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autores
Auto-trascendencia
Aldous
Huxley
-
30.04.2001
-
Aldous
Huxley acerca de la auto-trascendencia
El
epílogo de The Devils of Loudun
Copyright
1952 by Aldous Huxley
Published
1953 by Harper and Brothers, New York
Sin
la comprensión de la búsqueda de la auto-trascendencia
por parte del hombre, no podemos darle
sentido a nuestro período particular de la
historia o a la historia en general, a la
vida como se vivía en el pasado ni como se
vive hoy. Por esta razón, propongo la
discusión de las formas a través de las
cuales los hombres y mujeres han intentado
escapar de la conciencia atormentadora de
ser ellos mismos.
El
alcohol es una de las muchas drogas
utilizadas por los seres humanos como un
escape de uno mismo. De los narcóticos
naturales, estimulantes y alucinógenos, yo
creo no existe uno cuyas propiedades fueran
desconocidas en algún momento. Las
investigaciones modernas nos han dado una
gama de drogas sintéticas; pero en lo que
consta a los venenos naturales, sólo han
desarrollado mejores métodos de extracción
y concentración. Desde la amapola hasta el
curare, desde la coca andina hasta el
cannabis hindú, cada planta, yuyo u hongo
capaz de excitar o evocar visiones con su
ingesta, ha sido descubierto y
sistemáticamente utilizado desde hace
tiempo. Esto parece probar que en todas
partes y desde siempre, los seres humanos
han experimentado su existencia personal
como inadecuada. Explorando el mundo a su
alrededor, el hombre primitivo,
evidentemente “probó todo y se quedó con
lo que le era útil”. Con el objetivo de
la auto-preservación, lo útil es toda
fruta y hoja comestible. Pero en otro
contexto, el contexto de la
auto-insatisfacción y la de la búsqueda de
la auto-trascendencia, lo útil es
todo aquello en la naturaleza a través del
cual puede modificarse la calidad de la
conciencia individual. Los cambios inducidos
por las drogas pueden ser manifestados en
forma negativa, con consecuencias como la
incomodidad del momento y adicción futura,
degeneración y muerte prematura. Lo que
importa es la conciencia de ser alguien o
algo más que un ente aislado, aunque sea
sólo por una hora o por unos minutos. “Yo
vivo, pero en realidad no soy yo, sino el
vino u opio o hashish el que vive en mi”.
El ir más allá de los límites del ego
aislado es tal liberación que aún cuando
la auto-trascendencia es a través de
las nauseas, alucinaciones y coma, la
experiencia inducida por las drogas ha sido
considerada por los primitivos y hasta por
los civilizados como intrínsecamente
divina. La euforia a través de la
intoxicación todavía es una parte esencial
de la religión de muchas tribus africanas,
sudamericanas y polinesias.
En
los tiempos modernos, la cerveza y otros
atajos tóxicos hacia la
auto-trascendencia no son venerados
oficialmente como dioses. La teoría ha
sufrido un cambio, pero no la práctica,
porque en la práctica, millones de hombres
y mujeres civilizados continúan con su
devoción al alcohol, hashish, opio y sus
derivados, barbitúricos y los otros venenos
sintéticos capaces de causar la auto-trascendencia.
En todos los casos, por supuesto, lo que
parece un dios es en realidad un demonio, lo
que parece una liberación es en realidad
una esclavitud. La auto-trascendencia es
invariablemente hacia abajo.
Como
la intoxicación, la sexualidad elemental,
aislada de la idea de amor, fue una vez un
dios alabado no sólo como principio de la
fecundidad, sino como una manifestación de
lo ajeno inminente en cada ser humano.
En
la mayoría de las comunidades civilizadas,
la opinión pública condena la perversión
y la adicción a las drogas. A esta
desaprobación se le suma la represión
legal. Por ejemplo, el alcohol está cargado
de impuestos, la venta de narcóticos está
prohibida en todos lados, y ciertas
prácticas sexuales son tratadas como
crímenes. Pero cuando pasamos de la toma de
drogas y la sexualidad elemental a la tercer
forma de auto-trascendencia, nos
encontramos con una actitud diferente por
parte de los moralistas y legisladores. Esto
parece sorprendente ya que el delirio de
masa, como podemos llamarlo, es más
peligroso para el orden social comparado con
la bebida o la perversión. Las sociedades
parecen poder protegerse contra la
sexualidad y toma de drogas excesiva, pero
su defensa contra el delirio de masa y sus
consecuencias desastrosas es mucho menos
adecuada. Los moralistas profesionales que
se manifiestan en contra del alcohol, se
encuentran silenciosos acerca del vicio
igualmente desagradable de la intoxicación
de masa.
En
el medio de doscientas o trescientas
personas, la presencia divina parece más
problemática. Y cuando los números se
acercan a los miles, la posibilidad de que
Dios esté allí, en la conciencia de cada
individuo, es casi nula. Porque tal es la
naturaleza de una masa excitada, donde hay
una ausencia de la humanidad común. El
hecho de pertenecer a una multitud, lleva a
un hombre de la conciencia de ser un ente
aislado a un lugar donde no existen las
responsabilidades, ni el bien ni el mal,
sólo una fuerte sensación de masa, una
alienación colectiva. Esta alienación es
aún más prolongada y menos desgastadora
que aquella producida por la perversión; la
mañana siguiente, menos deprimente que
aquella que le sigue al auto-envenenamiento
por el alcohol y la morfina. Muy lejos de
condenar la práctica de la auto-trascendencia
a través de la intoxicación de masa,
los líderes de la iglesia y estado han
estimulado activamente su práctica en
cualquier circunstancia de propio beneficio.
Individualmente,
en una sociedad sana, los hombres y mujeres
demuestran una cierta capacidad para el
pensamiento racional y decisión propia en
la luz de los principios éticos.
En
masa, estos mismos hombres y mujeres se
comportan como si no tuviesen razón o
voluntad propia. La intoxicación de masa
los reduce hasta una condición
infrapersonal y una irresponsabilidad
antisocial. Drogados por el veneno
misterioso que cada miembro excitado
secreta, caen en un estado de sugestión
similar a un trance hipnótico. Mientras en
este estado, creerán cualquier cosa,
actuaran ante cualquier comando o
exhortación.
Cuando
el delirio de masa es explotado por el
beneficio de los gobiernos e iglesias
ortodoxas, los explotadores siempre se
cuidan de no permitir que la intoxicación
vaya demasiado lejos. Las minorías
gobernantes utilizan la búsqueda de la auto-trascendencia
por parte de sus sujetos, en principio
para divertir y distraerlos y en segundo
lugar para llevarlos a un estado de alta
sugestión. Las ceremonias religiosas y
políticas son bienvenidas por la masa como
oportunidades de envenenarse y son
bienvenidas por los gobernantes como
oportunidades de implantar sugestiones en
mentes que momentáneamente no son capaces
de razón o voluntad propia.
El
síntoma final de la intoxicación de masa
es la violencia maníaca. Nos encontramos
con delirios de masa que culminan en la
destrucción gratuita y en la
auto-mutilación feroz. Una masa es el
equivalente social de un cáncer. El veneno
que secreta despersonaliza a sus miembros
hasta el punto en que comienzan a
comportarse con una violencia salvaje, de la
cual, en su estado normal, serían
completamente incapaces.
Las
drogas, la sexualidad elemental y la
intoxicación de masa –estos son los tres
caminos más populares de la auto-trascendencia.
Existen muchos otros, por ejemplo el
movimiento rítmico. En las religiones
primitivas, el movimiento rítmico
prolongado es muy común para la inducción
de un estado infrapersonal y una euforia
subhumana. El objetivo de los hombres y
mujeres que sucumben a estas manías
colectivas es el mismo que el buscado por
las sectas que utilizan a la danza como un
rito religioso, escapar del ente aislado
hacia un estado donde no hay
responsabilidades ni culpa, sino sólo la
conciencia de ser otra persona.
El
sonido rítmico se encuentra íntimamente
asociado con el rito del movimiento
rítmico. La música es tan amplia como la
naturaleza humana, y tiene algo para
decirles a los hombres y mujeres en cada
nivel de su ser. En una de sus innumerables
formas, la música es una droga poderosa,
parte estimulante y parte narcótica, pero
enteramente alternativa. Ningún hombre, sin
importar grado de civilización, puede
escuchar percusión africana o cánticos
hindúes y mantener intacta su personalidad
crítica y conciente.
Para
poder escapar de sus propios horrores, la
mayoría de los hombres y mujeres elige no
ir hacia arriba ni hacia abajo, sino hacia
los costados. Se identifican con alguna
causa más amplia que sus propios intereses
inmediatos, no necesariamente hacia abajo, y
si hacia arriba, sólo dentro del rango de
los valores sociales del momento. Esta auto-trascendencia
horizontal, o casi horizontal, puede
llevarse a cabo a través de la
auto-identificación con cualquier actividad
humana, desde manejar un negocio hasta
investigar en física nuclear, desde
componer música hasta coleccionar
estampillas. La auto-trascendencia es
sumamente importante. Sin ella no existiría
el arte, la ciencia, las leyes, la
filosofía ni la civilización. Tampoco
existiría la guerra, la intolerancia
sistemática ni la persecución. Estos
grandes males son el fruto de la capacidad
humana para la auto-identificación total y
continua con una idea, un sentimiento, una
causa. ¿Cómo podemos tener lo bueno sin lo
malo, una alta civilización sin saturación
o exterminación de los herejes religiosos y
políticos? La respuesta es que no podemos
tenerlo mientras que nuestra auto-trascendencia
permanezca solamente horizontal. La
civilización requiere del individuo devoto,
la auto-identificación con la más alta de
las causas humanas. Pero si esta
auto-identificación con lo que es humano no
se acompaña con un esfuerzo consciente y
consistente para lograr la auto-trascendencia
hacia arriba, todo lo bueno alcanzado
siempre estará mezclado con males contra
restantes.
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