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Para
pensar
Sabiduría
antigua y ciencia moderna
Stanislav
Grof
-
30.10.2000
-
La
evolución de la conciencia y la
supervivencia humana
Karan
Singh
Me
parece que el futuro de la raza humana se
encuentra hoy en grave peligro.
Arthur Koestler ha sugerido la
escalofriante hipótesis de que el hombre
es una criatura programada para la
autodestrucción: que existe algo dentro de
su psique que lo conducirá finalmente a su
destrucción.
En este contexto, el antiguo mito de
la Atlántida me resulta fascinante.
La Atlántida fue una gran y gloriosa
civilización, próspera más allá de lo
imaginable, que relucía con todos los
logros de la ciencia y la tecnología.
Y se nos dice que la Atlántida se
sumergió un día bajo las aguas, incapaz de
sobrevivir a su propia ingeniosidad tecnológica.
¿Podría acaso ser que fuéramos
la nueva Atlántida?
Les pediría que reflexionaran sobre
esta pregunta, ya que la ciencia y la
tecnología nos han entregado nuevamente
todas las relucientes maravillas, pero la
sabiduría languidece.
El conocimiento crece y la sabiduría
languidece.
El
hombre está alcanzando literalmente las
estrellas, y los fantásticos logros de la
medicina y la ingeniería están a la vista.
Sin embargo, el hombre parece haberse
topado hoy con este terrible veneno: el
odio, la envidia, el temor, la falta de paz
interior, el conflicto constante entre las
fuerzas hostiles que parecen dominar al
mundo actual.
Creo
que la clave reside en el futuro de la
conciencia humana.
Este gran regalo de los Dioses, el
don de la conciencia, ha crecido durante
millones de años desde los organismos
unicelulares hasta llegar actualmente al
estado humano.
¿Hacia donde seguimos?
¿Existe algún motivo para suponer
que la evolución de la conciencia llega a
su fin con nuestro actual estado humano?
¿O nos hallamos acaso equilibrados
en el umbral de un salto a un nuevo nivel de
conciencia?
¿Por qué motivo debiera la evolución
terminar con nosotros?
Algo que se halla inserto dentro de
todo el proceso evolutivo parece estar
empujando a la conciencia a un nuevo salto,
que es lo único que puede asegurar la
supervivencia humana.
Es importante recordar la gran
diferencia que existe entre este salto de
conciencia y los que ocurrieron con
anterioridad.
Los animales no participaron
activamente en su evolución hacia los seres
humanos; fue una evolución a ciegas.
Pero hoy tenemos, por primera vez,
una especie capaz de cooperar con la fuerza
evolutiva, y eso puede contribuir a producir
esa mayor conciencia.
No somos sólo instrumentos ciegos.
Somos individuos concientes de
nosotros mismos, y es allí donde hallamos
la clave de la importancia del esfuerzo
espiritual.
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