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Olfato
Lo
olfatorio y lo social: una relación un
tanto enigmática
Gen
Altruista - Ana
Herbsztein
-
03.07.2000
-
Hemos
atravesado un período en el que las
ciencias tenían como propósito, definir
claramente su campo de trabajo,
estableciendo estrictas delimitaciones. Esas
delimitaciones, en gran medida, surgen por
nuestra inevitable necesidad de conocer
parcializando la realidad. Hoy sabemos la
enorme importancia que poseen las relaciones
entre las disciplinas y en este sentido
surge la propuesta de pensar una relación
de significación entre lo olfatorio y lo
social, e intentar establecer, de este modo,
un puente entre la biología y la sociología.
A
partir de la lectura de lo olfatorio encontré,
que diferentes autores se refieren al tema
desde distintas perspectivas, que van desde
explicaciones mecanicistas hasta
descripciones casi poéticas. Así el tema
se fue enriqueciendo y al mismo tiempo se
tornó más enigmático. Abordarlo sólo
desde una perspectiva mecanicista es correr
el riesgo de perder la riqueza de su
interioridad. Por ejemplo, Maeterlink en La
inteligencia de las flores
dice con respecto al olfato.
"Hay
motivos para admitir que es el último de
nuestros sentidos, el único quizá que no
se halla en vías de regresión, como dicen
los biólogos. Hay ahí un mundo
inexplorado. Este sentido que a primera
vista parece ajeno a nuestro organismo,
cuando se le observa mejor resulta el que más
íntimamente lo penetra ¿ No somos ante
todo seres aéreos ? Si el aire es para
nosotros el elemento más absoluto y
prontamente indispensable, ¿
el olfato no es precisamente el único
sentido que de él percibe algunas partes? “
Ahora
bien pareciera ser que para las ciencias
sociales la problemática del olfato carece
de relevancia. Sin embargo, hoy sabemos que el
olfato participa del mundo de las
interrelaciones sociales mucho más de lo
que nuestra conciencia cree.
Estamos
inmersos en un fluir constante de estímulos
que impactan nuestros sentidos
y mediante
ellos construimos las representaciones del
mundo y de la vida. No nos sorprende cuando
se realizan asociaciones entre los estímulos
visuales y su incidencia en el
comportamiento, como las perturbaciones en
los niños y jóvenes, como consecuencia de
los mensajes que trasmite la televisión. El
año pasado, por ejemplo, hubo un
acontecimiento en Japón, considerado
“epilepsia televisiva” que afectó
severamente a setecientos niños. El artículo
comenta que el brote de epilepsia fotosintética
habría sido precedido por un virtual estado
de hipnosis.
Es decir que ciertas características de los
estímulos, pueden ser detonantes de
profundas alteraciones en el funcionamiento
del cerebro, aunque no por eso lo
consideremos causa única y suficiente.
Aceptamos
la incidencia de los estímulos
visuales
en el cerebro y el comportamiento.
Sin embargo, hay otro sentido, que valga la
redundancia parece haber perdido el sentido
y es el
olfatorio. En general no se lo toma
en cuenta, salvo cuando se lo aborda desde
la perspectiva de los olores, puesto que es
evidente cuanto rédito da su investigación
a la industria del perfume y de la
alimentación.
He
observado una paradoja
en el discurso de investigadores que se
hallan trabajando en el tema de lo olfatorio,
porque por un lado es común que se lo
considere como un sentido relegado, pero por
otro llama la atención que es tema de
numerosas investigaciones .
En
el área de las ciencias , por ejemplo en la
Universidad de Carolina del Norte
conjuntamente con la John
Hopkins, se están realizando
estudios sobre la idea de que los
espermatozoides se guían por el olfato para
alcanzar al óvulo. Demás está decir la
trascendencia de esta idea!!! Sin embargo en
el mismo artículo se concluye consignando
la relevancia de este descubrimiento para el
desarrollo de nuevos anticonceptivos.!!!
El
olfato en la comunicación inconsciente
Hay
un investigador, el físico Harry
Wiener quien fue director del laboratorio
Pfizer de Nueva York. Un hombre que
proviniendo de la física se interrogó
sobre los enigmas de lo social y más específicamente
sobre los aspectos inconscientes de la
comunicación. Wiener considera que : “los
seres humanos no nos relacionamos sólo en
base a la racionalidad, la voluntad y el
intelecto. Continuamente emitimos y
recibimos un torbellino de señales sociales
o indicios sociales. El y otros
investigadores comprobaron
que esos indicios viajan por muchos
canales sensoriales, y en cada caso
percibimos sólo una pequeña parte de ese
correo. En relación a la comunicación
olfatoria desarrolló
el concepto de Mensajeros Químicos
Externos,
identificadores claves de
los que no se tiene conciencia y que
circulan entre todos los seres humanos.
Para
Wiener la severa disonancia entre los
mensajeros químicos externos ,es la causa
de los horribles enfrentamientos y a veces
fatales, entre los seres humanos.
Los
mensajes inconscientes que intercambian dos
seres humanos, despiertan alteridad y miedo
en algunos y atracción y amor en otros. Las
vibraciones que se dan entre los cuerpos son
tangibles, no metafísicas y la
sensación de que hay una mala química
es tan real como una trompada en la nariz.
Wiener se pregunta ¿ cual sería el
mecanismo biológico comprometido en esta
comunicación inconsciente? y la respuesta
la encuentra en la importancia de las
feromonas en los insectos sociales.
A
este respecto dice: “ Aprendí que los
insectos sociales, como las termitas, las
hormigas y las abejas “hablan” entre sí
en un lenguaje complejo hecho de feromonas,
químicos complejos identificables que actúan
sobre los órganos del olfato.
Esto
le permitió inferir, que si los seres
humanos, son capaces de emitir y percibir
sustancias similares, a las que llamó
Mensajeros Químicos Externos, su dilema
acerca de la participación del olfato en la
comunicación inconsciente quedaba resuelto.
El
autor concluye sosteniendo que
el intercambio inconsciente
de señales sociales determinaría
el carácter social del hombre.
Tomando
estas ideas acerca del
carácter
inconsciente
de la comunicación olfatoria podemos
afirmar que cuando se habla de el
relegamiento de lo olfatorio en la evolución,
no significa que haya perdido su vigencia,
sino
que permanece inconsciente
pero plenamente activo.
Sabemos
que la percepción de ciertos olores trae a
nuestra conciencia recuerdos hipernítidos
de la infancia y que cuando estamos inmersos
en la experiencia los re-vivimos
intensamente, pero luego también los
reprimimos rápidamente. Este volver una y
otra vez a reprimir desalojando
de nuestra conciencia esos estímulos
olfatorios, sin duda, tiene un sentido que
valdrá la pena explorar.
Creo
que este siglo ha profundizado en el
conocimiento del hombre, se ha iluminado la
vida psíquica en tanto individualidad,
descubriéndose algunos de sus misterios.
Pero la ausencia de un abordaje que tenga en
cuenta las relaciones entre lo biológico y
lo social, empobrece la comprensión de lo
humano, perdiéndose así la riqueza que
esta interrelación nos ofrecería.
Si
bien el psicoanálisis ha construido parte
de su edificio teórico a partir de las
pulsiones de auto conservación y sexuales,
hay una pulsión que no por casualidad ha
sido desacreditada, tanto como lo olfatorio,
creo que bastante injustamente, y es la pulsión
social.
En
este sentido las investigaciones de Wiener,
y otros autores como Mc.Lean que proviene de
las neurociencias inician un camino de
recuperación del carácter social del
hombre, sin tomar como punto de partida las
ciencias sociales .
Ahora
me referiré a: La relación entre
pulsión social y
sistema límbico
Mc
Lean, por su lado plantea en un artículo
sobre La
evolución del cerebro en relación a la
familia,
al juego y a la llamada de separación
que con los mamíferos se despliega
la conducta de juego social, derivada de una
sociabilidad generalizada dentro de la
unidad familiar. Cuidados maternos,
vocalización y juego social caracterizarían
esta etapa. Dado este aprendizaje de la
conducta social en los mamíferos, es
posible pensar que haya habido una
modificación en la anatomía del cerebro,
el desarrollo de nuevas estructuras
neuronales, conocidas colectivamente como sistema
límbico.
Aunque aclara :” Nunca podré
saber si las nuevas necesidades de la
conducta de estos mamíferos produjeron el
desarrollo evolutivo del cerebro, o todo lo
contrario, si las nuevas estructuras
cerebrales produjeron la evolución de la
conducta.
Esta
propuesta es la que me ha incentivado a
rastrear en los antecedentes filogenéticos
de la pulsión social , ya que creo que debe
existir una especificidad en la configuración
de lo social humano.
Sus
investigaciones lo llevan a afirmar que
antiguas estructuras del cerebro conservan
su vigencia.
Las
primitivas ideas sobre el sistema límbico
se centraban en el hecho de que el material
procedente del bulbo olfatorio ( que procesa
la información del olfato) alimentaba a
dicho sistema. En determinado momento, la
región se denominó rinencéfalo,
o cerebro
nasal- En l937, el neuroanatomista James
Papez planteó que el papel funcional estaba
más allá de la sensación olfativa :
conformaba la base
de la emocionalidad.
La
afirmación de Mc Lean acerca de la vigencia
de antiguas estructuras del cerebro,
nos permite inferir que en ciertas
circunstancias se reactivarían antiguas
huellas y el hombre regresaría a otros
modos de funcionamiento.
Por
ejemplo ,el autor dice que en una
experiencia han visto que en la alteración
del comportamiento del juego maternal en los
hamsters parece haber una regresión a la
condición de reptil.
Inhalación
de drogas : un comportamiento social
Como
ya lo he expresado, para las ciencias
sociales, aparentemente la relación entre
lo olfatorio y lo social parece irrelevante.
Sin embargo hay una situación social que
manifiesta abiertamente esta relación : es
la drogadicción por inhalación.
Hemos
visto a través de los años multiplicarse
las convocatorias de profesionales de
diferentes disciplinas, en torno al problema
de la droga, pero que aún se encuentra
insuficientemente comprendido.
La
preguntas acerca de ¿ porqué la inhalación?
¿ de qué manera compromete al sistema
olfatorio y qué se intenta satisfacer? me
llevaron a pensar que la fuente de la pulsión
podría relacionarse con el sistema límbico,
y que la meta debía ser la vivencia de
trascendencia.
Encontramos
que Josehp Campbell, en “El
poder del mito”dice con respecto a la
droga :”Ahí tienes una experiencia mística
inducida mecánicamente. He asistido a
muchos congresos de psicología que se han
ocupado de ese problema tan importante de la
diferencia entre la experiencia mística y
el derrumbe psicológico. La diferencia es
que el que se derrumba se está ahogando en
el agua en la que el místico nada. Agrega
que el peyote no solamente produce un efecto
biológico, mecánico, químico, sino un
efecto de transformación espiritual”.
Esta
experiencia que señala Campbell, está
integrada en un contexto religioso y social,
y no se lo entiende como una adicción.
En
estas experiencias religiosas la búsqueda
de la trascendencia constituye el fin último
de la pulsión social.
Si
recordamos las investigaciones de Mc.Lean en
relación al sistema límbico y la vida
social, podemos quizá hipotetizar que el
fracaso en los vínculos humanos, lleva a
fenómenos tales como las adicciones.
Si
consideramos entonces que en las adicciones
esta pulsión esta
reprimida, esto nos llevaría
a pensar que en la drogadicción se expresaría
un intento fallido de satisfacción de la
pulsión social , que se instala en la
fisura del tejido social.
La
satisfacción
se halla en la pertenencia a un organismo
que nos trascienda. En este sentido, la
droga es y a su vez expresa un padecimiento.
Jung
plantea, que el hombre necesita vincularse
con el prójimo y que esta vinculación se
experimenta a través de un factor
instintivo que el denominó libido
de parentesco. Esta libido, por ser un
instinto
no basta para satisfacer ningún
sustituto sea en forma de confesión,
partido, nación, o estado, sino que exige
la vinculación
humana.
Experimentamos
placer al sentir que somos parte de una
entidad mas vasta que nosotros mismos, y ese
placer deriva de la satisfacción
de la pulsion social
que está inscripta en la misma
biología de la especie.
LA
RESPIRACION : un puente entre lo olfatorio y
lo social
Así
como hemos dicho que el olfato puede ser
considerado desde una perspectiva
mecanicista
y otra casi poética o espiritual.
También la
respiración
merece esa oportunidad. Comenzamos
con las palabras de Maeterlink cuando se
pregunta “¿No somos ante todo seres aéreos?
y si el aire es para nosotros el elemento más
absoluto y prontamente indispensable, ¿ el
olfato no es precisamente el único sentido
que de él percibe algunas partes ?”. Hay
una relación establecida entre la respiración
y lo anímico-espiritual, por ejemplo
“psique” significa alma y está
vinculada con “aire”, “soplo”,
“aliento”,”vida” y "espíritu”.
Wyss
en “Cuerpo
y espíritu”afirma que el aire que se
respira, el “phneuma” o “hálito de
vida”, fué utilizado como símbolo del
espíritu, que es el principio de renovación
constante de nuestra vida interior y con el
cual estamos en relación recíproca. Y que
los órganos de la respiración no sólo son
medios para renovar nuestras energías
vitales, sino también para espiritualizar
la vida. Es la primera experiencia de
nuestra ligazón con el mundo exterior.
Para
la cultura oriental,
la respiración es la vía regia de
incorporación de prana o energía
universal. Respirar es vivir, y no hay vida
sin respiración. En un libro de un yogi
sobre “La
ciencia hindú yogi de la respiración” dice:
“El porcentaje de los hombres civilizados
que respiran correctamente es muy reducido,
y el resultado puede observarse en los
pechos hundidos, en los hombros caídos y en
el espantoso aumento de las enfermedades
respiratorias. Eminentes autoridades
sostienen que una generación de normales
respiradores regeneraría a la humanidad.”
Por
otro lado, gracias a las investigaciones de
Wiener
sabemos
que el aire que respiramos es trascendente
no sólo por el oxígeno, sino que además
porta una gama infinita de informaciones de
las cuales no somos concientes.
Por
último, y recordando la investigación
mencionada:
Si
es cierto que el espermatozoide se orienta
hacia el óvulo mediante el olfato, buscando
trascender en un nuevo ser, esta pulsión de
re-unión debe manifestarse en el transcurso
de toda la vida, tanto a través de la vida
amorosa, donde sabemos la importancia que el
olfato tiene, como en una auténtica
participación en un organismo que nos
trascienda que bien podríamos llamarlo humanidad.
Pero para ello es necesario que se inicie un
proceso de evolución de la conciencia,
hacia la conciencia
social.
Quizá
sorprenda que en una mesa en la cual el tema
es la rinitis
alérgica he hablado sobre el olfato
como un sentido del porvenir, del cerebro de
las emociones, las formas del trato que se
derivan de la comunicación inconsciente, el
inmenso valor de la respiración, y de la
trascendencia en la convivencia. Pensé que
es justamente “ el hombre enfermo” quien
necesita ser comprendido también desde un
lugar espiritual , ese podría ser el camino
para acercarnos más a lo verdaderamente
humano, dado que el hombre y su rinitis alérgica
configuran una gestalt hecha de alergenos e
historias.
Ana
Herbsztein
Algunas
de las investigaciones que se están
realizando
1:
Carolina del Norte: Los espermatozoides se
guían por el olfato para alcanzar el óvulo,
reveló un grupo de científicos. El
investigador mencionó el descubrimiento de
los receptores olfativos del esperma como un
ejemplo de cómo la investigación básica
sobre los receptores y sus sistemas de
mensajes pueden conducir a inesperadas
aplicaciones prácticas. Colaboraron en la
investigación Gabriele Ronnett y Loren
Walensky de la Universidad John Hopkins. Fue
Ronnett quien descubrió primero los
receptores en el esperma de ratas de
laboratorio. Luego observó el tejido
humano, donde halló receptores olfativos
similares.
2:
Laboratorio de Investigaciones Sensoriales
de la U.B.A: Revela la doctora María Rosa
García Medina “ A las pocas horas de
vida, el niño reconoce el aroma de la leche
de su madre. Sólo se da vuelta ante ese
olor y no con otro. Más aún, diversos
experimentos demuestran el efecto sedante en
pequeños de tres a diez días de vida que
produce el acercar a sus narices una prenda
impregnada con el aroma del pecho de la
madre.
3:
Universidad de Pennsylvania, un grupo de
especialistas encabezado por el neurólogo
Andrew Newberg escaneó el cerebro de monjes
budistas en plena meditación. Para Newberg
esas imágenes revelan cambios notorios en
la actividad cerebral durante sus
experiencias religiosas. Sería una pista
para indagar la existencia de alguna región
que gobierne las experiencias religiosas.
4:
Instituto Científico Weizmann, el biólogo
Doron Lancet explora en la nariz los cientos
de miles de detectores relacionados con los
mensajes químicos entre las células.
Agrega que aunque él no investiga el cáncer,
su trabajo puede aportar a la comprensión
de la falla en la comunicación celular.
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