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La
Galaxia Gutemberg
Marshall
McLuhan
-
28.08.2000
-
La
división de facultades que resulta de la
dilatación o exteriorización tecnológica
de uno u otro de los sentidos es un carácter
tan penetrante del siglo pasado que hoy
hemos tomado conciencia, por primera vez en
la historia, de como se inician tales mutaciones
de la cultura. Aquellos que padecen la
primera embestida de una nueva tecnología,
sea por el alfabeto o la radio, responden
muy intensamente porque las nuevas
proporciones de los sentidos, establecidas
inmediatamente por la dilatación tecnológica
del ojo o del oído, ofrecen al hombre un
sorprendente mundo nuevo, que evoca una
nueva y vigorosa
“conclusión”, o nuevo modelo de
interacción entre todos los sentidos en su
conjunto. Sin embargo, la primera conmoción
se va disipando gradualmente a medida que la
comunidad entera asimila el nuevo hábito de
percepción en todas las áreas de su
trabajo y asociación. La verdadera revolución
se produce en esa más tardía y prolongada
fase de “ajuste” de toda la vida social
y personal al nuevo modelo de percepción
establecido por la nueva tecnología.
Los
romanos llevaron a cabo la traducción de la
cultura del alfabeto a términos visuales.
Los griegos, tanto los primitivos como los
bizantinos, en su desconfianza por la acción
y el conocimiento aplicado, se aferraron a
gran parte de la vieja cultura oral. Porque
el conocimiento aplicado, sea en las
estructuras militares o sea en la organización
industrial depende de la uniformidad y
homogeneidad de los pueblos. El simbolista
Edgard Allan Poe escribió: “Es cierto que
el simple acto de redactar tiende en gran
medida a hacer lógico el pensamiento”. La
escritura lineal y alfabética hizo posible
la súbita invención de “gramáticas”
del pensamiento y de la ciencia por los
griegos. Estas gramáticas o deletreos explícitos
de procesos sociales y personales fueron
visualizaciones de funciones y relaciones no
visuales. Las funciones y los procesos no
eran nuevos. Pero el método de análisis
detenido y visual, es decir, el alfabeto fonético,
fue tan nuevo para los griegos como la cámara
cinematográfica para
nuestro siglo.
Más
tarde podremos preguntarnos por qué la fanática
especialización de los fenicios, que
extrajeron el alfabeto de la cultura jeroglífica,
no liberó en ellos ninguna otra actividad
intelectual o artística. De momento, es
oportuno hacer notar que Cicerón, el
sintetizador enciclopedista del mundo
romano, al contemplar el mundo griego,
reprocha a Sócrates haber sido el primero
en producir la escisión de la mente y el
corazón. Los presocráticos todavía
tuvieron, en general, una cultura
analfabeta. Sócrates estuvo en la frontera
entre aquel mundo oral y la cultura visual
del alfabeto. Pero no escribió nada. La
Edad Media consideró que ni Sócrates ni
Nuestro Señor confiaron sus enseñanzas a
la escritura porque no es posible por medio
de ella la clase de interacción entre las
mentes, necesaria en el adoctrinamiento.
La
interiorización de medios de comunicación
tales como las “letras”, ¿rompe el
equilibrio de nuestros sentidos y altera los
procesos mentales?
[...]Si
se introduce una tecnología, sea desde
dentro o desde fuera, en una cultura, y da
nueva importancia o ascendencia a uno u otro
de nuestros sentidos, el equilibrio o
proporción entre todos ellos queda alterado.
Ya no sentimos del mismo modo, ni continúan
siendo los mismos nuestros ojos, nuestros oídos,
nuestros restantes sentidos. La
interacción entre nuestros sentidos es
perpetua, salvo en condiciones de anestesia.
Pero cuando se eleva la tensión de
cualquiera de los sentidos a una alta
intensidad, éste puede actuar como anestésico
de los otros. El dentista
puede emplear hoy el “audiac” -ruido
inducido- para eliminar la sensación táctil.
La hipnosis depende del mismo principio:
aislar a uno de los sentidos para anestesiar
los restantes. El resultado de la ruptura de
la proporción de los sentidos, una especie
de pérdida de la identidad. El hombre
tribal y analfabeto, que vive bajo el peso
intenso de una organización auditiva de
todas sus experiencias, podríamos decir que
está en trance.
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