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Alucinógenos
El
hongo
de
la Enciclopedia de las Sustancias
Psicoactivas por Richard Rudgley Little,
Brown and Company (1998)
-
11.06.2001
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La
disciplina académica llamada etnomicología
(el estudio sistemático del papel del hongo
en la cultura) fue encabezada por R. Gordon
Wasson (1896-1986).
En una primer mirada uno no podría
concebir a una mejor figura para descubrir el
profundo papel de los hongos alucinógenos
en el desarrollo de la religión.
Su
interés en los hongos fue estimulada por su
esposa Rusa Valentina, quien, siguiendo la
tradición de su gente,
era una micófila, o amante de los
hongos.
En
el libro Soma,
Wasson describe su tesis de que el soma,
la sustancia misteriosa alucinógena de los
Hindúes e Iraníes, era en realidad Amanita
muscaria.
De
acuerdo a la Historia General de las
Cosas de la Nueva España
escrito por el misionario Franciscano
Bernardino de Sahagún en el siglo dieciséis,
los Aztecas utilizaban un hongo sagrado
conocido para ellos con el nombre de teonanacatl,
que significa “carne de los dioses”.
A pesar de que lo describe explícitamente
como un hongo, su identificación fue
desafiada a principios del siglo veinte
sobre la base de que se desconocía el uso
de algún hongo psicoactivo por parte de los
Indios contemporáneos de México.
Se sugirió que en lugar de ser un
hongo, teonanacatl
era en realidad un cactus de peyote.
Tempranamente en su carrera, el
etnobotánico Richard Schultes creía que la
identificación original de Sahagún era
correcta.
Sobre la base lingüística, la tesis
del hongo tenía como evidencia el hecho de
que la palabra Mexicana moderna para los
hongos es nanacates. Durante un viaje a
Oaxaca, Schultes descubrió que las
comunidades locales de Mazatecas,
Chinantecas y Zapotecas utilizaban los
hongos del género Panaeolus
por sus propiedades psicoactivas, llevándolo
a concluir que la sustancia Azteca llamada teonanacatl
consistía en una o varias especies de Panaeolus.
Más tarde se dio cuenta que los
otros géneros de hongos también eran
incluidos bajo el término Azteca,
incluyendo a la especie Psilocybe. Los indios de Oaxaca
recolectaban estos hongos y los dejaban
secar antes de consumirlos con objetivos
proféticos y divinos.
Los efectos de los hongos son
descriptos por Schultes:
Las
dosis que prescribían los Mazatecas varían
con el tamaño y edad del individuo.
Usualmente quince hongos eran
considerados suficiente para inducir el
efecto deseado, pero también era común
ingerir dosis mayores.
Sobredosis de cincuenta o sesenta
hongos resultaban en intoxicaciones severas,
mientras que se pensaba que el continuo uso
de cantidades excesivas conducía a la
demencia permanente.
De acuerdo a las descripciones de los
Indios, la intoxicación dura
aproximadamente tres horas.
Poco después de la ingesta de los
hongos, el individuo experimenta una sensación
generalizada de levedad y bienestar. Esta
sensación es seguida por el habla
incoherente, estallidos emocionales
incontrolados y en las últimas etapas de la
intoxicación por visiones fantásticas de
colores brillantes.
Panaeolus
campanulatus,
un pequeño hongo con una tira marrón
oscura y un color amarillento amarronado,
era utilizado con frecuencia por los divinos
Mazatecas.
Según los dichos indígenas, estos
individuos que utilizaban estas sustancias
sufrían de senilidad y envejecimiento
prematuro como consecuencia de la acumulación
de toxinas de los hongos venenosos.
Asimismo, el hongo era utilizado como
medicamento y su uso en el tratamiento del
reuma demuestra una continuidad admirable,
ya que tanto los Aztecas como los Indígenas
Mexicanos contemporáneos lo utilizan con
ese fin.
Por
otra parte, entre los Indios y Esquimales de
Alaska y el Yukón, el tabaco era mezclado
con cenizas de hongos.
Esta tradición no ha muerto, ya que
el uso de “cenizas masticables”, como lo
llaman en el Yucón, todavía es un hábito
popular.
De acuerdo con el micólogo
canadiense Paul Kroeger, un profesor de una
escuela de la comunidad de la región admitió
que los niños que utilizaban este compuesto
en la escuela eran generalmente más calmos
que otros niños de la clase.
El compuesto es preparado a partir
del hongo Phellinus igniarius
reducido a cenizas y luego mezclado con
tabaco y a veces con hojas de té comercial.
Aunque ambos el tabaco y té son
estimulantes, la mezcla resultante actúa
como sedante, hecho que parece indicar
alguna propiedad psicoactiva suave por parte
del hongo (aunque esta especie no es
conocida por tener tales efectos).
Durante
el ritual de iniciación masculino de los
Bimin-Kuskusmin, que comprende doce estadios
de iniciación con un nivel más profundo de
conocimiento esotérico en cada uno, se
utilizan tres tipos de sustancias: jengibre,
tabaco y hongos alucinógenos.
Los principiantes que pertenecen a
los primeros tres estadios solo consumen
jengibre, que aunque no es considerada
normalmente como una planta psicoactiva, si
produce alucinaciones visuales y auditivas
cuando se consume (como es común entre la
tribu) luego de un ayuno prolongado y en un
estado de gran ansiedad y miedo.
Los que van a iniciarse en los próximos
seis estadios fuman tabaco sagrado mientras
que los hongos solo son consumidos en los
tres estadios superiores.
Así, cada estadio sucesivo involucra
tomar una sustancia
psicoactiva más potente.
Mientras que un individuo puede
utilizar la sustancia sagrada de su estadio
(o la de los estadios anteriores) sin
ninguna excepción puede probar la de los
estadios subsiguientes.
Durante el trance inducido por cada
sustancia se dice que el iniciante viaja
fuera de su cuerpo y, con la ayuda de un espíritu
guardián ancestral, visita el mundo
ancestral.
Si logra hacer este viaje dificultoso
exitosamente entonces ganará el
conocimiento sagrado apropiado para su
estadio.
Cada
uno de los doce estadios no solo ofrece la
recompensa de las revelaciones espirituales
sino que se debe demostrar la habilidad
creciente del iniciante para controlar su
conciencia.
Como muchas veces se hace durante el
uso de alucinógenos en los rituales, el
individuo primero debe prepararse mediante
la privación.
La abstinencia del sueño, comida y
agua son muy importantes durante cada
iniciación.
Las preparaciones más extremas son
aquellas en los últimos estadios, donde el
individuo debe permanecer tres noches sin
comida y sueño y dos días sin agua antes
de tomar el hongo secreto completamente solo
en la montaña durante la noche.
Se dice que este hongo es tan potente
que envenenaría a cualquiera consumido
fuera del contexto del ritual final.
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