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Olfato
Siguiendo
a nuestras narices
Time.com
(Marzo 23, 1998)
-
23.07.2001
-
Si
uno es un animal, hay pocas cosas tan
valiosas como el olfato.
En un mundo sin lenguaje, muchas
veces es solo el olfato el responsable de la
comunicación.
Los compuestos químicos que
transportan estos mensajes sin olor son
llamadas feromonas, y mientras que muchos
animales pueden producirlas, se pensaba que
los animales superiores, los humanos,
estaban por encima de tales señales
olfatorias.
La
semana pasada todo eso cambió.
En un trabajo publicado en Nature, la
psicóloga Martha McClintock de la
Universidad de Chicago describe lo que podría
ser la mejor evidencia de la existencia de
feromonas en los humanos.
En un experimento simple y directo,
ella pudo aumentar y disminuir la velocidad
de los ciclos de un grupo de mujeres exponiéndolas
al olor de transpiración de otras mujeres.
El comando ovulatorio, ella cree, era
transmitido por feromonas.
Si
McClintock tiene razón, las implicancias
podrían ser masivas ofreciendo no solo
nuevas evidencias de comunicación humana
sino también aplicación médicas prácticas.
“Una vez que se establece que
existen las feromonas,”dice McClintock,
“la pregunta es que tan poderosas pueden
ser.”
Para
la mayoría de los científicos, las
feromonas no son nada nuevo.
En los años 30, entomólogos
descubrieron que las polillas hembras eran
capaces de excitar a los machos aun cuando
estos no las pueden ver o escuchar.
Los machos, descubrieron,
“huelen”a las hembras, captando su aroma
del aire a través de antenas exquisitamente
sensibles.
Una vez que se aisló esta fragancia,
se encontró que era extremadamente
poderosa, capaz de estimular millones de
polillas con concentraciones muy bajas.
Por
otro lado, las feromonas emitidas por las
abejas reinas impiden que otras hembras
maduren sexualmente, asegurándose que los
genes de la reina continúen siendo
dominantes.
Entre
los peces, los marcadores olfatorios
secretados por las hembras producen que los
machos quintupliquen el número de
espermatozoides de la noche a la mañana.
Cuando
son dañados por un predador, algunos
anfibios emiten un compuesto que advierte a
los otros de mantenerse fuera del peligro.
El
descubrimiento de tendencias similares en
humanos no fue fácil.
McClintock comenzó hace 30 años.
Como estudiante de Wellesly College,
se dio cuenta de que las mujeres en su
dormitorio muchas veces desarrollaban
patrones menstruales muy similares.
En otros animales, este tipo de
sincronicidad tiene ventajas de
supervivencia. “Cuando uno ve a otros criando hijos, es un buen momento
para uno mismo,” dice McClintock.
El
fenómeno intrigó a McClintock, y ella
junto con Kathleen Stern recientemente lo
reevaluaron, tratando no solo de observar la
ovulación sino de manipularla.
Ellas reunieron a un grupo de 29
mujeres y les pidieron a 9 de ellas a
utilizar toallas debajo de sus brazos por
varias horas, o antes o después de la
ovulación.
Cuando se les daban las toallas a las
demás mujeres para olerlas, los resultados
eran sorprendentes.
Las toallas de pre-ovulación
acortaban los ciclos menstruales por tanto
como 14 días en el 68% de las mujeres.
Las toallas de post-ovulación otro
grupo de 68 % experimentaba ciclos que eran
hasta 12 días más largos.
Claramente, algo estaba llevando al
grupo a la sincronización.
Entre
otros científicos, las reacciones ante el
estudio han sido muy positivas, pero todavía
hay muchas preguntas.
Aun si existen las feromonas humanas,
no está del todo claro como el cuerpo las
procesa.
Los mamíferos y los reptiles
detectan a las feromonas con una pequeña
cavidad llamada órgano vomeronasal.
Los anatomistas no creen que el
humano tenga un órgano vomeronasal y no están
seguros de que necesitemos uno para poder
percibir feromonas.
McClintock,
mientras tanto, sigue investigando.
Los tratamientos con feromonas
designados a regular la ovulación podrían
ser utilizados por parejas que quieren
concebir tanto como para las que no quieren.
Otros investigadores creen que las
feromonas que alteran el estado de ánimo
podrían aliviar la depresión y el estrés. Otros hasta creen que los compuestos podrían controlar la
actividad prostática en los hombres,
reduciendo el riesgo de cáncer.
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