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Medicina
Gracias
al equipo de Casa Cuna
La
Nación (Octubre 27, 2000)
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13.11.2000
-
Nació
prematura con un tumor en el corazón; se
recupera de la riesgosa extirpación en la
ex Casa Cuna.
A
las 15 de ayer, Lara pasó sin
complicaciones la barrera de 72 horas que
podía frenar su auspicioso postoperatorio
en la terapia intensiva cardiovascular del
hospital de niños Pedro de Elizalde. Aunque
pesa escasos 1600 gramos, esta beba
superó satisfactoriamente la inusual
intervención de corazón que le practicaron
en la ex Casa Cuna cuando apenas había
cumplido 35 días.
Fue
el lunes último. La niña -que nació
prematura en Concepción del Uruguay, Entre
Ríos- permaneció cinco horas dentro del
quirófano del centro de salud, donde le
extirparon el tumor de un 1,5 centímetro
que obstruía las cavidades cardíacas
derechas.
Para
lograrlo, las manos expertas del médico
Florentino Vargas recurrieron a la cirugía
con circulación extracorpórea -conectan al
paciente a una bomba que reemplaza al pulmón
y al corazón- e hipotermia profunda.
"Se
enfría la sangre hasta 16 grados, se
detiene la circulación y se opera con el órgano
exangŸe. ¡El de esta nena mide tres centímetros!
Luego se restituyen todas las funciones. Yo
operé otras veces con esta técnica; pero
nunca en una criatura con un peso quirúrgico
límite, que encierra un riesgo muy
elevado", relató Vargas a La Nación.
Los
tumores cardíacos en recién nacidos son
infrecuentes; mucho más los que requieren
una intervención. Pero la singularidad de
la cirugía
efectuada a Lara residió, precisamente, en
su pequeño tamaño. Y en su favorable
recuperación, cuando normalmente estas prácticas
demandan posoperatorios complejos.
"Ayer
(por anteayer) ya se le quitó la asistencia
respiratoria y hoy (por ayer) será derivada
a la sala de cuidados de Neonatología.
Estamos muy contentos porque enfrentamos una
patología rara y salimos bien",
sostuvo Eduardo Kreuzer, jefe de Cardiología
del Elizalde.
Ciencia
v. infraestructura
"Pese
a que no creemos estar aún en un nivel de
desarrollo para atender este tipo de
afecciones -continuó-. Esto demuestra el
crecimiento de nuestra estructura académica,
científica y asistencial, aunque tengamos
paredes viejas."
Efectivamente,
el éxito de la operación alegró a la
comunidad médica de la ex Casa Cuna. Todavía
no ganaron la pelea por la remodelación
edilicia del centro de salud, pero los
profesionales celebraron ayer este triunfo
ante la enfermedad.
Más
aún festejaron sus padres, Emilio y Claudia
Salinas, que se instalaron en la escalera de
mármol cercana a la sala de terapia
intensiva para vigilar el progreso de la niña.
"La
gorda ya está por superar el período crítico.
Ya le sacaron el respirador; ni siquiera
necesitó la carpita de oxígeno. Y también
volvió a alimentarse. ¡Es muy inquieta!
Quiere sacarse los tubitos que le
colocaron... Estamos muy felices",
describió la madre de la niña, de 36 años.
Con
una sonrisa, el padre reconoció la labor
del equipo médico encabezado por Vargas.
"Llegamos con miedo pero acá nos
agarraron estos "magos". Primero
nos hablaron mucho de los riesgos, nos
explicaron todo. Después, pasaron cinco
horas y la nena salió de la operación con
los ojos abiertos", dijo Emilio, de 41
años, con admiración.
"Esta
gente, los médicos y enfermeras del
Elizalde, se portaron como si fueran los
padres -continuó-. Con amor, pasión y
profesionalismo lograron que Lara
viva."
Antes
de la intervención, los Salinas sentían
temor por perder a la más chica de cuatro
hermanos. La beba
nació a los siete meses de gestación, el
18 de septiembre último, en el hospital de
Concepción del Uruguay.
A
los 15 días le descubrieron un problema en
el corazón. La niña viajó con sus padres
a la ciudad de Paraná, donde le
diagnosticaron el tumor intracardíaco. De
allí llegó a Buenos Aires para ser
atendida por Vargas.
"Recibimos
una beba
prematura, de un kilo y medio, y salvarla se
convirtió en nuestra responsabilidad. Nos
falta infraestructura e, incluso,
enfermeras. En cambio, nos sobran ganas y
capacidad académica", reflexionó
Kreuzer.
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