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Sociedad
Un
mundo feliz, de Aldous Huxley
Le
Monde Diplomatique (Septiembre, 2000), Por
Ignacio Ramonet
-
20.11.2000
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PIEDAD
PARA LA CONDICION HUMANA
Un
best seller de 1932 resulta ser de una
sorprendente actualidad: presenta un mundo
que no da cabida al azar, donde las personas
se producen en serie, tienen garantizado el
confort y la satisfacción de los únicos
deseos que están condicionados a
experimentar, pero donde se ha perdido la
razón para vivir.
Hay
que releer hoy Un Mundo Feliz? (1)
Hay que releer un libro escrito hace
alrededor de 70 años, en una época tan
lejana que ni siquiera se había inventado
la televisión?
Esta
novela, que se convirtió en un gran clásico
del siglo XX, narra una historia que ocurre
en un futuro muy lejano, hacia el 2500, o más
precisamente, “hacia el año 600 de la era
fordiana”.
Homenaje satírico a Henry Ford,
pionero estadounidense de la industria
automotriz e inventor de un método de
organización del trabajo de producción en
serie y de la estandarización de las
piezas.
El
libro, con una visión pesimista del
porvenir y feroz crítica al culto
positivista de la
ciencia, fue escrito en un momento en
que las consecuencias sociales de la gran
crisis de 1929 afectaban directamente a las
sociedades occidentales; en el que la
credibilidad de los regímenes democráticos
capitalistas parecía vacilar.
Antes de la llegada de Adolf Hitler
al poder (1933), Un Mundo Feliz
denuncia la perspectiva pesadillesca de una
sociedad totalitaria fascinada por el
progreso científico y convencida de poder
brindar a sus ciudadanos una felicidad
obligatoria.
Presenta una visión alucinada de una
humanidad deshumanizada por el
condicionamiento de Pavlov y por el placer
al alcance de una píldora (“el soma”).
En un mundo horriblemente perfecto,
la sociedad decidió totalmente, con fines
eugenésicos y productivistas, la sexualidad
de la procreación.
En
Un Mundo Feliz, la estadounización
del planeta ha culminado, todo ha sido
estandarizado y fordizado, tanto la producción
de los seres humanos, resultado de puras
manipulaciones genético-químicas, como la
identidad de las personas, producida durante
el sueño por hipnosis auditiva: la “hipnopedia”,
que un personaje en el libro califica como
“la mayor fuerza socializante y
moralizante de todos los tiempos”.
Se
“producen”
seres humanos, en el sentido
industrial del termino, en fabricas
especializadas –los “centros de incubación
y condicionamiento”- según modelos
variados, que dependen de las tareas muy
especializadas que serán asignadas a cada
uno y que son indispensables para una
sociedad obsesionada por la estabilidad.
Desde
su nacimiento, cada ser humano es además
educado en esos “centros de
condicionamiento del Estado” en función
de los valores específicos de su grupo,
mediante el recurso masivo a al hipnopedia
para manipular el espíritu, crear en él
“reflejos condicionados definitivos” y
hacerle aceptar su destino.
Aldous
Huxley ilustraba así en esta obra los
riesgos implícitos en la tesis que venia
formulando desde 1924 John Watson, el padre
del “conductismo”, esa “ciencia de la
observación y control del
comportamiento”.
Watson afirmaba con frialdad que podía
elegir al azar en la calle a un niño
saludable y transformarlo, a su elección,
en un doctor, un abogado, un artista, un
mendigo o un ladrón, cualquiera fuera su
talento, sus inclinaciones, sus capacidades,
sus gustos y el origen de sus ancestros.
En
Un Mundo Feliz, que es
fundamentalmente un manifiesto humanista,
algunos vieron también, con razón, una crítica
ácida a la sociedad estalinista, a la utopía
soviética construida con mano de hierro.
Pero también hay, claramente, una sátira
a la nueva sociedad mecanizada,
estandarizada, automatizada que se montaba
en esa época en Estados Unidos, en nombre
de la modernidad técnica.
Sumamente
inteligente y admirador de la ciencia,
Huxley expresa sin embargo, en esta novela,
un profundo escepticismo respecto de la idea
de progreso, una desconfianza hacia la razón.
Frente a la invasión del
materialismo, entabla una interpelación
feroz a las amenazas del cientificismo, el
maquinismo y el desprecio a al dignidad
individual.
Claro que la técnica asegurara a los
seres humanos un confort exterior total, de
notable perfección, estima con desesperada
lucidez.
Todo deseo, en la medida que podrá
ser expresado y sentido, será satisfecho.
Pero los hombres habrán perdido su
razón de ser.
Se habrán transformado a sí mismos
en maquinas.
No se podrá hablar en sentido
estricto de condición humana.
Pesimista
y sombrío, el futuro visto por Aldous
Huxley nos sirve de advertencia y nos
alienta, en la época de las manipulaciones
genéticas, de la clonación y la revolución
de lo viviente, a vigilar de cerca los
actuales progresos científicos y sus
potenciales efectos destructivos.
Un Mundo Feliz nos ayuda a
comprender mejor el alcance de los riesgos y
peligros que se presentan ante nosotros
cuando de nuevo, en todos lados,
“progresos científicos y técnicos” nos
enfrentan a desafíos ecológicos que hacen
peligrar el futuro del planeta.
Y de la especie humana.
(1)
Aldous Huxley, Un Mundo Feliz,
Plaza y Janés, Madrid, 1999.
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