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Miedo
- El poder del mito
Joseph
Campbell
-
28.08.2000
-
CAMPBELL:
[...]En determinado nivel de vida y
estructura, los mitos ofrecen modelos de
comportamiento. Pero los modelos tienen que
ser adecuados al tiempo en que se está
viviendo, y nuestro tiempo ha cambiado tan
deprisa que lo que era adecuado cincuenta años
atrás hay ya no lo es. Las virtudes
del pasado son los vicios del presente. Y
mucho de lo que se creía que eran los
vicios del pasado son las necesidades de
hoy. El orden moral tiene que ponerse a tono
con las necesidades morales de la vida real
en el tiempo, aquí y ahora. Y eso es lo que
no estamos haciendo. Nuestras religiones
pertenecen a otra edad, a otra gente, a otro
conjunto de valores humanos, a otro
universo. Retrocediendo no hacemos otra cosa
que perder el ritmo de la historia. Nuestros
hijos pierden su fe en las religiones que se
les han enseñado, y pasan a un mundo
propio.
MOYERS:
A veces con la ayuda de una droga.
CAMPBELL:
Sí.
Ahí tienes una experiencia mística
inducida mecánicamente. He asistido a
muchos congresos de psicología que se han
ocupado de este problema tan importante de
la diferencia entre la experiencia mística
y el derrumbe psicológico. La diferencia es
que el que se derrumba se está ahogando en
el agua en la que el místico nada. Es
preciso prepararse para esta experiencia.
MOYERS:
Tú has hablado de la cultura del peyote,
que emerge y se convierte en dominante entre
los indios americanos, como una consecuencia
de la pérdida del búfalo y de su antiguo
modo de vida.
Todo
el ritual reproduce a la perfección
el tipo de experiencia que se asocia con el
viaje interior, cuando se abandona el mundo
externo para entrar en el reino de los seres
espirituales.
Identifican cada pequeño estadio con una
transformación espiritual. Transitan un
camino que es una vía sagrada.
MOYERS:
¿Por qué lo hacen de un modo tan
complicado?
CAMPBELL:
Bueno, tiene que ver con el hecho de que el peyote
no solamente produce un efecto biológico,
mecánico, químico, sino un efecto de
transformación espiritual. Si uno sufre
una transformación espiritual y no se ha
preparado para esa experiencia, no sabe cómo
evaluar lo que le ha pasado, y tiene la
terrible experiencia de un “mal viaje”,
como se lo llamaba con el LSD. Si sabes
adonde vas, no tendrás un “mal viaje”.
MOYERS:
Esa
es la explicación de que se produzca una
crisis psicológica si uno se hunde en el
agua donde...
CAMPBELL:
...donde
debería poder nadar, si lo hubieran
preparado. Es cierto para la vida
espiritual, al menos. La transformación de
la conciencia es una experiencia aterradora.
MOYERS:
Hablas mucho de la
conciencia.
CAMPBELL:
Sí.
MOYERS:
¿Cómo la definirías?
CAMPBELL:
Es característico del pensamiento
cartesiano el considerar la conciencia como
algo específico en la cabeza, creer que la
cabeza es el órgano donde se origina la
conciencia. No es así. La
cabeza es el órgano que tuerce la
conciencia en cierta dirección, o con
vistas a cierto conjunto de propósitos.
Pero hay conciencia aquí, en el cuerpo.
Todo el mundo viviente está informado por
la conciencia.
Yo
siento que la conciencia y la energía son
lo mismo, de algún modo. Dondequiera que
veas una auténtica energía vital, allí
hay conciencia. Por
cierto,
el mundo vegetal es consciente. Y cuando
vives en los bosques, como lo hice yo de niño,
puedes ver a todas estas diferentes
conciencias relacionándose. Hay
una conciencia vegetal y hay una conciencia
animal, y nosotros aunamos ambas. Si comes
determinada comida, la bilis sabe si hay
alguna sustancia en ella por la que tenga
que salir a trabajar. Todo el proceso es
conciencia. Tratar de interpretarlo en términos
simplemente mecánicos no sirve.
MOYERS:
Pero si en la idea del Edén hay esta
inocencia, ¿qué sucede con ella?.¿No es
destrozada, dominada y corrompida por el miedo?.
CAMPBELL:
Así es. Hay una maravillosa historia de la
deidad, del Yo que dijo “Yo soy”. Apenas
lo dijo, sintió miedo.
MOYERS:
¿Por qué?
CAMPBELL:
Porque ahora era una entidad en el tiempo.
Entonces pensó: “De qué habría de tener
miedo, si soy lo único que existe”. Y no
bien lo hubo dicho, se sintió solo, y deseó
que hubiera otro, y entonces sintió deseo.
Se hinchó, se dividió en dos, se volvió
macho y hembra y engendró el mundo.
El
miedo es la primera experiencia del feto en
el vientre materno. Hay
un psiquiatra checoslovaco, Stanislav Grof,
que ahora vive en California, que durante años
trató a sus pacientes con LSD. Y descubrió
que algunos de ellos reexperimentaron el
nacimiento, y al hacerlo el primer estadio
es el del feto en el vientre de la madre,
sin ningún sentido del “yo” o del ser.
Hasta que poco
antes del nacimiento el ritmo del útero
comienza, ¡y ahí
se manifiesta el terror!. El miedo es
lo
primero, la cosa que dice “yo”.
Después viene el difícil momento de nacer,
el complicado pasaje por el canal, y después...
¡Santo Dios! ¡La luz! ¿Te imaginas? Es
increíble que el proceso repita exactamente
lo que dice el mito: el yo dice “YO SOY”
e inmediatamente siente miedo. Y después
cuando comprende que está solo, siente
deseo de otro y se vuelve dos: esto es la
irrupción en el mundo de la luz y los pares
de opuestos.
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