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Nutrición
Los
chicos repiten los hábitos alimentarios de
los padres
Clarín
(Febrero 5, 2001)
-
14.05.2001
-
Los
padres tienen las mejores intenciones cuando
seducen, tratan de convencer y hasta
sobornan a sus hijos más chicos para que
coman los alimentos más nutritivos.
Para engordarlos, las abuelas suelen
ofrecerles manteca, barras de queso y leches
chocolatadas.
Pero,
según los médicos nutricionistas, todos
estos esfuerzos bien intencionados traen
como resultado adultos aniñados que
equiparan la comida con el amor y que comen
con desenfreno al sentirse ansiosos o
rechazados.
Lo
mejor, dicen, es ofrecer comida a los
chicos, pero no insistir cuando dicen que no
quieren más.
Tampoco conviene decirles que no
pueden comer dulces, galletitas, papas
fritas, gaseosas o helado.
Simplemente, no hay que tener esos
productos en la casa.
Cuando
tienen hambre los chicos comen lo que
encuentran.
Si lo que encuentran es la casa es
fruta fresca, ensaladas, bastoncitos de
zanahoria y apio, panes y pancitos hechos en
casa con menor cantidad de grasa y azúcar
que los comerciales, leche descremada, jugos
de frutas naturales y agua se estará
contribuyendo a su buena alimentación.
La
doctora Leann Birch, que preside el
Departamento de Desarrollo Humano y Estudios
Familiares en el Estado de Pennsylvania, y
otros colegas, coinciden en que el hecho de
presionar a los chicos para que coman y
negarles el acceso a determinados alimentos
puede tener consecuencias negativas.
“Esa
costumbre puede tener efectos contrarios a
los que uno desea.
Forzar a los chicos a que coman hace
que empiecen a gustarles menos determinados
alimentos y negarles el acceso a apetitosos
bocaditos hará que los chicos los coman en
exceso cuando tengan la oportunidad”, dice
Birch.
Los
expertos indican que debería ofrecerse a
los chicos toda una variedad de alimentos y
bocaditos saludables y la hora de la comida
debería ser algo placentero y no un campo
de batalla y competencia.
Los
chicos pueden y deberían participar en la
selección y preparación de algunas comidas
y también se les deben servir porciones no
muy grandes.
En lugar de llenar de comida el plato
del niño, es mejor ofrecerle pequeñas
porciones y si las come y le gusta ofrecerle
más.
Según
datos recogidos por el Centro para el
control y la Prevención de Enfermedades de
los Estados Unidos (CDC), menos de uno de
cada cinco chicos estadounidenses come las
cinco porciones diarias recomendadas de
frutas y verduras, mientras que más del 60
por ciento consume más grasa de la
aconsejada.
En
cuanto al tema del peso y las dietas, un
trabajo publicado en la última edición de
la revista Pediatría, realizado por el
equipo de la Doctora Alison Field llega a la
conclusión de que las chicas que ven a sus
madres obsesionadas por perder peso tienen más
posibilidades de repetir esa conducta.
“No
cabe duda de que los temas de los padres
relacionados con el peso se transmiten a los
hijos”dijo la Doctora Field.
“Si bien los padres deben ayudar a
evitar que sus hijos sufran sobrepeso también
deben acordarse de ser buenos modelos y
tener hábitos saludables, respecto de lo
que comen y la actividad física que
realizan, para que sus hijos puedan
imitarlos.”
La
doctora Birch recomienda también
actividades familiares no tan competitivas,
como caminar, andar en bicicleta y nadar,
actividades que no suponen la evaluación de
la figura, como ocurre con el baile o la
gimnasia.
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