50 años de la teoría de “Gaia” y centenario de James Lovelock (1919-2019)

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Este año 2019 recordamos el centenario del nacimiento de James Lovelock. Su hipótesis o teoría de Gaia cumple además medio siglo, pues fue descrita por vez primera en 1969. James Ephraim Lovelock nació el 26 de julio de 1919 en Letchworth Garden City, en el Reino Unido. Se graduó como químico en la Universidad de Manchester en 1941 y en 1948 obtuvo el doctorado en Medicina en la Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres. En 1959 obtuvo el título de Doctor of Science en Biofísica en la Universidad de Londres. Lovelock definió Gaia como “una entidad compleja que implica a la biosfera, atmósfera, océanos y tierra, constituyendo en su totalidad un sistema retroalimentado que busca un entorno físico y químico óptimo para la vida en el planeta”. En su momento, la hipótesis Gaia generó intensos debates en la comunidad científica y filosófica por sus implicaciones sociales e incluso metafísicas. Era una nueva “frontera”. ¿Qué queda de Gaia medio siglo más tarde?

¿Quién es Jame Lovelock?

James Ephraim Lovelock nació hace cien años, el 26 de julio de 1919, en Letchworth Garden City, en el Reino Unido. Se graduó como químico en la Universidad de Manchester en 1941 y en 1948 obtuvo el doctorado en Medicina en la Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

En 1959 obtuvo el título de Doctor of Science en Biofísica en la Universidad de Londres. Después de graduarse en Manchester empezó a trabajar en el Consejo de Investigación Médica del Instituto Nacional de Investigación Médica de Londres. Dentro de este periodo, trabajó cinco años –de 1946 a 1951- en la Unidad de Investigación del Resfriado Común del Hospital Harvard de Salisbury (Wiltshire, Reino Unido).

En 1954 James Lovelock recibió una beca en medicina de la Fundación Rockefeller (Rockefeller Travelling Fellowship), que realizó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, en Boston (EUA). En 1958 fue profesor visitante en la Universidad de Yale durante un periodo similar. En 1961 renunció a su puesto en el Instituto Nacional de Investigación Médica de Londres para trabajar a tiempo completo como profesor de química en la Facultad de Medicina de la Universidad de Baylor en Houston (Texas) donde permaneció hasta 1964. Durante su estancia en Texas colaboró junto con otros colegas en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (Jet Propulsion Laboratory) de Pasadena, California, en investigación lunar y planetaria. Desde 1964 es un científico independiente, aunque ha continuado estableciendo asociaciones académicas honoríficas como profesor visitante, primero en la Universidad de Houston y luego en la Universidad de Reading. Desde 1982 colabora con la Asociación de Biología Marina de Plymouth, primero como miembro del consejo, y de 1986 a 1990 como presidente.

La hipótesis Gaia

James Lovelock cobró notoriedad por ser el primero en formular una teoría científica en la que se aborda una intuición profunda en el pensamiento humano: que el planeta está vivo y es un organismo complejo en sí mismo. Lovelock formuló esta hipótesis, que en la actualidad es ya una teoría, mientras trabajaba como consultor de la NASA, en la década de los 60. En esa misma década, la petrolera Shell Oil lo invitó como consultor a un programa cuyo fin era imaginar cómo sería el mundo en el año 2000; mientras que la mayoría de los expertos hablaron de vehículos alimentados por energía obtenida a través de la fusión y otras tecnologías futuristas, Lovelock previno que para el año 2000 el gran problema sería ambiental y “estaría ya afectando su negocio”.

En una nota publicada por The Guardian, Lovelock, dice que “43 años después eso es lo que ha pasado”, reclamando una voz para anticiparse a lo que le sucederá a nuestro planeta. Según Decca Altkenhean, periodista de The Guardian, sus predicciones, emitidas desde un “laboratorio de un sólo hombre”, le han ganado un lugar como uno de los científicos británicos independientes más respetados. Trabajando sólo desde que tenía 40, Lovelock inventó el detector de captura de electrones, que permitió detectar componentes tóxicos en regiones tan remotas como la Antártida y el creciente agujero en la capa de ozono (el trabajo del mexicano Mario Molina, que le llevó al premio Nobel, está inspirado en Lovelock).

En su último libro, The Revenge of Gaia, Lovelock predice que el clima extremo será la norma causando gran devastación; para el 2040 Europa se parecerá al Sahara y buena parte de Londres estará bajo el agua. Estos cálculos son más radicales que los del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (el IPCC, por sus siglas en inglés), pero no del todo lejanas a sus estimaciones.

En su opinión, ha habido siete desastres desde que los humanos evolucionaron similares a lo que está por ocurrir. Creo que estos eventos siguen separando el grano de la paja. Y eventualmente sí tendremos un humano en el planeta que entiende esto y vive de manera apropiada. Ésa es la fuente de mi optimismo.

Según Lovelock, la Tierra, como la evolución misma, no se comporta de una manera lineal, sino sufre discontinuidades y grandes saltos en su trayecto.

La historia de la Tierra y de modelos climáticos simples basados en la noción de un planeta vivo y responsivo sugiere que el cambio repentino y sorpresivo es más posible que la suave curva ascendente de temperatura que predicen la mayoría de los modelos para los siguientes 90 años.

En la Teoría de Gaia, Lovelock establece que la Tierra es un superorganismo, compuesto por una red viviente de organismos que a través de su interacción conforman el delicado equilibrio de la biósfera. En la visión de Lovelock, el planeta es un ser vivo posiblemente inteligente (su inteligencia es la evolución misma), una unidad de la cual todas las formas de vida son parte, que se reproduce autorreferencialmente a través de la autopoiesis y se autorregula para mantenerse en homeostasis.

Aunque su teoría es usada para afirmar las creencias del new agey el “movimento verde”, Lovelock no cree en las acciones estilo “salva al planeta, dejando de usar bolsas de plástico”, o cosas por el estilo. Lovelock cree que este tipo de cosas son una fantasía y una desilusión que nos han hecho creer para sentirnos mejor, pero no hacen una diferencia.

“Es demasiado tarde, -escribe-. Tal vez si hubiéramos tomado diferentes rutas en 1967, habría ayudado. Pero no tenemos tiempo. Estas cosas verdes, como el desarrollo sustentable, creo que son sólo palabras que no significan nada. Muchas personas vienen a mí y me dicen que no puedo decir eso, porque hace que no tengan nada que hacer. Yo digo que al contrario, nos da una inmensa cantidad de cosas que hacer. Sólo que no del tipo de cosas que quieren hacer”.

Hay que decir que Lovelock es sumamente controvertido y sus predicciones han sido apoyadas por el IPCC. Parece amar la polémica. No cree que la energía renovable permita alimentar a una sociedad como la nuestra. En cambio, prefiere la energía nuclear. Considera que al haber pasado un punto crítico, el calentamiento global hará que buena parte del mundo sea inhabitable y que muera hasta 80% de los seres humanos. ¿Qué hacer ente todo esto? Lovelock dice sonriente: “Disfruta la vida mientras puedas. Porque si tienes suerte quedan 20 años antes de que se venga abajo”.

La autorregulación del planeta Tierra

La teoría Gaia se basa en la idea de que la biosfera autorregula las condiciones del planeta para hacer su entorno físico (especialmente temperatura y química atmosférica) más hospitalario con las especies que conforman la «vida». La hipótesis Gaia define esta «hospitalidad» como una completa homeostasis.​ Un modelo sencillo que suele usarse para ilustrar la hipótesis Gaia es la simulación del mundo de margaritas. ​

Según la segunda ley de la termodinámica, un sistema cerrado tiende a la máxima entropía. En el caso del planeta Tierra su atmósfera debería hallarse en equilibrio químico, todas las posibles reacciones químicas ya se habrían producido y su atmósfera se compondría mayoritariamente de CO2 (Se estimó que la atmósfera debería componerse de, aproximadamente, un 99 % de CO2) sin apenas vestigios de oxígeno y nitrógeno. Según la teoría de Gaia, el que al día de hoy la atmósfera la compongan un 78 % de nitrógeno, 21 % de oxígeno y apenas un 0,3 % de dióxido de carbono se debe a que la vida, con su actividad y su reproducción, mantiene estas condiciones que la hacen habitable para muchas clases de vida. ​

Con anterioridad a la formulación de la hipótesis Gaia se suponía que La Tierra poseía las condiciones apropiadas para que la vida se diese en ella, y que esta vida se había limitado a adaptarse a las condiciones existentes, así como a los cambios que se producían en esas condiciones. La hipótesis Gaia lo que propone es que dadas unas condiciones iniciales que hicieron posible el inicio de la vida en el planeta, ha sido la propia vida la que las ha ido modificando, y que por lo tanto las condiciones resultantes son consecuencia y responsabilidad de la vida que lo habita.

Para explicar cómo la vida puede mantener las condiciones químicas de Gaia, Margulis ha destacado la gran capacidad de los microorganismos para transformar gases que contienen nitrógeno, azufre y carbono.

La cosmovisión de la Tierra viva

Aunque el concepto de una Tierra viva es antiguo, debemos a Newton la comparación del planeta con un animal o un vegetal. Hutton, Huxley, Vernadsky y Pierre Teilhard de Chardin expresaron puntos de vista similares, mas, al carecer de datos cuantitativos, esas ideas pioneras se quedaron en la anécdota o meras declaraciones.

Lovelock iría depurando su propuesta. En 1981 creó un modelo de plantas de colores oscuros y claros que competían en un planeta de creciente irradiación de luz solar. Se trataba de mostrar que la hipótesis Gaia era coherente con la selección natural. En 1986, Robert Charlson, Lovelock, Meinrat Andreae y Steven Warren descubrieron el nexo que existe entre el gas biogénico dimetil-sulfuro (producido por algas oceánicas), su oxidación en la atmósfera para formar núcleos de condensación nebulares y el efecto subsiguiente de creación de nubes.

Lynn Margulis (1938-2011), co-creadora de la teoría Gaia desde 1971 y autora de The symbiotic planet, aportó al modelo la función desempeñada por los microorganismos, que constituyen la infraestructura biológica de la Tierra. Si durante buena parte de la historia del planeta ocuparon todos los espacios de la biosfera, en nuestro tiempo resultan también vitales para una regulación eficaz de la misma.

En efecto, los microorganismos del suelo son los responsables de la producción de gases que encontramos en la atmósfera; el vapor de agua, el dióxido de carbono y el amonio reducen la pérdida de radiación de la Tierra al espacio, merced a su absorción infrarroja. Nos referimos al efecto invernadero, en virtud del cual la atmósfera mantiene al planeta bastante más cálido de lo que estaría de suyo. Todo indica que en los primeros estadios de la Tierra el efecto invernadero desempeñó una misión principalísima, que ha ido disminuyendo conforme el Sol iba enviando más calor. Pero no perdamos de vista que los gases decisivos del efecto invernadero son producidos por los organismos.

Geofisiología

Como el mismo Lovelock declara, en 1969 “postulé que la Tierra es un sistema auto-regulable capaz de mantener el clima y la composición química confortable para los organismos, Ésta hipótesis -la hipótesis de Gaia, ahora llamada teoría de Gaia– todavía debe probarse. Una crítica habitual a esta teoría es que se relaciona con la Teología. Esta acusación es injusta, pues nunca me propuse atribuirle un propósito o una visión del futuro. Sea correcta o no, es una teoría comprobable y capaz de realizar predicciones “arriesgadas”. Una de ellas fue que debería haber una emisión de sulfuro de dimetilo suficientemente grande desde los océanos como para equilibrar el presupuesto de sulfuro natural”.

“Una confirmación preliminar vino de mis propias mediciones en 1972, aunque fue completamente confirmada por M.O. Andreae de forma independiente. Más tarde, considerando la predicción por parte de Gaia de la regulación del clima, Charlson, Lovelock, Andreae y Warren propusieron que la densidad de las nubes estaba modulada por la abundancia de sulfuro de dimetilo en la atmósfera, y que esto a su turno cambiaba el albedo de la Tierra y la temperatura media de la superficie”.

“Esta propuesta fue publicada como artículo en Nature en 1987 y está todavía bajo prueba. La teoría de Gaia también ofreció una interpretación de la regulación a largo plazo del dióxido de carbono y el clima a través de la erosión biótica de las rocas. Esta propuesta fue confirmada por Schwartzman y Volk en 1989”.

La obra científica de James Lovelock

James Lovelock es autor de aproximadamente 200 artículos científicos, distribuidos casi equitativamente entre temas de medicina, biología, ciencia instrumental y geofisiología. Ha creado más de 50 patentes, en su mayoría de detectores para uso en análisis químicas. Uno de ellos, el detector de captura de electrones, fue importante para el desarrollo de la conciencia ambiental. Reveló por primera vez la distribución ubicua de los residuos de pesticidas y otros compuestos químicos que contienen halógenos.

Esta información permitió a Rachel Carson escribir su libro “Primavera silenciosa” (Silent Spring), que es considerado el iniciador de la toma de conciencia medioambiental. Más tarde permitió el descubrimiento de la presencia de PCB en el medio ambiente. Más recientemente, el detector de captura de electrones permitió descubrir la distribución global de óxido nitroso y de clorofluorocarbonos, ambos importantes en la química del ozono estratosférica. Algunos de estos descubrimientos fueron adoptados por la NASA en sus programas de exploración de planetas. La NASA le otorgó tres certificados de reconocimiento por ello.

Lovelock se considera el creador de la hipótesis de Gaia (ahora llamada teoría de Gaia)y ha escrito cuatro libros sobre este tema: “Gaia, una nueva visión de la vida sobre la Tierra” (Oxford UniversityPress, 1979. En español: Hermann Blume, 1983);  Las edades de Gaia(W. W. Norton, 1988. En español: Tusquets, 1993); el tercero es: “Gaia: una ciencia para curar el planeta”(Gaia Books, 1991. En español: Integral Cop, 1992) y el cuarto es: “Homenaje a Gaia. La vida de un científico independiente” (2000. En español: Laetoli, 2005).

En el año 1974, James Lovelock  fue elegido miembro de la Royal Society, la académica de las ciencias del Reino Unido y la Mancomunidad Británica de Naciones, y en 1975 recibió la medalla Tswett de Cromatografía. Anteriormente le había sido otorgado un premio de la fundación CIBA por su investigación sobre el envejecimiento.

En 1980 recibió el premio en cromatografía de la Sociedad Americana de Química y en 1986 obtuvo la medalla de plata y premio del Laboratorio Marino de Plymouth. En 1988 fue uno de los destinatarios del Premio Norbert Gerbierde la Organización Meteorológica Mundial y en 1990 le fue concedido el primer Premio Ámsterdam por el medio ambiente de la Real Academia de Artes y Ciencias de los Países Bajos.

En 1996 recibió tanto el Premio Nonino Prize como el Premio Volvo Environment, mientras que en 1997 le fue otorgado el premio Blue Planet de Japón. Ha sido nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de East Anglia (1982), la Universidad de Exeter (1988), la Universidad Politécnica de Plymouth -actualmente Universidad de Plymouth- (1988), la Universidad de Estocolmo (1991), la Universidad de Edimburgo (1993), la Universidad de Kent y la Universidad de East London (1996) y la Universidad de Colorado (1997). Su Majestad la Reina le nombró Comandante de la Excelentísima Orden del Imperio Británico en 1990.

El principal interésde James Lovelock se centra en las Ciencias de la Vida,en un inicio a través de la investigación médica y, más recientemente, en relación con la Geofisiología, la ciencia de los sistemas de la Tierra. Su segundo ámbito de interés, el del diseño y desarrollo de instrumentos, ha interactuado a menudo con el primero para su beneficio mutuo.

La hipótesis Gaia en el siglo XXI

Las comunidades científicas de Ciencias de la Tierra, Ciencias de la Vida y de Filosofía de la Biología han debatido en estos cincuenta años los diversos aspectos de la hipótesis Gaia. Son muchos los aspectos problemáticos de una cosmovisión tal interdisciplinar como esta.

Ya en el año 1985 se celebró en la Universidad de Massachusetts la Primera Conferencia sobre la Hipótesis Gaia, con el título: ¿Es la Tierra un organismo vivo? Tres años más tarde, en 1988 el climatólogo estadounidense Stephen Schneider organizó la Segunda Conferencia Gaia, ​ donde James Kirchner criticó la hipótesisGaiapor su imprecisión y afirmó que Lovelock y Margulis no habían presentado una hipótesis Gaia, sino cuatro:

  • Gaia Coevolucionaria: hipótesis que afirma que la vida y el medio ambiente han evolucionado de una manera vinculada. Kirchner indicó que esta idea ya era aceptada científicamente y no era nueva.
  • Gaia Homeostática: afirma que la vida mantiene la estabilidad del entorno natural, lo que permite que la vida pueda seguir existiendo. Esta hipótesis se puede dividir a su vez, en Gaia débil y Gaia fuerte, como se indica a continuación.
  • Gaia Geofísica: la hipótesis Gaia generó interés por los ciclos geofísicos, lo cual dio lugar a una nueva investigación interesante en la dinámica geofísica terrestre.
  • Gaia Optimizada: Gaia dio forma al planeta de una manera que hizo un ambiente óptimo para la vida en su conjunto. Kirchner afirmó que esto no era comprobable y por lo tanto no era científico.

Según Kirchner, se puede dividir la hipótesis original (Gaia Homeostática) en un rango de hipótesis, desde la innegable Gaia Débil, hasta la radical y en su opinión no comprobable Gaia Fuerte. ​

De esta manera, en una Gaia Débil, la propia biosfera actuaría como un sistema auto-organizado que mantiene un meta-equilibrio que permite la vida. Sin embargo, una Gaia Fuerte incluiría la biosfera, la atmósfera, los océanos y la tierra, dentro de un sistema retroalimentado para conseguir un entorno físico y químico óptimo para la vida en su conjunto en el planeta en donde los organismos se reproducen, controlan y adaptan basándose a los cambios ecológicos que va sufriendo el sistema de acuerdo a su evolución.

La tercera conferencia Gaia (Segunda Conferencia Chapman sobre la hipótesis Gaia) tuvo lugar en Valencia, España, en junio de 2000, y fue organizada por la Universidad de Valencia y la American Geophysical Union. ​

En esta ocasión la atención se centró en los mecanismos específicos por los cuales la homeostasis básica a corto plazo de la Tierra se pudo mantener en el marco de cambios estructurales a largo plazo.

En octubre de 2006 se celebró en el campus de la Universidad George Mason de Arlington, Virginia (Estados Unidos), una cuarta conferencia internacional sobre la hipótesis Gaia. En esta conferencia se abordó la hipótesis Gaia como ciencia y como metáfora, buscando un medio para entender cómo podríamos empezar a solucionar problemas del Siglo XXI, como el calentamiento global y la destrucción del medio ambiente.

En un artículo en la revista Investigación y Ciencia, [“Gaia, Asentamiento de una teoría controvertida”, 2015], su autor, Luis Alonso, comenta un reciente ensayo de Michael Ruse [The Gaia hipothesis: Science on a pagan planet
The University of Chicago Press, Chicago, 2013]. Meses después de la aparición del libro de Michael Ruse, James Lovelock publicaba lo que se aventura como el último capítulo de una serie de trabajos en torno a la misma, A rough ride to the future: The next evolution of Gaia.

Los fundamentos científicos y epistemológicos de la idea de Gaia, avanzada hace 50 años, en 1969, se mantiene. Estos establecen que la Tierra es un sistema autorregulado: organismos y entorno físico evolucionan de forma conjunta y mutuamente retroalimentados. Los organismos, viene a decir, regulan la atmósfera en su propio interés. El nombre de Gaia se lo sugirió su amigo el novelista, y premio Nobel de literatura en 1983, William Golding, autor de El señor de las moscas. Hay un acuerdo de que se trata de una metáfora, pues la Tierra no es ningún sistema vivo, pero se comporta como si lo fuera en el sentido de que mantiene constantes la temperatura y composición química frente a las perturbaciones, aclara Lovelock.

Las críticas a la hipótesis de Gaia

James Lovelock es el polémico creador de la Teoría de Gaia, según la cual La Tierra se comporta como si fuese un organismo vivo capaz de autorregularse. Ahora bien: nunca dijo que Gaia, la Tierra, fuera un ser pensante, ni que tuviera conciencia, pero, pese a ello, sus ideas fueron perseguidas y ridiculizadas ferozmente por los científicos durante mucho tiempo, hasta que, a partir de los años noventa, empezaron a ser aceptadas de manera mayoritaria.

Las críticas más acervas proceden del campo del darwinismo radical. Así, Richard Dawkins [Dawkins, Richard (1982). The Extended Phenotype: the Long Reach of the Gene. Oxford University Press],Stephen Jay Gould [Gould S.J. (June 1997). “Kropotkin was no crackpot”Natural History106: 12–21].y Ford Doolittle[Doolittle, W. F. (1981). “Is Nature Really Motherly”. The Coevolution Quarterly. Spring: 58–63]en los años ochenta y noventa, criticaron duramente la hipótesis de Lovelock.

En un tono más moderado se ha manifestado la bióloga Lynn Margulis. La bióloga Lynn Margulis (1938-2011) ha sido descrita como  la madre de Gaia. Su principal contribución científica radica en la llamada teoría de la endosimbiosis (o simbiogénesis) seriada (SET) la cual explica entre otros, la presencia de mitocondrias o cloroplastos en las células eucariotas (las de animales y plantas) como resultado de la fusión de dos bacterias que habrían obtenido un beneficio mutuo; la existencia de cilios y flagelos en determinadas formas celulares; o la presencia de motilidad (movimientos intracelulares) en células evolucionadas. O sea que los caracteres de los organismos pluricelulares son producto de la incorporación simbiótica y en muchas ocasiones de bacterias que antes tenían una vida libre.

Pero Margulis también colaboró con James Lovelock en el desarrollo de la teoría de Gaia.  A diferencia de Lovelock, sin embargo, Margulis no creía que la Tierra fuera un único y gigantesco “superorganismo”. Según ella, Lovelock decía eso “porque creía que si la gente pensaba en el planeta como en un ser vivo, lo cuidarían más. Yo no creo eso. Se puede decir que Gaia es un ecosistema muy complicado, pero no un organismo”.

Pero Lovelock es polémico por sus controvertidas declaraciones a favor de la energía nuclear, aun siendo considerado el padre de la ecología moderna, y sus críticas hacia la mayoría de los ecologistas, considerando que estos “no sólo desconocen la ciencia, sino que además la odian”.

Su apoyo a la energía nuclear le ha convertido en el blanco de las críticas de muchos de sus colegas. En una entrevista virtual convocada por El País se le preguntaba al científico si tiene en cuenta las emisiones de CO2producidas en la minería y procesamiento del Uranio, y en la construcción/demolición de las centrales nucleares y sus cementerios.

Lovelock contestó tajante: “La energía producida por un kilo de material nuclear equivale a la energía producida por un millón de kilos de carbón. Por lo tanto, las emisiones de CO2 producidas en la extracción del uranio es un millón de veces menor que aquella necesaria para extraer el carbón. La cantidad de cemento usada para construir la base de un molino de viento es 40 veces mayor que aquella usada para construir una planta nuclear entera.”

Lovelock defiende que la energía nuclear es una de las formas en la que se puede ayudar a frenar el calentamiento global, ya que puede paliar el enorme consumo de energía que se da en la actualidad sin perjudicar la atmósfera y es, además, muy rentable.

Conclusiones: implicaciones filosóficas y teológicas de la hipótesis Gaia

Desde un punto de vista filosófico y teológico, la hipótesis Gaia ha sido etiquetada como una religión neopagana. Cualquiera que haya estudiado el movimiento verde global sin duda alguna ha oído hablar de Gaia. Los creyentes en Gaia, o “Gaianos“, como a menudo se refieren a sí mismos, afirman que la tierra es un ser viviente, un antiguo espíritu de la diosa, merecedor de adoración y reverencia.

En opinión de estos autores, James Lovelock, en su libro Gaia: Una nueva mirada a la Vida, afirma que “todas las formas de vida en este planeta son parte de Gaia– parte de una diosa del espíritu que sostiene la vida en la tierra. Desde esta transformación en un sistema vivo las intervenciones de Gaia han traído consigo la diversidad en la evolución de las criaturas vivientes en el planeta Tierra.” Los gaianos enseñan que la “Diosa de la Tierra”, o la Madre Tierra, debe ser protegida de la actividad humana destructiva. Es esta creencia que alimenta el movimiento ambientalista, el desarrollo sostenible y un impulso global para la abolición de las naciones industrializadas por un modo de vida más primitivo.

Los gaianos afirman que “somos parte de la naturaleza y la naturaleza es parte de nosotros, por lo tanto, Dios es parte de nosotros, y Dios está en todas partes, y todo es Dios”. En realidad Gaia es un renacimiento de la “diosa de la Tierra” que se encuentra en muchas religiones paganas antiguas. El actual culto de Gaia es una astuta mezcla de ciencia, paganismo, misticismo oriental, wicca y feminismo.

La teoría de Gaia encontró su mayor resonancia con el movimiento de la Nueva Era que quedó fascinado por el lado místico de Gaia. Ellos encontraron fácil concebir que los seres humanos pueden tener una relación espiritual con Gaia. Una conexión con la naturaleza y la creencia de que los seres humanos son una parte de esta conciencia colectiva llamado Gaia apela fuertemente a su cosmovisión. Una simple búsqueda google para la gaia pagana, revelará a miles de organizaciones orgullosamente proclamándose a sí mismas literalmente sacerdotes paganos y discípulos de la gran Diosa Gaia. Hay docenas de grupos de Gaia en la mayoría de las ciudades importantes. La Wicca, que se dice es la religión de más rápido crecimiento en los Estados Unidos, está íntimamente relacionada con la adoración de Gaia. De hecho muchos Gaianos se llaman brujas y brujos.

El movimiento feminista también ha acogido calurosamente el concepto de una Diosa Gaia. Para muchos de estos defensores, una parte integral de la adoración de la Diosa es su tema predominante de declaraciones anti-masculinas. En esta visión filosófica del mundo, ya que el culto a la Diosa es bueno, entonces por necesidad, cualquier uso de la terminología masculina en referencia a Dios o cualquier prominencia de los hombres en la cultura o la sociedad es generalmente desalentado.

Desde un punto de vista filosófico, Que la Tierra era un planeta vivo era una idea de muy larga historia en el pensamiento occidental, en realidad desde el origen de la reflexión científica en la Jonia mediterránea. Se relaciona con la teleología o finalidad del cosmos y su contenido. Platón percibió una suerte de diseño en un mundo que distaba mucho de un caos que se moviera sin razón ni cuenta, ciego.

La complejidad manifiesta no podía ser fruto del azar, sino que debía subyacer en todo un sentido y una finalidad. Las cosas tienen una explicación finalista, impuesta desde el exterior, por el demiurgo que la ideó. La finalidad convergía con el bien del objeto o del proceso, expone en el Timeo. Aristóteles, su discípulo, da un paso más e implanta la finalidad en el propio objeto u organismo. Los animales, por ejemplo, carentes de razón, actúan por un fin, que es el que les viene conferido por su propia naturaleza.

Distinguió entre causas próximas (el escultor que cincela la figura y va eliminando trozos de mármol) y el propósito o finalidad que guía al escultor en la talla: la creación de la figura. Por imperativo de la naturaleza y con un propósito construye la golondrina el nido y teje la araña su red, dan las plantas frutos y hunden sus raíces en el suelo en busca de nutrimento. Con la revolución científica se empezó a separar con nitidez la labor del científico, centrada en el mecanismo, en el cómo, de la tarea del filósofo, ocupado en el porqué. Para Kant podríamos considerar el mundo vivo como si reflejara un diseño, aunque se escapara de la labor del científico.

Fuente: https://blogs.comillas.edu/FronterasCTR/2019/02/20/50-anos-de-la-teoria-de-gaia-y-centenario-de-james-lovelock-1919-2019/