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Ciencia
A
un siglo de la teoría que cambió el mundo
La
Nación (Diciembre 14,
2000)
-
08.01.2001
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La
mecánica cuántica: una revolución científica
y filosófica cumple 100 años.
Iniciada
por Max Planck, postula la imposibilidad de
predecir con exactitud el futuro e introduce
el azar en la ciencia.
Hace
cien años, en un día como hoy, el físico
Max Planck presentó en la Sociedad Física
de Alemania un trabajo que cambiaría para
siempre nuestro modo de ver el mundo.
A
primera vista, la especulación científica
no despertó un entusiasmo superlativo:
planteaba que la energía no puede
producirse en forma continua o en porciones
de una dimensión cualquiera, sino sólo en
ciertos paquetes que él llamó cuantos (del
latín, quantum). Las ecuaciones permitían
describir por primera vez muy bien la
distribución de la energía emitida por un
cuerpo caliente.
Pero
aunque al principio Planck y sus colegas no
se dieron cuenta plenamente de sus alcances,
la hipótesis planteada el 14 de diciembre
de 1900 (y a la que el científico alemán
había llegado, como confesó, en un acto de
desesperación) era el comienzo de una
revolución que desbarataría la imagen de
la naturaleza que percibimos por los
sentidos.
La
física extraña
La
mecánica cuántica, cuyo significado cabal
todavía discuten los físicos, se convertiría
desde entonces en la base de la ciencia
moderna y explicaría todo un conjunto de
extraños efectos que se registran tanto en
el mundo subatómico como en las vastedades
del cosmos.
Las
reglas de la mecánica cuántica admiten,
por ejemplo, que una partícula subatómica
(como un electrón) esté en dos partes al
mismo tiempo, o en ninguna de las dos, hasta
que alguien la observa.
Para
Daniel Domínguez, del Centro Atómico
Bariloche, "La teoría cuántica es la
más revolucionaria del siglo XX, tanto por
sus consecuencias filosóficas como prácticas".
El
físico argentino Daniel Bes coincide:
"No es posible disminuir la importancia
de la mecánica cuántica, tanto en nuestro
pensamiento científico como en los
instrumentos que usamos diariamente. Se sabía
qué era una onda y cómo se comportaba una
partícula, pero se descubrieron fenómenos
en los que una partícula se comportaba como
onda, y viceversa. Es como si alguien ve a
un conejo trepar un árbol, lo que es
explicable si el conejo fuese un gato. Pero
no lo es".
Las
ecuaciones de Planck comenzaron siendo poco
más que una curiosidad. Pero dos décadas más
tarde, un grupo de jóvenes brillantes
apadrinados por Niels Bohr, director del
Instituto de Física de Copenhague que se
había transformado por entonces en el
centro de la ciencia europea, descubrieron
en sus postulados el germen de un nuevo
paradigma científico.
El
azar y la necesidad
Una
de las figuras clave de esta historia fue
Werner Heisenberg, que por entonces tenía
24 años. El científico alemán enunció el
principio de incertidumbre, que demuestra
que las partículas no poseen posiciones y
velocidades definidas.
"La
ciencia y nosotros mismos hacemos dos tipos
de afirmaciones -explica Mario Castagnino,
del Instituto de Astronomía y Física del
Espacio-. Decimos, por ejemplo:
1.-
El viernes habrá luna llena.
2.-
El número 000.001 tiene un millonésimo de
probabilidad de ganar la lotería. La
primera es una afirmación clásica, una
certeza. La segunda es una afirmación
probabilística o estadística. Mientras que
la antigua mecánica de Newton hacía
afirmaciones del primer tipo: "Tal día
habrá un eclipse de sol", a comienzos
del siglo XX comenzó a observarse que las
afirmaciones que pueden hacerse de las partículas
son del segundo tipo."
Así,
la mecánica cuántica incorporó el azar a
la naturaleza,
una idea que repugnó a Einstein hasta su
muerte y que lo llevó a advertir que:
"Dios no juega a los dados".
"En
la práctica, la cuántica es importantísima
-sugiere Castagnino-. Ella nos dice por qué
los transistores funcionan y en consecuencia
por qué lo hacen las computadoras. Pero tal
vez es su importancia filosófica la que la
hace tan enormemente interesante. Según sus
postulados, resulta que no existe certeza
absoluta sobre ningún suceso del
universo."
Como
afirma John Wheeler en un artículo
aparecido esta semana en The New York Times,
la cuántica es también un misterio.
Explica el mundo, pero no puede explicarse a
sí misma. "Tal vez -reflexiona Wheeler-,
cuando sepamos por qué existe el cuanto,
también podremos explicar la
existencia."
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