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"Las
drogas, las prácticas ascéticas y
los ejercicios de meditación no
son fines sino medios. Si el
medio se vuelve fin, se convierte en
agente de destrucción. El resultado
no es la liberación interior sino la
esclavitud, la locura y no la sabiduría,
la degradación y no la visión. Esto
es lo que ha sucedido en los últimos
años. Las drogas alucinógenas se han
vuelto potencias destructivas porque
han sido arrancadas de su contexto
teológico y ritual. Lo primero les
daba sentido, trascendencia; lo
segundo, al introducir
períodos de abstinencia y de uso,
minimizaba los trastornos psíquicos y
fisiológicos. El uso moderno
de los alucinógenos es la profanación
de un antiguo sacramento, como la
promiscuidad contemporánea es la
profanación del cuerpo."
Las
enseñanzas de Don Juan
Carlos
Castaneda
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