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Cerebro
Radiografía
del dolor
La
Nación
-
22.01.2001
-
Investigadores
norteamericanos que trabajan con animales de
laboratorio descubrieron que machos y
hembras sufren de distinto modo y que esto
depende en parte de los genes
Una
investigación que estudió las diferentes
respuestas al dolor halló que no sólo las
personas varían notablemente en cómo lo
sienten, sino también que las mujeres y
los varones presentan diferencias en el
mecanismo que se los permite sentir.
“Si
puedo descubrir esas distinciones, podríamos
hacer que las terapias mejoren”, dijo
Jeffrey Morgil, del Departamento de Psicología
de la Universidad de Illinois.
Sus estudios mostraron que el 50
por ciento de las diferencias en sentir el
dolor es genética.
El
equipo de Morgil trabaja con dos tipos de
ratones: unos que son extremadamente
sensibles al dolor y otros que son
resistentes.
“Esta es una variación natural y
si pudiéramos averiguar en que consiste,
podríamos encontrarle una utilidad”,
dijo.
Sugirió
que la terapia génica podría ser usada
para calmar el dolor, o que los tests genéticos
podrían predecir que pacientes responderían
mejor a una determinada medicación.
Morgil
dijo en una reunión de la Asociación
Americana para el Avance de la Ciencia que
ha confirmado que en ratones los machos y
las hembras sienten el dolor de una manera
distinta.
“Uno
y otro sexo lo experimentan, pero responden
de una manera distinta porque activan
diferentes circuitos cerebrales”,
afirmó el científico.
Las células de los varones utilizan
un receptor distinto para permitir que las
drogas trabajen en las células cerebrales
de una manera diferente de lo que lo hacen
las células femeninas.
El
dolor aparece en dos áreas del cerebro: las
regiones sómato sensorial y la límbica,
que está ligada a las emociones y se cree
que refleja la respuesta emocional de una
persona ante el dolor.
Ignorar
el dolor
Catherine
Bushnell, de la Universidad de Montreal,
dijo que los investigadores que intentaron
bloquear el dolor cortando los circuitos han
fallado porque el cerebro simplemente desvió
la señal dolorosa.
Las habilidades cerebrales para
desarrollar resistencia incluso en las dosis
más altas de narcóticos son bien conocidas
pero Bushnell dice que investigaciones muy
recientes sugieren que si el dolor no puede
ser bloqueado, quizás sí puede evitarse el
trauma emocional que causa.
“Cuando haces algo tan simple
como utilizar alguna distracción para
cambiar una percepción del dolor en el
paciente, hay una reducción del dolor”,
dijo.
Su
equipo recolectó voluntarios y los
conectaron a un mecanismo que distribuyó
una sensación de calor similar a la de
levantar una taza de café muy caliente.
Se les pidió que encontraran
diferencias en las temperaturas y que
explicaran cuál de todas era la que dolía
más. “El
nivel de dolor era más intenso cuando le
prestaban atención”, dijo Bushnell.
La
especialista afirmó que podía ser un
importante mensaje.
“Esto no hace que el dolor
desaparezca – dijo- pero prueba que las
personas pueden controlar sus propias
percepciones.”
De
todas maneras los científicos piensan dirigir sus investigaciones para
atacar el dolor de un órgano: el cerebro.
“El dolor no se encuentra en la espina dorsal ni en el lugar lastimado.
El dolor está en el cerebro”, dijo Alan Basbaum, de la Universidad
de California, San Francisco.
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