|
Olfato
Un
grupo de investigadores argentinos
desarrolló una nariz electrónica
La
Nación (Junio 25, 2001)
-
25.06.2001
-
¿Cómo
saber si el pescado recién comprado es
fresco, pasó dos días en una heladera o, aún
peor, sufrió una interrupción en la cadena
de frío? Un equipo de investigadores
argentinos desarrolló un dispositivo electrónico
que permite oler el pescado y saber con
precisión cuántas horas pasaron desde el
momento en que el pez salió del agua.
La
nariz electrónica desarrollada por el
doctor Martín Negri y su equipo de
colaboradores de la Facultad de Ciencias
Exactas y Naturales de la Universidad de
Buenos Aires consiste en una caja de acrílico
que posee en su interior un conjunto de
sensores que convierten el olor en una señal
eléctrica que es medida en una computadora.
Esta procesa los datos y efectúa un gráfico
que representa la huella digital del olor.
“Desde
hace algunos años, distintos grupos de
investigación en el mundo están
desarrollando dispositivos que se inspiran
en el sistema olfativo de los mamíferos
superiores”, explica Negri. Así como la
nariz humana cumple su función mediante
millones de células receptoras, el olfato
artificial se vale de un conjunto de
sensores, de distintos materiales.
Como
la nariz humana
¿Puede
la nariz artificial equipararse con la
humana? Hay sustancias o compuestos, como el
monóxido de carbono, que la nariz humana no
percibe y sí pueden ser detectados por un
sensor electrónico. Por otro lado, hay
matices que un catador de vinos entrenado
puede distinguir y los dispositivos electrónicos
todavía no han logrado diferenciar.
Actualmente
existen sensores que detectan, por ejemplo,
una pérdida de gas. Se trata de materiales
que reaccionan frente a determinado
compuesto. Sin embargo, para conocer el
estado de descomposición de un pescado o la
diferencia sutil entre un vino y otro son
necesarios varios sensores que respondan de
manera diferente a la concentración en el
aire de diversos compuestos químicos volátiles.
“La
clave de una nariz electrónica es la
presencia de varios sensores, de diferentes
materiales, que reaccionan de manera
distinta frente a las moléculas emitidas
por el producto que queremos detectar”, señala
Negri. Cada sensor, de un material orgánico
o inorgánico (un óxido, un polímero
conductor o un material semiconductor),
cambia alguna de sus propiedades físicas
cuando las moléculas de un gas se depositan
sobre él. Hay un intercambio de electrones
entre el sensor y el gas, lo que produce,
por ejemplo, una modificación en la
conductividad eléctrica, que es registrada
por un equipo electrónico como una señal
de determinadas características. Las señales
producidas por los distintos sensores son
analizadas por un procesador de datos.
Asimismo, la computadora posee una memoria
donde se encuentra registrada la respuesta
de los distintos sensores a una gama
determinada de compuestos químicos.
¿Cómo
se detecta el paso de las horas en el
pescado?
A
medida que el pescado se va descomponiendo,
emite diferentes compuestos olorosos, cada
vez con mayor concentración. El primer día
emite ciertas sustancias químicas; el
segundo día emite las mismas, pero con
mayor concentración, y también empieza a
producir nuevos compuestos.
Pequeño
y portátil
A
diferencia de algunos equipos comerciales
que ya existen, costosos y de gran tamaño,
el dispositivo desarrollado en la Facultad
de Exactas es pequeño (del tamaño de una
caja de zapatos), transportable (puede estar
conectado con una computadora laptop) y, lo
principal, es económico. Además, puede ser
manipulado por un técnico en un
supermercado o, también, una persona en su
casa.
Este
dispositivo no puede identificar el tipo de
compuesto que produce el olor ni la
concentración en que se encuentra. Y, en
este sentido, opera de la misma manera que
el olfato y el gusto humanos, que pueden
distinguir lo dulce de lo salado, o lo ácido,
e incluso diferenciar la acidez del limón
de la del vinagre, pero no puede determinar,
por ejemplo, la concentración del ácido.
Negri
y su equipo están desarrollando ahora una
nariz electrónica apta para distinguir
matices en las esencias y, de este modo,
operar en el control de calidad en la
fabricación de perfumes y productos cosméticos.
Este equipo resolvería muchos problemas en
el control de calidad y abarataría costos.
Negri
destaca que el diseño de una nariz electrónica
es un trabajo interdisciplinario. Participan
los químicos, probando y desarrollando
materiales para sensores; los físicos e
ingenieros electrónicos, en lo que se
refiere a los circuitos y chips del
hardware; expertos en sistemas y
especialistas en estadística, que analizan
y procesan los datos.
El
software de estos dispositivos consiste en
un sistema de redes neuronales, estructuras
que recrean la forma en que se conectan las
neuronas entre sí. Este sistema emula los
mecanismos mediante los cuales el cerebro
humano compara los olores nuevos con los
almacenados en la memoria.
Los
investigadores se proponen perfeccionar
estos instrumentos para que permitan
reconocer matices más sutiles. Las narices
electrónicas tal vez se hallen todavía
lejos de imitar el olfato de un perro, que
es capaz de reconocer a la distancia el olor
de su amo. No obstante, los nuevos
dispositivos se convertirán en herramientas
indispensables para controlar, con precisión
y más allá de la subjetividad humana, la
calidad de bebidas, alimentos y otros
productos, como los perfumes.
|