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Ciencia
El
Desafío de Fausto por Hans Christoph
Binswanger
Science,
Ensayos sobre ciencia y sociedad
-
21.05.2001
-
En
la segunda parte de su obra, Fausto
(1832), Goethe confronta las promesas y
fallas de la Revolución Industrial y del
crecimiento económico que creó.
Sus observaciones mantienen
relevancia hoy en día.
El
protagonista de Goethe representa al hombre
moderno quien, a través de la ciencia,
busca someter a la naturaleza y construir
una nueva economía de libertad y
prosperidad.
La exaltación de Fausto expresa la
delicia del hombre moderno ante la
cornucopia de estas nuevas riquezas.
Pero no todo es rosa en este jardín
económico, ya que Goethe advierte que estas
riquezas pueden ser construidas sobre la
base de una ilusión insostenible.
Goethe
muestra como, a través de una combinación
de la actividad económica y el progreso
tecnológico, se efectúa la manipulación
de la naturaleza y de las fuerzas de la
naturaleza.
Fausto
es un empresario vigoroso que presiona a sus
trabajadores hasta el máximo. Sin embargo, Goethe se da cuenta de que la visión
empresarial y la labor humana no son
suficientes para alcanzar el gran proyecto.
Se necesita dinero para pagarle a los
trabajadores quienes, lejos de casa, no
tienen forma de subsistir.
Sin embargo, la provisión limitada
de oro que puede ser minado es insuficiente
para proveer el requerimiento monetario del
proyecto.
Fausto resuelve este problema con la
ayuda del emperador, o sea, el estado,
fundando un banco que utiliza el dinero de
papel, una moneda que no puede convertirse
en oro.
Es
estado obtiene una ganancia del invento de
la moneda de papel utilizándola para pagar
sus deudas.
Pero Fausto invierte el dinero en la
producción de bienes y a través de esta
transacción crea un equivalente entre los
bienes manufacturados y la moneda de papel,
así convirtiendo al papel sin valor en un
instrumento con poder de compra.
La potencia de este poder de compra
deriva de fuentes nuevas y tradicionales de
energía.
Fausto no depende más de la labor
humana solamente, sino también en las máquinas
impulsadas por energía recién creadas
porque estas últimas son más eficientes.
En
Fausto, Goethe describe, con precisión histórica,
el establecimiento de tres instrumentos
cruciales que permitieron el crecimiento
económico y sirvieron como motor para el
desarrollo futuro: (1) La creación de la
moneda papel, que comenzó con el uso por
parte del Banco de Inglaterra a fines del
siglo 17 y conforma la base de nuestro
sistema de moneda global, con su potencial
para la expansión constante; (2)
El invento de la máquina de vapor de
James Watt a fines del siglo 18 y el uso del
carbón, que marcó el comienzo de la
Revolución Industrial; (3) la ley de
propiedad romana de “dominio” en el Código
Napoleón, el nuevo código civil creado por
Napoleón a principios del siglo 19.
Este concepto de pertenencia provee
la sanción legal necesaria para la
creciente subordinación de la naturaleza
para los requerimientos de la explotación
económica.
Goethe
no sólo muestra como Fausto, el
representante del hombre moderno, realiza
este proyecto masivo de progreso económico,
sino también muestra los peligros
existentes y potenciales asociados con él.
El progreso humano consiste en
manipular a la naturaleza construyendo un
mundo artificial de ciudades, industria,
transporte y agricultura intensificada. Con mucho ingenio, Goethe nos dice que la intervención en el
ambiente natural que esto demanda puede
tener consecuencias inesperadas porque la
naturaleza reacciona de acuerdo a sus
propias leyes, que los humanos nunca pueden
prevenir completamente.
Las consecuencias sin intención y
sin anticipación pueden destruir
enteramente o en parte los éxitos
alcanzados por las intervenciones
anteriores.
El
verdadero peligro es que Fausto, el hombre
moderno, no reconoce la necesidad de
planeamiento cuidadoso para prevenir tales
daños.
Goethe simboliza esta ciega
irresponsabilidad con la pérdida de la
vista de Fausto.
Fausto está tan obsesionado con sus
planes para manipular a la naturaleza que
pierde la noción de
las realidades que requieren
reflexiones cuidadosas.
La
conferencia de Río sobre “Desarrollo
Sostenible”(1992) demostró que vivimos en
un mundo finito y limitado y que el
desarrollo solo es sostenible si tomamos
conciencia de estas limitaciones.
Esto es un desafío para Fausto, un
desafío para el hombre moderno.
Aquí también Goethe fue profeta.
En sus comentarios sobre “El juicio
contemplativo” escribe: “Nuestra meta
debe ser, a través de la contemplación de
los procesos incesantes de la naturaleza,
hacernos dignos de poder compartir la
espiritualidad en sus producciones”.
En otras palabras, debemos ser
observadores cuidadosos de los parámetros
de la naturaleza y permitirnos, ahora más
que nunca, ser guiados por ellos.
En vez de continuar intentando
dominar a la naturaleza con el pensamiento
linear, debemos cultivar una sensibilidad
intuitiva hacia sus complejidades.
La ciencia debe responder a esta
reorientación desarrollando la tecnología
correspondiente.
Necesitamos desarrollar productos que
producen menos desechos, duran más, son
reciclables, consumen menos energía, y se
adaptan con gracia al paisaje.
Esto
solo es posible si los economistas, también,
comprenden que menos puede significar más,
que en la producción económica lo que
importa no es la cantidad producida sino su
utilidad y que el crecimiento cualitativo y
cuantitativo puede beneficiar a la humanidad
sin el daño a la naturaleza.
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