendido el concepto de lo
sexual más allá del uso común. El hecho
es incontestable..." (1910b, p.
222).
De hecho, la ampliación hecha por
Freud del concepto de sexualidad es mucho
más complicada que en Schopenhauer.
Cierto
número de ideas procedentes de distintas
fuentes contienden en el uso freudiano del
término 'sexualidad'. Como resultado,
utilizó el término 'sexualidad' al menos
de tres formas diferentes e incompatibles.
Algunas veces por 'sexualidad' se refiere
como la noción ordinaria al placer
genital y al orgasmo, a las actividades
relacionadas con el placer genital y sus
desviaciones.
Este es el uso más restringido y es el
que emplea cuando habla, por ejemplo, de
la pérdida de interés sexual que la
castración
causa al "aniquilar los caracteres
sexuales" por completo (1920, p.
214). Sin embargo, también usó el término
de forma
ampliada de dos modos diferentes. En uno
de ellos, consideró a todos los placeres
sensuales como sexuales por su conexión
con el placer genital y/o orgásmico
(1916-1917, pp. 323-5), incluso el "corriente
afecto" de la ternura (1925a, p.
38), en la
que ve un residuo del placer sexual
infantil (1905, p. 200)). Aquí separa
explícitamente lo sexual de lo genital, o
lo desconecta
en gran medida (1905, p. 180; ver 1913, p.
323; 1925a, p. 38). En este sentido de
'sexual', hay muchos placeres sexuales que
la castración no puede eliminar, así que
resulta desconcertante cómo puede Freud
considerarlo todo en conjunto (1905, p.
233). En el uso más amplio de los tres,
el término 'sexual' se refiere a lo que
Platón llama Eros: todas las fuerzas que
impulsan
la vida, crean estructura y componen el
material físico.
Estas concepciones rivales aparecen
confrontadas en el último párrafo del
famoso Prefacio de 1920 a la cuarta edición
de Tres
Ensayos de Teoría Sexual (1905).
Aquí, Freud también pone en relación su
punto de vista con el de Schopenhauer:
..parte del contenido de este libro -su
insistencia en la importancia de la
sexualidad en todas las
realizaciones humanas y el intento de
ampliar el concepto de sexualidad- se
refiere a lo que constituye el
primer y más enérgico motivo de la
resistencia contra el psicoanálisis...
Podríamos asombrarnos de ello
[...] Porque hace algún tiempo que Arthur
Schopenhauer... mostró a la humanidad la
magnitud en que sus
actividades estaban determinadas por los
impulsos sexuales -en el sentido ordinario
de la palabra. [...] Y
por lo que respecta al 'ensanchamiento'
del concepto de sexualidad..., cualquiera
que contemple con
desprecio el psicoanálisis desde una
posición de superioridad debería
recordar cuán estrechamente
coincide la ampliación de la sexualidad
en el psicoanálisis con el Eros del
divino Platón [1905, p. 134;
'divino Platón' era el modo cómo se
refería también Schopenhauer a Platón
(1844, 1, p. XV.)].
Sorprendentemente ningún concepto de
sexualidad ampliada de este modo se
encuentra en ninguna parte de los Tres
Ensayos.
Mucho más se podría decir sobre la
concepción o las concepciones de la
sexualidad en Freud, por supuesto, pero
incluso
nuestro precipitado examen es suficiente
para mostrar que Schopenhauer anticipa las
ideas de Freud sobre el tema de un modo
interesante. La aseveración de
Schopenhauer sobre las ubicuidad de la
sexualidad en los asuntos humanos es
particularmente
elocuente.
Sobre cómo la gente hace frente a la
fuerza impetuosa del deseo sexual,
Schopenhauer anticipa nuevamente a Freud.
Su
explicación de cuan lejos llegan los
seres humanos al negar el poder de la
sexualidad es tan sarcástica como la de
Freud:
Este es... el elemento picante y el
motivo de chanza de todo el mundo, que
la preocupación principal de todo
hombre es perseguida secretamente y
ostensiblemente ignorada tanto como es
posible. Pero, de hecho, a cada momento
la vemos asentarse como el verdadero y
hereditario señor del mundo, con toda
la plenitud de su fuerza, en el
ancestral trono, dirigiendo desde allí
desdeñosas miradas y carcajadas ante
los preparativos que se han hecho para
sojuzgarla, para aprisionarla o, al
menos, para limitarla y ocultarla si es
posible, o para dominarla de modo que
aparezca como una preocupación
subordinada y secundaria de la vida
[1844, 2, p. 513].
Los dos están de acuerdo también en otro
punto. Como Freud, Schopenhauer trató la
sexualidad desde dos diferentes
perspectivas: la individual y la de la
especie. Como él escribe: "Es
verdad que la voluntad de vivir se
manifiesta
primeramente como un esfuerzo por
mantener lo individual; no obstante, es sólo
una etapa en el esfuerzo por
mantener la especie" (1844, 2,
p. 514). En Freud la misma perspectiva
dualista adquiere esta forma:
"Desde un punto de vista, lo
individual es lo principal, la sexualidad
es una de sus actividades y la
satisfacción sexual es una de sus
necesidades; aunque desde otro punto de
vista, lo individual es un
apéndice temporal y transitorio del casi
inmortal plasma germinal que le confía el
proceso de generación
[1915a, p. 125].
Aunque ambos están de
acuerdo en muchas cosas respecto de la
sexualidad, no concuerdan en todo. En
particular,
Schopenhauer no piensa que haya algo
semejante a la sexualidad infantil. De
hecho, atribuye la felicidad de los jóvenes
al
hecho de que el impulso sexual, tan "preñado
de maldad, no existe en el niño...; de
aquí procede el carácter de
inocencia, inteligencia y
sensatez" que encontramos en los
niños (1844, 2, p. 395). Como respuesta
podríamos decir que
las zonas sensuales y los placeres de la
teoría de la sexualidad infantil de Freud
son sexuales sólo en sentido ampliado del
término al que nos hemos referido antes.
Freud no creyó que la sexualidad infantil
tuviera como objetivo la descarga orgásmica
o que fuera genital como cualquier otra
-precisamente, sus fases del desarrollo
psicosexual están específicamente
construidas
para negar este punto de vista. Siendo así,
puede a veces parecer como si la
'sexualidad' infantil fuera poco más que
'placer
orgánico', sensualidad corporal en
general (ver a este respecto 1916-1917,
pp. 323-5). Una lectura tan minimalista
quiere
seriamente quitar importancia a la
originalidad de su teoría; sin embargo,
para Freud, los instintos y las zonas erógenas
son
sexuales en un sentido mucho más fuerte
-ellas constituyen el origen de la
sexualidad genital en el organismo humano.
A la luz de este
desacuerdo sobre la sexualidad infantil,
es interesante que ambos estén de acuerdo
sobre la importancia
decisiva de la infancia sobre la vida
adulta. Como Freud señala, "el niño
es el padre psicológico del adulto y...
los
acontecimientos de los primeros años
tienen una importancia suprema para toda
la vida posterior" (1940a, p.
187).
Hay pocas ideas por las que sea Freud más
conocido. No muchos saben que Schopenhauer
tenía el mismo punto de vista:
...las experiencias y adquisiciones de la
infancia y la primera juventud llegarán a
ser más tarde las
características más señaladas del
posterior conocimiento y experiencia,
[...] Así, los sólidos cimientos de
nuestro conocimiento del mundo se forma en
los años de la infancia más o menos
profundamente: después
es cristalizado y completado, pero no
esencialmente alterado [citado
en McGill, 1971 (3) ].
Existe un paralelismo entre
Schopenhauer y Freud también sobre
cuestiones teóricas. Ambos muestran la
misma indefinición
sobre si hay una o dos clases
fundamentales de motivadores, un
inconveniente que trae de cabeza a Freud
en 1920.
Schopenhauer distingue frecuentemente
entre la conducta sexual y el
"amor a la vida": "Después
del amor a la vida", dice, el
amor sexual es "el más poderoso y
activo de todos los motivos..." (1844,
2, p. 533, subrayado nuestro). Pero también
utiliza al mismo tiempo una indiferenciada
noción de la voluntad. Incluso cuando las
ve como dos manifestaciones separadas de
la voluntad, como Freud cuando todavía ve
la libido y el instinto de conservación
como descarga de estímulos endógenos o
huida ante los estímulos exógenos
excesivos. Cosa rara, el único
paralelismo que Freud reconoció entre él
y Schopenhauer no
concierne a la teoría, anterior a 1920,
de la libido y el principio de conservación
como conductas separadas, pero su teoría
posterior a 1920 fusiona los dos bajo el
concepto de Eros al que opone el recién
introducido instinto de muerte en Más allá
del principio de placer. Por cierto, Freud
conecta allí ambas partes de su nueva
doctrina con Schopenhauer. Considera el
comportamiento sexual como fundamental
para el Eros, "los verdaderos
instintos de vida" (1920, p. 40),
y luego conecta
este concepto ampliado con Schopenhauer
(1920 Prefacio a Tres Ensayos,
citado arriba). De modo semejante, cuando
introduce su controvertido instinto de
muerte (1920), dice que
Hemos dirigido inconscientemente
nuestro rumbo hacia el puerto de la
filosofía de Schopenhauer. Para él
la muerte es el "verdadero resultado
y el verdadero propósito de la
vida", aunque el instinto sexual es
la
encarnación de la voluntad de vivir. [1920,
p. 50]
Todo esto resulta curioso. Primero,
Schopenhauer nunca enlazó la sexualidad
con el deseo de autoconservación del
mismo
modo que Freud hace ahora. En segundo
lugar, nunca postuló una conducta
positiva hacia la muerte. Era ya
suficientemente
malo que la muerte fuera el resultado
inevitable de la vida; no postulaba en
modo alguno que debiera ser buscada. En
resumen, Freud primero reconoció el
paralelismo entre su teoría de la
conducta y la de Schopenhauer sólo hasta
el punto en
que dejasen de existir.
Volvamos ahora a la relación entre la
voluntad y el entendimiento. Según
Schopenhauer, la voluntad debe objetivarse
en el
mundo para satisfacer sus contradicciones.
Al obrar así, crea por sí misma un
entendimiento apropiado a sus necesidades.
de
este modo, el entendimiento es secundario
respecto de la voluntad y está
subordinado a sus demandas. Al poner las
bases del
entendimiento, la voluntad "lo
regula, lo guía, le incita a ulteriores
esfuerzos; en resumen, le insufla una
actividad que no
le era inherente" (1844, 2, p.
213, ver p. 224). Esto condujo a
Schopenhauer a la idea de que el
entendimiento no era tan
racional como se suponía anteriormente;
la voluntad dictaba, de forma invisible,
lo que la mente deseaba, creía y pensaba.
Anteriormente se suponía que nuestros
estados de conciencia y nuestras
decisiones eran producto de los procesos
de
razonamiento. Schopenhauer afirma que
tales estados tienen su origen en la
voluntad. Casi podemos escuchar a Freud:
"el
Ego acostumbra a convertir en acción la
voluntad del Ello como si fuera la suya
propia" (1923, p. 25). Schopenhauer
no fue el primero que tomó este camino;
recordemos el dicho famoso de Hume de que "la
razón es y debe ser la esclava de
las pasiones". sin embargo,
Schopenhauer dio a la voluntad una mayor
importancia que cualquier otro pensador
anterior. En
particular, construyó por completo su
modelo de la psique a partir de ella.
Freud, por supuesto, compartía la opinión
de
Schopenhauer de que "el
entendimiento es totalmente
secundario" en el funcionamiento
de la mente: "el ego no es el
dueño de su propia casa"
(1917, p. 143). Más aún, ambos ven que
el entendimiento realiza con presteza las
demandas de la
voluntad como si fueran las suyas propias.
Schopenhauer fue incluso consciente del
fenómeno de la racionalización. No
formuló explícitamente el concepto pero
es parte integrante de su opinión de que
el entendimiento toma prestados lo que en
realidad son motivos de la voluntad como
si fueran propios y los justifica como si
su origen fuera sus propios procesos de
toma
de decisiones.
La teoría de Schopenhauer de la primacía
de la voluntad contiene incluso una
anticipación de la noción freudiana de
que los
niños comienzan la vida totalmente
aislados, descargando energía ciegamente
a impulsos de un proceso primario salvaje.
Los
recién nacidos se agitan violentamente,
gritan y lloran; desean vehementemente
aunque no saben todavía lo que desean.
Actúan
los motivos cuando el entendimiento está
todavía sin desarrollar. La voluntad
opera en la oscuridad sobre el mundo
externo en
el que encuentran sus objetos; y se
encoleriza como un prisionero contra los
muros y los barrotes de su prisión. Sin
embargo,
la luz llega gradualmente; de inmediato
los rasgos fundamentales de la universal
voluntad humana, y al mismo tiempo sus
modificaciones individuales fundadas en
ella, se muestran a sí mismas [1844, 2,
pp. 234-235].
Comparémoslo con
Freud. El niño deja traslucir su displacer cuando se
produce un incremento de los estímulos y
una ausencia de satisfacción por medio de la descarga
motora de sus gritos y de la agitación de
sus brazos y piernas [1911,
p. 220n.].
Freud piensa que "el niño
tiene entonces alucinaciones en las que se
produce la satisfacción. Cuando la
satisfacción esperada no ocurre, el
aparato psíquico tiene que formar una
concepción de las circunstancias reales
en el mundo externo y empeñarse en
producir una alteración del mismo"
(1911, p. 220). El principio de realidad,
que es un proceso secundario, y el Ego han
nacido. (1970, p. 59).
Leemos de nuevo en
Freud:
estamos obligados a suponer que una
unidad semejante al Ego no puede
existir... desde el principio; el Ego debe
desarrollarse. Los instintos autoeróticos,
sin embargo, están presentes desde el
principio; debe añadirse algo al
autoerotismo... para poder llegar al
narcisismo [1914b, p. 76].
Podemos... concluir que los instintos y
los estímulos internos son la verdadera
fuerza de motivación que opera en la
evolución que conduce al sistema
nervioso, con sus capacidades ilimitadas,
hasta alcanzar su alto nivel de desarrollo
actual [1915a, p. 120].
Para
Freud, la descarga motora esta al
servicio de un principio de (dis)placer
(1895) y el eventual desarrollo de un
sofisticado
mecanismo en el que las descargas no se
efectúan hacia el exterior sino hacia uno
mismo, una actividad llamada autoerotismo
necesaria para que tenga lugar la idea de
narcisismo primario (1914b, p. 88). De
este modo, su explicación va mucho más
lejos de lo que Schopenhauer escribió. A
pesar de todo, las dos perspectivas
comienzan a partir de la misma imagen.
Freud se aferró a esta imagen de un
modo u otro durante toda su vida, desde Proyecto
para una Psicología Científica, de
1895, y el capítulo VII de la
Interpretación de los sueños, de 1900
(pp. 565ff, 598ff.), al menos hasta Más
allá del
Principio de Placer (1920, pp.
10ff.) e incluso más tarde, con las
modificaciones necesarias para permitir la
introducción del
instinto de muerte. Como hemos visto, las
semejanzas con Schopenhauer son muy
estrechas. Están de acuerdo incluso en
que
el "aflujo de estimulación"
que produce la vida mental es "incesante
e inevitable" (1915a, p. 120), y
que es esto lo que le
hace tan exigente y apremiante. Tampoco
puede ser evitado mediante la fuga. La única
manera de detenerle es encontrar algún
objeto que sosiegue su fuente, algo que
cree una "experiencia de
satisfacción", por ejemplo
comida o descarga sexual. De
modo semejante, la caracterización de cómo
opera la voluntad en Schopenhauer anticipa
la noción de proceso primario.
Lo que la brida y el bocado son para un
caballo salvaje, lo es el entendimiento
para la voluntad en el hombre; debe ser
conducido con las bridas de la educación,
la exhortación, el entrenamiento, etc.;
por sí misma la voluntad es un impulso
salvaje
e impetuoso como la fuerza presente en una
catarata; de hecho es, como sabemos, a fin
de cuentas idéntica a ella [1844, 2, p.
213].
De hecho, en su obra de 1911 citada
anteriormente, Freud cita a Freud en la página
anterior a la que acabamos de citar. No
obstante, la cita es sobre un tema
diferente. Freud nunca parece tener
conocimiento de los paralelismos que
estamos
analizando. Estos paralelismos se
extienden incluso a sus respectivos puntos
de vista sobre el placer y el modo en que
opera la
voluntad. Ambos miran el placer como algo
negativo, como evitación de una irritación,
como consecuencia directa de que ven
la voluntad o el Ello como una lucha
interminable. Para Schopenhauer, el placer
es la momentánea cesación de la lucha de
la
voluntad, para Freud la descarga o al
menos la disminución de la insistencia
del flujo de los estímulos sobre el
comportamiento.
"Cada displacer coincide con un
aumento y cada placer con una disminución
de la tensión mental debida al estímulo"
(1924, pp. 159-60). Solo en 1924 modificó
Freud parcialmente esta opinión. Así, en
los primeros treinta años de su actividad
en el campo de la psicología, se adhirió
a la perspectiva de Schopenhauer, tuviera
o no conciencia de ello. Siendo claramente
obvio que tanto placer no es agradable,
ambos piensan que atrapa la atención de
uno.
En un respecto, Schopenhauer persigue
la implicaciones de la primacía de la
voluntad o del Ello de forma más
consistente que
Freud. Si Freud era un hijo del
romanticismo alemán al que Schopenhauer
tan ricamente contribuyó, fue también
hijo del
empirismo científico del siglo XIX. Como
éste creyó que la mente investigadora
podía operar racionalmente y descubrir
verdades sobre el mundo. Si la
racionalidad estaba amenazada por el
inconsciente, era una amenaza que podía
ser vencida, al
menos en la ciencia. Sin embargo, como
demuestra el análisis de Freud, su modelo
de la mente puede fácilmente ser
entendido
en la dirección opuesta. Desde este punto
de vista, Schopenhauer dijo que "cada
pasión, de hecho cada inclinación o
aversión, tiñe los objetos de
conocimiento con su color... lo que ocurre
más frecuentemente es la falsificación
del
conocimiento por el deseo o la
esperanza" (1844, 2, p. 141),
estaba más en sintonía con esta
implicación del poder de lo
inconsciente que Freud.
Si nos detenemos en el tema de la
voluntad inconsciente, encontraremos que
el paralelismo con Freud es
particularmente
estrecho. Schopenhauer escribe que el
entendimiento "no penetra en el
secreto taller de las decisiones de la
voluntad".
Efectivamente,
el entendimiento está tan excluido
de las resoluciones y las decisiones
secretas de su propia voluntad que a
veces sólo las conoce como las de un
extraño, espiándolas y cogiéndolas
por sorpresa, y debe sorprender a
la voluntad justo en el momento en
que se expresa a sí misma, para
descubrir simplemente sus reales
intenciones [1844, 2, p. 209-10].
Comparemos esto con Freud:
Lo inconsciente es una fase regular e
inevitable del proceso de constitución de
nuestra actividad psíquica;
cada acto psíquico comienza siendo
inconsciente y permanece siéndolo o se
desarrolla hasta la conciencia,
según encuentre una resistencia o no
[1912, p. 264].
Incluso la sugerencia de Schopenhauer
de que podemos alcanzar algún
conocimiento de la voluntad sorprendiéndola
en el acto
de expresarse a sí misma anticipa una
doctrina de Freud, en este caso la noción
de libre asociación.
Los paralelismos entre las dos
doctrinas del inconsciente exploradas
hasta aquí pueden no parecernos
especialmente
sorprendentes ahora. Un paralelismo
adicional es notable incluso en este
momento: el principal argumento de
Schopenhauer a
favor de la existencia de los estados
mentales inconscientes es también el
argumento que Freud utilizó más
frecuentemente. En
primer lugar advirtamos que una gran parte
del pensamiento, del sentimiento y de la
conducta no pueden ser explicadas sólo en
base a los estados mentales conscientes. "Es
evidente", escribe Schopenhauer,
"que la conciencia y el pensamiento
humanos son necesariamente
fragmentarios por su propia
naturaleza" (1844, 2, p. 138).
Quiere decir que los estados
psicológicos conscientes a menudo parecen
desarticulados, no proporcionan un retrato
coherente de las creencias,
sentimientos y motivos subyacentes. Sólo
sobre la base de los estados psicológicos
conscientes no podemos encontrar las
razones de mucho de lo que la gente
piensa, siente y hace, no podemos dar una
explicación psicológica de ello (para
esta
cuestión, véase Brook, 1992). Asimismo,
frecuentemente es imposible determinar los
orígenes del pensamiento o los
mecanismos a través de los cuales
llegamos a nuestras conclusiones sólo a
partir de la conciencia. Freud hace la
misma
observación:
Los actos conscientes permanecen
inconexos e ininteligibles si insistimos
en afirmar que cada acto mental
que nos sucede debe también ser
experimentado por nosotros por medio de la
conciencia [1915c, p. 167].
Por consiguiente, si la vida mental
tiene causas psicológicas, éstas deben
ser inconscientes; no hay nada consciente
que las
realice. Como Freud indica,
Hemos encontrado -esto es, nos vemos
obligados a admitir- que existen poderosos
procesos mentales o
ideas... que pueden producir en la vida
mental todos los efectos que las ideas
corrientes producen
(incluidos los efectos que pueden llegar a
ser conscientes como ideas), aunque ellos
mismos no lleguen a
ser conscientes [1923, p. 14].
Freud utiliza este
argumento repetidamente durante toda su
obra (1909, pp. 175-6; 1915c, pp. 166ff.;
1923, pp. 14-18;
1940, pp. 196-7). Lo que nos interesa aquí
es éste es el mismo argumento que utiliza
Schopenhauer. La única diferencia entre
ellos es que Schopenhauer dice que los
procesos inconscientes que cubren los
huecos y dan continuidad psicológica son
expresiones de la voluntad y Freud
expresiones del inconsciente dinámico o más
tarde del Ello. (4)
Los dos están también de acuerdo
sobre las relaciones entre el inconsciente
y la conciencia. Schopenhauer cree tan
fervientemente como Freud que la mayor
parte de la psyche es más inconsciente
que consciente. "la conciencia es
la simple
superficie de nuestra mente, y de ella,
como si fuera una esfera, no conocemos el
interior sino sólo la costra"
(1844, 2,
136). Y en otro lugar,
Comparemos nuestra consciencia con una
lámina de agua de alguna profundidad. Las
ideas conscientes claras son
simplemente la superficie; por otro lado,
la masa de agua es borrosa, los
sentimientos, los vestigios de
percepciones e
intuiciones pasadas y lo que es
experimentado en general, se entremezcla
con la disposición de nuestra propia
voluntad que es el corazón de nuestra
naturaleza interior [1844, 2, p. 135].
Ahora bien, como indica en una obra que
Freud cita tres veces en Interpretación
de los Sueños, "el entendimiento
es una
fuerza meramente superficial que está
esencialmente y por todas partes en
contacto con la coraza externa, nunca con
el corazón interior de las cosas"
(1851, p. 301). La misma imagen de la
conciencia como una coraza externa
atraviesa la
obra de Freud desde el Proyecto al
famoso diagrama de la mente en la Lección
XXXI de las Nuevas Lecciones de
Introducción al Psicoanálisis
(1933, p. 78). El paralelismo es más
espectacular ya que ambos mantienen que sólo
la capa
exterior de la psyche está en contacto
con o es afectada por el mundo externo. El
entendimiento "iluminado por la
experiencia... ordena y modifica sus
mandatos", dice Schopenhauer
(1844, 2, p. 224), pero la voluntad no se
ve afectada
por la realidad externa. En Freud, "los
procesos del Ello son totalmente
inconscientes, mientras que la conciencia
es una
función de la capa más externa del
Ego, al que compete la percepción del
mundo externo" (1925b, p. 266).
Schopenhauer comparte con Freud incluso
la noción de que la conciencia no es un
estado natural de contenidos psicológicos
que llegan a ser conscientes.
Le es tan difícil a una idea penetrar
en la conciencia sin una ocasión como al
cuerpo ponerse en movimiento sin una
causa.
Ahora bien, esta ocasión es o bien
externa, como una impresión sobre los
sentidos, o bien es interna, es decir una
idea que
produce otra idea en virtud de una
asociación. Esta asociación a su vez
descansa o en una relación de fundamento
y
consecuencia entre las dos, o en una mera
analogía o en la simultaneidad de su
primera aprehensión, y esto puede tener
de
nuevo su fundamento en la proximidad
espacial de sus objetos [1844, 2, p. 133].
Freud lo plateó de la siguiente
manera:
todo fenómeno psíquico comienza
siendo inconsciente y puede permanecer
en este estado o progresar a la
conciencia según encuentre una
resistencia o no. [1912, p. 264,
pasaje citado anteriormente].
Para Schopenhauer, lo que hace posible
seguir la ruta de la asociación es que
las ideas, por ejemplo los estados psicológicos,
están dispuestos en una secuencia
ordenada en líneas temporales, causales y
(pensamos) narrativas, que se mantienen
unidas
en virtud de las sucesivas etapas del
despliegue de los invariables proyectos de
la voluntad. Esta continuidad es también
la que
hace posible el hilo de la memoria (ver n.
3). Lo que las asociaciones hacen,
simplificando un poco, es rastrear estas
secuencias de varios modos.
Las nociones de similaridad y analogía
en la teoría de la asociación de
Schopenhauer anticipan los mecanismos
principales de
asociación que según Freud participan en
la elaboración del sueño,
particularmente la condensación y el
desplazamiento (1900,
Caps. IV A a IVD). Schopenhauer utiliza
incluso el ejemplo del recuerdo de un sueño
olvidado para ilustrar su teoría.
La búsqueda de una pista para el
recuerdo se muestra de un modo peculiar
cuando se ha olvidado un
sueño al despertar. Buscaremos en vano lo
que pocos minutos antes ha estado presente
a nuestra mente
clara y brillantemente y que ahora ha
desaparecido por completo. Trataremos
entonces de aprehender
una impresión que haya sido dejada atrás
y haya dejado colgando un hilo. En virtud
de la asociación, este
hilo puede hacer retornar el sueño a
nuestra conciencia [1844, 2, p. 134].
Este pasaje contiene en esencia la
posterior noción freudiana de libre
asociación. Freud, por supuesto, amplía
tanto la
formulación teórica como las
aplicaciones de la idea, pero la noción básica
fue formulada por Schopenhauer.
Sin duda, sus opiniones sobre la
conciencia y el inconsciente difieren en
algunos aspectos. Schopenhauer subraya que
la
voluntad es "la verdadera y última
razón de la unidad de la conciencia y el
lazo de unión de todas sus funciones y
actos" (1844, 2, p. 140). Con
el término unidad parece significar la
continuidad y la estabilidad de nuestro
comportamiento
básico e intereses, lo que los
existencialistas llaman 'proyectos'. Freud
habría negado que lo que Schopenhauer
llama voluntad
tuviera algo de unidad al estar gobernada
por procesos primarios. Este desacuerdo
puede ser más aparente que real. En
Schopenhauer, cuando la voluntad se
manifiesta en los individuos pierde su
unidad. En este estado, Schopenhauer ve a
la
voluntad persiguiendo metas en conflicto
sin tener en cuenta su contradicción -lo
que es el rasgo principal de los procesos
primarios. Otra diferencia es que para
Schopenhauer la conciencia y el
entendimiento se ven como separados del
sistema
psíquico. Freud pudo abordar la cuestión
de ambos modos. Pudo decir que lo
consciente es "sólo una cualidad
o atributo de lo que es psíquico y además
ser inconsistente" (1940b, pp.
285-6). Pudo también ligarla a lo
preconsciente y tratar a ambos juntos como
una estructura psíquica separada cuyo
desarrollo posterior evoluciona hacia el
Ego.
En resumen, hay espectaculares
paralelismos entre la doctrina de la
voluntad de Schopenhauer y la teoría de
Freud sobre el
Ello y sus relaciones con la conciencia.
Para ambos, la voluntad o el Ello son
inconscientes y están gobernados por
procesos
primarios no racionales, que buscan
insaciablemente la satisfacción de forma
continua y constituyen los más poderosos
motivos
de la vida humana, producen la
racionalidad y la mente consciente, son
necesarios para explicar el pensamiento,
los
sentimientos y la acción. Para ambos,
estos descubrimientos obligan a un
replanteamiento fundamental de la
conciencia. El
concepto de voluntad de Schopenhauer es un
precursor muy próximo de la noción
freudiana del Ello (ver Gupta, 1980, pp.
226-8). Freud culmina la obra que comenzó
Schopenhauer.
Vayamos ahora a un tema muy
diferente: Schopenhauer y la psicopatología.
Su teoría sobre las causas de la
'locura', como él
la llama, es muy interesante en el
contexto de su relación con Freud.
Pensaba que la locura estaba causada por
la represión de
recuerdos dolorosos o traumas, aunque no
use el término 'represión. Por 'locura',
Schopenhauer parece querer referirse a lo
que actualmente llamamos psicosis o
desorden afectivo severo; los casos que
describe podrían ser diagnosticados en
una u
otra de estas categorías. Como explicación
de la psicosis, su idea no es muy
plausible. Sin embargo, como explicación
de la
neurosis, es prácticamente la misma que
la primera teoría de Freud. Schopenhauer
introduce sus observaciones con la
penetrante observación de que la locura
no afecta a la totalidad de las
capacidades mentales.
Ni la facultad de razonar ni la
de comprender pueden ser negadas al loco,
ya que habla y comprende y a menudo
alcanza
conclusiones muy atinadas. También, por
regla general, perciben bastante
correctamente lo que está presente y ven
la conexión
entre la causa y el efecto [1819, 1, p.
192]. De este modo, estos desórdenes
descansan en otra cosa que en la simple
incapacidad de conectar con la realidad,
como muchos suponen. De hecho, se originan
en problemas de memoria:
Para la mayoría, los locos no se
equivocan generalmente al comprender lo
que está inmediatamente
presente; pero su discurso desquiciado se
refiere a lo ausente y a lo pasado. me
parece que su enfermedad
concierne específicamente a la memoria
[1819, 1, p. 192].
Nos trae a la memoria la primera teoría
de Freud de que "los histéricos
sufren frecuentemente con sus
recuerdos"
(1893-1895, p. 7). Pero hay más. Para
Schopenhauer, la anomalía de la memoria
que produce el error es algo muy específico.
En algunos casos la memoria se conserva,
pero en otros, está roto el hilo de la
memoria, está abolida su conexión
continua y es
imposible un recuerdo uniformemente
coherente del pasado. Escenas individuales
del pasado se mantienen tan correctamente
como el presente individual, pero los
huecos en los recuerdos se rellenan con
ficciones... En su memoria la verdad y la
falsedad
están siempre mezcladas. Aunque el
presente inmediato es correctamente
conocido, se falsifica por medio de una
conexión
ficticia con un pasado imaginario [1819,
1, p. 192].
Recordemos que Schopenhauer utiliza la
metáfora del hilo de la memoria para
describir la ordenación de la conciencia
por la
voluntad (ver nota 4); cuando el hilo está
roto hay periodos en las actividades de la
voluntad que no están representados en la
memoria a pesar de la continuidad de los
objetivos de estas actividades. ¿Qué
puede romper el hilo? Según Schopenhauer,
los
traumas son los culpables: "El
hecho de que la causa de la locura sea
frecuentemente el sufrimiento mental
violento o
acontecimientos inesperados y
terribles" , escribe Schopenhauer,
"lo explico como sigue".
Cada uno de tales sufrimientos es como
una acontecimiento actual totalmente
circunscrito en el presente,
por lo tanto es sólo transitorio y su
magnitud nunca es excesivamente fuerte;
solo llega a ser insufrible en
el momento en que se convierte en un dolor
duradero, pero entonces es de nuevo sólo
un pensamiento y,
por consiguiente, reside en la memoria. Si
tal pesar, tal conocimiento o reflexión
dolorosa, alcanza un
grado que resulta tan insoportable que el
individuo podría sucumbir a él, entonces
la naturaleza,
alarmada de este modo, se refugia en la
locura como último recurso para salvar la
vida. La mente,
atormentada hasta tal grado, destruye el
hilo de la memoria, llena los huecos con
ficciones y busca así
refugio en la locura cuando el sufrimiento
mental excede sus fuerzas. incluso con
experiencias mucho
menos intensas, como todos hemos
experimentado, desterramos mecánicamente
un pensamiento
atormentador que nos sobreviene de
improviso... para evitarlo y distraernos
con fuerza [1819, 1, p. 193].
De acuerdo con Schopenhauer, pues, en
la locura el hilo de la memoria es roto
por la mente para desterrar de la
conciencia
recuerdos dolorosos, reemplazándolos con
una ficción. ¡Esta es una asombrosa
anticipación de la primera teoría de la
etiología
de las neurosis de Freud! Ni siquiera son
Schopenhauer y Freud los únicos en creer
esto: en el pasaje en el que aparece el
famoso aforismo de Freud, en una larga
nota a pie de página menciona a otros "que
han mantenido puntos de vista
semejantes al nuestro"
(1893-1895, p. 7n.). Menciona a Moebius,
Strümpell y Benedikt -pero no a
Schopenhauer. sin
embargo, resulta difícil no pensar que
Schopenhauer fue la fuente original de
todos ellos.
Las observaciones sobre nuestra
tendencia a desterrar los pensamientos
atormentadores nos muestra también el
grado en que
Schopenhauer era consciente de la
"psicopatología de la vida
cotidiana" (1901), la conexión
entre la enfermedad mental y
los procesos psicológicos
"normales". De hecho,
Schopenhauer explica la conducta inocua
exactamente por medio de los
mismos principios que explican la locura.
Como Freud escribiría más tarde:
Las neurosis no tienen ningún
contenido psíquico que les sea peculiar y
que no se encuentre en la gente
sana. O, como lo ha expresado Jung, los
neuróticos enferman por los mismos
complejos contra los que
también luchamos los sanos [1910a, p.
50].
Freud menciona a Jung, pero no a
Schopenhauer. En relación a esto, uno de
los primeros logros de Freud fue dar crédito
a la
idea de que los síntomas neuróticos son
reacciones a algo, no sólo expresiones de
un fallo neurológico arbitrario. Freud
pudo
haber dado crédito a la idea pero no fue
el primero en mantenerla; la encontramos
ya en Schopenhauer: la naturaleza "se
refugia en la locura como un medio para
salvar la vida". Si los contemporáneos
de Schopenhauer y los neurólogos
colegas de Freud vieron la enfermedad
mental como un síntoma de anomalía
neurológica, todos la vieron como
psicológicamente funcional: la locura es
un instrumento de lucha. La idea entró
por primera vez en la obra de Freud en
1890.
El desdoblamiento de la conciencia en
estos casos de histeria adquirida es por
consiguiente deliberada e
intencional. Al menos se presenta
frecuentemente como un acto de volición...
[1893-1895, p. 123].
Era un decisivo adelanto respecto de
otra prominente teoría de la época, la
teoría de la debilidad constitucional, un
paso
decisivo en el camino para comprender la
neurosis como un fenómeno psíquico
motivado. Freud acertadamente nunca lo
dio.
Sin embargo, no se origina en él.
La comprensión de Schopenhauer sobre
la naturaleza de la represión era muy
profunda. La voluntad siempre
impone su supremacía como último
recurso, prohibiendo al entendimiento
tener ciertas representaciones e
impidiendo que ciertas ideas puedan
aparecer en absoluto... Así pues, refrena
y constriñe al entendimiento
y le obliga a volverse hacia otras cosas.
No obstante, esto resulta a menudo difícil,
es obligado tener éxito
cuando la voluntad es más vehemente
debido a que la resistencia no proviene
del entendimiento, que
siempre permanece indiferente, sino de la
propia voluntad, y la voluntad tendrá una
inclinación hacia una
representación por un lado y la aborrecerá
por otro. Así, la representación es en sí
misma interesante para
la voluntad, sólo porque la excita. Al
mismo tiempo, sin embargo, el conocimiento
abstracto anuncia que
la representación causará una emoción
dolorosa sin ningún propósito. La
voluntad entonces decide en
conformidad con este conocimiento y obliga
al entendimiento a obedecer. Esto se llama
"ser dueño de sí
mismo", pero aquí el dueño es,
obviamente, la voluntad y el servidor el
entendimiento [1844, 2, p. 208].
Incluso tan tarde como en 1919, Freud
atribuye a la represión la misma motivación
que Schopenhauer: tenemos perfecto
derecho a describir la represión que está
en la base de toda neurosis como
"una reacción a un trauma -como una
neurosis traumática elemental" [1919,
p. 210].
Schopenhauer también fue el primero en
presentar el concepto de resistencia.
Podemos comprender mejor los huecos en la
memoria del loco, nos dice, cuando
recordamos lo poco dispuestos que estamos
a pensar cosas que perjudican gravemente
nuestros intereses, hieren nuestro orgullo
o interfieren nuestros deseos; con qué
dificultad decidimos ocupar con ellas
nuestro
propio entendimiento para una investigación
cabal y seria; cómo, por el contrario,
los asuntos agradables penetran en nuestra
mente con nuestro propio consentimiento y,
si se marchan, lo hacen lentamente con el
fin de permanecer con nosotros durante
mucho tiempo. En esta resistencia de la
voluntad a permitir que el entendimiento
examine lo que es contrario a ella se
encuentra el fundamento de que la locura
pueda entrar a la fuerza en la mente
[1844, 2, p. 400, itálicas nuestras].
Como todo esto muestra, en Schopenhauer
se encuentra lo esencial de la teoría
traumática de la neurosis. Especificó el
papel
jugado por la represión traumáticamente
inducida de los recuerdos, identifica el
fenómeno de fantasías y síntomas
sustitutivos y
proporciona sorprendentemente una completa
explicación de la resistencia cincuenta años
antes que Freud, utilizando incluso
el término. En resumen, la primera teoría
de la neurosis de Freud estaba anticipada
en la psicología de Schopenhauer.
En Schopenhauer incluso
encontramos una reflexión que apunta
hacia la importancia terapéutica de
llevar lo inconsciente a la
conciencia:
Todo nuevo acontecimiento perjudicial
puede ser asimilado por el entendimiento,
en otras palabras, puede
ser aceptado en el sistema de verdades
conectado con nuestra voluntad y sus
intereses... Tan pronto como
esto ocurre, se hace mucho menos doloroso;
pero esta operación en sí misma es a
menudo muy dolorosa y
en la mayor parte de los casos tiene lugar
solo lentamente y con reticencia. Pero la
salud de la mente
puede mantenerse solo en la medida en que
esta operación sea llevada a cabo
correctamente cada vez.
Por otro lado, si, en un caso particular,
la resistencia y oposición de la voluntad
a la asimilación de algún conocimiento alcanza un grado tal que la
operación no puede culminarse; y en
consecuencia, si ciertos
acontecimientos y circunstancias son
completamente suprimidas del entendimiento
porque la voluntad no
puede consentirlo, entonces, si los huecos
resultantes son rellenados arbitrariamente
para poder
establecer una conexión necesaria,
abocamos en la locura [1844, 2, p.
400].(5)
Hay sólo un pequeño paso desde la
idea de hacer consciente lo inconsciente
reprimido a la idea de recuperar recuerdos
inconscientes, fantasías, etc., y
despojarlas de su poder para asimilarlas a
la conciencia. En palabras de Freud: "El
éxito
terapéutico del psicoanálisis depende
de la sustitución de los actos mentales
inconscientes por actos mentales
conscientes y es efectiva dentro de los
límites de este factor" (1925b,
265). Y también:
el poder mental y somático de una
pulsión, una vez que la represión ha
fracasado, es mucho más fuerte si
es inconsciente que si es consciente; así
pues, al hacerla consciente se debilita.
Un deseo inconsciente no
puede ser influenciado y permanece
independiente de cualquier impulso
contrario, mientras que un deseo
consciente es inhibido por cualquier otro
que sea consciente y opuesto a él [1910a,
p. 53].
Así, Schopenhauer no sólo
anticipó muchas de las fundamentales
ideas teóricas de Freud sino que también
anticipó al menos
algunos de sus descubrimientos clínicos más
importantes.
Hay otros paralelismos entre la obra de
Schopenhauer y la de Freud, demasiados
para examinarlos aquí exhaustivamente.
Schopenhauer tiene una detallada teoría
de los sueños, una teoría que ocupa una
parte sustancial de las cien páginas de
su
Essay on Spirit Seeing and Everything
Connected Therewith (1851). Freud cita
tres veces este ensayo en La
interpretación de los sueños. Los
paralelismos aquí son tan grandes que
llenarían un artículo entero por sí
solos. Este mismo
ensayo y algunas otras obras muestran un
conocimiento de la neurofisiología muy
notable para alguien de los tiempos de
Schopenhauer; su teoría de los sistemas
que constituyen el cerebro y cómo las
experiencias pueden consistir en la
comunicación de impulsos entre estos
sistemas anticipa los sistemas
psy/phi/omega y el Qn indicado para
circular entre ellos
del Proyecto. Estos paralelismos requerirían
también un artículo para ellos solos.
Mejor que continuar examinando los
paralelismos entre los dos autores nos
centraremos en el tema más dificultoso:
el grado en que Schopenhauer tuvo una
influencia directa sobre Freud.
Los comentarios del propio Freud sobre
Schopenhauer se dividen en dos grupos,
siendo el año 1915 el momento crucial.
Antes de 1915, Freud hizo pocas
referencias a Schopenhauer. Hay dos
referencias a anécdotas muy conocidas
sobre
Schopenhauer (1906, p. 119, un pasaje que
también contiene una referencia a von
Hartmann, al que volveremos, y 1909, p.
196n.), tres interesantes referencias en
(1900) al Essay on Spirit Seeing de
Schopenhauer, al que también volveremos,
y muy
pocas otras. Sólo tres de las referencias
anteriores a 1915 son a El Mundo como
Voluntad y como Representación, una
de
ellas una referencia general al tema de la
muerte en Schopenhauer y dos a un pasaje
que Freud sólo conocía levemente, como
él mismo nos dice, porque Rank se lo había
mostrado. En este pasaje está
argumentando sobre la originalidad de su
teoría de
la represión:
Alcancé la teoría de la represión
independientemente de cualquier otra
fuente; yo no tuve ninguna
impronta externa que me la hubiera
sugerido y por mucho tiempo imaginé que
era enteramente original
hasta que Otto Rank... me mostró un
pasaje de El Mundo como Voluntad y como
Representación de
Schopenhauer en el que el autor intenta
dar una explicación de la locura
[probablemente se refiere al pasaje
de 1844, 2, pp. 192-208, citado
anteriormente]. Lo que dice allí sobre la
lucha para evitar un fragmento
angustioso de la realidad coincide con mi
concepto de la represión tan
completamente que una vez más
debo a la suerte haber hecho el
descubrimiento por mí mismo antes de
haberlo leído [1914a, p. 15].
En resumen, antes de 1915, Freud dice
poco que nos indique la medida en que había
leído a Schopenhauer. Las únicas
excepciones significativas se encuentran
en (1900).
Después de 1915, se produce un cambio
apreciable. En las Lecciones de Introducción
al Psicoanálisis reconoce explícitamente
a Schopenhauer como precursor del psicoanálisis:
Probablemente muy poca gente ha
realizado el trascendental descubrimiento
para la ciencia y para la
vida de los procesos mentales
inconscientes. No fue el psicoanálisis,
sin embargo, apresurémonos a
decirlo, el que dio el primer paso. Hay
famosos filósofos que pueden ser citados
como precursores -sobre
todo el gran pensador Schopenhauer, cuya
"voluntad" inconsciente es
equivalente a los instintos del
psicoanálisis. Fue este mismo pensador el
que con palabras inolvidablemente
impresionantes llamó la
atención de la humanidad sobre la
importancia, hasta entonces totalmente
subestimada, de los impulsos
sexuales [1916-1917, p. 143; Strachey
piensa que Freud tenía en mente el pasaje
1844, 2, pp. 513-14, citado
anteriormente].
Luego, en el Prefacio de
1920 a los Tres Ensayos,
encontramos:
..hace ya algún tiempo Schopenhauer, el
filósofo, mostró a la humanidad el grado
en que sus actividades
están determinadas por los impulsos
sexuales -en el sentido ordinario de la
palabra [1905, p. 134].
Por otro lado, la afirmación de Freud
anteriormente discutida de que su opinión
sobre los instintos sexuales como la "verdadera
vida de los instintos" es un eco
de Schopenhauer: "Hemos conducido
inconscientemente nuestro rumbo al puerto
de la filosofía de Schopenhauer" (1920,
p. 49).
Así pues, Freud reconoce paralelismos
entre su pensamiento y el de Schopenhauer
después de 1915. No obstante, también
mantiene que solamente leyó a
Schopenhauer por primera vez por entonces
o más tarde, mucho después de que
hubiera
terminado de formular las principales
ideas del psicoanálisis:
Aunque el psicoanálisis coincide en
gran medida con la filosofía de
Schopenhauer -quien no solo afirmó el
predominio
de las emociones y la suprema importancia
de la sexualidad sino que tuvo también
conciencia del mecanismo de la
represión- no fue producto de mi
conocimiento de su enseñanza. Yo leí a
Schopenhauer muy avanzada mi vida[1925a,
p. 59].
Es decir, Freud quiere que creamos que
es solo una coincidencia que Schopenhauer
hubiera alcanzado muchas de sus ideas
muchas décadas antes. McGrath (1986, p.
148) muestra que incluso si Freud tenía
razón al decir que él había leído a
Schopenhauer muy tarde, los paralelismos
sobre la represión estaban lejos de ser
una coincidencia. Uno de los más
influyentes
maestros de Freud, Meynert, fue el primer
médico que dio una completa descripción
de la represión y había acreditado
explícitamente la idea en Schopenhauer
(1851). Incluso si Schopenhauer no tuvo
una influencia directa sobre Freud, es difícil
creer que lo mismo fuera cierto respecto a
Meynert. Sólo un año después de que
escribiera su sensacional reconocimiento
de
1914 mencionado antes, Freud llegaría al
extremo de afirmar que la represión era "un
concepto que no podía haber sido
formulado antes de la época de los
estudios psicoanalíticos" (1915b,
p. 146) ¿Qué debemos pensar de todo
esto?
Está claro que la actitud de Freud
respecto Schopenhauer era profundamente
conflictiva. "Si Schopenhauer
formuló primero
algunos importantes puntos",
parece querer decir Freud, "al
menos yo he llegado a ellos de manera
completamente
independiente sin su ayuda" Añadamos
a esto las extrañas cosas que Freud podía
decir sobre los filósofos en general, por
ejemplo, su afirmación de 1923, repetida
muchas veces, de que los filósofos
rechazan la idea de estados psíquicos
inconscientes:
Para la mayor parte de la gente que ha
sido educada por la filosofía, la idea de
algo psíquico que no es
también consciente es tan inconcebible
que les parece un absurdo refutable fácilmente
por medio de la
lógica... Su psicología de la conciencia
es incapaz de resolver los problemas que
plantean los sueños y la
hipnosis [1923, página 13].
Dado que su juventud estuvo impregnada
por los filósofos del romanticismo alemán,
es sorprendente que diga tal cosa. ¿Niega
Schopenhauer el inconsciente? (por no
mencionar a von Hartmann, a Nietzsche y a
otras figuras menores). Como Ellenberger
indica,
En las últimas décadas del siglo XIX,
el concepto filosófico de lo
inconsciente, enseñado por Schopenhauer
y von Hartmann, fue muy popular y la mayor
parte de los filósofos contemporáneos
admiten la existencia
de una vida mental inconsciente [1970,
p. 311].
De hecho, esta tradición no solo no
rechaza la vida mental inconsciente sino
que opina que el concepto tiene un elevado
valor.
El problema es: Freud era muy consciente
de todo esto ¿qué se sigue de ello?
Tal vez lo siguiente: un filósofo que
influyó sobe Freud, Franz Brentano, negó
la posibilidad de estados psíquicos
inconscientes
(Brentano no fue el único filósofo del
siglo XIX que identificó lo psíquico con
la conciencia, pero es el único del que
se sabe
que tuvo influencia sobre Freud). Brentano
debió tener mayor influencia sobre Freud,
quien asistió a sus lecciones al menos
durante dos años, precisamente en la época
en que Brentano publicó su famoso libro Psychology
from an Empirical
Standpoint de 1874 en el que la
identificación de lo psíquico con la
conciencia aparece de forma más
destacada. Y Brentano
fue el único filósofo con el que Freud
estudió. Curiosamente, Freud se refiere a
él en una única ocasión en su obra y sólo
para
referirse a un acertijo (1906), pero
cuando Freud pensaba en los filósofos es
muy posible que fuera la imagen de
Brentano lo
primero que le viniera a la mente, tanto más
cuanto Schopenhauer y muchos otros filósofos
no los tuvo presentes en su
juventud. A pesar de ello fue Schopenhauer
quien formó la opinión filosófica
durante la época de juventud de Freud, no
Brentano. Es probable que fuera de la
Universidad de Viena muy poca gente
hubiera oído hablar de Brentano.
No hay manera de liquidar de
forma definitiva la cuestión de su Freud
había leído o no a Schopenhauer antes,
es decir, en
1892, pero tales evidencia nos asombran.
La mayor parte de sus referencias a
Schopenhauer están en la línea de su
afirmación
de que el leyó por primera vez a
Schopenhauer en 1915 o más tarde, pero
este no es un argumento decisivo. Contra
él hay
evidencias circunstanciales y directas.
Las evidencias circunstanciales son, en
primer lugar, el hecho de que en el
periodo en el
que Freud cursaba la enseñanza secundaria
y universitaria, aproximadamente de 1865 a
1875, fue el periodo de mayor fama
de Schopenhauer. De hecho, fue
virtualmente durante esos años el filósofo
oficial del mundo de habla alemana. En
segundo
lugar, Sulloway (1979) cuenta que, cuando
era estudiante, Freud perteneció al Leseverein
der deutschen Studenten Wiens
(Sociedad de lectores de los estudiantes
alemanes de Viena). Junto con Wagner y
Nietzsche, Schopenhauer era el primer tema
de conversación. En tercer lugar,
Brentano se refiere a Schopenhauer varias
veces en su libro de 1874. Todos estos
hechos
circunstanciales son suficientes para
mostrar que, incluso concediendo a Freud
su afirmación sobre cuando había leído
a
Schopenhauer, estuvo necesariamente
expuesto a sus ideas. Esto es suficiente
para comprometer la afirmación de Freud
de
que hizo sus descubrimientos de forma
completamente independiente. Ciertamente,
como Herzog subraya:
Freud tenía pleno conocimiento de
una tradición filosófica, centrada en
Alemania, que había puesto gran énfasis
en el concepto de un inconsciente psíquico...
a pesar de su insistencia en que no había
leído a Nietzsche ni a Schopenhauer
hasta después de haber hecho sus
propios descubrimientos [1988, p.
169].
En palabras de Magee: "No hay
ninguna duda de que desde el principio
[Freud] se había impregnado de las ideas
fundamentales de Schopenhauer a través
de los escritos de otros" (1989,
284).
En particular, sabemos que había leído
a von Hartmann (Brandell 1979, 93). Eduard
von Hartmann fue un divulgador de
Schopenhauer y su The Philosophy of the
Unconscious (1869) así como numerosas
obras de la década de los 70 fueron
tremendamente populares, aunque ahora sea
poco leído. La psicología de
Schopenhauer está en el centro de la
perspectiva de
von Hartmann, la cual contiene también
importantes anticipaciones de las ideas de
Freud. Más aún, Brentano polemizó
largamente con von Hartmann precisamente
sobre la cuestión de los estados mentales
inconscientes en su libro de 1874. Así
que Freud estuvo al menos expuesto a las
ideas de Schopenhauer. Por añadidura, la
mayor parte de los primeros seguidores
de Freud tenía conocimiento de la obra de
Schopenhauer. Freud reconoció que Rank
identificó a Schopenhauer como una
influencia directa (ver Jung, 1973).
Es abrumadoramente probable, no
obstante, que el propio Freud leyera algo
de Schopenhauer. Magee piensa que "es
imposible creer que [Freud] no haya leído
ningún escrito de Schopenhauer"
(1989, p. 284) -la mayor parte de los
estudiantes universitarios de la época de
Freud habían leído al menos El Mundo
como Voluntad y Representación- y esta es
una evidencia directa. Freud mismo cita
una de las obras de Schopenhauer y no una
vez sino tres veces en La Interpretación
de los Sueños. Estas son las citas que
hemos mencionado antes. Freud no se
refiere a El Mundo como Voluntad y
Representación, pero se refiere al
Essay on Spirit Seeing and Everything
Connected Therewith, que contiene los
mismos
planteamientos psicológicos. Este ensayo
apareció en 1851, tres años antes del
nacimiento de Freud. El volumen fue
preparado como un suplemento a la gran
obra y repite lo dicho sobre la locura,
los sueños, el intelecto como la cáscara
de la
mente, etc. De todo ello sólo podemos
concluir que lo que Freud niega más tarde
es falso; había leído a Schopenhauer en
la
época en que formulaba las ideas del
psicoanálisis.
Más aún, el ensayo de
1851 se refiere a la gran obra cinco veces
sobre temas de gran interés para Freud:
la locura, la teoría de
la memoria de los locos, los sueños, la
voluntad, el intelecto como simple cáscara
de la mente, etc. Freud era un lector
voraz y
tenía un extremado interés en esos
temas. Es difícil creer que el ensayo no
hubiera picado su curiosidad haciéndole
buscar la
obra de la que se derivaban tales ideas.
De hecho, Freud poseía una copia de la
tesis doctoral de Schopenhauer, aunque no
era completa. Por todas las razones que
hemos aducido, llegamos a la conclusión
de que las profundas semejanzas entre las
dos teorías no fue sólo una
coincidencia; cuando Freud dice "¿Por
qué un audaz pensador no puede haber
adivinado algo que se confirma
posteriormente en una investigación
sobria y detallada?" (1933, p.
107), sospechamos que quiso decir
"lo que es luego tomado y confirmado
en una investigación sobria y
detallada". (6) Freud
tiene respecto a Nietzsche la
misma posición conflictiva. Sin embargo,
cualquier filósofo de su época que
hubiera leído le habría expuesto a las
ideas de
Schopenhauer. En resumen, su aseveración
de que había hechos sus descubrimientos
independientemente de Schopenhauer
sería como si un psicólogo actual
afirmara que sus descubrimientos en
psicología dinámica son independientes
de Freud.
El peso de nuestra argumentación ha
sido que el aspecto general de parte de la
psicología de Freud había sido
anteriormente
apuntado por Schopenhauer. Un pensador
siempre expresa algo perteneciente a su
cultura, por supuesto, como indica el
aforismo que hemos situado al comienzo.
Schopenhauer fue el filósofo más
ampliamente debatido en el mundo de lengua
alemana en la época de la juventud y
madurez de Freud. Pero los paralelismos
van más allá de la influencia cultural.
El
concepto de voluntad contiene el
fundamento de la concepción de Freud de
lo inconsciente y el Ello. Los escritos de
Schopenhauer sobre la locura anticipan
claramente la teoría freudiana de la
represión, su primera teoría de la
etiología de las
neurosis y partes importantes de su teoría
de la libre asociación. Todavía más
significativo: los puntos de vista de
Freud sobre la sexualidad sin
extremadamente semejantes a los de
Schopenhauer.
REFERENCIAS