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Sociedad
Una
nueva forma de concebir "lo
social"
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05.08.2000
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Aunque
definimos al hombre como un “ser
social”, creemos que el concepto de “ lo
social” merecería ser profundizado desde
una perspectiva biológica.
Este
supuesto saber acerca del ser social del
hombre, ha sido construido desde la definición
de hombre que caracterizó a toda esta época
de plenitud del individualismo.
Sin
embargo, han existido corrientes dentro de
la biología, denominada biología
espiritualista, que sostuvieron que la vida
del hombre estaba regida
por los instintos
de auto
conservación, sexuales y sociales. El
biólogo Von Monakov considera que existiría,
también, un instinto religioso o cósmico.
El
ser social del hombre está inscripto en la
biología de la
especie.
Somos
mamíferos y como tales compartimos una
historia en la cual “la familia” ha sido
parte de nuestra propia definición como
especie.
La
particular constitución de la organización
social que denominamos familia,
se manifestó en la importancia de los
cuidados maternos, el juego social y la
vocalización de la llamada. Todas estas
situaciones sociales son de máxima
trascendencia, no sólo en la configuración
de los vínculos familiares, sino también
en la configuración de las grandes
organizaciones sociales.
La
Solidaridad
¿Qué
sucede con las expresiones sugerentes de
amor solidario, de acciones altruistas?
Nos conectan con la incredulidad, la
desconfianza, o suenan a un discurso engañoso.
Es decir que cuando se intenta tomar
conciencia de lo social a partir de la
palabra, conduce casi indefectiblemente a la
sensación de mentira, encubrimiento, o
especulación. No nos resulta sencillo
sentir autenticidad en esos discursos. Pero
cuando la palabra acompaña una trayectoria
construida de actos, nos conmueve y el
sentimiento es de respeto.
Son
justamente los
hechos, las acciones solidarias, los
agrupamientos espontáneos que hacen surgir,
probablemente, en cada uno de nosotros un
impulso, una intención de ser un semejante,
de incluirnos en una de esas experiencias
que presentimos integradoras justamente
porque sentimos una falta ,una carencia, un
vacío y es la expresión
de la fisura del tejido social.
Podrá
llegar a su fin una determinada forma de lo
que llamamos familia pero la pulsión social
se expresará bajo nuevas formas que esperan
ser comprendidas en su sentido más
profundo.
Este
es un territorio en el cual las
neurociencias y el psicoanálisis deberían
incursionar, dada la responsabilidad social
que les compete.
Gen
Altruista
MENSAJEROS
DEL PARAISO
Las
endorfinas, drogas naturales del cerebro
Charles
F. Levinthal
Biblioteca
Científica Salvat
Cap.
VII Segundo paso hacia el paraíso:
bienestar social, alienación y adicción
...psicólogos
que hablan del deseo inconsciente de
retornar al útero. Hay aquí, por lo menos,
una razón neurológica para hacerlo. Sin
embargo, llega el momento en que debemos
crear nuestro propio refugio seguro, fuera
del cuerpo de la madre. Como mamíferos,
somos, por definición alimentados con la
leche materna.
MacLean
propone la teoría de que, para los
cachorros de mamíferos, la separación
misma habría sido catastrófica, y la
producción de alguna señal auditiva habría
constituido una conducta importante con el
fin de mantenerse en estrecho contacto con
la madre. El grito que anuncia la separación
(particularmente en la oscuridad) es lo que
habría conseguido reunir nuevamente a la
madre y el recién nacido, y así se
procuraría la seguridad y alimentación de
este último. El grito de separación
representaría, por lo tanto, la forma mas
primitiva y básica de vocalización de los
mamíferos, que incluso eclipsaría al
aullido provocado por el hambre, relegándolo
a un segundo plano.
Otra
característica emergente en esta etapa de
la evolución parece haber sido la conducta
de juego
social. En ninguna especie reptiliana
existente hoy en día hallamos una conducta
de juego, y es improbable que la haya habido
en cualquier otra etapa de evolución de los
reptiles. Los mamíferos, por el contrario,
despliegan esta conducta de manera casi
universal, como componente de una sociabilidad
generalizada dentro de la unidad familiar.
Parece ser parte del desarrollo emocional
del pequeño mamífero, que emprende juegos
con sus hermanos.
Cuidados
maternos, vocalización y juego social: un
trío de conductas nunca vistas
anteriormente en el mundo de la naturaleza,
ni siquiera a título individual, y mucho
menos en combinación....
Dadas
estas vastas modificaciones en la conducta,
no es asombroso que, en algún momento de la
historia evolutiva, haya habido también una
sorprendente modificación en la anatomía
del cerebro. Comenzó entonces el desarrollo
de nuevas estructuras neuronales, conocidas
colectivamente como sistema
límbico, que literalmente rodearon al
antiguo tronco cerebral protoreptiliano.
Nunca podremos saber si las nuevas
necesidades en la conducta de estos mamíferos
produjeron el desarrollo evolutivo en el
cerebro, o todo lo contrario: si las nuevas
estructuras cerebrales produjeron la evolución
de la conducta.
Paul
Brocca, el célebre médico e investigador
francés cuyos descubrimientos iluminaron
tantas áreas de la psicología y la
neurología, examinó en un trabajo escrito
en 1878 las implicaciones de lo que denominó
“el gran lóbulo límbico” del cerebro.
El término proviene del latín limbus, que
significa “borde o margen”, porque el
tejido cerebral parecía rodear un
centro....lóbulo
límbico era un denominador común en los
cerebros de todos los mamíferos.
Actualmente los especialistas en neuroanatomía
hablan de un sistema límbico, por cuanto
hay un agrupamiento interconectado de
estructuras cerebrales que incluye al
“gran lóbulo límbico” de Brocca. Las
estructuras más destacadas son amígdalas,
septum pellucidum, hipocampo y
corteza cingulada, todas las cuales interactúan
con el hipotálamo como integrador de las
respuestas emocionales. Cuando de provocan
lesiones experimentales en la corteza
cingulada, específicamente, se pierden una
serie de conductas mamíferas asociadas con
los cuidados maternos, la vocalización y el
juego social.
Con
el desarrollo del sistema límbico, podría
también decirse que comenzó a manifestarse
una nueva tendencia en la actitud emocional
del animal
hacia el ambiente que lo rodea. Sin
abandonar el instinto reptiliano de
territorialidad y una actitud en general
defensiva hacia el ambiente, los mamíferos
podían desarrollar ahora una tendencia
hacia la socialización
y a la crianza. Al parecer no es por
coincidencia, como veremos, que el sistema límbico
dé la clave para entender la base neuronal
de la conducta dirigida hacia la recompensa,
ni que dicho sistema contenga algunas de las
más elevadas concentraciones
de receptores de opiáceos y endorfinas en
el cerebro.
Las
endorfinas y el bienestar social
...angustia
de separación. La vocalización y agitación
son inmediatas y reflejas, aparentemente
como respuesta a la activación de circuitos
neurales innatos en el sistema límbico. La
necesidad del animal de recobrar la
seguridad y el bienestar en el seno de su
familia, se ha dicho, es más fuerte aún
que necesidades físicas básicas
resultantes de la privación de alimentos o
de agua.
Las
pruebas
de un vínculo entre las endorfinas del
cerebro y el concepto de bienestar social
comenzaron a surgir en 1978 a partir de
experimentos del psicofisiólogo Jaak
Panksepp. Cuando se administró morfina a
cachorritos de perro y a conejillos de
Indias, acusaron menos inclinación a lanzar
chillidos al ser separados de sus madres: se
reducían los síntomas de la angustia de
separación. Sin embargo, estos animales no
se mostraban aletargados como consecuencia
de la morfina: sencillamente, se comportaban
de la misma manera que antes de la separación.
Era como si el opiáceo actuara como
equivalente farmacológico de la presencia
materna. La naloxona, por el contrario,
aumentaba la frecuencia de los chillidos
ante la separación. Esta efecto opuesto de
la naloxona señalaba el papel de las
endorfinas en esta conducta crítica de
vinculación social. Ninguna otra droga o péptido
podía producir efectos más poderosos que
los opiáceos en la conducta de angustia por
la separación.
Panksepp
demostró que estos efectos de los opiáceos
no se circunscribían tan sólo a los mamíferos.....también
se veía en los pollitos.....Una vez más se
interpretó que los opiáceos habían
actuado de manera tal de brindar una suerte
de consuelo social ante la separación de la
madre.
La
influencia de las endorfinas sobre la
conducta social puede verse en la entera
gama del desarrollo social. Parece iniciarse
prácticamente desde el nacimiento.
Hay,
de hecho, una endorfina recientemente
descubierta en la leche misma, denominada
casomorfina que podría reforzar aún más
el vínculo de la madre con la cría durante
el acto de alimentarla.
Panksepp
descubrió también una conexión con las
endorfinas en la conducta del juego
social.....el efecto de las endorfinas sobre
el juego social constituye una de entre una
serie de influencias que cumplen un papel
clave en los aspectos sociales del
desarrollo animal. En su opinión, las
endorfinas han evolucionado en el sistema límbico
con el fin de posibilitar la seguridad y el
bienestar dentro de la familia de mamíferos.
Panksepp ha propuesto la teoría de que habría
tal paralelo entre el bienestar social y la
angustia de separación, por un lado, y el
bienestar inducido por el opio y la angustia
producida por la abstinencia, por el otro.
Los dos fenómenos parecen compartir los
mismos sustratos neuroquímicos en el
cerebro del mamífero. Cuando los niveles de
endorfina son bajos, hay, desde su punto de
vista,
una tendencia innata a buscar
estimulación social. Estos estímulos
sociales conducen entonces a liberar
endorfinas, lo cual no sólo reduce la
angustia de separación sino que también
produce un refuerzo o recompensa por las
conductas de interacción social. “La semántica
de la pérdida social es la semántica del
dolor. Duele perder a un ser querido y
lloramos. La separación social hace que los
animales jóvenes sean más sensibles al
dolor, y entonces emiten chillidos”.
En
la especie humana, la experiencia del vínculo
y el bienestar social se asocia
inevitablemente con la euforia del afecto,
la intimidad y el amor humanos. El lema
“los abrazos son mejores que las
drogas”.......refiere a una verdad básica
de nuestra evolución. Uno puede sentir la
liberación propia de un sistema de opiáceos
a través de actos que brindan bienestar
social o amor, o por opiáceos exógenos,
procedentes del exterior. Esta posible
comparación puede verse como consecuencia
de un importantísimo hecho evolutivo, el
desarrollo del sistema límbico, que hace
muchos millones de años apartó al
organismo del stress negativo de la pura
supervivencia y lo impulsó hacia las
placenteras emociones y el stress positivo
que servirían para reforzar las características
de las conductas de un ser social.
Experimentamos
placer al sentir que somos parte de una
entidad más vasta que nosotros mismos. Nos
sentimos seguros en nuestros lazos
familiares, y en nuestro sentido de
vinculación con grupos definidos según
lineamientos sociales, políticos y
culturales. Somos capaces de sentir el amor
de otros y hacerlo recíproco. Para la mayoría
de nosotros, el mecanismo evolutivo del
refuerzo social ha funcionado bien, guiado
por la hipótesis de ese equilibrio de
sistemas de endorfinas en el cerebro. Para
algunos de nosotros, sin embargo, este
equilibrio se ha trastocado, y las conductas
aberrantes resultantes representan a un
organismo que se aparta del curso de su
evolución mamífera.
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