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Biología
Los
mitos de la biotecnología agrícola
Universidad
de California
-
01.01.2001
-
Algunas
Consideraciones Éticas
Miguel
Altieri
Universidad
de California, Berkeley
Durante
años los académicos han supuesto que la
agricultura no representa un problema
especial para la ética ambiental, a pesar
del hecho de que la vida y la civilización
humanas dependen de la artificialización
intencional de la naturaleza para llevar a
cabo la producción agrícola. Hasta los críticos
de los impactos ambientales de los
pesticidas y de las implicancias sociales de
la tecnología agrícola no han podido
conceptualizar una ética ambiental
coherente aplicable a los problemas agrícolas
(Thompson, 1995). En general, la mayor parte
de los proponentes de la agricultura
sostenible, condicionados por un
determinismo tecnológico, carecen de un
entendimiento de las raíces estructurales
de la degradación medioambiental ligada a
la agricultura capitalista. Por lo tanto, al
aceptar la actual estructura socioeconómica
y política de la agricultura como algo
establecido, muchos profesionales del agro
se han visto limitados para implementar una
agricultura alternativa que realmente desafíe
tal estructura (Levins y Lewotin, 1985).
Esto es preocupante, especialmente hoy que
las motivaciones económicas, más que las
preocupaciones sobre el medio ambiente,
determinan el tipo de investigación y las
modalidades de producción agrícola que
prevalecen en todo el mundo (Busch et al.,
1990).
De
aquí que sostenemos que el problema clave
que los agroecólogos deben enfrentar, es
que la moderna agricultura industrial, hoy
epitomizada por la biotecnología, se funda
en premisas filosóficas fundamentalmente
falsas y que precisamente esas premisas
necesitan ser expuestas y criticadas para
avanzar hacia una agricultura verdaderamente
sostenible. Esto es particularmente
relevante en el caso de la biotecnología,
donde la alianza de la ciencia reduccionista
y una industria multinacional monopolizada,
que conjuntamente perciben los problemas agrícolas
como simples deficiencias genéticas de los
organismos llevarán nuevamente a la
agricultura por una ruta equivocada (Lewidow
y Carr, 1997).
El
objetivo de este trabajo es contrarrestar
las falsas promesas hechas por la industria
de la ingeniería genética, que alega, que
ella alejará a la agricultura de la
dependencia en los insumos químicos, que
incrementará su productividad y que también
disminuirá los costos de los insumos,
ayudando a reducir los problemas ambientales
(OTA, 1992). Al oponernos a los mitos de la
biotecnología damos a conocer lo que la
ingeniería genética realmente es: otra
"solución mágica" destinada a
evadir los problemas ambientales de la
agricultura (que de por sí son el resultado
de una ronda tecnologica previa de
agroquimicos), sin cuestionar las falsas
suposiciones que crearon los problemas en
primer lugar (Hindmarsh, 1991). La
biotecnología desarrolla soluciones
monogenicas para problemas que derivan de
sistemas de monocultivo ecológicamente
inestables, diseñadas sobre modelos
industriales de eficiencia. Ya se ha probado
que tal enfoque unilateral no fue ecológicamente
confiable en el caso de los pesticidas
(Pimentel et al., 1992).
Cuestionamiento
Ético de la Biotecnología
Las
críticas ambientalistas a la biotecnología
cuestionan las suposiciones de que la
ciencia de la biotecnología esta libre de
valores y que no puede estar equivocada o
mal utilizada, y piden una evaluación ética
de la investigación en ingeniería genética
y sus productos (Krimsky y Wrubel, 1996).
Quienes proponen la biotecnología son
considerados como que tienen una visión
utilitaria de la naturaleza y favorecen el
libre intercambio (trade-off) de las
ganancias económicas por el daño ecológico,
indiferentes ante las consecuencias para los
seres humanos (James, 1997). En el corazón
de la crítica están los efectos biotecnológicos
sobre las condiciones sociales y económicas
y los valores religiosos y morales que
conllevan a preguntas como:
-
¿Deberíamos
alterar la estructura genética de todo
el reino viviente en nombre de la
utilidad y las ganancias?
-
¿Es
la constitución genética de todos los
seres vivos la herencia común de todos,
o puede ser adquirida por las
corporaciones y de esta manera
convertirse en propiedad privada de
algunos?
-
¿Quién
dio a las compañías individuales el
derecho a monopolizar grupos enteros de
organismos?
-
¿Los
biotecnólogos se sienten los dueños de
la naturaleza? Es esta una ilusión
construida sobre la arrogancia científica
y la economía convencional, ciega a la
complejidad de los procesos ecológicos?
-
¿Es
posible minimizar los conceptos éticos
y reducir los riesgos ambientales
manteniendo los beneficios?
También
surgen algunas preguntas específicas sobre
la naturaleza de la tecnología, en tanto
otras cuestionan la dominación de la agenda
de investigación agrícola por intereses
comerciales. La distribución desigual de
los beneficios, los posibles riesgos
ambientales y la explotación de los
recursos genéticos de las naciones pobres
por las ricas demandan algunas interrogantes
más profundas:
-
¿Quién
se beneficia de la tecnología? Quién
pierde?
-
¿Cuáles
son las consecuencias para el ambiente y
la salud?
-
¿Cuáles
han sido las alternativas ignoradas?
-
¿A
qué necesidades responde la biotecnología?
-
¿Cómo
afecta la tecnología a lo que se está
produciendo, cómo, para qué y para quiénse
está produciendo?
-
¿Cuáles
son las metas sociales y los criterios
éticos que guían el problema de la
elección de la investigaciónbiotecnologica?
-
¿Biotecnología
para lograr qué metas sociales y agronómicas?
Los
mitos de la biotecnología
Las
corporaciones de agroquímicos que controlan
la dirección y los objetivos de la innovación
agrícola por medio de la biotecnología
sostienen que la ingeniería genética
mejorará la sostenibilidad de la
agricultura resolviendo los problemas que
afectan al manejo agrícola convencional y
librarán a los agricultores del tercer
mundo de la baja productividad, la pobreza y
el hambre (Molnar y Kinnucan, 1989;
Gresshoft, 1996). Comparando el mito con la
realidad, la siguiente sección describe cómo
y por qué los avances actuales de la
biotecnología agrícola no logran tales
promesas y expectativas.
Mito
1:
La
biotecnología beneficiará a los
agricultores en EE.UU. y del mundo
desarrollado.
La
mayoría de las innovaciones en biotecnología
agrícola son motivadas por criterios económicos
más que por necesidades humanas, por lo
tanto la finalidad de la industria de la
ingeniería genética no es resolver
problemas agrícolas sino obtener ganancias.
Más aún, la biotecnología busca
industrializar la agricultura en mayor grado
e intensificar la dependencia de los
agricultores en insumos industriales,
ayudados por un sistema de derechos de
propiedad intelectual que inhibe legalmente
los derechos de los agricultores a
reproducir, intercambiar y almacenar
semillas (Busch et al., 1990). Al controlar
el germoplasma desde la semilla hasta la
venta y forzar a los agricultores a pagar
precios inflados por los paquetes de
semilla-químicos, las compañías están
dispuestas a obtener el mayor provecho de su
inversión.
Debido
a que las biotecnologías requieren grandes
capitales, ellas continuarán condicionado
el patrón de cambio de la agricultura en
los Estados Unidos, aumentando la
concentración de la producción agrícola
en manos de las grandes corporaciones. Como
en el caso de otras tecnologías que ahorran
mano de obra, al aumentar la productividad,
la biotecnología tiende a reducir los
precios de los bienes y a poner en marcha
una maquinaria tecnológica que deja fuera
del negocio a un número significativo de
agricultores, especialmente de pequeña
escala. El ejemplo de la hormona de
crecimiento bovino confirma la hipótesis de
que la biotecnología acelerará la
desaparición de las pequeñas fincas
lecheras (Krimsky y Wrubel, 1996).
Mito
2:
La
biotecnología beneficiará a los pequeños
agricultores y favorecerá a los hambrientos
y pobres del tercer mundo.
Si
la Revolución Verde ignoró a los
agricultores pequeños y de escasos
recursos, la biotecnología exacerbará aún
más la marginalización porque tales
tecnologías, que están bajo el control de
corporaciones y protegidas por patentes, son
costosas e inapropiadas para las necesidades
y circunstancias de los grupos indígenas y
campesinos (Lipton, 1989). Ya que la
biotecnología es una actividad
principalmente comercial, esta realidad
determina las prioridades de qué
investigar, cómo se aplica y a quién
beneficiará. En tanto el mundo carece de
alimentos y sufre de contaminación por
pesticidas, el foco de las corporaciones
multinacionales es la ganancia, no la
filantropía. Esta es la razón por la cual
los biotecnólogos diseñan cultivos transgénicos
para nuevos tipos de mercado o para
sustitución de las importaciones, en lugar
de buscar mayor producción de alimentos (Mander
y Goldsmith, 1996). En general las compañías
de biotecnología dan énfasis a un rango
limitado de cultivos para los cuales hay
mercados grandes y seguros, dirigidos a
sistemas de producción de grandes
capitales. Como los cultivos transgénicos
son plantas patentadas, esto significa que
campesinos pueden perder los derechos sobre
su propio germoplasma regional y no se les
permitirá, según el GATT, reproducir,
intercambiar o almacenar semillas de su
cosecha (Grupo Crucible, 1994). Es difícil
concebir cómo se introducirá este tipo de
tecnología en los países del tercer mundo
de modo que favorezca a las masas de
agricultores pobres. Si los biotecnólogos
estuvieran realmente comprometidos en
alimentar al mundo, ¿porqué los genios de
la biotecnología no se vuelcan a
desarrollar nuevas variedades de cultivos más
tolerantes a las malezas en vez de a los
herbicidas? ¿O por qué no se desarrollan
productos más promisorios de biotecnología
como plantas fijadoras de nitrógeno o
tolerantes a la sequía?
Los
productos de la biotecnología debilitarán
las exportaciones de los países del tercer
mundo, especialmente de los productores de
pequeña escala. El desarrollo, via
biotecnología, del producto ¨Thaumatin¨
es apenas el comienzo de una transición a
edulcorantes alternativos que reemplazarán
al mercado del azúcar del tercer mundo en
el futuro (Mander y Goldsmith, 1996). Se
estima que alrededor de 10 millones de
agricultores de caña de azúcar en el
tercer mundo podrían enfrentar una pérdida
de su sustento cuando los edulcorantes
procesados en laboratorio comiencen a
invadir los mercados mundiales. La fructosa
producida por la biotecnología ya ha
capturado cerca del 10% del mercado mundial
y ha causado la caída de los precios del azúcar,
dejando sin trabajo a cientos de miles de
trabajadores. Pero tal limitación de las
oportunidades rurales no se limita a los
edulcorantes. Aproximadamente 70,000
agricultores productores de vainilla en
Madagascar quedaron en la ruina cuando una
firma de Texas produjo vainilla en sus
laboratorios de biotecnología (Busch et
al., 1990). La expansión de las palmas
aceiteras clonadas por Unilever incrementarán
de manera sustancial la producción de
aceite de palma con dramáticas
consecuencias para los agricultores que
producen otros aceites vegetales (de maní
en Senegal y de coco en Filipinas).
Mito
3:
La
biotecnología no atentará contra la
soberanía ecológica del tercer mundo.
Desde
que el norte se dio cuenta de los servicios
ecológicos que proporciona la
biodiversidad, de los cuales el sur es el
mayor repositorio, el tercer mundo ha sido
testigo de una "fiebre genética",
en la medida en que las corporaciones
multinacionales exploran los bosques, campos
de cultivos y costas en busca del oro genético
del sur (Kloppenburg, 1988). Protegidas por
el GATT, estas corporaciones practican
libremente la ¨biopiratería¨, la cual
cuesta a las naciones en desarrollo, según
la Fundación para el Avance Rural (RAFI)
unos US$4.5 mil millones al año por la pérdida
de regalías de las compañías productoras
de alimentos y productos farmacéuticos, las
cuales usan el germoplasma y las plantas
medicinales de los campesinos e indígenas (Levidow
y Carr, 1997).
Está
claro que los pueblos indígenas y su
diversidad son vistos como materia prima por
las corporaciones multinacionales, las
cuales han obtenido miles de millones de dólares
en semillas desarrolladas en los
laboratorios de EE.UU. a partir de
germoplasma que los agricultores del tercer
mundo mejoraron cuidadosamente por
generaciones (Fowler y Mooney, 1990).Por el
momento, los campesinos no son recompensados
por su milenario conocimiento, mientras las
corporaciones multinacionales empiezan a
obtener regalías de los países del tercer
mundo estimadas en miles de millones de dólares.
Hasta ahora las compañías de biotecnología
no han recompensado a los agricultores del
tercer mundo por las semillas que toman y
usan (Kloppenburg, 1988).
Mito
4:
La
biotecnología conducirá a la conservación
de la biodiversidad.
Aunque
la biotecnología tiene la capacidad de
crear una mayor variedad de plantas
comerciales y de esta manera contribuir a la
biodiversidad, es difícil que esto suceda.
Las estrategia de las corporaciones
multinacionales es crear amplios mercados
internacionales para la semilla de un solo
producto. La tendencia es formar mercados
internacionales uniformes de semillas (Mac
Donald, 1991). Aún más, las medidas
dictadas por las corporaciones
multinacionales sobre el sistema de patente
que prohibe a los agricultores reusar la
semilla que rinde sus cosechas, afectará
las posibilidades de la conservación in
situ y el mejoramiento de la diversidad genética
a nivel local
Los
sistemas agrícolas desarrollados con
cultivos transgénicos favorecerán los
monocultivos que se caracterizan por niveles
peligrosos de homogeneidad genética, los
cuales conducen a una mayor vulnerabilidad
de los sistemas agrícolas a los estreses bióticos
y abióticos (Robinson, 1996). Conforme la
nueva semilla producida por bioingeniería
reemplace a las antiguas variedades
tradicionales y a sus parientes silvestres,
se acelerará la erosión genética (Fowler
y Mooney, 1990). De este modo, la presión
por la uniformidad no sólo destruirá la
diversidad de los recursos genéticos, sino
que también romperá la complejidad biológica
que condiciona la sostenibilidad de los
sistemas agrícolas tradicionales (Altieri,
1994).
Mito
5:
La
biotecnología no es ecológicamente dañina
y dará origen a una agricultura sostenible
libre de químicos.
La
biotecnología se está desarrollando para
parchar los problemas causados por
anteriores tecnologías con agroquímicos
(resistencia a los pesticidas, contaminación,
degradación del suelo, etc.) los cuales
fueron promovidos por las mismas compañías
que ahora son líderes de la bio-revolución.
Los cultivos transgénicos desarrollados
para el control de plagas siguen fielmente
el paradigma de los pesticidas de usar un
solo mecanismo de control que ha fallado una
y otra vez con insectos, patógenos y
malezas (NRC, 1996). Los cultivos transgénicos
tienden a incrementar el uso de los
pesticidas y acelerar la evolución de ¨super
malezas¨ y plagas de razas de insectos
resistentes (Rissler y Melion, 1996). El
enfoque ¨un gen resistente - una plaga¨ ha
sido superado fácilmente por las plagas,
las cuales se adaptan continuamente a nuevas
situaciones y evolucionan mecanismos de
detoxificación (Robinson 1997).
Hay
muchas preguntas ecológicas sin respuesta
referentes al impacto de la liberación de
plantas y microorganismos transgénicos en
el medio ambiente. Entre los principales
riesgos asociados con las plantas obtenidas
por ingeniería genética están la
transferencia no intencional de los ¨trangenes¨
a parientes silvestres de los cultivos y los
efectos ecológicos impredecibles que esto
implica(Rissler y Mellon, 1996).
Por
las consideraciones mencionadas, la teoría
agroecológica predice que la biotecnología
exacerbará los problemas de la agricultura
convencional y al promover los monocultivos
también socavará los métodos ecológicos
de manejo agrícola tales como la rotación
y los policultivos (Hindmarsh, 1991). Como
está concebida, en la actualidad la
biotecnología no se adapta a los ideales
amplios de una agricultura sostenible (Kloppenburg
y Burrows, 1996).
Mito
6:
La
biotecnología mejorará el uso de la biología
molecular para beneficio de todos los
sectores de la sociedad.
La
demanda por la nueva biotecnología no surgió
como un resultado de demandas sociales sino
de cambios en las leyes de patentes y los
intereses de lucro de las compañías de químicos
de enlazar semillas y pesticidas. El
producto surgió a partir de los avances
sensacionales de la biología molecular y de
la disponibilidad de capitales aventureros
por arriesgar como resultado de leyes
favorables de impuestos (Webber, 1990). El
peligro está en que el sector privado está
influyendo en la dirección de la
investigación del sector público en una
forma sin precedentes (Kleinman y
Kloppenburg, 1988).
En
la medida en que más universidades e
institutos públicos de investigación se
asocien con las corporaciones, aparecen
cuestiones éticas más serias sobre quién
es dueño de los resultados de la
investigación y qué investigaciones se
hacen. La tendencia a guardar el secreto de
los investigadores universitarios
involucrados en tales asociaciones trae a
colación preguntas sobre ética personal y
sobre conflictos de intereses. En muchas
universidades, la habilidad de un profesor
para atraer la inversión privada es a
menudo más importante que las
calificaciones académicas, eliminando los
incentivos para que los científicos sean
responsables ante la sociedad. Las áreas
como el control biológico y la agroecología,
que no atraen el apoyo corporativo, están
sindo dejadas de lado y esto no favorece al
interés público (Kleinman y Koppenburg,
1988).
Conclusiones
A
fines de los 80, una publicación de
Monsanto indicaba que la biotecnología
revolucionaría la agricultura en el futuro
con productos basados en los métodos
propios de la naturaleza, haciendo que el
sistema agrícola sea más amigable para el
medio ambiente y más provechoso para el
agricultor (OTA, 1992). Más aún, se
proporcionarían plantas con defensas genéticas
autoincorporadas contra insectos y patógenos.
Desde entonces, muchas otros han prometido
varias otras recompensas que la biotecnología
puede brindar a través del mejoramiento de
cultivos. El dilema ético es que muchas de
estas promesas son infundadas y muchas de
las ventajas o beneficios de la biotecnología
no han podido o no han sido hechos realidad.
Aunque es claro que la biotecnología puede
ayudar a mejorar la agricultura, dada su
actual orientación, la biotecnologia
promete mas bien daños al medio ambiente,
una mayor industrialización de la
agricultura y una intrusión mas profunda de
intereses privados en la investigación del
sector público. Hasta ahora la dominación
económica y política de las corporaciones
multinacionales en la agenda de desarrollo
agrícola ha tenido éxito a expensas de los
intereses de los consumidores, campesinos,
pequeñas fincas familiares, la vida
silvestre y el medio ambiente.
Es
urgente para la sociedad civil tener y una
mayor participación en las decisiones
tecnológicas para que el dominio que
ejercen los intereses corporativos sobre la
investigación científica sea balanceado
por un control público más estricto. Las
organizaciones públicas nacionales e
internacionales tales como FAO, CGIAR, etc.,
tendrán que monitorear y controlar que los
conocimientos aplicados no sean propiedad
del sector privado para proteger que tal
conocimiento continúe en el dominio público
para beneficio de las sociedades rurales.
Debe desarrollarse regímenes de regulación
controlados públicamente y emplearlos para
monitorear y evaluar los riesgos sociales y
ambientales de los productos de la
biotecnología (Webber, 1990).
Finalmente,
las tendencia hacia una visión
reduccionista de la naturaleza y la
agricultura promovida por la biotecnología
contemporánea debe ser revertida por un
enfoque más holístico de la agricultura,
para asegurar que las alternativas agroecológicas
no sean ignoradas y que sólo se investiguen
y desarrollen aspectos biotecnologicos ecológicamente
aceptables. Ha llegado el momento de
enfrentar efectivamente el reto y la
realidad de la ingeniería genética. Como
ha sido con los pesticidas, las compañías
de biotecnología deben sentir el impacto de
los movimientos ambientalistas, laborales y
campesinos de modo que reorienten su trabajo
para el beneficio de toda la sociedad y la
naturaleza. El futuro de la investigación
con base en la biotecnología estará
determinado por relaciones de poder y no hay
razón para que los agricultores y el público
en general, si se le da suficiente poder, no
puedan influir en la dirección de la
biotecnología cosa que cumpla con las metas
de la sostenibilidad.
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