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Solidaridad
Cuando
trabajar por los otros es un estilo de vida
La
Nación (Noviembre 13, 2000)
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20.11.2000
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Jefas
de familia confeccionan ropa y llevan
adelante un comedor
MAR
DEL PLATA.- A María Taboada no le contaron
lo que es la solidaridad. La lleva en la
sangre desde los 18 años, cuando empezó a
participar voluntariamente en el banco de
lectura de una escuela para ciegos.
Hoy
está al frente de la Sociedad de Fomento
Fortunato de la Plaza, un populoso barrio
del sur marplatense, donde la crisis se
siente como nunca, el desempleo es un
lamentable lugar común y los hogares penan
por satisfacer sus mínimas necesidades.
La
acompaña un grupo de vecinos que entró rápidamente
en sintonía con su vocación de ayudar. Por
eso no extraña que hoy, en esa pequeña
sede de la calle Azopardo al 7000, unos 200
chicos almuercen y merienden, y un puñado
de mujeres deambule entre tijeras, hilos y máquinas
de coser para convertir pantalones en
camperas, que serán entregadas a indios
tobas del norte de nuestro país.
"Acá
nadie manda; todos trabajamos", señala
María mientras se esmera por mostrar cada
rincón de la sede vecinal, donde el hall
central está colmado por máquinas y
herramientas de costura y desde la cocina
llega el tentador aroma de una salsa blanca
que dará el toque final a un budín de
papas y espinacas, el menú de este mediodía.
A
la orden siempre está Mingo, dispuesto a
cumplir con trámites en la municipalidad o
donde las necesidades lo requieran. El móvil
está listo en la puerta: una bicicleta que
recorre decenas de kilómetros por día en
busca de respuestas alentadoras.
Esta
voluntad de hacer y ayudar ha tenido
respuesta oficial. El Ministerio de Trabajo
de la Nación financia un plan de emergencia
laboral con sueldos de 120 pesos para jefas
de familia.
En
la sede se reparten las tareas: unas se
dedican a confeccionar prendas y otras
demuestran sus habilidades en la cocina,
apoyadas por Lidia Loiacone, al frente del
programa de capacitación Educare.
"Además,
tenemos un voluntariado full time de 25
vecinos", acota.
Usados
como nuevos
Dos
meses atrás, la firma textil local ofreció
a la delegación local de la Cruz Roja
Argentina una partida de rollos de tela y
pantalones oxford (los viejos "pata de
elefante") que no tenían cabida ante
las nuevas tendencias de la moda.
El
material fue enviado al taller de costura
del barrio Fortunato de la Plaza para que,
con no poco esfuerzo y mucha vocación, las
costureras reacondicionaran los cortes para
fabricar camperas.
Algunas
de las voluntarias traen su propia máquina
de coser, así como otras realizan en su
casa la terminación con una overlock.
"De
acuerdo con nuestros cálculos, llegaremos a
fabricar un total de 1000 camperas",
arriesga María. Las prendas ya tienen
destinatarios: chicos y adolescentes de una
comunidad toba del norte argentino.
Hay
un valor agregado extra en estas camperas.
En la entidad vecinal se las prepara en
bolsas de papel celofán, con un moño y un
mensaje. "Es ropa nueva y queremos que
así lo entiendan", insiste la
presidenta de la institución.
Y
lo mismo acontece con los juguetes. Semanas
atrás se terminó con la restauración de
unas 500 unidades que estaban en desuso y,
mayoritariamente, muy dañadas.
El
personal de la entidad se ocupó de lavar,
pintar y pegar uno por uno los camiones, muñecas
y algunos juegos que parecían listos para
el descarte.
Como
con las camperas, también se los empaqueta
con el adicional del moño y un mensaje para
el destinatario. "Queremos que quien lo
reciba -aclara María- sepa que no le
mandamos descartes sino un juguete
nuevo."
"Pan
y leche"
Las
17.30 llenan de bullicio y corridas el
modesto salón comedor de la entidad. Unos
200 chicos de este barrio y otros de la zona
salen de la escuela y van directamente a
tomar la merienda. Para algunos de ellos
también esta comida representa su cena.
Pan
y Leche bautizaron los propios chicos este
comedor, abastecido por aportes de la
Secretaría de Calidad de Vida de la comuna,
la Cruz Roja y gente del barrio que colabora
con esta obra benéfica.
"La
madre que dice que no le pudo dar la leche a
su chico es porque no pasó por nuestra
sociedad de fomento", asegura Taboada.
No sabe cómo lo logran, pero cada vez son más
los que se acercan y nadie se queda sin su
merienda.
Horno,
cocina y heladera fueron donados por algunas
empresas y el municipio. Frutas, verduras y
otros alimentos llegan desde comercios de
las inmediaciones. "Es un barrio muy
participativo", se enorgullece la
anfitriona. Para ayudarlos, su teléfono es
el (0223) 4813736.
No
es una expresión complaciente, sino un
reflejo de la realidad. "Salimos a
golpear nosotros
las puertas -explica-, porque no soportamos
ver a los chicos deambulando casa por casa
pidiendo un pedazo de pan."
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