|
Drogas
En
honor a la hipocresía de los adultos
Tandil
(Octubre, 1996)
-
25.06.2001
-
Lo
siento mucho papá,
por que creo que esta es la última
vez que me podré
dirigir a ti. En serio, lo siento mucho. Es
tiempo que sepas la verdad. Voy a ser breve
y claro: la droga me mató
papá.
Conocí
a mis asesinos a eso de los 15 o 16 años.
Es horrible ¿No
es cierto? ¿Sabes
como fue?
Un
ciudadano elegante vestido, muy elegante
realmente, y que se expresaba muy bien nos
presentó
a nuestro futuro asesino, la droga. Yo
intenté
rechazarla. De veras lo intenté,
pero ese señor
se metió
en mi dignidad diciéndome
que yo no era hombre. No es necesario que
diga nada más
¿No
es cierto? Ingresé
al mundo de las drogas. No hacía
nada más
sin que las drogas estuvieran presentes. Yo
sentía
que las demás
personas y la droga, mi amiga, sonreían
y sonreían...
¿Sabes
papá?,
cuando uno comienza, encuentra todo ridículo
y muy divertido. Incluso a Dios lo
encontraba ridículo.
Hoy,
en este hospital reconozco que Dios es lo más
importante en el mundo, sé
que sin su ayuda no estaría
escribiendo lo que escribo. Papá,
no vas a creerlo, pero la vida de un
drogadicto es terrible y todos los jóvenes
deben saberlo para no entrar en eso. Yo no
puedo dar 3 pasos sin cansarme. Los médicos
me dicen que me voy a curar; pero cuando
salen del cuarto mueven la cabeza. Papá
solo tengo 19 años
y sé
que no tengo chance de vivir. Es muy tarde
para mi pero tengo un último
pedido para hacerte: Habla a todos los jóvenes
que conoces y muéstrale
esta carta. Diles que en cada puerta de los
colegios, y en cualquier aula, en cada
facultad, en cada boliche o en cualquier
lugar, puede haber siempre un hombre
elegante que va a mostrarles a su futuro
asesino, el que destruirá
sus vidas. Por favor, haz eso papá
antes que sea demasiado tarde para ellos
también.
Perdóname
papi, ya sufrí
demasiado.
Perdóname
por hacerte sufrir también
con locuras.
Adiós
querido papá.
El
autor de esta carta falleció
a pocos días
de escribirla,. Por abusos de drogas. Esta
carta fue publicada en la ciudad de Tandil
en Octubre de 1996.
Si
divulgando esta carta consiguiéramos
solo una vida, habrá
valido la pena.
|