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Gerald
Heard
-
22.10.2001
-
...en
esta generación la revolución psicológica
(consecutiva a la religión, la política y
la economía) ha desalojado, como lo hizo
cada una con su predecesora a la antigua fe
de los cruzados, dejando a sus acompañantes
sin cielo y aturdidos. Porque el individuo
se da cuenta que es el conflicto en sí el
que se proyecta sobre el mundo exterior y
produce la confusión que ahora sufre.
Esta
doctrina es ahora tan indiscutible como
desesperante. Ya no es más una simple teoría
psicológica,. Dependiente para su prueba de
la práctica privada entre neuróticos
excepcionales. Hay demostraciones en mayor
escala. Vemos que donde algunos individuos
sufren de neurosis individual, las grandes
masas reaccionan en la misma forma por
neurosis colectivas. El denominado hombre
normal produce el totalitarismo porque no
puede vivir sin un fin adecuado para ello,
de ahí que trate de crear en su nación un
ser en el cual pueda experimentar una
solidaridad pre-individual.
A
menos que podamos encontrar un fin realmente
adaptado a nuestros medios, la única
elección que tenemos ahora por delante es
una neurosis individual o de masa. Nos
retiraremos hacia una fantasía solitaria o
de grupo; declinaremos sostener y no
fomentar sino una serie de conspiraciones
criminales contra la Vida, uno contra otro,
causando así nuestra destrucción.
¿Pero
qué fin, adecuado a nuestros medios
actuales, podemos encontrar? La reacción
del individuo muestra claramente lo que pide
su alma. Al perder su meta adecuada, en
persecución de poderes cada vez mayores, se
ha convertido en un neurótico. Deberá
encontrar algún estado psicológico en el
que escape al torturante contratiempo
experimentado por un individuo autoconciente,
enfrentado a un universo que no da
significado a su conciencia; que tarde o
temprano hará que todas sus actividades
sean fútiles.
¿Dónde
puede encontrar tal estado que no sea una
fantasía solitaria o de solidaridad? ¿Podrá
seguir o deberá retroceder a un pasado mítico,
aunque sea para un ajuste temporal, quizá
fatal, de su aflicción?
Es
evidente que el hombre es una neurosis y que
el hombre, tratando de variar ese estado
insoportable, hace que su vida y civilización
sólo empeoren al querer escapar a un estado
pre-individual cuando la única cura real
sería pasar por emergencia a un estado post
o supraindividual.
Continuando
con esta posibilidad de evolución, ella no
será del todo impracticable para la
humanidad moderna. Estamos viviendo en la
tercera generación desde que la idea del
desarrollo inherente formó parte del
pensamiento básico de la humanidad instruída.
Si hemos llegado a un punto del cual sólo
nos puede desembrollar un cambio en la
naturaleza humana ¿sería esa una idea
imposible de ser considerada por nosotros?
Desde luego, eso es llevar la idea de
desarrollo físico a lo psíquico. Nadie
espera la evolución por cambio físico aún
cuando ese método de desarrollo actuara
todavía y ello ocurriera a tiempo para
establecer una diferencia en la civilización
humana...
La
evolución corporal ha cesado; podemos
decirlo con gran seguridad, pero con la
misma certeza podemos afirmar que cuando cesó
la evolución física del hombre empezó la
mental, y ésta parece haber sido la razón
de la primera.
Toda
la historia específica del hombre puede
interpretarse como síntomas de la evolución
mental. Podría ser que si
la evolución del hombre es la sombra
producida por su conciencia en evolución.
en estas circunstancias, habiéndose
desenvuelto y cambiado la naturaleza humana
por las leyes inherentes al crecimiento,
podría evolucionar de nuevo, y así, por
una mutación en su psiquis y no en su físico,
podría elevarse el hombre de su crisis
actual.”
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