|
Ciencia
El
magnetismo animal I
Spectrum,
The Institute of Electrical and Electronics
Engineers, Inc, (Marzo, 1996)
-
04.09.2000
-
Durante
los años 70, un estudiante de postgrado
llamado Richard Blakemore estaba examinando
bacterias provenientes de pantanos marinos
bajo el microscopio, cuando algo le resultó
raro. Todas
ellas se agrupaban en un extremo.
¿Qué las atraería?
Blakemore tuvo una inspiración: quizá
las bacterias se dirigían hacia el norte,
dirigidas por el campo magnético de la
tierra.
Así resultó, ya que cuando apoyó
un imán cerca de ellas, fueron atraídas
por el polo norte del imán.
Blakemore
y Richard Frankel, un físico del MIT,
luego descubrieron que es lo que
orienta a las bacterias –cristales de
magnetita, un óxido de hierro.
Este mineral magnetizado es
sintetizado por las bacterias y se alinea a
si mismo y las bacterias con el campo magnético
de la tierra.
Desde
el descubrimiento de Blakemore, se han
encontrado docenas de especies animales que
poseen magnetita.
Hoy en día, muchos investigadores
creen que esta sustancia juega un papel en
el sentido magnético de los peces, aves,
abejas, tortugas marinas y topos.
Aunque
la magnetita sea el material necesario para
percibir el campo magnético, todavía no se
sabe como se vincula con el sistema nervioso
de los animales.
Imanes
de Abejas
El
primero en descubrir minerales magnéticos
en animales fue Joseph Kirschvink, un
investigador de la Universidad de Princeton.
Cuando puso a las abejas en un magnetómetro,
la máquina indicó la presencia de un pequeño
material magnético en el abdomen de los
insectos.
Luego, estas partículas magnéticas
fueron encontradas en los cuerpos de todo
tipo de animales, incluyendo palomas, salmón,
y tortugas marinas.
En la mayoría de los casos, la
extracción química y difracción de
electrones han demostrado que la partícula
es magnetita.
Por
supuesto que el solo hecho de poseer
magnetita no significa que el animal lo use
para su orientación.
Sin embargo, en los últimos años,
los investigadores han logrado probar que la
magnetita afecta el comportamiento.
En algunos experimentos, los animales
son expuestos a un pulso breve de energía
magnética.
El pulso revierte los polos de la
magnetita, y como consecuencia, reorienta a
los animales en 180 grados.
En 1992 Kirschvink entrenó abejas
para que vuelen hacia el norte y luego
remagnetizó la magnetita de los insectos.
Luego de eso, las abejas volaron
hacia el sur.
Mecanismos
magnéticos
Debido
a la posición del flagelo en las bacterias,
solo pueden moverse hacia delante o hacia
atrás, y las cadenas de cristales de
magnetita le imparten un momento dipolar
magnético a la célula.
Luego, el campo de la tierra ejerce
una fuerza sobre el imán y lo orienta sobre
las líneas del campo.
En
los animales, el campo magnético de la
tierra probablemente ejerza una fuerza sobre
los cristales de magnetita dentro de las células
receptoras especializadas.
¿Lo
tienen los ojos?
La
magnetita puede no ser la única sustancia
crítica para el sentido magnético de los
animales.
Algunos investigadores, como el biólogo
John Phillips de la Universidad de Indiana,
creen que los pigmentos fotosensibles del
sistema visual son los censores claves en
algunos animales.
El trabajo de Phillips sugiere que
las salamandras y las moscas de la fruta no
pueden sentir el campo magnético sin verlo
de alguna manera.
El cree que existen ciertas
longitudes de onda de la luz que excitan a
las moléculas del pigmento visual de tal
forma que los hace paramagnéticos y así
sensibles a los campos magnéticos.
Ha
demostrado que al exponer a las salamandras
a la luz carente en esas ciertas longitudes
de onda cambia dramáticamente la forma en
que se orientan usando el campo magnético.
Aplicando
el campo
El
estudio de este campo podría tener
implicancias sobre nuestra salud.
Recientemente, en 1992, Kirschvink y
sus colegas encontraron cristales de
magnetita en el tejido cerebral humano.
Aunque nadie sepa si tenemos un
sentido magnético, la presencia de
magnetita en el cerebro sugiere dos formas
en que la energía electromagnética nos
podría afectar.
En rimer lugar, la magnetita puede
absorber poderosamente la radiación de
microondas.
Además, los cristales de simple
dominio de magnetita sufren una fuerza
cuando son expuestos a la estática y a
campos de baja frecuencia.
A pesar de estos datos, “...nadie
ha estudiado como afectan los campos
electromagnéticos a la magnetita,”, dice
Kirschvink.
Los campos provenientes de líneas de
alta tensión, teléfonos celulares, imágenes
de resonancia magnética y otros aparatos
podrían estar afectando a la gente.
Que
interesante que el magnetismo también
importó desde el punto de vista de la
psiquiatría...
El
marqués y el niño salvaje (Clarín,
11 de Abril, 1999)
La
famosa querella del magnetismo se
prolongó durante unos cincuenta años
(1780-1830).
Todo comienza con las experiencias
del médico austríaco Franz Anton Mesmer.
Adepto a la doctrina del magnetismo
animal, afirmaba que las enfermedades
nerviosas tenían como causa un
desequilibrio en la distribución de un
“fluido universal” que circula en el
organismo humano y animal.
Comparaba este fluido al “imán”
que utilizaban los médicos para extirpar
del cuerpo diferentes enfermedades psíquicas:
histeria, melancolía, etcétera.
Según Mesmer –y allí residía la
novedad-, la virtud curativa no provenía
del imán sino del mismo médico, portador
de un fluido magnético que emanaba, por
ejemplo, del brillo de los ojos.
Para restablecer el equilibrio fluídico
era necesario, entonces, someter al enfermo
en estado de crisis convulsiva a una serie
de manipulaciones llamadas “pases magnéticos”.
En nombre de las Luces y de la
ciencia moderna, Mesmer le arrancaba así a
los exorcistas el poder de curar para
transferírselo a los médicos.
Instalado
en París en vísperas de la Revolución,
Mesmer se convierte en una suerte de mago al
que se le pagaba a precios de oro para curar
los “vapores” de las mujeres de la
aristocracia.
El formó discípulos que, a su vez,
fundaron una Sociedad de la Armonía
Universal destinada a restablecer los vínculos
entre los hombres a fuerza del fluido.
El mesmerismo se
convertía, así, en la ideología
barroca y utópica de una sociedad del
Antiguo Régimen presa de la conciencia de
su propia declinación.
En cuanto al magnetismo,
fue condenado en 1784 por una comisión
de expertos de la Academia de Ciencias y de
la Sociedad Real de Medicina, entre cuyos
miembros se encontraban, principalmente,
Lavoisier y Benjamin Franklin.
Los sabios declararon, con justa razón,
que el fluido no existía y que el
magnetismo era una teoría falsa.
Pero
también subrayaron que los resultados terapéuticos
obtenidos por Mesmer eran perfectamente
reales y provenían del poder de la
imaginación humana.
En
esta época es cuando Puysegur retomó la
antorcha del magnetismo derrotado, en el
curso de este “sueño magnético”, que más
tarde se llamará “hipnosis”.
|