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Ciencia
Una
nueva visión del mundo
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08.10.2001
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El
proceso de declive de las civilizaciones es
de una gran complejidad y hunde sus raíces
en la mayor oscuridad. Desde luego, pueden
encontrarse muchas explicaciones razonables,
aunque sin llegar a disipar el sentimiento
de que algo irracional late en el corazón
de este proceso.
Los agentes de una civilización concreta,
desde las masas a los máximos dirigentes,
aunque tomen conciencia de la decrepitud, se
muestran impotentes frente al declive de su
civilización. Una cosa es segura: una gran
división entre la forma de pensar de los
agentes sociales y las necesidades internas
de desarrollo de cualquier sociedad, acompaña
siempre a la caída de una civilización.
Todo ocurre como si los conocimientos y los
saberes que acumula una civilización no
llegaran a ser integrados por los seres que
integran esta civilización. Después de
todo, es el ser humano el que se encuentra o
debería encontrarse en el centro de una
civilización digna de este nombre.
El crecimiento sin precedentes de los
conocimientos en la época actual aconseja
interrogarse sobre la adaptación de las
mentalidades a estos descubrimientos. El
desafío es enorme porque el continuo
crecimiento de la civilización occidental a
escala planetaria haría que su caída fuese
comparable a un incendio planetario sin
precedentes a lo ocurrido con las dos
primeras guerras mundiales.
Revolución o Edad de Oro
Para el pensamiento clásico sólo hay dos
soluciones para salir del declive: la
revolución social o el retorno a una
supuesta edad de oro.
La revolución ya ha sido experimentada a lo
largo del siglo pasado y sus resultados han
sido catastróficos. El hombre nuevo que
preconizaba se redujo a un ser vacío y
triste. Cualesquiera que sean los arreglos
cosméticos que se le hagan al concepto de
revolución social, no podrán borrar de
nuestra memoria colectiva lo que hemos
experimentado realmente con ella.
El retorno a la edad de oro todavía no se
ha intentado por la simple razón de que
nunca se ha encontrado. Aún suponiendo que
esta edad de oro hubiera existido en tiempos
inmemoriales, este retorno debería acompañarse
necesariamente de una revolución interna
dogmática, reflejo de la revolución
social.
Los diferentes integrismos religiosos que
cubren hoy con su manto negro la superficie
de la tierra, son un mal presagio de la
violencia y la sangre que podrían jalonar
esta caricatura de revolución interna.
Pero, como siempre, hay una tercera solución.
La armonía entre las mentalidades y los
saberes presupone que estos conocimientos
son comprensibles, inteligibles. ¿Pero
puede existir una comprensión en la era de
la eclosión de las diferentes disciplinas y
de la especialización a ultranza que
conocemos?
Una torre de Babel en la que se encontraran
los distintos conocimientos es hoy
inconcebible. Dos especialistas de la misma
disciplina difícilmente pueden comprender
sus recíprocos resultados. Esto no tiene
nada de monstruoso en la medida en que lo
que hace avanzar una disciplina es la
inteligencia colectiva de la comunidad
especializada y no un cerebro aislado capaz
de conocer los resultados de los demás
especialistas.
¿Cómo podría un físico-teórico de las
partículas elementales dialogar con un
neurofisiólogo, un matemático con un
poeta, un biólogo con un economista, un político
con un informático, más allá de las
generalidades más banales?
Sin embargo, un dirigente auténtico debería
poder dialogar con todos a la vez. El
lenguaje disciplinar es una barrera
infranqueable para un neófito, pero todos
somos neófitos respecto a los demás. La
Torre de Babel, ¿es inevitable?
Superordenador que sabe, pero no entiende
Un punto de encuentro podemos concebirlo en
la forma de un superordenador en el cual
pudieran introducirse los conocimientos de
todas las disciplinas. Esta máquina lo sabría
todo, pero no entendería nada. La persona
que utilizara este superordenador no estaría
en mejores condiciones que la máquina: podría
acceder a cualquier resultado de una
disciplina, pero no podría comprender su
significado y mucho menos relacionar los
resultados de diferentes disciplinas.
Este proceso de babelización no puede
continuar sin poner en peligro nuestra
propia existencia porque significa que un
dirigente se convierte, muy a su pesar, en
un ser cada vez más incompetente.
Los mayores desafíos de nuestra época,
como los de tipo ético, necesitan cada vez
más competencias. Pero la suma de los
mejores especialistas en sus respectivos
dominios sólo puede engendrar una
incompetencia generalizada porque la suma de
competencias no da como resultado la
competencia: en el plano técnico, la
intersección entre los diferentes dominios
del saber es un conjunto vacío. Entonces,
¿qué es un dirigente, individual o
colectivo, sino aquel que es capaz de tener
en cuenta todos los elementos del problema
que examina?
La indispensable necesidad de vínculos
entre las diferentes disciplinas se traduce
por la emergencia, a mediados del siglo XX,
de la pluridisciplinariedad y de la
interdisciplinariedad.
La pluridisciplinariedad concierne al
estudio de un objeto de una disciplina por
parte de muchas disciplinas a la vez. La
interdisciplinariedad, en cambio, concierne
a la transferencia de métodos de una
disciplina a otra.
La transdisciplinariedad, sin embargo,
concierne, como indica el prefijo "trans",
a lo que está situado primero entre
disciplinas, luego a lo que atraviesa las
diferentes disciplinas y finalmente a lo que
trasciende toda disciplina. Su finalidad es
la comprensión del mundo actual, que tiene
como uno de sus imperativos la unidad de los
conocimientos.
Pero, ¿realmente hay algo situado entre y a
través de las disciplinas y que las
trascienda a todas? Desde el punto de vista
del pensamiento clásico, no hay nada así.
El espacio en cuestión está vacío,
completamente vacío, como el vacío de la física
clásica.
Sin embargo, de la misma forma que el vacío
cuántico contiene en sí todas las
posibilidades, desde las partículas
elementales a las galaxias, de los quarks a
los elementos pesados que condicionan la
aparición de vida en el Universo, el
espacio entre disciplinas está presente
también en muchos niveles de realidad y está
por ello lleno de potencialidades.
Esta estructura discontinua de los niveles
de la Realidad determina la estructura
discontinua del espacio transdisciplinar.
Mientras que la investigación disciplinar
concierne sólo a un nivel de la realidad, e
incluso en la mayoría de los casos sólo a
fragmentos de un nivel de realidad, la
transdisciplinariedad por el contrario
abarca muchos niveles de realidad.
El descubrimiento de la dinámica que
engendra los muchos niveles de realidad pasa
necesariamente por una nueva disciplina o
hiperdisciplina que, a su vez, resulta
iluminada de una forma nueva y fecunda por
el conocimiento transdisciplinar. En ese
sentido, las investigaciones disciplinarias
y transdisciplinarias no son antagónicas,
sino complementarias.
Las cuatro flechas del conocimiento
De esta forma vemos que la disciplinariedad,
la pluridisciplinariedad, la
interdisciplinariedad y la
transdisciplinariedad constituyen las cuatro
flechas de un mismo y único arco, el del
conocimiento.
Como en el caso de la disciplinariedad, la
investigación transdisciplinar no es
antagonista, sino complementaria, de la
investigación pluri e interdisciplinar. La
transdisciplinariedad es radicalmente
distinta de la pluridisciplinariedad y de la
interdisciplinariedad debido a su finalidad,
que es la comprensión del mundo presente,
imposible de describir en el campo
disciplinar.
Si la transdisciplinariedad se confunde
frecuentemente con la interdisciplinariedad
y la pluridisciplinariedad se debe a que
todas trascienden las disciplinas. Esta
confusión es muy nociva en la medida en que
oculta las finalidades diferentes de las
tres nuevas aproximaciones al conocimiento.
Sin embargo, aún reconociendo el carácter
radicalmente distinto de la
transdisciplinariedad en relación a la
pluridisciplinariedad y la
interdisciplinariedad, sería muy peligroso
hacer de esta distinción algo absoluto, ya
que en este caso la transdisciplinariedad
perdería todo su contenido.
El carácter complementario de las
aproximaciones disciplinaria,
pluridisciplinaria, interdisciplinaria y
transdisciplinaria se ha puesto de
manifiesto de manera diáfana, por ejemplo,
en el acompañamiento a los moribundos.
Esta aproximación relativamente nueva de
nuestra civilización es de gran importancia
porque, cuando reconocemos el papel de la
muerte en nuestra vida, descubrimos las
dimensiones insospechadas de la vida en sí
misma.
El acompañamiento a los moribundos merece
una investigación transdisciplinar en la
medida en que la comprensión del mundo
presente pasa por la comprensión del
sentido de nuestra vida y de nuestra muerte
en este mundo que es el nuestro.
Basarab Nicolescu, doctor en Ciencias Físicas
por la Universidad de París, es presidente
del Centro Internacional de Investigaciones
y Estudios Transdisciplinares (CIRET)
Condensado del original en:
http://perso.club-internet.fr/nicol/ciret/vision.htm
Se reproduce con autorización del autor.
Biografía de Basarab Nicolescu:
http://perso.club-internet.fr/nicol/ciret/biobn/biobn.htm
Ciret:
http://perso.club-internet.fr/nicol/ciret/
Carta de la interdisciplinariedad:
http://home.abaconet.com.ar/abraxas/carta_de_la_transdisciplinarieda.htm
Enlaces sobre transdisciplinariedad en la
web:
http://dmoz.org/Society/Philosophy/Current_Movements/Transdisciplinarity/
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