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Olfato
El
mundo vívido de los olores.
Seeing,
Hearing and Smelling the World
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28.05.2001
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La
conducta social de la mayoría de los
animales está controlada por los olores y
otras señales químicas.
Los perros y ratones se basan en los
olores para localizar la comida, reconocer
caminos y territorios y hasta encontrar una
pareja.
Los insectos sociales como las
hormigas mandan y reciben señales químicas
intrínsecas que les dicen precisamente a
donde ir y cómo comportarse en todo
momento.
Pero
los humanos “ven” al mundo a través de
los ojos y los oídos.
Ignoramos el sentido del olfato
–y a veces suprimimos nuestra sensación
de lo que nos dice la nariz.
Por
otro lado, las madres pueden reconocer a
sus bebés por el olor, y los recién
nacidos reconocen a sus madres de la misma
manera.
Los olores que nos circundan afectan
nuestro bienestar a través de toda la vida.
Los olores también retienen un poder
para conmovernos.
Nuestras
papilas gustativas proveen sólo cuatro
sensaciones distintas: dulce, salado, agrio
y ácido.
Otros sabores provienen de la nariz.
Ambos
el olfato y gusto requieren que incorporemos
sustancias químicas que se adhieren a
receptores sobre las células sensoriales.
Tempranamente en la evolución, los
dos sentidos tenían el mismo precursor, un
sentido químico en común que les permitía
a las bacterias y otros organismos
unicelulares localizar comida o huir de
sustancias dañinas.
Como
es que percibimos las sustancias químicas
como los olores, es un misterio que, hasta
hace poco, no se podía resolver.
Los estudios anatómicos demostraban
que las señales de las células olfatorias
de la nariz llegaban al área olfatoria de
la corteza después de una única parada en
el bulbo olfatorio.
La corteza olfatoria se conecta
directamente con una estructura clave
llamada el hipocampo, que controla la
conducta sexual y maternal.
Cuando
los científicos trataron de explorar los
detalles de este sistema, sin embargo, se
toparon con una pared en blanco.
Ninguno de los métodos que habían
sido fructíferos en el estudio del sistema
de la visión parecía funcionar.
Además,
se sabía muy poco acerca de las sustancias
a las cuales responde el sistema olfatorio.
El ser humano puede reconocer hasta 10.000
olores.
Pero nuestra cultura pone un valor
tan bajo sobre la olfacción que nunca hemos
desarrollado un vocabulario propicio para él.
Parece imposible explicarle a alguien
como huele algo que nunca antes hallan
olido.
Tampoco
se pueden medir los olores sobre la escala
linear que los científicos usan para medir
la longitud de onda de la luz o la
frecuencia de los sonidos.
No existe una escala de olores ya que
las moléculas varían en la composición química
y forma tridimensional.
Para
descubrir cómo las moléculas odorosas
disparan nuestra percepción del olfato, los
científicos deben examinar las células
olfatorias e identificar las proteínas
receptoras que se unen a los odorantes.
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