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NOTAS

Ciencia

Penurias de los científicos que lograron inmunizar ratones contra el cáncer

La Nación (Diciembre 1, 2000) 

- 04.12.2000 - 


"Para avanzar, es necesario que entren otros actores a escena"

Fundación Campomar: orgullo y preocupación por los problemas de la ciencia.

El trabajo de los investigadores argentinos que hoy se publica en la revista Cancer Research (una de las más prestigiosas del mundo en el tema), fue producido por un grupo de personas sometidas a las penurias habituales en el sistema científico nacional y cuyos magros ingresos, en muchos casos, no superan los mil pesos.

Este estudio de vanguardia, que bien podría haberse realizado en Tokio, Londres o California, se gestó en un tradicional edificio de Parque Centenario que desde hace varias décadas alberga a algunos de los más brillantes investigadores del país.

La Fundación Campomar, creada en 1947 por el doctor Bernardo Houssay, y cuyo primer director fue nada menos que Luis Federico Leloir, reúne a 80 científicos, distribuidos en 17 grupos de trabajo, cada uno con un jefe y cinco o seis becarios.

Ciencia de vanguardia

Centrada particularmente en la bioquímica y la biología molecular, sus áreas de interés abarcan tanto el desarrollo del sistema nervioso como la estructura tridimensional de las de las proteínas, las interacciones moleculares de la fotosíntesis o el desarrollo celular embrionario.

"A través de una de las líneas de investigación en curso -cuenta Luis Ielpi, director de la Fundación-, intentamos entender cómo hacen las neuronas para enviar la información desde el núcleo de la célula hasta el extremo del axón, ese eje largo que les permite comunicarse con otras neuronas. En otro proyecto, estudiamos cómo se pliegan las proteínas, un proceso del que depende que tengan una actividad normal o no. Uno de los casos más típicos de una proteína mal plegada es la del prión y el mal de "la vaca loca" -explica-. También investigamos cómo las plantas obtienen energía de la luz solar mediante la fotosíntesis. Y en otro proyecto intentamos desentrañar los eventos que se suceden desde que una célula es fecundada hasta que comienza a diferenciarse en los diversos tejidos del organismo."

Campomar es una fundación sin fines de lucro y, como tal, recibe aportes estatales y privados.

Rompecabezas financiero

Por medio de la Secretaría de Tecnología, Ciencia e Innovación Productiva, obtiene parte del fondo (de 1.000.000 de pesos) que se distribuye entre las fundaciones que presentan los mejores proyectos. El mantenimiento del edificio y de la biblioteca -"algo fundamental para nosotros", subraya Ielpi- los financia el Conicet, los sueldos se pagan con dineros del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires y, por último, por un convenio con la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, ésta se hace cargo de la luz, el gas y el teléfono a cambio de que sus investigadores trabajen allí como docentes.

"En febrero de este año -apunta el científico-, hicimos un concurso internacional para incorporar tres nuevos jefes de laboratorio con la idea de que también pudieran presentarse argentinos que estaban viviendo en el exterior. Y lo hicieron. Se realizó una ardua selección entre 27 personas y elegimos tres: dos de ellos están en Estados Unidos y otro en Italia, y trabajan en virus de la hepatitis C, dengue y ritmos biológicos. Una de las cosas que les pedimos es que ingresen en el Conicet, porque nosotros no podemos pagarles, con lo que su sueldo será de... 800 pesos. Siempre se habla de repatriar, pero es difícil si no se ofrecen las condiciones mínimas."

Socios, se buscan

El trabajo sobre los genes que alteraron la respuesta del organismo ante la presencia de tumores -que hoy se publica en Cancer Research y que fue realizado en el laboratorio de terapia génica de la Fundación Campomar con colaboración de investigadores del Hospital de Clínicas, del Hospital Interzonal de Agudos Eva Perón, de la Universidad de la Plata y del Instituto Roffo- encontró algo realmente sorprendente: primero que la memoria inmunológica que desarrollaban los ratones se prolongaba durante varios meses (las experiencias anteriores no habían durado más de 30 días o 40 días), que lograban darles una protección cruzada (es decir, contra otros tumores diferentes del original), y que podían transferir esa inmunidad a otros animales y para otros tumores.

"Es la primera vez que se hace en el mundo -se enorgullece Podhajcer, jefe del trabajo-. Ahora, la pregunta que todos quisiéramos contestar es si este tipo de tratamiento puede aplicarse en seres humanos. De ahora en más, trataremos de curar tumores de importante tamaño en ratones y para eso tenemos que ver con qué genes podemos contar. Pero una vez que avancemos, vamos a necesitar que entren otros actores a escena. Para producir medicamentos se requiere una empresa a la que le interese el proyecto y lo desarrolle. Mi estimación es que en dos años deberíamos producir los genes para humanos. Aunque ya en algún momento dije que podíamos hacer un ensayo clínico y el tiempo no me dio la razón. En el país los mecanismos no están aceitados para que estas cosas pasen del ámbito académico al productivo..."

Los científicos de la Fundación Campomar están haciendo una campaña de apoyo para las investigaciones que allí se realizan. Solicitan un mínimo de tres pesos mensuales para poder continuar con sus trabajos. Si usted puede sumarse a esta campaña, llame por el (011) 4867-2992.

 

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Junio 2000