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Sociedad
Sectas
criminales
La
Nación (Octubre 02, 2000)
-
09.10.2000
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El
surgimiento de un alto número de sectas
que, invocando falsamente un origen
religioso, realizan actividades antisociales
y contrarias a la ley, debe ser observado
con especial atención por las autoridades y
por la sociedad en su conjunto.
Se trata de organizaciones que
adoptan distintos disfraces y enmascaran sus
verdaderas intenciones para atraer y luego
atrapar a sus eventuales adeptos.
Estos
grupos delictivos tienen como denominador
común el empleo de técnicas para
condicionar la voluntad de sus desprevenidas
víctimas, despersonalizándolas y, en
algunos casos, esclavizándolas.
Otras solo persiguen despojar de sus
dineros a los incautos, adoptando la
apariencia y el nombre de instituciones o símbolos
católicos, cambiando de nombre en cuanto se
les cancela la personería jurídica.
Existen
similitudes –aunque también diferencias-
entre el tipo de sectas destructivas y las
organizaciones criminales.
En primer lugar, al igual que en una
estructura mafiosa, estos grupos suelen
responder a un jefe que ejerce en plenitud
su poder.
Pero a diferencia de lo que ocurre en
las mafias, el líder sectario necesita ser
carismático, ser capaz de generar una
fuerte atracción sobre las personas y
considerarse el dueño de la verdad
absoluta.
En
segundo término, los adeptos son utilizados
para cometer la más diversa gama de
delitos.
Incluso llegan a adquirir una
adicción psicológica, comparable a la de
las drogas o el alcohol, que produce el
desarraigo del núcleo familiar, de sus
amistades y de todo aquello que de una
manera u otra pudiera tener cualquier tipo
de atadura con su vida anterior, a la que se
les enseña a despreciar.
A
menudo estos núcleos delictivos se
infiltran en las estructuras del poder y
cuentan, al igual que los grupos criminales,
con un sustento económico que les permite
comprar voluntades y logran, así, que se
les garantice la impunidad.
Contrariamente
a lo que pudiera pensarse, el nivel cultural
de las personas no juega un papel
determinante al momento del reclutamiento,
ya que estas sectas no recurren a
argumentaciones racionales, como en la mayoría
de las organizaciones, sino que para
conquistarlas utilizan y manipulan sus
emociones.
Una vez incorporadas, se les aplican técnicas
que culminan con el clásico “lavado de
cerebro”, que anula la voluntad y la
capacidad crítica de las víctimas.
Expertos
en la materia han señalado como centros de
origen de muchas de estas sectas
destructivas, entre otros, a la Republica
Argentina, la zona de California y España.
Es imprescindible emprender campañas
de información y de difusión acerca de la
existencia de este tipo de organizaciones,
de sus peligros, de sus métodos de
reclutamiento y de sus terribles
consecuencias, porque al igual que en los
casos avanzados de drogadicción, los
adictos a las sectas destructivas encuentran
muchísimas dificultades para salir del
cautiverio en que han caído.
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