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      “La  Humanidad  tiene  razones  que  la  Razón  del  Hombre  ignora”    

NOTAS

Salud

Los argentinos y la crisis

La Nación (Junio 18, 2001) 

- 18.06.2001 - 


El escepticismo y la tristeza arrasan con el ánimo de la gente.

Aumentaron las consultas psiquiátricas derivadas de las patologías sociales

En los servicios de salud se observan cuadros clínicos cada vez más severos Los principales grupos de consulta son la clase media empobrecida y la que alguna vez fue clase media alta.

Se siente en el aire, se trasluce en las caras, se palpa en las calles. Lo reflejan las estadísticas de caída del consumo, la postergación en las decisiones de compra, el escepticismo y la desmoralización que trasuntan las conversaciones cotidianas, el temor y el desconcierto frente a un futuro incierto.

Hay tristeza en el alma de los argentinos, y lo que convierte el asunto en un tema de preocupación social es que ese sentimiento de frustración parece cada vez más generalizado.

"A mí me está costando salir a la calle. Me hace mucho daño ver mendigos en todas las cuadras y sentir que, más allá de darles una moneda a uno u otro, yo no les puedo solucionar la vida ni puedo mejorar las condiciones de los millones de personas que están sufriendo", dice Carlota González, abogada, vecina de la iglesia de San Nicolás de Bari, sobre la avenida Santa Fe.

La "depre" no distingue clases sociales, puede tener distintos matices y presentarse con diversas manifestaciones, pero significa para la gran mayoría de la gente un enorme desgaste psicológico.

"Si en una sociedad como la argentina, las encuestas indican que al menos el 60 por ciento de las personas teme perder su trabajo, esta vivencia de amenaza produce sentimientos de angustia y un temor a la inexistencia por desinserción social. Y eso nos comprende, en mayor o menor medida, a todos", dice Javier Lúpiz, ingeniero que logró reubicarse después de estar casi un año desempleado.

Se trata de temores profundamente dolorosos para el ser humano, porque conllevan el fantasma de la precarización de la vida personal y social.

Esta realidad se refleja cada vez más en las consultas a los servicios de salud de centros públicos y privados.

"Históricamente, teníamos un 75% de consultas por patologías típicamente psiquiátricas, como psicosis o esquizofrenias. Hoy la tendencia se dio vuelta y ese porcentaje corresponde a consultas derivadas de la patología social", dice la licenciada Silvia Gross, coordinadora del servicio de Violencia Familiar del Hospital de Emergencias Psiquiátricas Torcuato de Alvear, que depende del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Según explica, los factores de riesgo que empujan a la gente a la consulta psiquiátrica en un hospital público son el desempleo, el aislamiento, no tener un proyecto de vida o verlo coartado, o la falta de contención familiar.

"Eso produce apatía, tristeza, depresión, decaimiento, desgano, y la curva de estos síntomas ha aumentado de manera exponencial", dice Gross.

También comenta que el perfil de pacientes que llegan a la guardia del establecimiento asistencial es de clase media empobrecida y de clase media que alguna vez fue media alta.

"La clase baja ni llega, porque no tiene los medios para hacerlo, salvo casos extremos que ingresan en una ambulancia o derivados de un juzgado", dice.

La gente va a buscar al hospital respuestas que no encuentra en otro lado. "No dan más", reconoce Gross. Pero también admite que, desde la consulta médica, es poco lo que se puede hacer porque este tipo de paciente necesita respuestas que los profesionales de la salud no están capacitados para dar: trabajo, ayuda social, medios para que los chicos no abandonen la escuela a edades cada vez más tempranas y un cúmulo de recursos para paliar el maltrato y la violencia intrafamiliar.

Los carteles en los locales comerciales dicen "Nos vamos", "Liquidamos todo", "Venta total por cierre". Las estadísticas de las cámaras empresarias al respecto son descorazonantes: solamente en la Capital Federal, unos 120.000 locales han bajado sus persianas. Los planes de compra de bienes durables, por dar sólo un ejemplo, están en su punto más bajo desde marzo de 1999.

Síntomas

"Si se pudiera leer en el alma de la gente, tal vez el sentimiento de clausura y de bajón estadístico no sería muy diferente", dice Enzo Bo, empleado de una de las principales perfumerías de la avenida Córdoba, que conoció años de gloria y que hoy está en convocatoria de acreedores.

El dato vale porque tres años de depresión económica influyen, necesariamente, sobre el estado anímico de la gente. Lo señaló, a principios de mayo último, Domingo Cavallo. "En la Argentina hay depresión, no sólo económica, sino también anímica", diagnosticó.

Los jóvenes y no tanto se agolpan en las embajadas buscando un salvoconducto a la esperanza. Las conversaciones giran en torno de un único tema: lo mal que estamos.

"Lo que prevalece en este momento es la sensación de la gente de su imposibilidad de solucionar las cosas", dice José Eduardo Abadi, médico psiquiatra y psicoanalista.

"Hay miseria y hay una imposibilidad de compartimentar una miseria que ya no responde más a barrios ni sectores. Entonces, ver a las personas carecientes y a los desposeídos produce tristeza, pero también angustia, desconfianza y miedo."

Ya en 1994 la Organización Mundial de la Salud sindicó a la pobreza como el principal factor de enfermedad en el mundo. Pero en 2000 recomendó a los países prestar especial atención a la depresión como un problema clave de salud en el tercer milenio

"En el plano de la salud mental, la depresión y la ausencia de proyectos son los factores fundamentales de patología mental y en crecimiento exponencial", se advierte desde el organismo.

Según explican los médicos, la depresión tiene que ver con la pérdida de lugares o el temor a la pérdida de lugares y a la ausencia de proyectos, que prevalecen hoy en el panorama de una gran mayoría de los argentinos.

"La situación social y económica es de tal gravedad que nosotros observamos que los pacientes hacen cuadros clínicos más severos que hace una década", dice la doctora Lucila Rodríguez Pirovano de Agnese, jefa del área de Psicopatología Infanto Juvenil del Hospital de Clínicas José de San Martín. "Los niños y adolescentes concurren con cuadros clínicos de mayor complejidad y severidad, por un notable aumento en la conflictiva de los divorcios de sus padres o por secuelas de situaciones familiares que les provocan trastornos de ansiedad, trastornos psicosomáticos y otras respuestas graves a los problemas más complejos que están viviendo los adultos", dice.

Agnese reconoce que no es mucho lo que se puede hacer desde la terapéutica para paliar los problemas de inestabilidad emocional que producen en la familia la falta de trabajo, la disminución notoria de los ingresos, el impacto que causa en los chicos su traslado de la escuela privada a la pública y, sobre todo, la falta de continuidad en los tratamientos -a pesar de ser un hospital público- por razones económicas.

"Salir de aquí es un problema que excede a los médicos y que comprende a políticos y gobernantes", opinó.

Carlos Díaz Usandivaras, director del Instituto de la Familia, centro de docencia, investigación y asistencia en terapia familiar sistémica, cree que en la Argentina hay una gran cantidad de ciudadanos en estado de indefensión aprendida: sienten que, hagan lo que hagan, las cosas en el país serán siempre iguales.

"Pero hay también un problema de expectativas. Los argentinos hace muchos años que venimos siendo tratados como niños de pecho, y eso nos ha llevado a un vaciamiento de la autoestima. Churchill fue demoledor cuando pidió al pueblo inglés sangre, sudor y lágrimas. Pero al hacerlo estaba diciendo a la gente "ustedes pueden". A nosotros nos tratan como a irresponsables, nos venden consignas para idiotas, como lo del "blindaje" y tantas otras", opina.

Para Díaz Usandivaras sólo podremos empezar a recuperarnos cuando hagamos una autorreflexión sobre todo esto y comprendamos que no hay salidas mágicas ni dirigentes salvadores. "La respuesta está dentro de nosotros mismos", reflexionó.

Por Carmen María Ramos Para La Nación

Disyuntiva

"¿Podremos en algún momento los argentinos pasar por la sana depresión reparatoria, o nos empecinaremos en encontrar persecutoriamente la culpa en otros?", se pregunta Eduardo Padilla, médico psiquiatra y terapeuta familiar.

"No descuidemos esta enfermedad: la historia tiene un gigantesco cementerio de perseguidos y perseguidores. Los argentinos estamos otra vez demasiado cerca de ese macabro escenario, ya conocido", advierte Padilla, que, además, es presidente de la Fundación Familia y Comunidad.

 

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Junio 2000