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Cerebro
En
busca de la energía vital
Los
científicos quieren medirla, controlarla y
aprovecharla
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05.02.2001
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La
fiesta lunar de la cosecha es uno de los
acontecimientos más importantes del año
para los chinos que viven afuera de su país.
Sobre todo, para las mujeres, ya que,
durante siete días, las mayores de cada
familia presiden la casa, preparan las
celebraciones y reciben agasajos de todo
tipo. En
un reciente estudio demográfico realizado
entre las comunidades chinas en Estados
Unidos, se demostró que en la semana
precedente
a la fiesta lunar la tasa de
mortalidad decrece un 30 por ciento y que,
en la semana siguiente, sube otro tanto.
El aumento de las muertes podría
explicarse por el estrés, el exceso de
comida o la falta de sueño.
Pero, ¿y el descenso previo?
Mujeres
chinas que deciden cuándo morir
Un
estudio más detallado reveló que las
fluctuaciones correspondían sólo al grupo
de mujeres de más de 65 años; es decir, a
las reinas de la fiesta.
¿Es que éstas son capaces de
postergar su propia muerte una o dos semanas
con el fin de asistir por última vez al
rito anual?
Los
científicos creen que sí.
De hecho, se ha reconocido el mismo
efecto en las comunidades judías durante la
Pascua o entre los no religiosos cuando se
acercan fechas tan señaladas como un
cumpleaños o una fiesta familiar.
Las responsables son las “ganas de
vivir”: ese concepto difuso e inabarcable
que permite que una persona enferma
sobreviva en condiciones extremas con tal de
cumplir su último fin.
Energía
vital, fuerza interior, vitalidad,
voluntad...Durante milenios, el ser humano
ha buscado la chispa de la vida, y algunas
culturas tradicionales se han atrevido a
darle nombre y forma: El chi de los
chinos, la energía kundalini india,
el aura budista...
¿Existe
esa energía? ¿Dónde se encuentra? ¿Puede
medirse? ¿Puede curar?
En
realidad, es casi imposible definir la vida
sin acudir al concepto de energía. Estar
vivo significa generar, usar e intercambiar
energía.
Sin embargo, los procesos vitales no
responden a un solo tipo de fenómeno energético,
sino a muchos: la energía que consumimos en
el desayuno, la que pone en marcha nuestro músculos,
los débiles impulsos eléctricos de nuestro
cerebro creados por diminutas microbaterías
neuronales...
Pero
esta es una forma bastante reciente de
entender el asunto.
Desde las culturas más antiguas, los
hombres han creído que la energía de la
vida era la única manifestación especial.
Esta creencia continúa dominando hoy
nuestro lenguaje cuando nos referimos a la
“fuerza vital” de una persona o a sus
“ganas de vivir”.
¿Existe
de verdad el “chi” de las culturas
orientales?
Muchos
científicos han indagado en estas ideas con
resultados sorprendentes.
Una de las formas más estudiadas de
supuesta energía es el chi, que, según
la medicina tradicional china (MTC), fluye rítmicamente
por nuestro cuerpo a través de unas líneas
invisibles llamadas meridianos.
La acupuntura, supuestamente,
modificaría esta corriente energética con
beneficios considerables para la salud.
Son muchos los estudios realizados
sobre el chi y su influencia en el
estado físico.
Gran parte de ellos se han dedicado a
los efectos analgésicos y anestésicos de
la acupuntura.
Parece
evidente que esta técnica es beneficiosa
para el tratamiento de ciertos dolores,
pero, ¿puede la ciencia explicar el fenómeno
sin acudir al concepto de chi?
No
sólo puede, sino que debe, ya que, desde el
punto de vista científico, no existen
evidencias objetivas que revelen cuál es la
naturaleza biológica de dicha energía.
En un estudio publicado por el
Institute of Electric and Electronics
Engineers, de los Estados Unidos, el experto
en bioelectricidad Robert Beker demostró
que cualquier punto del cuerpo humano
incluido en uno de los meridianos de la MTC
es mejor conductor de electricidad que uno
periférico.
Su
trabajo pareció demostrar la presencia de
ciertos canales energéticos en nuestro
organismo, pero seguía sin explicar por qué
la acupuntura funciona.
Diversos experimentos, como la
inyección de isótopos radiactivos en los
puntos de acupuntura o la introducción de
luz en ellos mediante fibra óptica, han
evidenciado que existen trayectos energéticos
que no se corresponden con estructuras anatómicas
conocidas y sí son canales chinos.
¿Será por ellos por los que fluye
la energía vital?
El
responsable de su enfermedad es uno mismo
Según
José Flores, director de la colección
Salud Integrada, que acaba de sacar el
mercado (en España) la editorial Pirámide,
“muchas personas, ante una enfermedad
grave, empiezan a tomar conciencia de que
deben hacer algo, de que los primeros
responsables de su mal son ellos mismos, de
que la mejor manera de curarse es buscar un
sentido trascendente a sus vidas, una energía
vital interior”.
Y algunos médicos opinan que esa búsqueda
la ofrece la fe.
En
su última obra, editada antes de morir –El
mundo y sus demonios-, Carl Sagan admitía
que “es concebible que el hecho de
creer pueda producir endorfinas: pequeñas
proteínas del cerebro con efectos similares
a la morfina”.
Así para Sagan la oración actúa
bajo sugestión como un placebo, del mismo
modo que a las personas a las que se les
tapan los ojos y se les hace creer erróneamente
que han tocado una ortiga les aparece una
dermatitis de contacto en la piel.
Ojo
con las explicaciones esotéricas de la
energía
Claro
que una cosa es investigar la relación
entre el estado anímico, la energía vital
y la salud –objeto de estudio de la
psiconeuroinmunología, por ejemplo- y otra
acudir a interpretaciones ajenas a cualquier
rigor objetivo, como el método Hammer
contra el cáncer, la curación por el tacto
o el Reiki, una práctica pseudocientífica
de sanación a través de supuestas “energías”
canalizadas por un curandero.
Existen
muchas formulaciones modernas del concepto
tradicional de energía vital, contaminadas
por la terminología tecnológica de fines
del siglo XX.
Este es el caso, por ejemplo, del biofeedback,
una terapia en la que supuestamente se
utiliza la información que suministra
nuestro organismo en forma de energía.
Las manifestaciones más radicales de
esta práctica emplean máquinas preparadas
para captar la temperatura de la piel
mientras el terapeuta ayuda a equilibrar los
desajustes energéticos internos.
En realidad, el tratamiento funciona
gracias a la respuesta de relajación y
sugestión del paciente, pero algunos
pseudoterapeutas han llegado a atribuir a
este método propiedades casi mágicas y
disparatadas.
La
búsqueda del orgón, un camino de desatinos
Otro
intento científico de acercarse a la energía
vital lo protagonizó en la primera mitad de
siglo el psiquiatra Willhelm Reich, que se
propuso verificar físicamente la llamada
energía psico-física, a la que Freud llamó
líbido y él creyó encontrar en lo que
bautizó como orgón, “un tipo de energía
opuesta a la eléctrica y que es específica
de la vida biológica”.
Aunque
hoy muchos psicoterapeutas siguen con éxito
sus métodos de terapia de emociones
reprimidas, lo cierto es que su búsqueda
del orgón sólo cosechó el rechazo de la
comunidad científica.
En
cualquier caso, si existe una energía
vital, ésta debe ser mensurable científicamente.
Esto es lo que opinan los
investigadores embarcados en el estudio del
bioelectromagnetismo.
Tras
las pistas del bioelectromagnetismo
José
Luis Bardasano, director del Departamento de
Bioelectromagnetismo de la Facultad de
Medicina de la Universidad de Alcalá de
Henares, comenta: “Los seres vivos
respondemos a una composición química,
pero también a una parte bioelectromagnética.
El cerebro, los nervios, el corazón...funcionan
a base de pulsos eléctricos”.
El
biomagnetismo atrae a un creciente número
de investigadores porque ofrece una nueva
herramienta para detectar la actividad eléctrica
relacionada con el funcionamiento de órganos
como el cerebro, el corazón y otros
sistemas biológicos.
Hasta hace poco, sólo se podía
captar dicha actividad mediante
electrocardiogramas o electroencefalogramas,
pero ya existen los magnetocardiogramas o
magnetoencefalogramas, que permiten un
acercamiento más exacto a las fuentes de
una disfunción.
los
campos magnéticos son ya utilizados para
tratar ciertas enfermedades, como la
epilepsia, que requieren la inhibición de
funciones cerebrales concretas, pero el
doctor Bardasano augura que “si sabemos
utilizar el magnetismo bajo unas leyes
determinadas, la medicina podrá sacar mucho
partido en la lucha contra el alzheimer, la
esclerosis múltiple o el parkinson.”
Bardasano
opina que las células sanas se encuentran
en un constante estado de desequilibrio al
consumir y generar energía.
“La tendencia al equilibrio supone
la enfermedad y la muerte.”
Las teorías basadas en el
bioelectromagnetismo buscan el desequilibrio
electromagnético en el interior y el
exterior de la célula mediante la aplicación
de campos magnéticos o el empleo de dietas
hiposódicas y ricas en potasio.
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