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Ciencia
Los
cien años de la física cuántica
La
Nación, por Abraham Skorka (Noviembre 27,
2000)
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08.01.2001
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ENTRE
fines de septiembre de 1900 y principios de
enero de 1901, el físico alemán Max Planck
(1858-1947) logró deducir una fórmula que
describía con gran exactitud la distribución
de energía en el espectro de radiación del
cuerpo negro. A medida que avanzaba en su
investigación, presentaba sus avances en el
tema ante los miembros de la Sociedad
Alemana de Física.
Especialmente memorable fue la sesión del
14 de diciembre, en la cual describió los
fundamentos teóricos de la ecuación que
había presentado dos meses antes. Dicha
ecuación revelaba que la energía no es
absorbida o emitida en forma continua por
los cuerpos sino en cantidades rigurosamente
definidas, denominadas "cuantos
de energía".
Fue
el primer gran paso para que la ciencia
pudiese adentrarse en las entrañas mismas
de los constituyentes fundamentales de la
materia. Al hacerlo, una nueva imagen de la física
se fue conformando ante los ojos de los
investigadores. Desde los días de Newton
hasta principios del siglo XX, la física
logró explicar un gran número de fenómenos
naturales sobre la base de un modelo
mecanicista, y uno de sus éxitos más
notables fue la formulación del movimiento
planetario. Todo parecía poder analizarse
sobre la base de los conceptos de posición,
velocidad, y fuerzas, interrelacionados
entre sí por fórmulas que brindaban la
imagen de una naturaleza concebida como una
gran máquina cuyos planos son las
ecuaciones.
A
partir de los descubrimientos realizados en
las tres primeras décadas del siglo XX, la
ciencia sólo pudo describir con ecuaciones
los fenómenos atómicos y subatómicos, ya
que no hay esquema mecánico que sirva de
paradigma para tal descripción.
Más
aún, la nueva mecánica llegó a la
conclusión de que no se puede hablar de la
posición de las partículas sino de una
"probabilidad" de que se
encuentren en cierto punto o de que sigan
una trayectoria o un proceso dado. El famoso
principio de indeterminación de Heisenberg
instaló el debate acerca de si, en última
instancia, la realidad física es
causal o casual.
Valor
de la perplejidad
El
desarrollo de la creación científica del
hombre en el siglo XX nos reveló que,
partiendo de premisas lógicas a priori para
el sentido común, se arriba a conclusiones
absolutamente sorprendentes. La teoría de
los números transfinitos de Cantor y las
conclusiones de la teoría de la relatividad
sacudieron, junto con la mecánica cuántica,
los cimientos mismos del positivismo, y
generaron un retorno a cierto
"pensamiento místico" en sus
autores .
Toda
la física debió ser revista y
reformulada. Pero, más allá de la profunda
revisión, se generó la sensación de que
la perplejidad y el asombro habían
retornado a la ciencia. El riguroso
pensamiento positivista, que había
considerado sólo aquello que era capaz de
describirse y medirse en el laboratorio y
las ecuaciones que saben interrelacionar los
datos, se vio trascendido. Heisenberg relata
que en 1952, en una reunión en Copenhague
con Pauli y Bohr (los tres hicieron aportes
fundamentales para el desarrollo de la nueva
teoría), Bohr manifestó: "Hace algún
tiempo, hubo aquí en Copenhague un
encuentro de filósofos, la mayoría de
ellos positivistas, durante el cual los
miembros del Círculo de Viena jugaron un
papel sobresaliente. Me pidieron que les
expusiera la interpretación de la teoría cuántica.
Al terminar mi conferencia, nadie planteó
ninguna objeción ni me dirigió ningún
tipo de pregunta embarazosa, pero debo decir
que este mismo hecho fue para mí fuente de
tremendo desencanto. Porque si hay quienes
no se sienten profundamente extrañados al
entrar en contacto por vez primera con la
teoría cuántica, la única
explicación es que no la han
entendido..."
La
perplejidad que sabe hacer tomar conciencia
al hombre acerca de las limitaciones de sus
conocimientos y, por otro lado, incentivarlo
para continuar la búsqueda del
entendimiento de la realidad de la
existencia es la base sobre la cual, en última
instancia, se alcanza el conocimiento
genuino. Con el término
"perplejidad" es mi deseo denotar
la actitud de asombro del individuo frente a
elementos o conceptos con los que se
enfrenta en la vida. Es la actitud contraria
a la de aquel que observa la existencia, en
todos sus aspectos, de una manera rutinaria
y obvia. Maimónides escribió en el siglo
XII una Guía para los perplejos, para los
que se sentían desconcertados frente a las
cuestiones religiosas y filosóficas de su
tiempo y querían un esclarecimiento al
respecto.
El
lugar de la duda
La
perplejidad no es constituyente exclusivo
del dominio de la ciencia. Todo sistema
filosófico, y aun la actitud religiosa del
hombre, es la respuesta al asombro de la
existencia.
Los
fanatismos y fundamentalismos de todo tipo
rechazan la actitud de perplejidad. En tales
concepciones, todo se halla perfectamente
delimitado y definido, no existe lugar para
la duda que demanda una búsqueda y una
investigación ulterior. Por ello, no debe
sorprender el hecho de que tiranos y
dictadores hayan prohibido la enseñanza de
las "matemáticas modernas" y
otras ciencias, alegando que "perturban
la mente".
El
mundo globalizado acostumbró al individuo a
lo mediático y pide respuestas rápidas y
concisas. La pregunta carente de respuesta
es aborrecida, y sin embargo la ciencia nos
enseña que la pregunta sin una respuesta
inmediata es tan valiosa como -y quizás más
que- la teoría misma.
Las
postrimerías del siglo XX son testigo de un
retorno al fundamentalismo religioso en múltiples
grupos pertenecientes a las religiones más
importantes. En ellos no se admiten la
discusión ni el análisis, ni mucho menos
el cuestionamiento. Todo está reglado, rígidamente
estipulado. En la realidad de cambios y
mutaciones aceleradas que conforma el
presente, semejante concepción sirve de
contención para quienes se ven, por eso
mismo, abrumados.
El
Dios de la Biblia se revela al hombre, pero
éste, al ser incapaz de ver y comprender
toda Su magnificencia, queda en un estado de
perplejidad que le hace seguir inquiriendo y
buscando la presencia de su Creador. Job se
halla perplejo al no entender el porqué de
su sufrimiento, aun después de que Dios se
le haya manifestado. Abraham enfrentó,
seguramente con gran perplejidad, los
grandes desafíos que le antepuso Dios, y en
su lucha por superarlos halló nuevas
dimensiones de la fe. La Biblia parece enseñarnos
que la fe nace cuando un estado de
perplejidad induce al hombre a la búsqueda
de Dios.
De
acuerdo con la Biblia, la naturaleza misma
guarda en su esencia un mensaje de lo divino
a lo humano: "Elevad en alto vuestros
ojos y mirad: ¿Quién ha creado a éstos?"
(Isaías 40:26); "Los cielos proclaman
la gloria de Dios y el firmamento anuncia la
obra de Sus manos" (Salmos 19:1). Hace cien
años, el hombre se topó con un
nuevo enigma en su búsqueda por comprender
la naturaleza y la perplejidad sacudió las
mentes y los espíritus, haciéndonos
recordar que dicha búsqueda se halla muy
lejos de haber terminado y que, en su
esencia, se encuentra uno de los grandes
desafíos de nuestra existencia.
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