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Medicina
Impulsan
el diálogo entre especialistas y médicos
generalistas
La
Nación (Noviembre 11, 2000)
-
27.11.2000
-
Es
el tema de una reunión científica
"Ellos saben poco de mucho. Nosotros
sabemos mucho de poco."
Aunque
parezca un juego de palabras, es la definición
más gráfica que el infectólogo Daniel
Stamboulián encontró para diferenciar la
tarea de sus colegas generalistas de la de
aquellos que, como él, optaron por una
especialidad. No se trata de
enfrentamientos: según reza el título del
XI Congreso Anual de la Sociedad Argentina
de Medicina Interna General, lo que se
intenta es la "Integración
especialistas-generalistas en la práctica médica".
En la reunión científica, que finaliza hoy
en Buenos Aires, se discuten los caminos que
pueden llevar al cumplimiento de lo que, en
la Argentina, todavía es un desafío:
conseguir esa integración profesional y
lograr que ese encuentro redunde en
beneficios para los pacientes.
"El
generalista es como el médico de cabecera
de otras épocas, sólo que ahora tiene
muchos más conocimientos que provienen de
los grandes avances de la medicina. No es un
derivador ni alguien que pone freno a las
derivaciones a los especialistas, sino un
profesional altamente capacitado para
atender los principales motivos de consulta
ambulatoria, trabajar en prevención y
promoción de la salud, detección precoz y,
obviamente, el más idóneo para recurrir
racionalmente a ese especialista cuando
resulte necesario", explicó el doctor
Alberto Lambierto, presidente del congreso,
también infectólogo, director médico del
Sanatorio Otamendi y docente de la
Universidad de Buenos Aires. Según el
especialista, "aquí todavía hay pocos
generalistas y si bien iniciativas como el
programa Médicos de Cabecera son realmente
auspiciosas, se necesita conjugar la educación
médica permanente, dar a conocer a la
población el rol del generalista y contar
con un marco político que permita
desarrollar un sistema donde los distintos
niveles de atención (generalistas y
especialistas) estén
integrados".
Tres
expertos invitados, profesores de la
Universidad de California San Francisco (UCSF),
de los Estados Unidos -institución ubicada
en primer lugar entre las que forman médicos
generalistas-, aportaron definiciones y
relataron sus experiencias. "El
generalismo se divide en dos campos: el médico
de familia -que atiende adultos, niños y
mujeres embarazadas- y el internista
general, que trabaja sólo con adultos.
Trata al paciente en forma integral",
afirmó el doctor Eliseo Pérez Stable. Su
colega Lee Goldman explicó que, en los
Estados Unidos, "hace 60 años, todos
los médicos eran generalistas.
Después
llegó la especialización y su número
disminuyó. Pero cuando en los años 80 la
expectativa de vida de la población comenzó
a crecer (y con ella los problemas del
envejecimiento) resultaba imposible que una
persona visitara un día al cardiólogo, al
día siguiente al reumatólogo y luego al
gastroenterólogo sin que un profesional lo
evaluara en forma integral. Este panorama,
junto con el impulso a la medicina
preventiva, hizo resurgir la figura del
generalista, que comenzó a trabajar en
conjunto con el especialista". Cuidados
compartidos Un aporte interesante fue el de
los aspectos psicosociales.
El
examen periódico de salud que indica el
generalista no sólo incluye análisis de
sangre, recomendaciones sobre vacunas o
mamografías. "Sospechar que un dolor
abdominal crónico puede ser producto de
violencia doméstica o abuso sexual es tarea
de este profesional. La depresión o la
ansiedad también deben estar incluidos en
el diálogo con el paciente", afirmó
el doctor Mitchaell Feldman.
Para
Stamboulián, "el paciente necesita un
piloto que lo maneje (el generalista)y sea
capaz de detectar cuándo se necesita
profundizar en determinada enfermedad.
Aunque en algún caso, como ocurre con el
sida, los infectólogos nos convertimos en médicos
de cabecera, en el resto debemos colaborar
con los generalistas y los pediatras, siendo
sus copilotos y tomando juntos el volante
cuando sea necesario". Médicos
especialistas y generalistas (La Nación, 21
de Noviembre, 2000)EN el XI Congreso Anual
de la Sociedad Argentina de Medicina Interna
General se debatió el problema de los
papeles que les caben a los médicos
generalistas y a los especialistas.
La
tarea del médico generalista suele ser
considerada dentro de una perspectiva
limitada, según la cual la consulta con él
sería el preámbulo de la visita a un
especialista o una instancia que incluso se
podría eliminar. Esta concepción es la que
lleva al enfermo a consultar a un cardiólogo,
por ejemplo, después a un gastroenterólogo
y tal vez luego a un reumatólogo, sin que
ninguno de los profesionales pueda tener a
su alcance los diferentes puntos de vista y
tal vez la clave total de los problemas. El
presidente de este congreso explicó que
"el generalista es como el médico de
cabecera de otras épocas, sólo que ahora
posee muchos más conocimientos, que
provienen de los grandes avances de la
medicina". Y agregó que "no es un
derivador ni alguien que pone freno a las
remisiones a los especialistas, sino un
profesional altamente capacitado para
atender los principales motivos de consulta
ambulatoria, para trabajar en prevención de
la salud y detección precoz, además de ser
el más idóneo para recurrir al
especialista cuando resulte
necesario".
Uno
de los invitados a este congreso señaló
que "sospechar que un dolor abdominal
crónico puede ser producto de violencia doméstica
o abuso sexual es tarea del generalista. La
depresión y la ansiedad -agregó- también
deben estar incluidos en el diálogo con el
paciente". Estos aspectos son
reconocidos en la actualidad como
fundamentales para el éxito terapéutico, a
la par que se rescatan los valores del médico
de cabecera tradicional, que podía
acercarse al enfermo y a su familia, no
necesariamente provisto de una preparación
adecuada para la atención de los problemas
psicológicos de sus pacientes, pero con
amplias posibilidades para mantener
contactos humanos que en buena medida se han
perdido.
En
cualquiera de las situaciones que se
consideren resulta fácil comprender en qué
medida la formación de los médicos se ha
vuelto un asunto particularmente delicado.
La enorme extensión de los conocimientos
determina que la preparación eficiente se
convierta en un problema, pues los saberes
necesarios aumentan sin cesar mientras el
tiempo destinado a seguir una carrera médica
tiene límites inevitables. Y los necesarios
componentes de relación humana, no
suficientemente atendidos en la actualidad,
forman parte indispensable de una integración
que cada vez se vuelve más compleja y difícil.
En
esta materia, como en tantas otras, una
solución está en el uso intenso e
inteligente de las tecnologías modernas. Un
médico o un estudiante no pueden recurrir a
Internet, por ejemplo, en el momento de una
consulta, pero sí en el tiempo que dedican
al estudio o al perfeccionamiento. La
posibilidad, no explotada suficientemente
todavía, de disponer de una información
elaborada, actualizada e integrada, apta
para satisfacer exactamente necesidades muy
determinadas y específicas, es una
excelente alternativa para salvar algunos de
los problemas que hoy se detectan.
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