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Olfato
El
olfato influiría en la actividad cerebral.
por
Nora Barr para La Nación, (Mayo 14, 2001)
-
28.05.2001
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Hoy
se sabe que la nariz es una estructura mucho
más compleja de lo que comúnmente se cree.
Entre otras cosas, las neuronas
olfatorias exhiben una de las capacidades más
extraordinarias de la neurobiología de los
mamíferos adultos: la continua regeneración.
Desde
hace varios años, los doctores Jorge Affani,
director del Instituto de Neurociencias del
Conicet y profesor titular de Fisiología
humana de la Universidad de Morón, y
Claudio Cerviño, profesor adjunto de la
misma universidad, se propusieron una
exploración sistemática de lo que sucede
en el cerebro cuando se suprimen las
neuronas olfatorias.
Es decir, su tarea se centró en el
estudio del olfato, no sólo como sentido de
detección y discriminación de olores, sino
como activador general del cerebro.
Estamos convencidos de que el olfato
tiene funciones que trascienden la mera
discriminación y sensación olfatoria.
Alrededor del sentido del olfato se
modeló filogenéticamente el cerebro, y
esas conexiones, que son muy antiguas, no
desaparecieron jamás”, explica Affani.
Con
la idea de investigar a fondo cuáles son
las funciones no olfatorias del olfato, los
científicos comenzaron un programa de
destrucción de distintas partes del aparato
olfatorio en un modelo animal, la zarigüeya,
para ver que cambios se producían en el
cerebro.
“Comenzamos
con la periferia, un punto privilegiado del
sistema nervioso, porque la mucosa de la
nariz, donde se encuentran las neuronas
olfatorias, es prácticamente el único
lugar del organismo adulto donde las
neuronas se regeneran constantemente,
explica Affani.
En
primer lugar, los investigadores observaron
que la extirpación de los bulbos olfatorios
tenía una repercusión muy importante sobre
los patrones electrofisiológicos del sueño,
tanto del sueño lento, como del sueño
paradójico, aquél que tiene que ver con la
actividad onírica.
“Luego
observamos que si se eliminan las neuronas
olfatorias la respuesta evocada desaparecía,
cosa que era una verdad de Perogrullo.
Pero también comprobamos que cuando
el animal se ponía a dormir, volvía a
aparecer una actividad similar a la que era
evocada desde la periferia.
Y era imposible porque las neuronas
habían sido destruidas!”, subraya el
investigador.
Sospecharon
entonces que el cerebro trataba de recrear
una actividad eléctrica en la zona que era
prácticamente idéntica a la evocada desde
el exterior.
“Nos resultó un tema
impresionante, porque sospechamos una relación
con una serie de fenómenos, como las fantosmias
(cuando las personas sienten que siguen
teniendo un miembro tras su corte o ablación).
En la esquizofrenia, por ejemplo,
también aparecen alucinaciones de tipo
olfatorio en ausencia de un objeto externo.
Lo curioso es que esto aparece
solamente cuando el animal está soñando.
Esto me llevó a pensar que hay
animales que sueñan con osmágenes
(en lugar de imágenes).
Es bastante lógico, por otra
parte”, dice Affani.
Si
bien los resultados obtenidos por este
equipo de investigación son sorprendentes,
según los científicos las alteraciones
observadas en los animales privados de
neuronas olfatorias dejan más preguntas que
respuestas.
“Por ejemplo, esto hace pensar que
al no respirar por la nariz, algo que ocurre
en los niños respiradores bucales, debe
tener consecuencias muy importantes para el
cerebro.
Hay observaciones clínicas bastante
antiguas que indicaban que estos chicos solían
tener dificultades de aprendizaje.
Nuestros experimentos están
demostrando claramente que en estos casos,
como en los de apnea del sueño, la inhibición
del sistema olfatorio puede tener
repercusiones en otras zonas del cerebro.”
Otro
cabo suelto y todavía sin explicación, que
puede tener relación con la fisiología del
olfato y su repercusión en las zonas
alejadas del cerebro, es el hecho de que la
enfermedad de Alzheimer va acompañada de
cambios en el sistema olfatorio.
“Cuando disminuyen las neuronas
olfatorias hay cambios muy profundos en el
cerebro.
Entonces, es probable que en algunos
enfermos, varios años antes de que se
declaren los signos de la enfermedad, como
la pérdida de la memoria, la desorientación,
haya una pérdida del olfato”.
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