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Olfato
Los
recién nacidos reconocen a su madre por el
aroma
La
Nación (Abril 26, 1997)
-
18.09.2000
-
La
ciencia demostró que el olfato es clave en
las primeras horas de vida.
Cuando
nace un bebé, inevitablemente surge la búsqueda
de parecidos físicos: “Tiene un aire al tío
o al papá, se suele decir, y tal vez muy
pronto se reconozca que “posee un aroma de
familia”.
Curiosamente,
diversas investigaciones demuestran que el
recién nacido se deja guiar por su olfato
para identificar a su mamá.
“A
las pocas horas de vida, el niño reconoce
el aroma de la leche de su madre. Sólo se
da vuelta ante este olor y no con otro”, revela
la doctora María Rosa García Medina, del
Laboratorio de Investigaciones Sensoriales
de la Universidad de Buenos Aires, como síntesis
de diversos estudios internacionales.
Efecto
Sedante
Más
aún, diversos experimentos demuestran el
efecto sedante en pequeños de tres a diez días
de vida que produce al acercar a sus narices
una prenda impregnada con el aroma del pecho
de la madre. En cambio, continúan inquietos
cuando la ropa pertenece a otra parturienta,
según revela Richard Porter, del
Departamento de Psicología y Desarrollo
Humano de la Universidad de Vanderbilt,
Estados Unidos.
“La
mamá tarda un poco más en reconocer a su
hijo por el olor”,
indica la especialista García Medina, que
también se desempeña en el Conicet. Un
experimento, por ejemplo, reveló resultados
sorprendentes: 42 flamantes madres divididas
en grupos debían descubrir, por medio del
aroma, cuál era la bata de sus propios
hijos, entre cuatro prendas idénticas
aunque de distintos niños. Las mujeres del
primer grupo, a las cuales sólo se les
permitió un contacto con sus bebés de
apenas nueve minutos antes del test, no
mostraron altos niveles de reconocimiento.
Sin embargo, el 90% de aquellas que
estuvieron entre 10 y 60 minutos a solas con
sus recién nacidos respondieron
correctamente. Las que pudieron estar con
sus pequeños durante más de una hora antes
de comenzar las pruebas no se equivocaron en
ningún caso. “Probablemente - concluyeron
los investigadores-, el stress que produce
el contar con apenas nueve minutos para
estar con sus hijos incidió en forma
negativa en las madres.
En
este corto período, el olor del hijo podría
quedar enmascarado por otros aromas del
ambiente hospitalario.”
Varias
madres reconocieron también que el aroma
seleccionado como el de su bebé se parecía
al de otro miembro de la familia, por lo
general, al de algún otro hijo.
Pero,
¿existe realmente un aroma de familia? La
pregunta despertó la curiosidad de los
científicos que, de inmediato, diseñaron
otro experimento. Esta vez, personas
elegidas al azar debían poner sus narices
en remeras que habían sido vestidas por
distintos chicos. El objetivo era hallar
-aroma mediante- el parecido al de las
prendas de las madres. Los aciertos
superaron el nivel estadísticos. “Aunque
no son idénticos, los olores pueden parecer
similares entre familiares directos”,
indica la especialista argentina.
Un
perfume inconfundible
El
olor de los bebes es característico. Pero,
¿que sucede cuando una madre encuentra un
aroma atípico o inesperado en el hijo que
acaba de dar a luz?.
El
cuerpo humano es un compuesto de sustancias
químicas que despiden olores. Esa combinación,
de una manera u otra, puede alterar el
aroma. Las variaciones orgánicas producidas
por algunas enfermedades pueden ser
percibidas a través del olfato. Tal es el
caso de la fenilcetonuria,
un mal que puede producir retraso mental de
por vida si no es detectado a tiempo
mediante un análisis
de sangre.
Los chicos que padecen esta enfermedad
producen un aroma característico.
“Entonces, las madres dicen oler en sus
hijos algo extraño -continúa la
investigadora. Es que, en realidad, perciben
elementos que no les resultan familiares.”
Se efectúan los análisis de rigor y se
confirma la dolencia. Por supuesto, también
queda demostrado que el
olfato de una madre no se equivoca.
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