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Cooperación
Lewis
Thomas
-
07.05.2001
-
Mi
argumento es que la fuerza impulsora de la
naturaleza, en este planeta con esta
biosfera, es la cooperación.
En la competitividad por
supervivencia y éxito durante la evolución,
la selección natural tiende, a largo plazo,
a elegir como ganadores a los individuos y
luego las especies, cuyos genes proveen la
manera más efectiva e inventiva de
relacionarse.
La forma más inventiva de todos los
esquemas de la naturaleza es la simbiosis,
que es simplemente la conducta cooperativa
llevada a un máximo.
Pero algo vagamente parecido a la
simbiosis, con menor compromiso, un cierto
deseo de juntarse, prevalece en la biosfera.
Esta
noción se observa mayormente a muy largo
plazo.
Sin embargo, hay evidencias que la
respaldan a corto plazo.
Aquí comienza entonces mi primera anécdota:
La historia empieza con varios experimentos
realizados en la Universidad de Buffalo en
los años 60 con algunas clases de amebas. Se sabía que el núcleo podía ser transplantado con éxito
entre amebas de una misma clase pero no
entre dos clases diferentes.
El núcleo era rechazado y la ameba
moría.
Lo que no se sabía era si el núcleo
rechazaba a la célula huésped o viceversa. De esta manera, surgía una nueva técnica para estudiar la
intimidad de la relación entre el núcleo y
la célula y los factores genéticos
involucrados en la relación.
Luego,
ocurrió una catástrofe, las amebas fueron
invadidas por bacterias y comenzaron a
morir.
Afortunadamente, se las pudo curar
hasta disminuir el número a 50000 bacterias
por cada ameba.
De esta manera las amebas se mantenían
vivas y sanas.
La única explicación era que éstas
se hubieran aclimatado a sus residentes, o
que las bacterias hubieran perdido la
toxicidad hacia sus huéspedes. Pero
algo más sutil y profundo había ocurrido.
Luego
de vivir con las bacterias por meses, las
amebas desarrollaron una dependencia hacia
ellas y una incapacidad de vivir sin ellas.
Cuando se trataban con antibióticos
apropiados, las bacterias morían, pero
luego morían las amebas.
El
núcleo de las amebas adaptadas había
sufrido un cambio fundamental durante la
adaptación.
En consecuencia, surgen dos
importantes eventos de la interacción entre
la célula huésped y el patógeno que
parecen involucrar una adaptación genética
que permite a la célula huésped sobrevivir
y prosperar.
El patógeno es designado como
organela indispensable y el núcleo de la
ameba cambia su rótulo de ´lo propio´
a algo como ´lo propio + x´.
De
estos eventos, el más interesante es el
paso de la bacteria de ser patógena a ser
indispensable.
El mecanismo no se conoce todavía ya
que no se puede estudiar a la bacteria fuera
de su huésped. En mi opinión, no es muy posible que este cambio resulte de
una alteración en la bacteria o sus
propiedades.
Lo que parece haber ocurrido es que
las células infectadas no solo aprendieron
a resistir la acción tóxica de las
bacterias , sino que, dada la prolongada
estadía en el citoplasma, aprendieron a
hacer uso de éstas, y finalmente
pasaron a depender de ellas para
vivir.
Se
ha descubierto, que el cambio adaptativo en
el núcleo de la ameba, como también el
cambio de parasitismo a simbiosis, ocurre
con mucha rapidez.
Se
sabe que las bacterias primitivas
aprendieron a vivir en comunidades.
Una sólida evidencia la constituyen
los estromatolitos, que son varias capas de
roca laminada habitadas por varias especies
de células procariotas. Contienen colonias
vivas de organismos anaeróbicos que viven
del azufre, otros que usan dióxido de
carbono y producen metano, otros que viven
del metano y producen materiales orgánicos
para la capa siguiente y así sucesivamente.
Lo poco que se sabe sobre estos
organismos es que viven todos juntos y no
sobreviven solos.
Hasta
hace poco parecía razonable pensar que
estas bacterias representen los
descendientes lineales de la primera célula
o grupo de células que surgieron en el
planeta entre 3,5 y 4 billones de años atrás.
Ahora, sin embargo, se piensa que un
subgrupo, las arqueobacterias son mejores
candidatas.
Una de las especies tiene ADN similar
al nuestro en un aspecto significativo: los
genes están interrumpidos por intrones.
Pero es la habilidad de vivir en
condiciones muy hostiles lo que las hace
atractivas como candidatas.
Cualquiera que halla sido su origen,
lo más difícil para las bacterias fue
aprender a sobrevivir la primera aparición
de oxígeno en la atmósfera, alrededor de 3
billones de años atrás cuando aparecieron
los primeros organismos capaces de realizar
fotosíntesis.
Al ir aumentando el oxígeno en la
atmósfera, las bacterias expuestas tendrían
que haber desarrollado mecanismos químicos
para protegerse, y luego, surgieron los
organismos aeróbicos con la capacidad de
utilizar el oxígeno eficientemente para sus
necesidades energéticas.
A
esta altura, surgen las células nucleadas.
Esto no pudo haber ocurrido sin la
existencia de las cianobacterias
fotosintetizadoras y las bacterias aeróbicas
respiradoras.
De alguna manera éstas últimas se
incorporaron en forma simbiótica dentro de
células procariotas convirtiéndose en las
organelas conocidas como mitocondrias y
cloroplastos.
Estas son huéspedes permanentes,
absolutamente esenciales para la vida y
perfectos ejemplares del poder y estabilidad
de la simbiosis en el curso de la evolución.
Ultimamente,
se ha puesto de moda negar la noción de
progreso en la naturaleza y aceptar que la
evolución no resulta en el aumento de la
complejidad y profundidad de los seres
vivos.
Esta noción es quizás aceptable si
uno toma en cuenta solo unos 600 años atrás.
Pero si se considera el tiempo en que
solo había bacterias y luego las células
nucleadas, es difícil rechazar la idea de
que la evolución se lleva a cabo con
progreso permanente.
Mucho
antes del surgimiento de la endosimbiosis y
la célula eucariota, las bacterias vivían
conjuntamente en ecosistemas microscópicos
estableciendo sistemas mensajeros y
receptores de información dentro de sus
comunidades.
Algunas de las señales químicas que
consideramos nuestras más sofisticadas
hormonas, como la insulina, ya eran
sintetizadas por las bacterias más simples
mucho antes de que apareciéramos en escena.
Podría ser que lo que para nosotros
son secreciones endocrinas, que mantienen la
integridad del ensamblaje de células
nucleadas, son los descendientes directos de
las moléculas usadas por las bacterias para
la regulación y el mantenimiento de sus
comunidades.
Lynn
Margulis, que contribuyó enormemente al
concepto de endosimbiosis, estudió la idea
de que las espiroquetas procarióticas se
habían adherido a las tempranas células
nucleadas y luego evolucionaron como la
cilia de las células modernas.
El
tracto intestinal de algunas termitas
contienen protozoarios móviles que deben su
motilidad enteramente a la cantidad de
espiroquetas adheridas a su superficie. La termita es un paradigma viviente de simbiosis.
El nido de las termitas es un modelo
de la conducta cooperativa.
Los miles de insectos se comportan
como las células que integran un solo
organismo.
A su vez, cada termita es un
ensamblaje en si misma.
El insecto vive de la madera, pero no
posee su propio sistema digestivo para
convertir celulosa en carbohidratos.
Esta es la función de los
protozoarios móviles.
Estos últimos no pueden moverse sin
las espiroquetas adheridas a sus
superficies.
Finalmente, dentro de cada
protozoario se encuentran las bacterias que
contribuyen las enzimas necesarias para la
digestión de la madera.
Margulis escribió hace un par de años:
“La simbiosis ha afectado el curso de la
evolución tan profundamente como el sexo
biparental. Ambos significan la formación de nuevos individuos que
contienen genes de más de un padre...Los
genes de parejas simbióticas están en
cercana proximidad y la selección natural
actúa sobre ellos como una unidad”.
El
altruismo de la naturaleza no es difícil de
explicar.
Dentro de muchas especies sociales es
común que un miembro individual sacrifique
su vida por la comunidad.
Un ejemplo lo constituyen las abejas.
De alguna manera, es la
autopreservación de los genes.
En biología, la preservación y
persistencia de los genes representa el éxito
de la reproducción , y así también el éxito
de la evolución.
Este tipo de comportamiento sería
favorable para la selección natural en el
curso de la evolución Darwiniana.
Algo
parecido al altruismo verdadero existe entre
nosotros también, aunque es más difícil
identificarlo como una conducta impulsada
genéticamente cuando ocurre.
Teóricamente, el altruismo tiene
sentido biológico para la preservación de
la línea de cualquier especie.
Pero, ¿Qué pasa con la cooperación,
que es tan diferente al altruismo?
Los genes involucrados entre parejas
cooperativas no son idénticos, ni siquiera
están relacionados.
¿Hay alguna manera de explicar la
cooperación pura, opuesta al altruismo
puro, en términos aceptables para la teoría
evolucionaria actual?
¿Se puede esperar que existan
circunstancias donde la conducta cooperativa
ofrezca ventajas para un individuo dentro de
una especie no cooperadora y egoísta, o
para una especie dentro de un mundo con
otras especies no cooperadoras?
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