El
eje de esos nobles y valiosos
emprendimientos ha sido el voluntariado, es
decir, el sector cada vez más amplio de
personas que dedican desinteresadamente su
tiempo y su esfuerzo a beneficiar al prójimo
o a servir al bienestar general, casi
siempre en el marco de las llamadas
organizaciones no gubernamentales, que tanto
se han expandido, afortunadamente, por el
escenario de la geografía mundial.
La
Argentina no se ha mantenido al margen de
ese saludable fenómeno. Así lo confirma el
revelador informe sobre trabajo voluntario
que la empresa Gallup realizó por encargo
de La Nación, en el cual se consigna un
dato alentador: el crecimiento del número
de personas que desarrollan, en nuestro país,
actividades solidarias.
En
efecto, la encuesta permitió verificar que
en los últimos doce meses la cantidad de
voluntarios se incrementó; hoy asciende al
26% de la población, mientras que en 1999
llegaba sólo al 20%. El informe consigna
que los trabajadores voluntarios, en su
inmensa mayoría, están satisfechos con la
tarea que han desarrollado. Seis de cada
diez reconocen que su vida cambió a partir
del momento en que ingresaron en el
voluntariado.
El
cambio fue siempre positivo: a un alto
porcentaje de personas el voluntariado les
produjo gratificación o satisfacción
personal. A otros los ayudó a "tomar
conciencia de los problemas de la
gente" o les deparó "nuevos vínculos
sociales y amistades". A un número
considerable, el trabajo solidario le sirvió
para "aprender un oficio" o
"adquirir habilidades técnicas que no
poseía". Y hay voluntarios que
aseguran que por haber ejercido esa
actividad mejoraron su condición económica
y hasta consiguieron empleo en alguna
organización.
Es
interesante constatar que la mayoría de los
entrevistados reconoce que "el
voluntariado puede servir para dar trabajo a
personas que están desocupadas" y
coincide con la idea de que "cualquier
persona puede ser voluntaria, ya que no se
necesitan características especiales para
serlo". Asimismo, vale la pena
consignar que nueve de cada diez encuestados
manifestaron que, a su juicio, "el
voluntariado se necesita siempre y no sólo
en épocas de crisis".
En
su editorial del 5 de noviembre último, La
Nación manifestó su completa
disconformidad con un proyecto de ley que
está a consideración del Congresonacional,
por el cual se propicia la implantación de
un régimen de organización, promoción y
fomento del voluntariado social que se
caracteriza por su anacrónica tendencia al
estatismo y por su asfixiante espíritu
reglamentarista.
Muchas
de las cláusulas de ese desafortunado
proyecto constituyen un avance inadmisible
del Estado sobre funciones y actividades
propias de la sociedad civil.
El
proyecto desvirtúa la naturaleza de la
relación entre el voluntario y la
organización a la que pertenece, cargando
de pesadas obligaciones a la institución,
lo cual conspira contra la existencia de un
sistema eficiente de solidaridad social.
Es
interesante tener en cuenta el ejemplo de la
legislación brasileña, que debería
imitarse. En febrero de 1998 se sancionó en
el Brasil una ley breve y escueta, en la
cual se establece que "el servicio
voluntario no genera vínculo de empleo ni
obligación de naturaleza laboral,
providenciaria o afín". La ley consta
de sólo tres artículos, en los que se
fijan unos pocos principios básicos sobre
la relación entre el voluntario y la
organización y sobre los casos en que el
servicio otorgará derecho al resarcimiento
de gastos.