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Botánica
oculta
Paracelso
(1493)
-
11.12.2000
-
Fisiología
Vegetal
Anatomía.
Nada más simple que la estructura de la
planta.
Las partes anatómicas se reducen a
tres, y son ellas precisamente las que,
individualizándose, vienen a formar todos
los órganos.
1.La
masa general de la planta está formada
por el tejido celular, que puede
calificarse como órgano digestivo de la
misma.
(Raíz: individualización
de los tejidos celulares; intestino de la
planta: semilla; Embrión)
2.
Los intervalos entre las células
ordinariamente hexagonales forman los
tubos que se extienden por toda la planta
y que conducen la savia por la cual la
misma se nutre.
Estos tubos o conductos
intercelulares son, pues, para las
plantas, lo que los vasos sanguíneos y
las venas son para los animales. (Tallo:
individualización de las venas; sistema
sanguíneo de la planta; cápsula: órgano
hembra).
3.
Se observan en el tejido celular de la
mayor parte de las plantas, otros tubos
que están formados por una fibra
contorneada en espiral y que conduce el
aire por toda la planta.
Estos tubos, o vasos en espiral,
son, para las plantas, lo que las tráqueas
son para los animales.
Y así es como se los llama: tráqueas
de las plantas.
(Hojas: individualización
de las tráqueas, pulmones de la planta).
De
este primer bosquejo, vamos a pasar al de
las relaciones que existen en el
funcionamiento entre los citados órganos.
El
desenvolvimiento embrionario de la planta
comprende las siguientes fases:
-
Localización
de la semilla en una matriz propicia:
tierra húmeda.
-
Las
tres partes del germen comienzan a
vegetar nutriéndose de los
cotiledones.
-
La
raíz comienza a absorber las
sustancias nutritivas de la tierra.
La planta se individualiza en
sus funciones respiratorias y
digestivas.
En resumen: ha nacido.
He
aquí como el doctor Encause resume la
fisiología vegetal:
-
La
Raíz, hundiéndose en la Tierra:
estómago de la planta, va en busca de
la materia alimenticia.
-
Las
Hojas, buscando vida en el Aire
libre o dentro del Agua:
pulmones de la planta.
Buscan
también la luz y los gases necesarios a
la renovación de la fuerza que
debe aportar virtudes a la materia
interior de los tejidos.
Dicha
fuerza se desarrolla por medio de la clorofila
(sangre verde), canales de interposición.
-
El
tallo: Aparato circulatorio,
los vasos del cual contienen: 1) La savia
ascendente parecida al quilo
(sustancia blanca, lo más sutil de
los alimentos). 2) El aire
absorbido por las hojas. 3) El
resultado de la acción del aire sobre
la savia nutritiva, o sea, la savia
ascendente.
-
Las
Flores: resultado de la fuerza
superflua; lugar de los aparatos de
reproducción.
Vamos
ahora a estudiar estas funciones más
detalladamente; de su conocimiento
depende, en efecto, todo el arte de la
farmacopea hermética.
El
grano o semilla se compone:
-
Del
germen, formado a su vez por:
la pequeña raíz (futuros órganos
abdominales); el brote o vástago
(futuros órganos respiratorios); el
pequeño tallo (futuros órganos
circulatorios, centro general de la
evolución).
Todo ello análogo a los tres
desenvolvimientos del embrión humano.
-
De
los cotiledones: Materiales
destinados a la nutrición del germen.
(órganos análogos a la placenta).
Cada
grano, conteniendo en sí el árbol en
todo su poder de crecimiento, encierra un Mistérium
Mágnum; por consecuencia, hallaremos
en el desenvolvimiento del grano o
semilla, la imagen invertida de la creación
del mundo.
El
árbol empieza a manifestarse desde que el
grano ha sido hundido en su matriz
natural, la tierra.
No
obstante, la tierra por sí sola no es más
que una matriz pasiva; no puede, pues,
desarrollar la chispa vital, o iluminar el
Ens de la semilla a fin de que los
tres principios Sal, Azufre y Mercurio
se manifiesten en ella.
La
luz y el calor del sol son necesarios para
que esto suceda; únicamente por medio de
ellos se animará el fuego frío subterráneo.
Entonces el grano, llevado por la
fuerza de este desenvolvimiento, pasa por
su ulterior evolución.
El Alma de la Planta
Tomamos
de un libro, muy notable por cierto,
original de E. Boscowitz, los testimonios
de algunos sabios que atribuyen a la
planta una vida y una sensibilidad
parecida a las de las personas.
Sin hacer mención de las doctrinas
brahmánicas, budistas, taoístas,
egipcias, platonianas o pitágorianas,
todas ellas más o menos profundamente
penetradas del espíritu de los vegetales,
habremos de recordar que filósofos como
Demócrito, Anaxágoras y Empédocles han
sostenido dicha tesis.
En época más reciente, Percival
pretende que los movimientos de las raíces
son voluntarios; Vrolik, Hedmig, Bonnet,
Ludwig, F. Ed. Smith afirman que la planta
es susceptible de sensaciones diversas
hasta el punto de asegurar que es capaz de
conocer la felicidad; Erasmo Darmin, en su
Jardín Botánico, dice que la
planta tiene alma; todas las obras de Von
Martius intentan demostrar lo mismo y,
finalmente, Teodoro Fechner ha escrito un
libro titulado Nanna oder Uber das
Seelenleben der Pflanzen, en el cual
se prueba o se quiere probar todo lo
antedicho.
He
aquí los caracteres de analogía que
presentan las plantas con relación a los
seres dotados de personalidad:
La
respiración se efectúa en ellas por
medio de las tráqueas de Malpighi,
formadas de una cinta celular arrollada en
espiral y dotadas de contracción y de
expansión.
El
aire es indispensable para la vida (según
los experimentos de Calandrini, Duhamel y
Papin) y ejerce sobre la savia una acción
análoga a la ejercida sobre nuestra
sangre (Bertholon).
El
lado inferior de las hojas esta lleno de
pequeñas bocas estomáticas, órganos de
dicha respiración.
(Experimentos de Ingenhous, de
Hales, de Teodoro de Saussure, de Mohl y
Garreau).
Reciben,
apropiándoselo, el oxígeno del aire, y
exhalan en cambio el ácido carbónico (Garreau
y Hugo von Mohl, Sachs).
Se
nutren del carbono, que extraen del ácido
carbónico, y por consiguiente exhalan
durante el día cantidad de oxígeno.
Sus
raíces les sirven de estómago, así como
las hojas; la savia es análoga al quilo.
La
nutrición de las plantas es una función
tan activa, que Bradley ha calculado que
una encina, en el término de cien años,
absorbe 280.000 Kg. de alimentos.
Si
la circulación de la savia no es aún un
hecho probado de un modo categórico, se
sabe cuando menos que las plantas tienen
la cualidad de la transpiración, y ésta
con fuerza extraordinaria.
Además,
¿cómo nos explicamos los movimientos de
las plantas en busca de luz, del sol, de
los elementos de nutrición, de un terreno
propicio a su vida, que a cada paso
observamos?
¿Cómo
nos explicamos su potencia amorosa, el
calor, la electricidad que desprenden en
el instante de su fecundación ¿
¿De
dónde vienen, finalmente, las propiedades
maravillosas de la flor de resurrección y
de la Rosa de Jericó?
El
iniciado ha podido comprobar todos estos
fenómenos y admirar una vez más la
sabiduría de sus precesores, así como la
penetrante intuición del pueblo que ha
dado a cada árbol su Hamadríada, a cada
flor su hada, a cada hierba su genio.
Las observaciones científicas, de
las cuales acabamos de hacer un ligero
resumen, ¿no nos enseñan magníficamente
y con toda claridad, los movimientos sombríos
del alma de los elementos que se esfuerzan
hacia la conciencia?
El Hombre y la Planta
El
mundo de las plantas está bajo la
influencia de los planetas y está
destinado a alimentar al hombre y curar
sus dolencias.
La
planta puede nutrir al hombre, es decir,
repara sus decaídas fuerzas orgánicas.
En
su cuerpo físico, o sea la alimentación;
en su cuerpo electromagnético, o sea la
curación de sus enfermedades, y en su
cuerpo astral: sonambulismo, éxtasis,
ceremonias mágicas, adivinación.
El
hombre, a su vez, puede hacer tres cosas
en favor de la planta: Cultivarla,
(agricultura mágica).
Redimirla (crecimiento mágico).
Resucitarla (palingenesia).
Agronomía Mágica
Cultivo
oculto de las plantas
El
fundamento de este arte es sembrar el
grano en la matriz exacta que le es
complementaria y que, por lo tanto, le
corresponde. La semilla echada en su tierra propia o conveniente llega a
conseguir su mayor perfección genérica.
Sembrar
es tanto como internar algo en la
oscuridad, en lo profundo y en el
misterio.
Las
tinieblas provocan la luz, y la masa
informe de los cotiledones putrefactos
llaman la flor radiante de color y de
perfumes o el árbol majestuoso y copudo.
Además
de las relaciones de la planta con el sol
que la nutre físicamente, hay que escoger
para ella una sociedad que le sea
propicia. Ciertas plantas prosperan viviendo al lado de ciertas otras,
y mueren si sus vecinas le son antipáticas;
de ahí se desprende una cuestión de
afinidad o antipatía.
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