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Cerebro
Las
emociones vistas por el Psicoanálisis y la
Neurociencia: Un ejercicio de conciliación
Jaak
Panksepp
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27.11.2000
-
Los
neurocientíficos afectivos y cognitivos se encuentran ahora en una
posición como para vincular a las entidades neuronales concretas con
varios conceptos psicológicos y psicoanalíticos abstractos.
Se puede anticipar, por supuesto, la necesidad de modificar la
teoría psicoanalítica y sus terminologías.
Asimismo, la neurociencia funcional podría tornarse mas refinada
al ser combinada con el pensamiento psicoanalítico.
Desafortunadamente, los practicantes de ambas disciplinas pueden
no estar dispuestos a abrazar el cambio.
Lo mejor que puede pasar, en este momento, es que la serie de
debates promueva el intercambio positivo que lleva a los interrogantes
empíricos informativos. Claramente,
el psicoanálisis necesita anclar su pensamiento de una manera que
promueva la evaluación empírica de las ideas y la neurociencia
necesita tomar a las dinámicas emocionales mas seriamente.
El
psicoanálisis ha comenzado a buscar una conexión con la neurociencia
pero no ha habido reciprocidad.
Algunas
de las causas por la falta de un intercambio substantivo son muy
directas. Los
neurocientificos se sienten, generalmente, orgullosos de poseer oídos
que son sordos a los temas de integración superior que solo se pueden
medir indirectamente. Por
otro lado, Freud en 1895 intencionalmente decidió distanciar sus
pensamientos de los procesos cerebrales cuando no pudo llegar a una
conclusión satisfactoria de “Proyecto para una Psicología Científica”
(1950). Cuando Freud era joven y trataba de ligar los procesos
mentales y neuronales, no había conocimiento disponible sobre el
cerebro para sustentar esa fusión.
Ahora
que ha pasado un siglo desde que Freud abandono sus aspiraciones
prematuras hacia una psicología coherente, ha llegado la hora de
mezclar el pensamiento psicoanalítico y neuronal en una síntesis
coherente. A la
neurociencia le vendría bien empezar a considerar seriamente la
existencia de los procesos emocionales sutiles que son absolutamente
esenciales para la construcción de las mentes humanas y animales.
La neurociencia debería aceptar el hecho de que el cerebro mamífero
puede generar una variedad de sentimientos afectivos que probablemente
reflejen causas de conductas a largo plazo.
A
través del siglo veinte, el psicoanálisis fue una de las primeras
ciencias sociales que reconoció las corrientes emocionales mas
profundas de la mente humana. Para
poder comprender el cerebro, la neurociencia también debe considerar
estas realidades. La teoría
psicoanalítica puede ayudar a guiar el pensamiento neurocientifico que
trata las dinámicas emocionales que acontecen dentro de los tejidos
neuronales. Contrariamente,
la neurociencia puede proveer hechos que ayuden a la teoría psicoanalítica
a acercarse a los métodos objetivos para formar parte de la disciplina
empírica que caracteriza a las ciencias verdaderas.
Para que nuestros conceptos tengan una base científica, debe ser
posible cuantificarlos (tanto directamente o indirectamente) y
especificar relaciones sistemáticas con otras variables que también
puedan ser cuantificadas. Que tan bien este tipo de hibridación puede funcionar queda
como tema abierto, pero todos los que están interesados en la
clarificación de los misterios afectivos de la existencia humana van a
tener que prestar atención a como los pensamientos neurocientificos,
psicoanalíticos, psicobiológicos y sociobiológicos pueden interactuar
y evolucionar. Como Freud intentó hacer a traves de su psicología
profunda, vamos a tener que aprender a manejar la parte invisible
neurodinámica de la mente. Obviamente,
existen muchos procesos cerebrales sutiles que nos ayudan a maximizar
nuestra aptitud, pero no existe una disciplina que tenga una vista
comprensiva de estos asuntos relevantes.
El lugar donde se acercan las distintas disciplinas para trabajar
sobre estos asuntos (lo que yo llamaría neurociencia afectiva) debería
producir adelantos científicos fascinantes acerca de la organización
cerebral en la próxima década.
Afortunadamente,
la triangulación entre la investigación cerebral en mamíferos, el
estudio del comportamiento animal y el análisis sistemático de la
experiencia humana subjetiva es una buena estrategia para sustentar un
nivel creíble de progreso científico.
Una vez que este nivel de análisis halla sido consumado
satisfactoriamente, estaremos en la posición de monitorear procesos
afectivos directamente de las actividades cerebrales.
Así
mismo, el tema de la experiencia afectiva en otros animales ha llegado a
ser un problema más manejable. Ahora
que estamos reconociendo las profundas homologías que existen entre las
estructuras anatómicas, la dinámica neurofisiológica y la codificación
neuroquímica de los procesos cerebrales entre las especies de mamíferos,
tenemos la oportunidad de validar muchos de los descubrimientos y
conclusiones derivados del comportamiento animal e investigaciones
cerebrales con reportajes subjetivos derivados de la investigación
humana. Aunque se pueden
lograr correspondencias informativas en todos esos niveles de análisis,
las de mayor utilidad emergerán del estudio de la codificación neuroquímica
de la conducta.
En
los niveles inferiores del eje neuronal, la evolución cerebral
estableció un “cuerpo virtual” neurosimbólico que representa al
organismo como una entidad coherente.
Los sentimientos afectivos pueden estar establecidos en el
cerebro por sistemas operativos emocionales interactuando con la
representación neurosimbolica de tal “cuerpo virtual”.
He decidido nombrar esta identidad como “PROPIO” y el proceso
puede corresponder al aspecto mas primitivo del ello de Freud.
He sugerido que esta entidad hipotética se encuentra dentro del
área centromedial del cerebro- tales como el PAG y las zonas
coliculares y tegmentales circundantes- pero su influencia se desparrama
por todo el cerebro directamente e indirectamente, por ejemplo en la
conexión con las áreas frontales ejecutivas del cerebro e influencias
a traves de los sistemas de activación reticulares y talámicos (ERTAS).
Yo creo que varios sistemas emocionales crean experiencias
afectivas interactuando con esta estructura.
El nivel de reverberación dentro del sistema es un epicentro
sobre el cual las situaciones placenteras y las no placenteras básicas
de la vida pueden ser proclamadas.
La
anatomía de las estructuras neuronales coincide con la teoría de que
la parte centromedial cerebral contiene ingredientes esenciales para la
coherencia del organismo y el alerta de acción.
El PAG contiene una convergencia masiva de distintos sistemas
emocionales que están fuertemente conectados con el sistema sensorial
espinal y con el sistema motor. El
colículo contiene una convergencia masiva de muchos de los principales
sistemas sensoriales externos. Entre
ellos existen mapas motores que se encargan de los movimientos
corporales coherentes. Asumo que el área de lo “PROPIO” incluye las conexiones
neuronales primitivas, especialmente direccionadas hacia las áreas
corticales frontales que pueden proveer varias formas del despertar
afectivo y coherencia a través del eje neuronal.
Además, tiene conexiones fuertes con el ERTAS donde las
percepciones se entrelazan con el afecto.
Lo necesario son modulaciones fuertes de los componentes
ascendientes del ERTAS (incluyendo colinérgicos y catecolaminérgicos)
desde el sistema PAG/Propio y tales conexiones ya se han demostrado.
La extensidad neuronal de estos sistemas permiten los tipos
abundantes de expresión emocional- desde adicciones apasionadas y
fijaciones hasta represiones y racionalizaciones- para ser construidas a
partir de los sentimientos crudos. La esencia de los sentimientos afectivos de varios sistemas básicos
emocionales interacciona con la cadena de lo “Propio” mientras los
procesos superiores de asociación/memoria extienden y modifican estas
formas de alerta de acción con los contenidos cognitivos. Esta postura en general es compatible con la teoría
freudiana.
La
forma mas vigorosa de autoestimulación obtenida del área medial
frontal cerebral (MFB) que sube desde el área tegmental ventral (VTA)
hasta el estrato ventral, septum, y otras áreas frontales corticales,
parece generar un estado de conducta de espera ansiosa en vez de una
sensación unitaria de afecto positiva.
Yo lo he llamado el sistema de “BUSQUEDA” ya que es un gran
mecanismo neuronal con motivos generales que puede servir para una gran
variedad de distintas pulsiones motivacionales. Otros
han nombrado a estos substratos neuronales como el sistema básico de
“deseo”. Afectivamente,
este sistema probablemente media los sentimientos con un sentido
obsesivamente energizado de deseo y
poder en vez de cualquier tipo de sensación placentera simple que
normalmente padecemos al satisfacer nuestras deseos.
Por
otro lado, la estimulación de otras áreas como el núcleo septal
medial, puede provocar sentimientos placenteros.
Todavía hay que trabajar más con la estimulación química y eléctrica
antes de asegurarnos que áreas cerebrales median las cualidades
afectivas. A pesar de esto, yo creo que los afectos emocionales básicos
están vinculados más cercanamente con los sistemas instintivos de
alerta de acción mientras que los afectos motivacionales están más
vinculados a los sistemas sensoriales.
Pero en ultima instancia, ambos tipos de afecto están mediados
por habilidades intrínsecas senso-motoras de regiones ancianas
subcorticales del cerebro que pueden establecer varios estados neurodinámicos
dentro del cerebro.
En
el presente, la infraestructura del sistema de JUEGO incluye el núcleo
reticular del tálamo posterior y tallo centromedial.
Las ganas de juego pueden reflejar una de las manifestaciones más
tempranas de las funciones del ello que surgieron de la evolución
neuronal de lo “PROPIO” primitivo.
Esto es sugerido por la forma asertiva en que los organismos se
lanzan a las actividades de juego cuando estos sistemas cerebrales están
activos.
Freud
no reconoció adecuadamente la existencia de sistemas emocionales
dedicados a los distintos procesos sociales.
Aunque le dió mucha atención a la sexualidad, no reconoció la
probable existencia de sistemas básicos instintivos para la devoción
maternal, la adaptación social, el estrés de separación y el juego,
los cuales están fuertemente representados en la corteza talámica
y límbica media ( áreas frontal, cingular anterior e insular).
Por supuesto, las generaciones más tardías del pensamiento
psicoanalítico desarrollaron algunos de estos temas bajo el rubro de
“relaciones con objetos”, pero mucho de esto fue discutido en un
contexto derivativo en vez de cómo procesos básicos emocionales.
Como emergen de estos sistemas las emociones sociales superiores,
tal como la envidia, la culpa, los celos, y la vergüenza, será un
capitulo fascinante de neuropsicología. El refinamiento de tales emociones sociales superiores puede
proceder a través de formas de aprendizaje “preparado” que emerge
de la neurodinámica de las mas básicas tendencias emocionales
resonando a través de canales preparados evolucionalmente de lo
“PROPIO”.
Asimismo,
la dominancia y sumisión social surgen de procesos de aprendizaje
adheridos a estos sistemas básicos, y un entendimiento mas profundo de
las dimensiones sociales puede proveer importantes datos sobre el porque
el psicoanálisis trabaja bien en el tratamiento de algunos desordenes
neuróticos. Uno podría
tomar la forma clásica de terapia psicoanalítica para reflexionar
sobre el establecimiento de las relaciones de dominancia-sumisión.
Observaciones del comportamiento animal sugieren que los animales
sumisos comúnmente exhiben mas solicitación social mientras que los
animales dominantes exhiben menos comportamientos amistosos y típicamente
solo responden si son activamente solicitados.
Este tipo de rol dominante-pasivo es asumido comúnmente por los
psicoanalistas. A veces, la
terapia termina rápido cuando esta relación asimétrica, caracterizada
por una falta de reciprocidad, se torna intolerable psicológicamente
para el cliente. Por otro
lado, la terapia llega a una conclusión mas satisfactoria cuando el
cliente inicialmente sumiso, trabajando a traves de energías
emocionales negativas, emerge como un individuo con una actitud mas
dominante y/o de aceptación acerca de la vida.
Ya
que nos encontramos en una era corticocéntrica de investigación
emocional, muchos investigadores probablemente todavía tiendan a
favorecer localidades tales como el lóbulo frontal o límbico superior
(áreas cingulato anterior, frontal, insular, y amigdalar) para el
procesamiento del afecto. Podemos
obtener varias correlaciones entre el afecto y las actividades
corticales superiores, pero se necesita mas evidencia para convencernos
de que estas correlaciones reflejan la neurodinámica esencial de los
estados afectivos mismos. Pueden
tener mas influencia en la regulación compleja de las emociones y las
interacciones emotivas-cognitivas.
Yo creo que los circuitos de comando subcorticales extensamente
ramificados que generan y sincronizan varias conductas emocionales y los
cambios corporales acompañantes son esenciales para generar los
sentimientos afectivos y hay abundante evidencia que respalda esta
conclusión. Además quiero
mencionar que los opiáceos producen mayores efectos en áreas como el
PAG y el área tegmental ventral que en áreas superiores como la amígdala
y la corteza frontal.
Desafortunadamente,
para la mayoría de los sentimientos básicos, todavía no esta claro si
son mas importantes las áreas superiores (amígdala) o inferiores (PAG).
Adolphs, Tranel y Damasio cierran su reciente contribución con
esta afirmación provocativa: “Una
pregunta intrigante que todavía no ha sido contestada es: ¿Cual es la
participación relativa de la amígdala en la activación de la
información que es innata, versus la información que es adquirida a
través de las experiencias individuales en un contexto cultural?”
Yo asumo que la información innata seria algún estado de animo
inducido perceptualmente por ciertos aspectos intrínsecos de la
percepción, y creo que la evidencia mostrara que la amígdala no puede
elaborar el sentimiento de miedo sin sus conexiones descendientes al
hipotálamo y PAG. Por otro
lado, esas áreas inferiores pueden generar sentimientos de miedo
incondicionales, aunque no ciertos miedos aprendidos, sin la amígdala.
De
acuerdo con el punto de vista subcortical, todos los sistemas
emocionales básicos son modulados por un numero grande de entradas,
desde estímulos simples entrando a los sistemas emocionales hasta
entradas asociativas de nivel superior.
También habrá parámetros psicológicos y hormonales que
modulen las sensibilidades de los circuitos, y mas importante, parece
haber un código neuropeptídico dentro de muchos sistemas emocionales.
Por ejemplo, los opioídes endógenos y la oxitocina son
esenciales para la regulación de las emociones sociales, el factor de
segregación de corticotrofina (CRF) media una forma básica de
ansiedad, la sustancia P es importante en la instigación de la agresión,
y hay muchas otras relaciones neuropeptídicas reveladas por trabajos
preclínicos.
Yo
creo que la interacción de los sistemas emocionales con substratos
inferiores como el PAG son esenciales para crear estados de animo que
luego son diseminados por el cerebro.
Si esto es así, la clave para entender la naturaleza de los
sentimientos es la identificación de las correlaciones neurodinámicas
y neuroquímicas que acompañan los tipos de sentimientos y la evaluación
de sus roles casuales a través de líneas paralelas de investigación.
Los
investigadores han identificado un gran numero de participantes neuroquímicos
específicos e inespecíficos en cada uno de los “programas de
afecto” del cerebro. Hay
algunos sistemas que son muy generalizados, participando en prácticamente
todas las respuestas emocionales y cognitivas (norepinefrina (NE),
serotonina (5-HT), acetilcolina (Ach) y glutamato), mientras otros,
especialmente los neuromoduladores neuropeptídicos, tienen efectos mas
discretos limitados a estados emocionales-afectivos particulares.
Entonces, cuando analizamos estos sistemas, es evidente que la
beta endorfina y la oxitocina promueven estados afectivos positivos,
mientras que el CRF y la colecistoquinina promueven estados afectivos
negativos.
El
glutamato parece operar directamente sobre todos los procesos cognitivos
y afectivos que fueron estudiados en animales.
Esto se pone en evidencia por en gran numero de respuestas
emocionales-como la ira, el miedo y el estrés por la separación-que
puede ser activado por simulación glutamatérgica de diferentes áreas
del cerebro. Sin embargo parecería que la mayoría de estas
potencialidades fundamentales no son manifestadas hasta que los estímulos
instigadores sensibilizan sistemas de control mas específicos tal como
los circuitos de neuropéptidos. Yo
creo que en este proceso una vez que un comando neuropeptidérgico se
sensibiliza en el cerebro (tanto en sitios sinápticos de interacción
como por transmisiones parácrinas no especificas), la respuesta
seleccionada glutamatérgica puede transportar el mensaje funcional
hacia delante en términos cualitativos
y cuantitativos.
Freud
anticipó que el control neuroquímico de los estados afectivos podría
eventualmente hacerse realidad. El
surgimiento de la psiquiatría biológica ha confirmado esta predicción,
y de esta forma ha disminuido la influencia del psicoanálisis.
Pero ahora estamos en el comienzo de una gran revolución de la
psiquiatría biológica, que nos permitirá estudiar controles
emocionales neuropeptidérgicos específicos dentro del cerebro. Tal revolución podría ayudar a reabrir las puertas hacia
algunos conceptos psicoanalíticos.
Sin embargo, quizá ninguno de esos descubrimientos podrá darle
vida al concepto generalizado de “pulsión” de Freud.
Es simplemente demasiado amplio e impreciso para cualquier
tratamiento neurocientifico. El
concepto hidráulico de pulsiones construyéndose que fue tan popular
durante los días de Freud ahora parece ser desorientador aunque no es
difícil imaginar como tales entidades metafóricas pueden corresponder
a la intensidad de las entradas excitatorias a los sistemas centrales
integrativos como lo “Propio”.
Desafortunadamente, hay distintas influencias como para
clasificarlas bajo un mismo concepto.
Ultimamente, el concepto de pulsión de Freud probablemente
reflejo la manera en que las áreas de mediación superiores del cerebro
buscan crear orden a partir de las complejidades de la neurodinámica
subcortical. Es
reminiscente del eje de provocación en las teorías actuales de
emociones, que probablemente sea otra amplia abstracción de orden que
no tiene representación unidimensional dentro de la dinámica
subcortical de los sistemas emocionales.
Vale
la pena mencionar que el término ha sido usado de demasiadas formas en
la historia de la psicología como para ser recuperado como un concepto
explicatorio en algún sistema. La
utilización tradicional del concepto de “pulsión” en psicología
se trato de dejar de usar cuando se noto que era intrínsecamente
ambiguo y carecente de poder explicatorio.
En mi mirada reciente de las emociones y motivaciones, el
concepto de “pulsión” fue relegado a las funciones especificas
reguladoras y motivacionales tales como sed, hambre y termoregulación,
donde elementos detectores interoreceptivos fueron identificados en la
parte media del diencéfalo. Uno
también podría utilizar el concepto de pulsión para transmisores como
la dopamina (DA) que ayuda a regular funciones generalizadas de
provocación del apetito (que he conceptualizado como una función de
BUSQUEDA), pero se debería notar que tales circuitos no regulan
directamente otras conductas afectivas energéticas como el jugar y el
miedo. Entonces parece muy
vago ponerle una etiqueta a tales sistemas como provocación de la
conducta general o sistemas de facilitación como algunos ya han hecho.
Debemos evitar hablar sobre estos sistemas como si le darán
energía a todas las conductas o proveen una
infraestructura para un sistema de “afecto positivo” dentro
del cerebro. Por supuesto,
buscar una estructura conceptual optima que no sea injusta para las
complejidades subyacentes, sigue siendo un tema difícil en psicología
y neurociencia funcional.
En
este momento, el concepto de “pulsión” de Freud tiene poco valor y
en mi opinión debería ser dejado de lado.
Asimismo, parece evidente que ciertos tipos de pulsiones
emocionales y motivacionales se acumulan en el sistema nervioso,
entonces quisiera hablar sobre otros vínculos posibles con la
neurociencia, especialmente para aquellos que piensan que no se debe
dejar de lado el concepto de pulsión.
Debemos
reconocer que Freud usaba el concepto de pulsion de una manera diferente
de la que yo preferiría usarlo (como varios estados cerebrales que
surgen directamente de detectores de necesidad corporal). Para Freud, “pulsión” parecía ser la tensión o
provocación generalizada que acompañaba a todos los imbalances
homoestáticos. Entonces, si uno busca vincular este concepto Freudiano con
la neurociencia moderna, uno debería hacer foco en los tipos de
provocación general y los sistemas de glutamato y GABA como también
los circuitos ya discutidos de DA, NE, y 5-HT y los menos apreciados
como el de la histamina. Muchos
de estos sistemas responden a ciertas variables del estado corporal como
los niveles de esteroides circulantes y los estados de vigilancia. También se debería notar que mientras el sistema de NE
tiene respuestas para todo tipo de estimulo de alerta en animales, el
sistema de 5-HT comparadamente
no responde a los eventos mundiales, y solo aumenta su actividad
modestamente con estímulos altamente estresantes.
Uno podría proponer que los sistemas de NE, DA provocativos y
5-HT dormidos o inactivos promueven la pulsión, mientras que los de
catecolamina dormidos y 5-HT provocativos tienden a reducir la percepción
generalizada de la tensión de la pulsión.
Sin
embargo, todo esto debería proveer algún poder explicatorio para las
observaciones existentes acerca de la psiquis normal humana.
Simplemente no hay información suficiente a este nivel como para
proseguir muy lejos. Estudios
conducidos cuidadosamente que modifican específicamente estos sistemas
recién se están haciendo disponibles, y hasta ahora los resultados
generalmente indican que las tendencias globales de
personalidad-afectiva pueden ser cambiadas en direcciones predecibles..
Por ejemplo, el aumento de 5-HT en el cerebro humano normal
reduce el afecto negativo y aumenta la cooperación social sin
influenciar el afecto positivo. Entonces
podemos confiarnos de que la intensidad afectiva puede ser vinculada con
los niveles sinápticos de tales actividades neuroquímicas, pero yo
creo que los aspectos cualitativos de los sentimientos afectivos emergen
de otros sistemas neuropeptídicos que son activados de forma
simultanea.
Conclusión:
La
construcción de vínculos sólidos entre las ideas psicoanalíticas
derivadas de observaciones clínicas y los descubrimientos empíricos de
la neurociencia moderna es una tarea ardua.
Desafortunadamente, la neurociencia moderna todavía no ha
conceptualizado como la dinámica
neuronal interna del cerebro teje realidades psicológicas mezclando las
habilidades proporcionadas por la evolución con el simbolismo neurodinámico
de los eventos globales.
Durante
las etapas tempranas de la evolución del cerebro de los vertebrados, se
crearon una variedad de mecanismos neuronales destinadas a funciones
especiales que permitían a los animales manejar las situaciones de vida
automáticamente. Muchos de
estos procesos residen en la médula espinal y tronco encefálico.
Además de estas habilidades reflexivas y predecibles, la evolución
incorporó funciones más generales que podían coordinar varias
funciones corporales para permitir al organismo controlar la
supervivencia con mayor flexibilidad.
Algunos de estos sistemas coordinantes son los circuitos
emocionales básicos y arquetípicos que comparten todos los mamíferos,
que se encuentran concentrados en el centro de las estructuras mecencefálicas
y diencefálicas y en el sistema límbico.
Mientras la competitividad por los recursos se hacía más
intensa, se incorporaron mecanismos de aprendizaje general aumentando la
flexibilidad cognitiva y permitiendo que los animales conceptualizen las
circunstancias para luego determinar su comportamiento.
Estas habilidades abstractas surgen del desarrollo neuronal más
reciente del cerebro mamífero como es la neocorteza.
En
el cerebro humano, los mecanismos reguladores de emociones de orden
superior fueron incorporados tan profundamente en solo unos millones de
años, que su estudio se ha convertido en un desafío científico. Podemos estar seguros de que los valores emocionales que
fueron establecidos durante las etapas tempranas de la evolución
cerebral han permanecido íntimamente coordinadas con funciones
recientemente evolucionadas. Dentro
de estas nuevas habilidades afectivas encontramos un gran número de
tendencias emocionales construidas socialmente que deben su existencia
solo a las funciones cognitivas. Por
eso es imposible imaginar sentimientos como “celos” y “vergüenza”
sin antes existir ciertos tipos de pensamientos, como también memorias,
en el cerebro. Por otro
lado, las emociones básicas pueden ser experimentadas sin ninguna
actividad cognitiva precedente (por lo menos de la variante que requiere
la participación neocortical), aunque halla abundantes cambios
cognitivos cuando se estimulan las emociones básicas que llevan a una
variedad de construcciones emocionales secundarias. Yo creo que el estudio de la naturaleza de las emociones,
conscientes e inconscientes, debe focalizarse en nuestro entendimiento
de los procesos subcorticales neuronales que coordinan ciertos tipos de
acciones en su forma más dramática pero transitoria como las
erupciones emocionales. En
los humanos, las funciones superiores del yo y superyo pueden bloquear
la manifestación externa de estas fuerzas eruptivas pero en menor grado
la manifestación interna.
Freud
fue uno de los primeros en estudiar este área acerca de la psique
humana e intentó descifrar como están organizadas e internalizadas
estas funciones dentro de la psique.
A nosotros nos interesa discutir si sus descubrimientos pueden
ser vinculados creíblemente con la neurociencia moderna.
Yo creo que muchos de ellos pueden serlo.
Pero, ¿Podrán estos ejercicios brindar nuevos caminos de
pensamiento que promuevan la modernación de la neurociencia funcional y
el psicoanálisis? Debemos
esperar y ver. Debemos
alentar a los individuos a hablar directamente y sistemáticamente sobre
sus experiencias internas. También
serán necesarias las descripciones de personalidad.
¿Cómo
serán los experimentos prototipos?
En primer lugar, las preguntas deben estar basadas en trabajos sólidos
sobre la investigación cerebral hecha en animales que sugieren formas
claras y seguras de modificar la reactividad emocional.
No solo sería interesante catalogar las tantas drogas que
modifican los sistemas colinérgicos, de glutamato, y aminérgico sino
también podremos estudiar los sistemas de neuropéptidos.
En este momento ya hay antagonistas que son péptidos para la
Sustancia P y factor de segregación de corticotrofina (CRF) y varios
otros sistemas. La
información preclínica sugiere que estas drogas deberían reducir la
ira, el miedo, y la ansiedad de separación en los humanos.
Es
evidente, de la investigación animal, que los opioides cerebrales
constituyen una gran parte del generalizado “principio del placer”
en el cerebro. Esta claro
que los opioides median las propiedades positivas incentivas de las
comidas sabrosas, el sexo, el juego, y otros sentimientos sociales
positivos. Sorpresivamente,
las investigaciones pasadas han sugerido que tales drogas tienen
consecuencia afectivas modestas en los humanos, pero en realidad, hay
que analizar como se modifican las experiencias afectivas humanas al
bloquear los receptores opioides cerebrales con antagonistas a largo
plazo como la naloxona. Un
estudio cuidadoso de los sentimientos de individuos con antagonistas
opioides deberá revelar muchos cambios sutiles en el afecto,
especialmente al enfrentarse a estímulos que provocan emociones, desde
aquellos que abren nuestro apetito hasta aquellos más culturales como
la música y el arte. Uno
debería estar preparado para observar una variedad de cambios sutiles
incluyendo un aumento de la sensibilidad social y una tendencia hacia un
comportamiento diferente frente a los sentimientos de otros.
Mediante
un estudio detallado de los mecanismos neuronales en animales podemos
entender como funcionan los procesos neuronales homólogos en nuestras
mentes. Solo debemos
entender como el cerebro genera el afecto.
En
la búsqueda de estudios paralelos de las experiencias subjetivas
emocionales en humanos nos enfrentamos con un enorme obstáculo: El
hemisferio cerebral del habla parece ser un maestro de confabulación y
decepción en su rol de comunicador verbal con el resto del mundo.
El deseo social es más importante para el hemisferio izquierdo
que para el profundamente emocional y más sincero hemisferio derecho.
¿Qué problemas surgen de esto para el trabajo psicoanalítico?
Los individuos participantes del estudio, ¿Serán más
orientados a su hemisferio izquierdo, haciendo hincapié en sus recursos
psicológicos para sustentar un alto nivel de deseo social?
Si es así, ¿Será menos posible que revelen sus sentimientos
emocionales más profundos? Si
el hemisferio izquierdo es realmente un experto en la represión
emocional, la investigación deberá tratar de sobrepasar esta barrera..
La
mayoría de los neurocientíficos todavía cree que el estudio de la
naturaleza fundamental de las experiencias afectivas están fuera del
alcance de la ciencia estándar. Esto
es muy perplejo ya que podemos estar seguros de que una gran parte de la
actividad cerebral esta dedicada a crear la infraestructura afectiva
sobre cual nuestras habilidades cognitivas son construidas.
Parece evidente que en la evolución cerebral, como también en
el desarrollo psicológico de cada individuo, los sentimientos preceden
al pensamiento, y que prácticamente todos los pensamientos continúan
siendo canalizados por procesos emocionales y motivacionales, tanto
conscientes como preconscientes.
Para
entender como emerge la mente de las funciones cerebrales debemos estar
dispuestos a conceptualizar nuevas entidades coherentes como lo PROPIO (SELF).
Debemos considerar que el cerebro mamífero puede generar varios
sentimientos, como la alegría.
La
legacía más grande de Freud pudo haber sido su deseo de conceptualizar,
por primera vez, que tan profundamente los procesos afectivos están
integrados en nuestro ser y como las experiencias conscientes se basan
en los procesos inconscientes. Es
una pena que sus ideas no pudieron ser probadas o analizadas en el
momento en que fueron formuladas.
Para
el psicoanálisis, el mayor reto será a que nivel podrá refrescar la
teoría freudiana que ahora tiene un sabor post-victoriano para muchos,
convirtiéndola en una manera de pensar moderna y dinámica que sigue
manteniéndose vigente con la evidencia acumulativa.
Jaak
Panksepp es Profesor Distinguido de Investigaciones en Psicobiología,
Emérito, Departamento de Psicología, Bowling Green State University,
Ohio.
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